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viernes, 29 de agosto de 2014

Revolución norteamericana creó ‘República Plutocrática y esclavista’ lockeana y la Revolución Francesa creó república para y por la felicidad: Triunfa el patrimonialismo y el capitalismo anglosajón. Insuficiencias del materialismo histórico o marxismo para interpretar las revoluciones modernas






Revolución norteamericana creó ‘República Plutocrática y esclavista’ lockeana y la Revolución Francesa creó república para y por la felicidad: Triunfa el patrimonialismo y el capitalismo anglosajón. Insuficiencias del materialismo histórico o marxismo para interpretar las revoluciones modernas



El Renacimiento y la Ilustración habían ganado mucho terreno en Europa, con los cambios culturales, sociales, políticos y sobre todo económicos, comerciales y financieros; en verdad de verdades, el descubrimiento de nuevos mercados vírgenes enloqueció de avaricia a los capitalistas, comerciantes y financistas, y por ello, estaban dispuestos a derrumbar, allanar y eliminar todo lo que se oponga a su enriquecimiento fácil, y por cierto: el esclavismo fue su herramienta económica vital, y las ‘Repúblicas Plutocráticas’ lockeanas: su teoría política y justificación ideológica, y que expandirían por el mundo entero donde haya riquezas que expoliar y mano de obra barata y gratuita que explotar, manteniendo a las grandes mayorías engañadas con la ilusión de que su ‘voluntad general’ era la que imperaba, cuando en realidad primaba y regía el dominio y manipulación de las élites sobre la gran masa estafada.


Los más románticos e ilusos fueron los filósofos y pensadores franceses, que nunca habían gozado de libertades alguna, ni de industrialización sistemática y a fondo, ni de tradiciones políticas relevantes, ni de políticos profesionales de alto nivel, ni de estrategas militares descollantes y geniales, etc.,  y que miraban a Inglaterra como a una nación de otro planeta, digna de imitar y de seguir; la historia inglesa, y su desarrollo político, económico y militar, era un paradigma maravilloso que obnubilaba los ojos y embotaba la mente de los pensadores progresistas franceses, puro romanticismo e ilusión teórica en hervor, en el perol de la Ilustración y del aparente “racionalismo”.


Pues todo este ardor juvenil y estas ilusiones y emociones ‘ilustradas’ y ‘racionales’ fueron las que socavaron los cimientos del Antiguo Régimen feudal, absolutista y cerrado. Toda esa tendencia se sistematizó en ‘La Enciclopedia’ publicada entre 1751 y 1780 en París, haciendo un total de 35 volúmenes, y precisamente llamada o nominada ‘Encyclopédie’ o ‘Diccionario razonado de las ciencias, de las artes y de los oficios’ y todo este esfuerzo intelectual progresista fue dirigido por el matemático Diderot, donde se consignaban los escritos y ensayos de diversos filósofos y pensadores que se reclamaban ‘racionales’ e ‘ilustrados’ del momento, y que con sus opiniones e ideologías generaron el advenimiento del Nuevo Régimen. Preconizaban los enciclopedistas: el primado de la razón para conocer en general; la fe en el progreso infinito; la reivindicación de la libertad humana en general, etc., y estos principios se difundieron por todo el orbe planetario de la civilización occidental, marcándose el inicio de la Edad Contemporánea.


Pero, aquí es necesario precisar lo siguiente: A diferencia de la filosofía política lockeana capitalista inglesa, que se centraba en la PROPIEDAD fundamental y esencialmente, pues, en Francia, los filósofos políticos y pensadores se centraban en LA FELICIDAD del ser humano; aquí hay una pequeña gran diferencia que muchos no quieren o no les conviene resaltar y relievar; y nunca olvidar, que el filósofo académico inglés THOMAS HOBBES se preocupó también por la FELICIDAD antes que por la propiedad, como a contramano, sí lo hizo el político y negociante John Locke en sus conocidos y célebres ensayos, donde defendió abiertamente los negocios y propiedades de sus colegas capitalistas. Puede leerse a Montesquieu (1689-1755), o a Voltaire (1694-1778) o Rousseau (1712-1778) quienes fueron los líderes intelectuales de la Revolución Francesa y podremos comprobar ampliamente lo que aquí afirmamos: La búsqueda de la felicidad.


Montesquieu elabora una romántica tesis de la separación de poderes para la nueva República: Poder ejecutivo, legislativo y judicial, independientes y controlándose entre sí, o los check and balance; siendo que nunca existió dicha separación de poderes en ningún régimen político de la época en que escribió dicha tesis Charles de Secondat, muy al contrario: en el paradigma político inglés, no existió nunca la separación de poderes tal como lo postulaba Montesquieu, en Inglaterra, --como lo desarrollamos en otro trabajo--, existió ABSOLUTISMO PARLAMENTARIO donde que el Parlamento gobernaba sobre la monarquía, fijaba los impuestos, dictaba las leyes y además nombraba al primer ministro que sería el titular del poder ejecutivo del mismo parlamento capitalista.


Montesquieu fue inocente e iluso romántico ‘ilustrado’ y ‘racional’ obviamente, frente a la voracidad capitalista inglesa que generó su propio régimen político parlamentario, como trinchera y fortaleza de dominio y de poder, a fin de no ser controlado, ni regulado ni fiscalizado (incrementando así sus riquezas y posesiones) por ningún poder político; iluso, muy iluso fue Montesquieu.


Voltaire fue otro romántico racional francés, que pugnaba ser el intelectual típico defensor de la libertad de pensamiento y de la tolerancia religiosa, atacó los privilegios de la nobleza y del clero, pero fue defensor del comerciante y del capitalista, considerándolos clase o segmento útil a la sociedad, frente al parasitismo aristocrático.


Preciso también es aclarar y precisar: Montesquieu y Voltaire nunca fueron ‘democráticos’ en modo alguno, Montesquieu y Voltaire sólo defendían a la burguesía o al capitalismo, porque el resto era plebe ignara o populacho. Es decir, que el esclavismo y el ciudadano pobre o el pueblo a secas, o, las grandes mayorías no tenían abogados defensores, estaban indefensos absolutamente, porque ni Montesquieu ni Voltaire creían en su causa justa, ni en su defensa, ni mucho menos en su valía. Cuando ambos pensadores mencionan la palabra ‘pueblo’ se refieren obviamente a la burguesía francesa, o mejor dicho se referían a los capitalistas de todo tipo y rubro. Ése era el verdadero racionalismo capitalista.


Pero, el más romántico e iluso de todos, fue el neurótico y errabundo Rousseau, quien delira afirmando que el poder emana y reside en el pueblo, que la soberanía es popular y por lo tanto nacional, y que los gobernantes deben respetar la voluntad general. Pues esa tesis, fue usada por los astutos, sagaces y cazurros políticos, para engañar y emocionar a las mayorías ignorantes y crédulas y llevarlos a las sangrientas batallas, a fin de defender en el fondo, los intereses de los capitalistas, porque al fin y al cabo: nunca hubo soberanía popular ni voluntad general, luego de faccionadas las románticas constituciones políticas tras las revoluciones, el pueblo volvía a su pobreza y tristeza, y los capitalistas a manejar la cosa pública y sus intereses privados a la vez, enriqueciéndose mucho más y mejor; en general, siempre la soberanía nacional o del Estado era regentada y es dominio de los grupos de poderes fácticos, y sobre todo, de las grandes corporaciones, y EE.UU., es un claro ejemplo hoy.


La revolución norteamericana es el enfrentamiento entre ingleses, tanto los que manejaban el gobierno imperial en Inglaterra, como los nuevos ricos en América, ingleses contra ingleses, así de simple y de sencillo, y el tema fue económico, comercial y financiero, y nunca de libertades personales o ciudadanas, porque los esclavos negros enriquecían con su trabajo y sacrificio sangriento, a los ingleses ricos hacendados de América, y lo siguieron haciendo en todo el siglo XIX casi. Y aún sigue vivo el racismo y con hervor en los mismos EE.UU., y con su vieja y vigente constitución de más de 200 años históricos.


Recordemos que, muy previo a la revolución norteamericana, las trece colonias inglesas, eran emporios de riqueza y prosperidad económica, por lo tanto: los capitalistas norteamericanos ya estaban conscientes de su poder económico, comercial y financiero, y no iban a ceder posiciones en modo alguno, ni a Inglaterra, ni a nadie, absolutamente, eso está sumamente claro, y es perfectamente racional. Y esa prosperidad económica norteamericana se hizo, usando, explotando y humillando al esclavo negro fundamentalmente, por lo tanto, para los capitalistas norteamericanos los DERECHOS CIUDADANOS solamente iban a servir para ellos: los ingleses capitalistas, pero nunca, ni jamás de los jamases, para sus negros esclavos que los enriquecían gratis. Esto es fundamental, para poder entender la hipocresía y la estafa de la Constitución Política norteamericana, hecha solamente para los capitalistas y nunca para el pueblo o las grandes mayorías, tal como rezaba la romántica e ilusa filosofía ilustrada francesa que sirvió de ideología de fondo a la mencionada revolución de George Washington.


Lo cierto es que, Inglaterra no supo negociar hábilmente con sus paisanos de América, y solamente querían imponerles impuestos, sabiendo que eran colonias ahítas de riquezas, en 1767 aumentó los impuestos la corona inglesa, pero los colonos respondieron hábilmente: que si no tenían parlamentarios que los defiendan en Londres, no podían pagar en modo alguno, y esta respuesta histórica, fue un punto de quiebre, entre la corona que no supo negociar con los colonos para seguir recibiendo sus ricos aportes en impuestos, y los colonos, recibiendo más apoyo militar y político de Londres; los colonos capitalistas a fin de defender sus intereses y no seguir pagando más a Inglaterra generaron todo un ambiente bélico en América y usaron a escritores, y agitadores políticos, que difundían la ideología de los filósofos ilustrados franceses para generar el imaginario colectivo falso de la independencia, a fin que el pueblo ignorante y crédulo se sume a sus filas y se convierta en carne de cañón en las terribles carnicerías militares que vendrían luego y partir de 1773, y luego de la declaración de la Independencia (la paz se firmó en 1783), también vino la decepción, porque el pueblo regresó a su casa más pobre y mutilado y enfermo, y nunca fueron independientes, porque ahora el nuevo amo y señor sería el capitalista y hacendado norteamericano que impondría sus leyes, sus tribunales, su parlamento y sus fuerzas armadas en contra del pueblo levantisco o quejoso.


Y para mayores pruebas, leamos lo que dice la ‘Declaración de Independencia de los Estados Unidos de América’ faccionada por los representantes de las colonias reunidos en Filadelfia el 4 de julio de 1776:

“Cuando, en el curso de los acontecimientos humanos, se hace necesario a un pueblo disolver los lazos políticos que le han ligado a otro, y asumir, entre todos, los poderes de la tierra, la situación de independencia e igualdad a que las leyes de la naturaleza y el Dios de la naturaleza lo reclama, el mínimo respeto a las opiniones de la Humanidad exige que declare las causas que lo han impelido a la separación.
Sostenemos como evidentes estas verdades: que todos los hombres son creados en igualdad y dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables entre los que se encuentran la vida, la libertad y el derecho a la felicidad. Que, para asegurar estos derechos, los hombres crean gobiernos que derivan sus justos poderes del consentimiento de los gobernados. Que cualquier otra forma de gobierno que atente contra estos fines puede el pueblo alterarla o abolirla para instituir un nuevo gobierno, que tenga sus fundamento en tales principios y organice sus poderes de tal forma que parezca más seguro alcanzar mediante él la seguridad y la felicidad…
Nosotros, por tanto, representantes de los Estados Unidos de América reunidos en congreso general, apelando al supremo Juez del mundo de la rectitud y de nuestras intenciones, en el nombre y por autoridad del pueblo de estas Colonias, solemnemente declaramos que: unidas son, y de derecho deben ser, Estados libres e independientes…”


Lo cierto es, que en términos reales en EE.UU. a partir de 1776 se formó y erigió una República Plutocrática y esclavista, que solamente sirvió a los capitalistas que tenían todo un mundo por explotar y enriquecerse a sus anchas, sin obstáculos, ni competidor en modo alguno. El racismo continúa hasta el día de hoy en los EE.UU., con igual odio y represión, y el esclavismo fue la fuente de riqueza de muchos capitalistas y hacendados, inclusive vino la famosa Guerra de Secesión tan brutal, cerril y violenta entre los capitalistas yanquis y los hacendados sureños, y el tema del esclavismo y del racismo siguió vigente por mucho tiempo más: ¿Dios? … ¿Igualdad natural? … ¿Derechos ciudadanos? … ¿Rectitud? … ¿Humanidad? … ¿Libertad? … ¿Justicia? … nada de eso, en términos reales, toda la felicidad fue para los grandes capitalistas y hacendados, pero el pueblo, siguió en su pobreza y el esclavo seguía sufriendo explotación, indignidad, humillación y muerte salvaje.


El caso francés fue diferente, su discurso histórico y revolucionario tiene otros perfiles y otros parámetros y ejes, y es que aquí en Francia, el tema no era de urgencia ECONÓMICA central y cardinal, porque en el siglo XVIII Francia no era una potencia industrial y económica y financiera, como ya lo mostraba ser, la modélica rubia Albión; e inclusive EE.UU., tenía una complexión económica totalmente distinta y superior a la francesa.


En Francia, había sed de LIBERTAD, IGUALDAD y FELICIDAD, en el momento pre-revolucionario y este detalle, o puertos de embarque analítico filosófico-político, deviene en clave e importante para valorar bien, y en su justa medida, y proporción, y peso histórico a ROBESPIERRE y a NAPOLEÓN BONAPARTE; si no se tiene en cuenta estos grandes temas de la filosofía política como son: la LIBERTAD y la FELICIDAD, antes que el de la PROPIEDAD, pues, no se podrá entender bien a la revolución francesa y su posterior desarrollo, por eso, afirmamos categóricamente que el marxismo o el materialismo histórico es insuficiente, y falla garrafalmente, para y al analizar la revolución francesa.


Recordemos que, antes de la Revolución Francesa había crisis económica, social y política coyuntural y no sistémica, muy grave: la monarquía no tenía dinero, los dineros públicos lo habían malgastado, y todo; los artesanos y los pobres campesinos estaban sumidos en la más espantosa miseria a causa de los impuestos abusivos, y también por una secuencia de malas cosechas; la aristocracia indolente, perversa y fatua, sólo se preocupaba de sus diversiones y frivolidad, y además no pagaba impuestos, y dominaban al torpe rey Luis XVI; la burguesía (clase media) avariciosa pero débil e incipiente, quería hacerse del poder y haría todo lo que fuese posible para ello. 


El mediocre y frívolo rey Luis XVI, desesperado por la crisis general, decide hacer pagar impuestos a los parásitos aristócratas parte de su nobleza, y como no podía esperarse otra cosa, la nobleza protestó ardientemente, y pidieron convocatoria a Estados Generales para ventilar ese tema, --(el parlamento siempre es la tribuna para ventilar los negocios de los grandes hacendados y capitalistas, siempre)--. Los Estados Generales era el PARLAMENTO MEDIEVAL francés, y que no se convocaba hacía siglos, y la nobleza monárquica desesperada por el peligro de perder sus privilegios y prerrogativas, argumentaron que los ESTADOS GENERALES o PARLAMENTO era la única institución que podía exigir el pago de impuestos a la aristocracia francesa, obviamente que la burguesía o capitalistas franceses incipientes vieron la gran oportunidad esperada, para buscar hacerse del poder, destronando a la odiada monarquía, y eliminando a los parásitos nobles monárquicos.


Los burgueses y capitalistas franceses precarios, fueron astutos, asegurando primero, su presencia en el parlamento, esperaron a que se reúnan los Estados Generales en 1789, y aprovechando que tenían representación oficial, y dinero para repartir, promovieron en las calles y plazas y medios de París, grandes concentraciones y manifestaciones populares, la  más potente y culminante de ellas, tomó por asalto a La Bastilla el 14 de julio de 1789, asustando con todo ello, al rey Luis XVI y obligándolo a ceder ante los reclamos del ‘Tercer Estado’ o la burguesía francesa, más el pueblo enardecido y agitado adrede. Precisamente meses antes el abate Sieyés (1748-1836) había escrito: ‘¿Qué es el Tercer Estado? Todo. ¿Qué ha sido hasta hoy en el orden político? Nada. ¿Qué pide? Ser algo’. Y efectivamente, los incipientes capitalistas franceses, la burguesía o clase media, es la que emergerá políticamente de una buena y abrupta vez, y para quedarse.


Como ya estaba planificado por los burgueses y capitalistas franceses, una vez inaugurado los Estados Generales y ante la presión revolucionaria, estridente y eufórica del pueblo en las calles, convirtieron los Estados Generales en senda y formal Asamblea Constituyente. Y como no podía ser de otra manera, los capitalistas y burguesía, tomaron el control inmediatamente de dicha nueva Asamblea Constituyente revolucionaria, y como era de esperarse: abolieron ipso factum los privilegios de la nobleza, por lo tanto, la vieja aristocracia empezaría a pagar impuestos, (los capitalistas incipientes y la burguesía o clase media se vengaron de la parasitaria aristocracia tan odiada, y de paso se aliviaban a sí mismos como segmento económico, del pago obligatorio de impuestos a la nación); asimismo eliminaron el absolutismo, y dieron paso a la monarquía constitucional (el rey Luis XVI todavía estaba con vida), afirmándose que el poder residía en el pueblo francés, proclamándose formalmente las libertades políticas. A partir de ahí entonces, se acabó la monarquía absolutista en Francia, y los capitalistas empezaron a manejar la cosa pública.


En este punto de la revolución francesa, empezaron los problemas, y se abrió un nuevo capítulo por la consolidación del nuevo régimen, y por la definición y natural competencia de las fuerzas dominantes del poder y desde el poder: Recordemos que los Girondinos representaban al partido de la alta burguesía o grandes capitalistas, y ellos afirmaban que la revolución había terminado y que se empiece a gobernar de una buena vez, con monarquía constitucional por supuesto, --(obviamente, ellos preferían el sistema inglés, y buscaban adueñarse del parlamento y desde ahí proteger sus intereses, manipulando al rey Luis XVI);  los Jacobinos representaban al partido de la clase media, y eran muy radicales, pugnaban por destituir al rey, e implantar la República desechando toda monarquía, sea constitucional o no.


Las disputas, los enfrentamientos y peleas entre los revolucionarios, se dio hasta en las mismas calles de París, la efervescencia revolucionaria fue muy fuerte y activa y ardiente. Y todo ello se explica, porque no había capitalismo fuerte y asentado y poderoso en Francia; era la clase media, enceguecida por la sujeción del poder abierto y luminoso frente a sus ojos en forma abrupta, y por la falta de liderazgo y de objetivos claros, de gobierno nacional y republicano. Aquí se confirma nuestra tesis, en el sentido del acusado romanticismo iluso de los filósofos franceses racionalistas pre-revolucionarios, que nunca pensaron ni menos se proyectaron, sobre los objetivos del gobierno republicano en la política nacional;  y por lo tanto: los revolucionarios franceses no sabían qué hacer con el nuevo régimen, y en su nueva nación, a diferencia de la burguesía inglesa y norteamericana que tenían bien claros sus objetivos y proyecciones a mano firme. Aquí el marxismo y el materialismo histórico es insuficiente para explicar este desarrollo y punto histórico fundamental y clave de los acontecimientos.


De otro lado, las fuerzas reaccionarias monárquicas europeas tomaron medidas inmediatas, enviaron tropas militares a invadir Francia, con la orden de reponer al rey Luis XVI y aniquilar violentamente todo barbecho revolucionario.


El rey Luis XVI mientras tanto, en junio de 1791, huye secretamente de París, buscando salvar su vida y unirse a las tropas monárquicas que venían dispuestas a reponer su régimen político absolutista, pero antes de salir de Francia, fue detenido y llevado prisionero a París, el pueblo se llenó de indignación y consideró a su rey Luis XVI un vulgar traidor, este acto fallido monárquico, fue el súbito y eficaz combustible, que encendió nuevamente las hogueras revolucionarias, las cuales inmediatamente optaron por abolir la monarquía absoluta y constituir la nueva República.


Y precisamente, en ese bullente, peligroso y álgido momento histórico, de candente coyuntura, es que se descubrieron las famosas cartas del rey Luis XVI, en las que pedía angustiosamente a los austriacos que invadan París. El pueblo estalló de ira y asaltó el palacio real, encarcelaron y juzgaron y guillotinaron, al torpe rey Luis XVI, a pesar de la defensa que hicieron los Girondinos del monarca en desgracia. Y aquí es importante establecer que los CAPITALISTAS franceses agrupados en el partido girondino: no tenían, ni el poder, ni la fuerza, ni la capacidad, para salvar al ícono de la monarquía constitucional francesa, y que buscaban, para salvar sus intereses económico-comerciales, imitando a Inglaterra.


Leamos lo que escribió en su testimonio el abad Edgeworth, sobre la muerte de Luis XVI:

“Los escalones que conducían al cadalso eran muy empinados. El rey se vio obligado a apoyarse sobre mi brazo, y por el esfuerzo que parecía mostrar, creí por un instante que su valor comenzaba a flaquear. Pero cuál no sería mi sorpresa cuando, llegado al último escalón, le vi escaparse, por así decirlo, de mis manos, atravesar con paso firme todo el cadalso, imponer silencio, simplemente con la mirada, a quince o veinte tambores que estaban frente a él, y con una voz tan fuerte que debió oírse en el puente giratorio, pronunciar estas palabras para siempre memorables: ‘Muero inocente de todos los crímenes que se me imputan. Perdono a los autores de mi muerte y ruego a Dios que la sangre que vais a derramar no vuelva a caer jamás sobre Francia’.” Con la muerte definitiva y trágica del rey Luis XVI se dio la ruptura final y definitiva, entre la revolución francesa y la Europa monárquica.


En abril de 1792, Francia entabló guerra contra Austria, y después pelearía militarmente contra toda Europa. La revolución francesa peleaba continentalmente por sus principios ideológicos, y por defender su nuevo régimen político, y la vieja Europa absolutista monárquica, quería aplastar y desaparecer a todo costo y costa, a la rebelde Francia revolucionaria, y mantener sus privilegios y prerrogativas de monarquía absolutista dominante europea.


La ejecución del rey Luis XVI fue empujada por los Jacobinos, quienes proclamaron la República, y el gran jefe y líder de los jacobinos fue Maximilien Robespierre, personaje polémico y controvertido, quien impuso el centralismo despótico: que frenó, ahogó y arrinconó al hervor popular callejero, permitiendo que sus enemigos y los capitalistas incipientes generen la contrarrevolución burguesa a sus espaldas. Durante la dictadura republicana de Robespierre, sobre todo en los meses de junio y julio de 1794 se dieron las ‘grandes hornadas de la guillotina’ con juicios sumarísimos ante el Tribunal de Salvación Pública, enviándose a miles de ‘contrarrevolucionarios’ a la muerte: banqueros, girondinos, aristócratas, y cualquiera que fuere sospechoso de conspirar contra la nueva república revolucionaria.


El Régimen del Terror se impuso, expulsándose a los Girondinos de la Asamblea, y los Jacobinos fueron los únicos gobernantes de la nueva República. En este punto, es bueno precisar que, Robespierre fue otro burgués de clase media, que no tenía consignas económico-comerciales y financieras, no era un capitalista ni respondía a esos intereses. Robespierre buscaba teórica y filosóficamente en lo político: la FELICIDAD de y en la República; y para ello, quería y realizó prácticamente: la ‘LIMPIEZA POLÍTICA REVOLUCIONARIA’, desechando a la escoria contrarrevolucionaria en su política concreta y de Estado; su consigna y su norte teórico fue: la FELICIDAD REPUBLICANA y usó todas las armas a su alcance para proteger y SALVAR PÚBLICAMENTE a su nuevo régimen político. El marxismo no puede interpretar, ni analizar a Robespierre y su trascendente obra política, y hasta el día de hoy hay polémicas serias al respecto.


Lo que buscaba Robespierre desde el poder, era eliminar la contrarrevolución, y la colaboración con los enemigos extranjeros de la nueva República francesa, y tuvo éxito, porque la invasión extranjera fue rechazada, y en el interior de la Francia revolucionaria, se eliminó todo brote o esperanza de restauración monárquica.


Pero, se dividieron los Jacobinos, y el 27 de julio de 1794 se dio el golpe de Estado, y Robespierre terminó en la guillotina. Los capitalistas incipientes y otra facción burguesa de clase media nuevamente tomaron el poder y el control político, imponiendo al célebre Directorio, que mantuvo como régimen político a la República, y garantizó las libertades públicas, pero obviamente, este régimen era para proteger a la alta burguesía o grandes capitalistas que buscaban orden y seguridad para los negocios.


Las fuerzas reaccionarias monárquicas europeas, no creyeron, ni menos confiaron en el Directorio, y buscaban aplastar y desaparecer a la Francia revolucionaria; y obviamente, los capitalistas franceses vieron peligrar su dominio de poder y estabilidad. Es en esa circunstancia histórica clave, que hace su aparición en el escenario universal, el ambicioso y genial joven oficial artillero Napoleón Bonaparte (1769-1821), justo en el momento en que los destinos de la Francia revolucionaria y republicana: solamente se decidiría en los campos de batalla. A partir de 1796 Francia arremetió con todo y ocupó varios Estados monárquicos opositores, imponiendo Repúblicas parecidas a la francesa.


Napoleón Bonaparte no era capitalista, ni pertenecía en modo alguno a esos círculos, era el típico hombre burgués, de clase media pobre, y además provinciano y extranjero, y militar de carrera; y por cierto, encarna el principio filosófico-político de la FELICIDAD, más no el de la propiedad de la predominante y liberal filosofía política inglesa del siglo XVII. En este punto, es bueno precisar que, Robespierre fue otro burgués de clase media, que no tenía consignas económico-comerciales y financieras, no era un capitalista ni respondía a esos intereses.


Bonaparte buscaba teórica y filosóficamente en lo político, al igual que Robespierre (y aquí tenemos una constante en el desarrollo práctico de la teoría política): la FELICIDAD de y en la República; y para ello, quería y realizó prácticamente: la defensa militar del nuevo régimen y la imposición política republicana en Europa continental; llenando de gloria y poder a Francia y abriendo una nueva agenda mundial republicana, como su política de Estado.

Bonaparte se convirtió en el salvador de Francia revolucionaria, Bonaparte se convirtió en el líder político y militar que Francia republicana esperaba: por su sagacidad militar, y sus estrategias descollantes y eficaces, que ofrendaban gloria republicana, Bonaparte se convirtió en el hijo predilecto de la República francesa.


Para noviembre de 1799, aprovechando una amenaza jacobina de retomar el poder, Napoleón Bonaparte con sus leales tropas en París, derrumba al ‘Directorio’, y ejerce personalmente el poder en forma dictatorial: el pueblo lo amaba y respetaba, los capitalistas lo consideraban necesario para brindar orden y seguridad a sus negocios, y el ejército francés lo idolatraba. En este preciso hecho histórico bajo comento, se comprueba lo que habíamos afirmado ut supra, en el sentido que Francia, tenía sed de LIBERTAD, IGUALDAD y FELICIDAD, y Napoleón Bonaparte encarnaba esos ideales franceses republicanos, evidentemente. El discurso y las proyecciones de la revolución inglesa, norteamericana y francesa fueron y son diferentes.


Napoleón Bonaparte hizo un gobierno descollante, poderoso y próspero, sometiendo a muchas naciones monárquicas y estableciendo repúblicas satélites de Francia napoleónica. Fue elegido Cónsul en 1800 y luego Cónsul Vitalicio en 1802, y en la cúspide de su popularidad en 1804, se hizo proclamar Emperador, y con Napoleón Bonaparte se consolidaron los principios republicanos: se publicó el Código Civil napoleónico en 1804, de trascendencia universal, y modelo de código civil republicano; se estableció la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley, como principio republicano y luego se convirtió en dogma constitucional; se defendió y garantizó la propiedad privada; se protegió a la institución familiar jurídicamente; y se establecieron todos los principios que la burguesía y el capitalismo requería y reclamaba. Además de eso, Bonaparte se preocupó por la educación reformando todo el sistema, hasta el universitario, sirviendo de modelo al mundo entero.


El capitalismo francés convivió con Napoleón Bonaparte y prosperó con él. Pero las fuerzas reaccionarias monárquicas europeas, no descansaban en su obsesión de traerse abajo a Napoleón Bonaparte y a la República francesa, y precisamente para ello forman el Congreso de Viena (1814-1815) de donde emerge la reaccionaria Santa Alianza, formado por Rusia, Austria y Prusia (luego se unirían Francia y España), y después se formaría la Cuádruple Alianza entre Rusia, Inglaterra, Austria y Prusia.


El imperio napoleónico duró alrededor de diez años, y no duró más, porque no pudo someter a Inglaterra, ni a Rusia monárquicas. Inglaterra no iba a permitir que Francia le arrebate su liderazgo económico e imperialista.


Para 1814 cae el imperio napoleónico, pero Europa se había dividido en dos grandes bandos, por un lado los monárquicos y del otro lado, los liberales. Siendo que los liberales, estaban dispuestos siempre a defender sus ideas con las armas en la mano, y se centraban en la idea de la ‘Constitución’: leyes fundamentales que obliguen a gobernantes y gobernados, que se protegiese los derechos del individuo, y se limitase el poder del rey. La represión monárquica europea fue muy dura y brutal y sangrienta, pero el liberalismo daría batalla por muchos quinquenios.


En el orden filosófico-político: el capitalismo de corte anglosajón, triunfó con su patrimonialismo lockeano, frente al concepto de la felicidad humana republicana francesa.


Pero lo cierto es, que en el siglo XIX otra es la historia (la burguesía logró lo que quería), estamos en el proceso franco e indetenible del industrialismo, es decir el capitalista se hizo mucho más fuerte y poderoso, y podía controlar no sólo Repúblicas Plutocráticas y esclavista lockeanas, sino también a monarquías constitucionales, al clero y a las monarquías modernas.

Lima, 29 de agosto del 2014

Jaime Del Castillo Jaramillo

Abogado egresado de la U.N.M.S.M. con más de 20 años de ejercicio profesional y cuenta con estudio jurídico abierto; politólogo con más de 20 años de ejercicio profesional; periodista, fundador y director del programa radial y televisivo ‘Yo, Sí Opino’ (censurado en TV y cerrado cinco veces en radio); Maestría en Ciencia Política con la tesis “Pensamiento Político peruano insuficiente y epidérmico causa de nuestro subdesarrollo político”; Post Grado internacional en Ciencia Política otorgado por la UCES – Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales de Buenos Aires-Argentina graduado con la tesis: “Crisis terminal de los Partidos Políticos en el Perú”; catedrático universitario de ‘Historia del Pensamiento Político”, “Filosofía Política”, “Metodología de la investigación en Ciencia Política”, “Realidad Nacional”; “Análisis Político”, “Ciencia Política”, etc.; blogger, comunicador social, articulista y conferencista.
Fundador, ideólogo y Presidente de “Foro Republicano”
http://fororepublicanoperuano.blogspot.com
@jaimedelcastill
yeagob2@gmail.com
https://www.facebook.com/jdelcastillojaramillo




jueves, 28 de agosto de 2014

Nadine Heredia y OHT son prefectos o vasallos del gobierno de Chile que ordenó que los peruanos no visiten ni pisen su ‘Triángulo Terrestre’ el 27/8/14. El Fiscal de la Nación Carlos Ramos Heredia debe ser destituido, pero el CNM no sanciona ni retira a ningún magistrado de las altas esferas de la política dominante. Diario regional ‘El Sol’ de la Región Piura publicó artículo de Jaime Del Castillo sobre la partidocracia de derecha y de izquierda que nos tiene secuestrados y subdesarrollados









Nadine Heredia y OHT son prefectos o vasallos del gobierno de Chile que ordenó que los peruanos no visiten ni pisen su ‘Triángulo Terrestre’ el 27/8/14. El Fiscal de la Nación Carlos Ramos Heredia debe ser destituido, pero el CNM no sanciona ni retira a ningún magistrado de las altas esferas de la política dominante. Diario regional ‘El Sol’ de la Región Piura publicó artículo de Jaime Del Castillo sobre la partidocracia de derecha y de izquierda que nos tiene secuestrados y subdesarrollados

                                                                                                                                                                 
JAIME DEL CASTILLO fue entrevistado por RADIO 'W' 88.7 FM como director del programa radial paiteño 'EL POLÉMICO', y también para el programa matutino ‘Democracia en Acción’ que conduce en el puerto de Paita el periodista José Villaseca Landa en la Región Piura, y el jueves 28/8/14 opinó sobre el DIA DE LA DEFENSA NACIONAL celebrado el 27/8, pero con la sorpresa que el gobierno de CHILE ordenó que los peruanos no visiten, ni pisen el TRIÁNGULO TERRESTRE en la Región Tacna y OHT y NH cumplieron dichas órdenes enviando al ministro del interior Daniel Urresti a impedir que los peruanos visiten y entren al TRIÁNGULO TERRESTRE, esto es una muestra clara que el gobierno de OHT y NH nos viene engañando y estafando, cuando en verdad es CHILE el que tiene posición dominante con la complicidad del presente gobierno de turno, tan es así que la primer ministra ANA JARA ha dicho que no se puede dañar a la AFP chilena Hábitat en cuanto al suspenso presunto del aporte obligatorio de los independientes.

En otro momento dijo que el actual Fiscal de la Nación Carlos Ramos Heredia es otro ‘Fiscal de la Nación Peláez Bardales II’ y que ya está probado que el mencionado FN favoreció al ex presidente del gobierno regional de Ancash Cesar Alvarez destituyendo a honestos fiscales que lo investigaban. Precisamente la FN de Carlos Ramos estaría impulsando ‘cortinas de humo’ sobre Paúl Olórtegui en el caso ‘Edita Guerrero’ con prisión preventiva y conferencias de prensa apresuradas, pero sin embargo Carlos Ramos Heredia no brinda conferencias de prensa en el caso ‘Orellana’ o el caso ‘López Meneses’ o sobre el caso ‘Luis Castañeda Lossio y Comunicore’ y también agregó que no cree que el CNM del magistrado Talavera vaya a sancionar al actual FN Carlos Ramos Heredia, ya que dicho CNM hasta ahora no ha sancionado a poderosos magistrados que estuvieron investigados por su institución, y lo mismo sucede con el ex FN Peláez Bardales.

Asimismo afirmó que NH y OHT son estafadores políticos que han traicionado la voluntad política.
El quincenario regional ‘EL SOL’ que se publica en la región Piura ha publicado un artículo de Jaime Del Castillo y el periodista José Villaseca Landa dio lectura del mencionado artículo, y sobre el punto Jaime Del Castillo dijo que efectivamente escribió sobre la partidocracia mafiosa de derecha y de izquierda que tanto daño nos hace como nación manteniéndonos como simples exportadores de piedras en el campo económico.              

                            

Vicepresidenta de la República y congresista Marisol Espinoza y la rebelión contra Nadine Heredia fue anunciado por Jaime Del Castillo un mes antes de la crisis política y parlamentaria por la elección de Ana María Solórzano a la presidencia del Parlamento con la defección de siete congresistas nacionalistas, y a futuro se espera nuevo protagonismo de oposición de Marisol Espinoza









Vicepresidenta de la República y congresista Marisol Espinoza y la rebelión contra Nadine Heredia fue anunciado por Jaime Del Castillo un mes antes de la crisis política y parlamentaria por la elección de Ana María Solórzano a la presidencia del Parlamento con la defección de siete congresistas nacionalistas, y a futuro se espera nuevo protagonismo de oposición de Marisol Espinoza                                                                                                                                                                

JAIME DEL CASTILLO fue entrevistado por RADIO 'W' 88.7 FM como director del programa radial paiteño 'EL POLÉMICO', y también para el programa matutino ‘Democracia en Acción’ que conduce en el puerto de Paita el periodista José Villaseca Landa en la Región Piura, y el miércoles 27/8/14 opinó sobre la coyuntura política haciendo recordar a sus radio-oyentes que advirtió hace más de un mes atrás (está el video en las redes sociales) que Marisol Espinoza estaría pensando tener mayor protagonismo político en divergencia con la política aplicada por el gobierno de Nadine Heredia y OHT y así se verificó cuando la crisis política y congresal verificada en la última elección de la presidencia del Congreso de la República donde fue electa muy ajustadamente la arequipeña de Gana Perú Ana María Solórzano y además advirtió que Marisol Espinoza dará mucho que hablar en unos meses, porque hay un mar de fondo de contradicciones y posiciones encontradas dentro del presente gobierno de OHT y NH.

https://www.youtube.com/watch?v=L5nF8C8Uhwo


miércoles, 27 de agosto de 2014

Parlamento medieval inglés fue instrumento capitalista de la primera revolución política del mundo moderno y Locke crea su teoría política de la “República Plutocrática y esclavista” idónea







Parlamento medieval inglés fue instrumento capitalista de la primera revolución política del mundo moderno y Locke crea su teoría política de la “República Plutocrática y esclavista” idónea



Lo que teníamos en Europa hasta el siglo XIII era una sociedad rígida y enclaustrada e ignorante, que en líneas generales, los historiadores denominan el ‘Antiguo Régimen’; con el rey en la cúspide, pletórico de riquezas y tierras y privilegios y leyes propias, el rey se amparaba en que Dios le había dado poder para mandar y gobernar terrenalmente, y que solamente respondería de sus actos ante Dios y sólo ante Dios, a eso se le llamaba: la voluntad del soberano. Junto al rey se hallaba y rodeándolo, la nobleza aristocrática que gozaba pues, de privilegios y prerrogativas: no pagaba impuestos normalmente, monopolizaba altos cargos políticos y administrativos, manejaba la milicia, y vivía casi siempre de la tenencia de inmensas tierras y demás mercedes regalistas. La nobleza veía con desagrado y de baja ralea: trabajar físicamente o hacer negocios o comercios.


Recordemos lo que escribió Luis XIV el famoso rey francés, a quien se le atribuye la famosa frase: ‘El Estado soy yo’ donde compendia la filosofía y praxis absolutista de la época:
“Todo poder, toda autoridad, residen en la mano del Rey y no puede haber en el reino otros que los que él establece … Todo lo que se encuentra en la extensión de nuestros Estados, de cualquier naturaleza que sea, nos pertenece … la voluntad de Dios es que cualquiera que haya nacido súbdito obedezca ciegamente… Es preciso ponerse de acuerdo en que, por muy nefasto que pueda ser un príncipe, la rebelión de sus súbditos es siempre criminal… Pero este poder ilimitado sobre los súbditos no debe servir  sino para trabajar más eficazmente por su felicidad.” (De las memorias de Luis XIV)


Otro grupo que fue absolutamente dominante en el ‘Antiguo Régimen’ fue el clero, o los representantes oficiales de la Iglesia Católica: quienes estaban estrechamente vinculados a la aristocracia o nobleza; el clero, tenía inmensas propiedades inmuebles o grandes fincas o haciendas, y no pagaba impuestos, y ejercía fuerte dominio espiritual, cultural, religioso y sicológico sobre las masas de la Edad Media: tenían sometidos al pensamiento, y a la ciencia y la técnica de la época, ni que decir de la moral y las costumbres sociales, y la educación toda.


Y el sector perjudicado y explotado y aplastado, por toda esta maquinaria política, social y económica del ‘Antiguo Régimen’, era el pueblo (de quien decían que su destino era: ‘nacido para sufrir’) o ‘Tercer Estado’, donde se agrupan a todos aquellos que no son parte de la nobleza o aristocracia, ni menos del clero, y ahí podemos verificar y encontrar, desde el harapiento mendigo, hasta el rico comerciante; también ubicamos desde el trabajador o peón y/o agricultor, hasta el artesano, etc., pero todos ellos están homologados en el pago de impuestos forzosos y necesarios, para mantener al rey y a la nobleza y al clero; además, que tenían que trabajar para comer. Descontado está, que el ‘Tercer Estado’ no gozaba pues, ni de derechos, ni privilegios, ni de prerrogativas algunas.


Pero es precisamente en el siglo XIII donde comienza el cambio de ideas y actitudes y de imaginarios, aunque lentamente y dentro del mencionado ‘Tercer Estado’, y ese grupo materialmente estuvo integrado por los burgueses, y, ¿Quiénes eran los burgueses?: pues todos los que tenían negocios en las ciudades o burgos, y en sus alrededores, no eran campesinos o agricultores, básicamente eran comerciantes, mercaderes y negociantes de las ciudades, y puertos, es decir: los primeros capitalistas. Ya para el siglo XVI, estos primeros capitalistas empiezan a organizarse, (sobre todo cuando incrementaron sus ganancias, utilidades y riquezas) homogéneamente (luego en forma numerosa), y a uniformizar ideas, a fin de proteger: primero sus vidas, y segundo: sus propiedades y negocios. Y aquí ya tenemos, a la burguesía o capitalistas.


Y es importante el siglo XIII, porque la limitación del poder absoluto monarquista y la influencia del viejo parlamento medioeval inglés toma proyección y fuerza hacia adelante en línea constante; recordemos siempre, que fue en 1215 que al Rey Juan Sintierra lo obligaron a firmar la Carta Magna que concede derechos y prerrogativas a la nobleza y a la alta burguesía; y luego, en 1265 lo obligaron al Rey, a organizar un PARLAMENTO BICAMERAL, es decir, que la institución del parlamento es muy antigua y para defender siempre los intereses de la clase dominante, nunca fue creada para defender al pueblo, o como símbolo de la democracia, todo lo contrario.


Para el siglo XVII esa burguesía (el capitalismo) ya era poderosa (más poderosa aún que la misma vieja aristocracia medieval, que los seguía despreciando y escupiendo), y con muchos tentáculos de poder; con sus riquezas y comercios, habían podido penetrar en muchos sectores de la sociedad,  y del pensamiento, y se ganaron un espacio nuevo y especial y expectante; es decir, que ya eran perfectamente conscientes de su fuerza cultural, económica, financiera y de pensamiento, y ya no estarían dispuestos a seguir marginados del manejo político y administrativo; sólo les faltaba destruir los cimientos medievales y del ‘Antiguo Régimen’ en general, empujando los cambios revolucionarios, y oficializando su poder concreto, y legalizando su prestigio social de una vez por todas vía el parlamento, y para ello recurrirán a las alas del pensamiento o filosofía política para poder volar alto, y posicionarse definitivamente con poder oficial, legal y concreto; y así lo hicieron.


Debe quedar bien en claro, que fueron los capitalistas ingleses los que dieron el primer gran golpe contra el ‘Antiguo Régimen’ ya bien entrado el siglo XVII; verificándose así: la primera revolución política del mundo moderno; y lo más importante, usaron el PARLAMENTO como arma y como escudo y adueñándose de él para siempre, y con ello, la monarquía absoluta inglesa no se fortaleció, sino todo lo contrario, dicha monarquía estaba desprestigiada y en desgracia, por las divisiones en las misma casta aristocrática, por los agudos conflictos de confesiones religiosas, por la agitada y violenta contrarreforma en general, por las guerras continuas e intensas, etc., etc.


Otro hecho importante, cardinal y clave, es el siguiente: Inglaterra tenía PARLAMENTO desde el medioevo, y donde se defendían exclusivamente los intereses directos de la nobleza y del clero y por cierto de los capitalistas, pero nunca el PARLAMENTO fue del pueblo, o pensado y diseñado para defender al pueblo, fue todo lo contrario, absolutamente todo lo contrario. El parlamento en general entonces, es creación inglesa elitista y excluyente y exclusiva de los poderosos, y tan antiguo como el medioevo, el parlamento inglés no fue creado ni por, ni a partir de las ideas o del pensamiento ni de Locke ni de Montesquieu ni de Rousseau; el parlamento fue una creación política elitista y material e histórica que viene desde la Edad Media en Inglaterra.


Entonces, el viejo parlamento medieval inglés representaba a los grupos de poder: la nobleza, el clero y la alta burguesía (el pueblo nunca tuvo representación en modo alguno); pero, el Rey en verdad, controlaba absolutamente al viejo parlamento en sus inicios, fue la mesa de negociaciones entre los poderosos terratenientes, el clero y los nobles y el rey mismo, nada más. El Parlamento, que duda cabe, era el lugar donde se conspiraba oficial y legalmente, como engañar y como exaccionar impuestos y fuerza física del ignorante y crédulo y famélico pueblo.


Y si bien es cierto, que dicho Parlamento medieval inglés se reunía periódicamente, y servía para frenar en algo el poder monárquico, por parte de los ricos terratenientes, el clero celoso y oportunista y la parásita nobleza, pues, ya la tradición política inglesa tenía la herramienta idónea para fortalecerla y reformarla a favor del nuevo grupo de poder fáctico y económico: Los capitalistas. Solamente faltaba el pensador político que le dé vuelos, carta de ciudadanía y nuevo contenido y proyección al viejo y decrépito parlamento medieval inglés, y modernizarlo obviamente: John Locke (1632-1704) en el siglo XVII, sería el pensador político de los capitalistas, y con su teoría de la bicefalia del poder (poder ejecutivo limitado y frenado por los capitalistas,  atrincherados en el Parlamento moderno) crearía la poderosa arma que necesitaban los capitalistas modernos para frenar al ejecutivo y manipularlo, y para tener manos libres para hacer negocios e incrementar sus riquezas; y de paso controlar a la plebe, o al pueblo o al populacho con las armas legales (Estado de Derecho) incluyendo prioritariamente: la violencia estatal.


También es importante señalar, que el sector de la burguesía o los capitalistas ingleses, supieron capitalizar políticamente y para sus fines y partido: el fenómeno religioso de la Contrarreforma, que precisamente nace en Inglaterra, con la separación de la Iglesia Católica, e implantando su propia confesión religiosa nacional: La Iglesia Anglicana, demás está mencionar, que tras esa nueva confesión religiosa nacional y oficial inglesa, habían profundos e intensos intereses económicos, comerciales y políticos.


Recordemos que, cuando se separa Inglaterra del Vaticano, automáticamente la sociedad se partió en dos bandos religiosos protestantes, que se enfrentaron hasta sangrientamente: la iglesia oficial estatal, era la Anglicana, y su jefe supremo era el mismo Rey o monarca, y como no podía ser de otra  manera: la alta nobleza y aristocracia lo acompañaba por intereses obvios; pero, del otro lado opuesto, la burguesía o los capitalistas emergentes aliados de la baja nobleza se hicieron de las iglesias Puritanas calvinistas.


Aquí, es preciso y menester, abundar en este punto: La Iglesia Anglicana fue promovida como reforma religiosa de trascendencia universal e histórica en el siglo XVI, por los reyes, que necesitaban someter los intereses religiosos y eclesiásticos institucionales a la política monárquica, y para ello, se aprovecharon del general desprestigio del Papado y de la Iglesia Católica, por continuos y revelados actos de corrupción que manaban de la misma Roma, se aprovecharon asimismo, de la sed de reforma espiritual y religiosa que la sociedad inglesa reclamaba fervientemente, sobre todo en los sectores influyentes y grupos de poder, todo ello también fue empujado y promovido por los cambios culturales y sicosociales que trajo el Renacimiento.


Preciso recordar es, que fue con el rey Enrique VIII en 1531, que se rompió relaciones religiosas con el Vaticano, en el contexto del divorcio no reconocido del mencionado rey inglés. Luego el rey Enrique VI defendió abiertamente la reforma luterana, en contra también de la Iglesia Católica, pero cuando muere dicho rey, y asume María Tudor, se regresa a la confesión católica (1555) iniciándose sangrientas persecuciones en contra de los protestantes o reformistas. El anglicanismo como iglesia nacional oficial se consolidó con la reina Isabel I. El factor religioso trajo mucha polémica, conflictos y guerras sangrientas, que no permitieron al capitalista tener la paz y los mercados calmos para hacer riquezas, por eso es que optaron más adelante, por la TOLERANCIA religiosa como una salida política, para poder tener paz y hacer negocios y riquezas.


Asimismo, tenemos que considerar que el Calvinismo fue la confesión religiosa protestante o reformista, que tenía grueso sustrato teológico, filosófico, ético, social y político, vale decir, que el calvinista estaba obligado a una conducta pública y privada rigurosa (precisamente la ética protestante y el capitalismo en los EE.UU., fue estudiado por el científico social alemán Max Weber en una obra que sigue siendo un clásico de las ciencias sociales). Su creador Jean Calvin (1509-1564) fue un teólogo francés que sustentaba la salvación divina como una gracia de Dios, pero que el creyente tenía que esforzarse en demostrarle a Dios que era el elegido, con esa sustancia religiosa se da creación a las iglesias presbiterianas, que se diferenciaban por cierto de las iglesias anglicana y luterana. El puritanismo de esencia calvinista en Inglaterra, llegó inclusive a formar un partido político en el siglo XVII, luego devino en un riguroso sistema de vida donde el individuo o creyente buscaba su regeneración personal y públicamente era muy estricto y riguroso en seguir códigos éticos y morales de esencia religiosa.


El pequeño gran detalle que tenemos que tener muy presente aquí, es que, los calvinistas puritanos (los capitalistas más decididos tomaron dicho partido), --enfrentados contra los anglicanos monárquicos--, tenían como principio político básico: que si el gobernante o monarca actuaba en forma absolutista o tiránica, podía ser sacado del poder, podía ser depuesto por la fuerza, vía la insurrección; así se explica la conducta del revolucionario republicano inglés Oliverio Cromwell (1599-1658) que de la mano y con su genialidad política y militar, llevó a los capitalistas emergentes al poder, y a posiciones que nunca antes tuvieron, luego de sangrientas batallas y luchas y conflictos, donde que el PARLAMENTO era la trinchera de guerra por el poder entre capitalistas modernos y terratenientes medievales; y, ¿El pueblo?: El pueblo no tenía nada que ver ahí, ni sabía de qué se trataba tanta barahúnda política, el pueblo nada defendía ni atacaba en dicho parlamento, porque no tenía representación alguna ahí. Sólo era llevado a los ejércitos de uno y otro bando, como carne de cañón, hacia las duras, largas y espantosas batallas, apelando a su confesión y pugnacidad religiosa, luego regresaban a sus hogares, más pobres que nunca, mutilados, enfermos, hambrientos y traumados, nada más. John Locke nunca se preocupó de ellos en modo alguno, en forma absoluta.


En 1640, los capitalistas y parte de la pequeña nobleza inglesa (calvinistas puritanos mayoritariamente), encaramados en el Parlamento, exigieron que se reconociera su poder supremo parlamentario sobre el rey Carlos I, vale decir, el PARLAMENTO exigía dominar la política inglesa sobre el monarca, o, que el poder ejecutivo se someta a las decisiones congresales o parlamentarias. Fue un duro golpe asestado por parte de la fortalecida y apertrechada burguesía, o capitalistas emergentes, que utilizaban al parlamento para sus fines económicos y políticos, doblegando a la monarquía absolutista, y estalló la cruenta y terrible guerra civil como era de esperarse: la primera revolución política del mundo moderno.


Fue en 1647, que el EJÉRCITO PARLAMENTARIO liderado por Cromwell derrotó a las fuerzas militares reales o monárquicas, y tomó prisionero al rey Carlos I, dándose inicio a la revolución radical: se expulsó a la nobleza monárquica del parlamento, se suprimieron las prerrogativas y privilegios de la aristocracia, se enjuició al rey condenándolo a la muerte en 1649, y se abolió la monarquía, proclamándose la República y entregándose todo el poder al revolucionario puritano Cromwell. Los capitalistas dejaron bien en claro, hasta donde podían llegar para defender sus intereses económicos y políticos.


Luego de tomado el poder total y absoluto por parte de los capitalistas emergentes, y de la mano gloriosa de Oliverio Cromwell, --el radical puritano--, humillando al poder ejecutivo o monarquía, y ejecutando además, al mismo rey Carlos I; y expectorados los grupos de poder monárquicos del parlamento; y cerrando el mismo instituto congresal; y ahora, modernizado el PARLAMENTO como propiedad y trinchera burguesa emergente: los capitalistas ahora sí, tenían la mesa servida para imponer sus condiciones y asegurar y consolidar sus intereses; pero faltaba solamente, un pequeño gran detalle: deshacerse de Oliverio Cromwell, quien tenía la dirección del poder central, y los capitalistas prefieren manejar todo, desde y con el parlamento, porque así dan espacio de maniobra a todas las vertientes del capitalismo: económicas, financieras, comerciales, etc., en posición, acción y proyección totalmente alejada de los intereses populares, obviamente.


Fue tan poderoso el prestigio, y el dominio, y la obra del gran republicano Oliverio Cromwell que los capitalistas emergentes inteligentemente, tuvieron que esperar a su muerte (1658) para poder hacer los últimos ajustes idóneos a sus intereses, conveniencias y complacencias. Evitaron nueva guerra civil entre los que querían la continuación de la República y los monarquistas, y astutamente, demostrando pericia y lucidez políticas: los capitalistas emergentes conceden a la nobleza monárquica (1660) la restauración, en la cabeza del rey Carlos II, pero con las siguientes condiciones: El rey aceptaba la supremacía del parlamento en la elaboración de las leyes y la fijación de los impuestos, quedaban suprimidos los monopolios y privilegios de la aristocracia. De esta manera pues, ganaron el poder de manejo económico y financiero, y la estabilidad política necesaria, con su dominio y dirección del tema impositivo, que era el que preocupaba a los capitalistas. El rey reinaba pero no gobernaba, gobernaba el parlamento de los capitalistas emergentes del mundo moderno. El pueblo seguía siendo súbdito sin derechos, sin representación y sin voz. Y los esclavos seguían siendo simples cosas y mano gratis, nada más.


Es en esas circunstancias, en que el capitalismo emergente, apela su pensador político preferido y de los suyos John Locke (1632-1704), --quien era contemporáneo del otro gran filósofo político Thomas Hobbes, pero a diferencia del académico y retraído Hobbes, pues Locke era un hombre de la política y de los negocios siempre--, y por lo tanto, sus escritos y célebres ensayos eran obras del momento, escritos de simple coyuntura política-económica que expresaban el sentir del capitalismo de su época, escritos que se convertirían luego, en filosofía política universal del liberalismo político, porque las necesidades del capitalismo son las mismas en cualquier parte del mundo.


Leamos a John Locke como defiende a sus colegas capitalistas y negociantes del momento:
“Para mí, el Estado es una sociedad de hombres constituida únicamente con el fin de adquirir, conservar y mejorar sus propios intereses civiles, intereses civiles llamo a la vida, libertad, salud y prosperidad del cuerpo; y a la posesión de bienes externos, tales como el dinero, tierra, casa, mobiliario y cosas semejantes”. (John Locke en su ‘Carta sobre la tolerancia’, 1689)


De la simple lectura Ut Supra: Es obvio que John Locke se dirige exclusivamente a los capitalistas y prósperos comerciantes y negociantes colegas suyos de la época, porque en verdad de verdades, el hombre común y corriente o el pobre hombre inglés de su evo: pues, en modo alguno, su vida no tenía protección alguna, ni menos su libertad, su salud era lo de menos para los gobernantes, y la prosperidad del cuerpo del esclavo y del jornalero les interesaba nada, y como es obvio, el pobre nunca tenía dinero ni para comprar tierras, casa, mobiliario y etc.; es decir que, en forma clara y contundente Locke defiende al capitalismo de su tiempo, a diferencia de Thomas Hobbes que sí se preocupa filosóficamente por la felicidad de todos los miembros del Estado, y su desarrollo teórico es claramente en ese sentido, es obvio que a los liberales o capitalistas no les gusta, ni les conviene abordar o tratar el tema de la FELICIDAD DEL PUEBLO porque precisamente la riqueza del liberal y del capitalista reside en hacer infeliz y mantener en la infelicidad a las minorías ‘ciudadanas’ desposeídas y débiles; por eso odiaban y odian a Hobbes los liberales, porque Hobbes planteaba una República parecida a la que había instaurado y dirigido el revolucionario republicano Oliver Cromwell, y en verdad,  los capitalistas normalmente, no quieren saber nada de gobiernos (se han adaptado también a dictaduras y tiranías y fascismos) donde no exista parlamento para manejarlo con su dinero y con sus propios representantes.


Tan es así, que en 1679: el Parlamento dominante, expide victoriosamente el Habeas Corpus Act, o ley de hábeas corpus, además de leyes para la defensa de los derechos ciudadanos (mejor dicho leyes para favorecer al capitalista, pero nunca al pueblo), y con ello: logran blindarse de cualquier pretensión absolutista que quiera afectar sus intereses, sea en sus vidas o propiedades, todo ello por cierto, estaba iluminado por la filosofía política liberal creada por el negociante y político John Locke.


Dicho todo esto, ya podemos entender la aparición histórica del rey Jacobo II, --quien fuera el sucesor del rey Carlos II, el mismo que fuera aupado al poder bajo las condiciones del parlamento capitalista-, un monarca de mente estrecha y absolutista, pero sobre todo y ante todo católico, y eso significaba pólvora con mecha corta en la Inglaterra anglicana, calvinista, y sobre todo: tomada por los capitalistas puritanos atrincherados en el Parlamento. Jacobo II inoportuna e imprudentemente, quería relanzar el poder real o monárquico, enfrentándose inmediatamente al Parlamento, pero no tuvo el apoyo tan necesario de la alta nobleza, ya que ésta no era católica, sino anglicana y muy al contrario vieron a Jacobo II como un obstáculo para el desarrollo de sus intereses económicos y políticos, sobre todo porque el torpe rey había permitido el ingreso de misioneros jesuitas al territorio inglés, eso provocó que salte automáticamente el sentimiento patriota inglés tan sólido y unificado en contra del monarca católico, además de eso: la nobleza no quería guerras, ni tampoco regreso al absolutismo, porque ya tenían mucho terreno ganado y posiciones de poder envidiables y con tendencia a consolidarse mucho más y a crecer, en tal virtud, los capitalistas inteligentemente decidieron destronar, desbancar y expectorar al rey católico Jacobo II.


La Revolución Gloriosa de 1688: es otro hito importantísimo en el avance y consolidación de los intereses capitalistas ingleses, adueñados ya del parlamento, y en contra del absolutismo que los pueda controlar, regular y fiscalizar. Esa famosa revolución de 1688 ya tenía su ideología y su filosofía política creada y sustentada por John Locke en su espíritu y actividad práctica de hombre de negocios y político, como se ha dicho. Poniendo en ejecución el principio político calvinista, de que si el gobernante era tirano, podía ser depuesto por la fuerza, pues destronaron a Jacobo II sus enemigos, y abandonado el monarca en desgracia, tuvo que dejar el trono, sin pena ni gloria. Y luego, cazurramente, los capitalistas ofrecieron la corona de Inglaterra a Guillermo de Orange, --que era príncipe holandés y que no sabía hablar el idioma inglés--, Guillermo aceptó la corona, con las condiciones que le puso el Parlamento dominante y voraz políticamente: Mantener al protestantismo como religión base y dejar gobernar al Parlamento; así se inicia en firme el alabado y célebre y moderno parlamentarismo inglés.


La Revolución Gloriosa de 1688, fue hecha sin violencia, con negociaciones, con inteligencia y con refinada astucia, y obviamente: con potente voracidad de poder, bien disimulada. Aparece el nuevo régimen político parlamentarista que será modelo para el capitalismo universal: el Parlamento dicta las leyes, recauda impuestos, y elige al primer ministro quien es el titular del ejecutivo de los mismos capitalistas (nunca hubo la DIVISIÓN O SEPARACIÓN DE PODERES que ilusamente desarrollará teóricamente Montesquieu, lo que hubo en forma material y concreta fue ABSOLUTISMO PARLAMENTARIO plutocrático); el Rey reinaba pero no gobernaba.


Con la Revolución Gloriosa quedó firmemente establecido y legitimado que el parlamentarismo: No es DEMOCRACIA, ni nunca fue democrático, recordemos que solamente votaban los miembros de la nobleza y los capitalistas o burgueses enriquecidos.


El capitalismo tomó el poder absoluto, y hasta ahora lo detenta, con ficciones hechas pasar por teoría política y sancionada jurídicamente por el Derecho Constitucional y por constituciones políticas positivas que garantizan el ‘Estado de Derecho’ del capitalismo dominante, y que ahora se puede comprobar en cualquier Estado moderno de la civilización occidental. El marxismo se equivocó absolutamente, y a las finales jugó a favor del capitalismo mundial como ahora se puede comprobar con mucha facilidad.


Lima, 27 de agosto del 2014

Jaime Del Castillo Jaramillo

Abogado egresado de la U.N.M.S.M. con más de 20 años de ejercicio profesional y cuenta con estudio jurídico abierto; politólogo con más de 20 años de ejercicio profesional; periodista, fundador y director del programa radial y televisivo ‘Yo, Sí Opino’ (censurado en TV y cerrado cinco veces en radio); Maestría en Ciencia Política con la tesis “Pensamiento Político peruano insuficiente y epidérmico causa de nuestro subdesarrollo político”; Post Grado internacional en Ciencia Política otorgado por la UCES – Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales de Buenos Aires-Argentina graduado con la tesis: “Crisis terminal de los Partidos Políticos en el Perú”; catedrático universitario de ‘Historia del Pensamiento Político”, “Filosofía Política”, “Metodología de la investigación en Ciencia Política”, “Realidad Nacional”; “Análisis Político”, “Ciencia Política”, etc.; blogger, comunicador social, articulista y conferencista.
Fundador, ideólogo y Presidente de “Foro Republicano”
http://fororepublicanoperuano.blogspot.com
@jaimedelcastill
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https://www.facebook.com/jdelcastillojaramillo





sábado, 16 de agosto de 2014

‘Voluntad General’ del pueblo: es falsa, no existe en modo alguno. La Soberanía Política-económica constante y central, es de los grupos de poder fáctico en toda sociedad. Juan Jacobo Rousseau y la irrealizable ficción política del neurótico anticultural: el jardín del Edén o ‘Volonté generale’ rousseauniano





‘Voluntad General’ del pueblo: es falsa, no existe en modo alguno. La Soberanía Política-económica constante y central, es de los grupos de poder fáctico en toda sociedad. Juan Jacobo Rousseau y la irrealizable ficción  política del neurótico anticultural: el jardín del Edén o ‘Volonté generale’ rousseauniano 



La mayor y más grande estafa teórica-política, y política universal occidental, es el de la ‘Voluntad General’ del pueblo, tomada oportunistamente de la ficción política del ginebrino Juan Jacobo Rousseau. Es una ficción, una quimera, un romanticismo, propio de un neurótico como fue Rousseau: La Voluntad General y el ‘retorno a la naturaleza’.


Juan Jacobo Rousseau nació en Suiza, en la ginebra calvinista, y su biografía, es propia de un hombre inestable, neurótico, pobre y aventurero de su evo. Sus tiempos políticos fueron agitados y violentos, las polémicas y las luchas religiosas e ideológicas estaban en todo su hervor secular. Rousseau se sintió atraído por París, que era la ciudad luz de la filosofía racional, fue contemporáneo de los grandes filósofos y pensadores revolucionarios previos a la Gran Revolución o Revolución Francesa. Fue un gran admirador de Diderot en su momento. Y el genial Voltaire será su gran opositor, --de validez universal--, luego de conocida la extraviada obra y ficción política rousseauniana, denominada: ‘El contrato social’.


La obra escrita por Juan Jacobo Rousseau fue sobretodo ficción política, antes que sana y racional Teoría Política: si Hobbes se amparó en la ciencia de su momento, y sobre todo en la geometría; y Locke se amparó en la sólida tradición filosófica del ‘Derecho Natural’ trabajada y pulida durante siglos, por potentes y solventes filósofos; pues Rousseau sólo se amparó en sus necesidades personales y en su extraviada sicología. Rousseau fue un pensador contracultural, enajenado y rebelde a la poderosa corriente de pensamiento político racional de su tiempo: Filosofía francesa del siglo XVIII previa a la Gran Revolución.


Rousseau primero, admiró a los pensadores racionalistas franceses, pero después, llevado por su carácter inestable y neurótico, los odió y los combatió: creando ficciones y lugares existentes sólo en su mente contradictoria: ‘El contrato social’ y otros escritos. La verdad es que Rousseau nunca superó su condición de provinciano pobre, en la luminosa ciudad de París: de los orgullosos, petulantes y egoístas filósofos franceses racionalistas, con quienes se codeó en su estadía parisina.


Rousseau, tenía la mente extraviada y no maduró plenamente: creía que el mundo tenía que adecuarse a sus ficciones, y necesidades muy personales, y sicológicas. Al llegar a la bullente, culta y agitada París: Rousseau creyó que los célebres, inteligentes, revolucionarios y aplaudidos filósofos franceses racionales a quienes admiraba, eran unos ángeles de cara rosada, y pletóricos de bondad y cariño, ahítos de afabilidad extrema, sobre todo con sus admiradores y lectores, y con mayor razón con los  provincianos como él. Encontró mayúsculos egos, sequedad de trato, petulancia intelectual, desdén capitalino, etc., etc. París es París, siempre. Rousseau dejó de creer en el racionalismo en forma tajante y en seco: Confundía racionalismo filosófico con conducta humana --de sus difusores-- de y con perfil monacal, filantrópico y angelical: tamaña ingenuidad e inocencia del enajenado Rousseau.


Al rechazar y oponerse al racionalismo francés de plano y en forma frontal, Rousseau planteó entonces, –ante el fracaso de la reforma que planteaba dentro de la misma civilización racional-- la huida y retirada de los ciudadanos a un mundo paradisíaco de la vida buena, donde se recupere la libertad y se viva en plena libertad, donde impere la independencia social absoluta, es lo que denominaba: el ‘retorno a la naturaleza’; donde no exista civilización, ni reglas, ni imposición cultural, ni autoridades políticas que obliguen al individuo o ciudadano: Rousseau en su mente extraviada, crea un jardín del Edén, donde impere solamente la voluntad general de todos los ciudadanos, o sea, que todos decidan sobre todo: en SOBERANÍA –rechazando todo tipo de gobierno ejecutivo--, y esto solamente podía darse, en una provincia pequeña, a fin que se ejerciese la democracia directa que era la única forma donde podía cristalizarse la ficción política rousseauniana de la ‘volonté generale’.


Y para colmo de la ingenuidad rousseauniana: Fusiona moralidad con política. Para Rousseau, la conducta moral es la que salvaría al hombre en sus decisiones políticas en y por naturaleza, toda vez que cada hombre o ciudadano, es legislador en y de la ‘voluntad general’, y que buscaría en su actividad la vida buena.


En términos reales y materiales, y concretos, y muy humanos y políticos: nunca se podría dar la voluntad general, ni siquiera en el comunismo paradisíaco más excelso y angelical. Para que pueda darse, o verificarse, o cristalizarse, la voluntad general, pues, todos los ciudadanos deberían pensar igual y sentir igual, lo cual es imposible, o, todos los hombres tendrían que convertirse, como por arte de magia, en niños: ¿Pero quién educará al niño bueno si Rousseau desconfía precisamente de la educación que civiliza racionalmente?. No existe una sola comunidad humana donde todos los ciudadanos puedan pensar igual o sentir igual, en modo alguno. La voluntad general no existe, es falsedad pura. Una cosa es VOLUNTAD GENERAL y otra cosa muy distinta y diferente es VOLUNTAD DE LA MAYORÍA que no es voluntad general, y lo que plantea Rousseau es VOLUNTAD GENERAL.


En suma: estudiar a Rousseau es meterse a un pantano de aguas viscosas y obscuras, donde realmente no se le puede entender en forma clara y racional, y lo peor: Rousseau nos lleva a un paraíso ficcional, imposible de aplicarse materialmente en el mundo político.


El reconocido investigador de ciencias sociales de la universidad de Liverpool Charles Vereker expone sistemáticamente varios temas básicos de la Teoría Política, y de donde extraemos éstas citas que abonan la tesis que hemos elaborado ut supra:


“Es sumamente significativo que fuese un ciudadano de la Ginebra calvinista quien esboza el esquema  de una nueva iglesia-estado, en que la autoridad espiritual y la política se fundían en un único poder del que todos participaban y al que todos estaban rigurosamente sujetos. (…) ni siquiera ahora, dos siglos después de la publicación del El contrato social de Rousseau, puede decirse que haya acuerdo estricto respecto de lo que quiso significar Rousseau con los términos (pag. 286) que usó, o respecto de cómo deben interpretarse o entenderse sus afirmaciones. Por ese motivo, cualquier exposición breve de su pensamiento debe ser, lamentablemente, parcial e imperfecta, y apenas podemos hacer algo más que sugerir la sutileza, la complejidad y la profundidad de los tópicos que planteó y trató de resolver.”
“A menudo, la importancia de las concepciones que Rousseau trató de expresar se ve oscurecida por la evidente –alguien podría decir inclusive mórbida— fascinación de su carácter. Más que en otros pensadores sociales, la vida de Rousseau se relacionó estrechamente con su pensamiento, pues llegó a ocuparse de temas políticos casi accidentalmente, durante el proceso de búsqueda de una solución al enigma moral de su propia personalidad. Y el resultado es que la persona constituye la analogía que usa con más frecuencia en su discusión sobre la sociedad, y sus recomendaciones para la creación de una ciudad en que pueda asegurarse la vida buena se formulan según los mismos principios sobre los cuales haría recomendaciones para la conquista de una personalidad equilibrada y moralmente armoniosa, con la estipulación de qué, en última instancia, el logro de esto último depende de la pertenencia a aquélla.”
“El segundo malentendido que puede producirse cuando se estudia a Rousseau surge de la gran dificultad en comprender qué quiere significar cuando sostiene que un grupo político debe ser depositario de la voluntad general, y que la condición previa para la existencia de una sociedad armoniosa radica en que esta voluntad ejerza autoridad soberana. (…) Pero, muy a menudo, su discusión debilita la concentración de lo que constituía la preocupación y el interés principal de Rousseau, que era la caracterización de la condición a que llama ‘libertad’, el análisis de las causas de su pérdida y la descripción de las condiciones dentro de las cuales puede reconquistarse. El funcionamiento de la voluntad general desempeña un papel importante entre las medidas sugeridas para crear una sociedad libre, pero no es el único factor en juego, y parece casi ininteligible si no se le ubica en el contexto más amplio de la búsqueda rousseauniana de libertad.”
(…)
“Cuando fue a París por primera vez, en la década de 1740, Rousseau se sintió atraído por este punto de vista, como se sintió atraído por Diderot, pero vivió lo suficiente para repudiar a ambos. En su rechazo de los principios de la Ilustración, Rousseau fue casi un solitario durante el siglo XVIII, e inició un movimiento de reacción del racionalismo individualista francés, no agotado aún.” (pag. 288)
“Rousseau pensaba, por la experiencia que tenía de ella, que la sociedad no podía mejorarse ni perfeccionarse mediante el cambio del esquema de gobierno y la confianza en la cooperación racional armoniosa. Por el contrario, tenía que transformarse radicalmente, y como parecía haber poca esperanza de que se emprendiera tal reorganización, la primera reacción de Rousseau fue predicar la huida y el retiro a una existencia primitiva, con un mínimo de contactos sociales. Este rechazo de las teorías de su época puede considerarse, en parte, como el disgusto de un hombre de fuertes sentimientos ante el egoísmo seco y racional de los enciclopedistas; en parte, como el desprecio de un provinciano por París; y en medida mayor aún, quizá, como el anhelo profundamente arraigado de un neurótico por la paz perfecta, extraña a este mundo. Sea como fuere, Rousseau se dispuso, solo o virtualmente solo, a construir una nueva teoría social en que la ‘libertad’ significase la armonía de cada yo, cuya voluntad, cuya razón y cuyas emociones cooperasen en un perfecto equilibrio, y que fuese capaz de vivir feliz en compañía de los demás, pues juntos reflejaban, en sus preocupaciones comunes, el mismo autocontrol armonioso.”
“En su primera obra publicada, que tuvo gran difusión, el Discurso sobre los efectos morales de las artes y las ciencias, que apareció en 1751, Rousseau tenía conciencia de que no se le perdonaría fácilmente el haber adoptado una posición caracterizada por él mismo como de haberse ‘puesto en contra de todo lo que hoy se admira’. En esta denuncia retórica contra las presuntas ventajas del progreso intelectual sugería que el mayor avance de la civilización, del cual tanto se jactaban los pensadores contemporáneos, debía considerarse más bien como (pag. 289) un fracaso. Según Rousseau, la original e innata bondad del hombre resultó sacrificada en este proceso. En las condiciones de su época no hallaba posibilidad para la realización de la vida libre de cuidados, feliz y sin frustración, de sus sueños, la vida que –según él creía-- todos los hombres deberían gozar. Tropezamos ya con una insistencia especial en la independencia social como característica de la vida libre y natural, es decir, una insistencia en el hecho de no aparecer una situación tal, que las decisiones de un hombre dependan directa o indirectamente de algún otro.”
(…)
“Rousseau, en un segundo discurso, rastrea el origen de la desigualdad, la condición de subordinación y dependencia que arruinó y frustró la vida de la gran mayoría de los hombres en las sociedades históricas. Realiza esta investigación recurriendo a la metáfora del estado de naturaleza, en forma similar a Hobbes y Locke. A semejanza del estado de naturaleza de Hobbes, Rousseau abstrae esa condición de la estructura política normal, pero como Locke la usa para ilustrar las características morales permanentes del carácter humano. A diferencia de Hobbes, Rousseau no sugiere, por implicación, que las condiciones que describe sean imposibles de realizar; y, a diferencia de Locke, no usa el lenguaje contractual para sustentar un sistema de derechos individuales, que sea anterior a las relaciones políticas. En realidad, para Rousseau, la anarquía del hombre natural de Hobbes, de la que es rescatado por el gobierno soberano, correspondía a las sociedades históricas en que vivía. Pero representa una diferencia fundamental con el método de evasión de Rousseau, pues éste nunca (pag. 290) prescribe que la soberanía quede en manos del poder ejecutivo, sino que debe ser celosamente mantenida por todo el pueblo.”
“En un comienzo, Rousseau no esboza una respuesta política al problema que plantea, sino que trata de describir el carácter del hombre libre y, también, aunque de manera no muy convincente, los factores que le han arrebatado su independencia natural. (…) Para ambos, la característica más significativa de los seres humanos es la persecución de propósitos para satisfacer deseos. La condición de la felicidad es, para Hobbes, la de hallarse en condiciones de realizar esto con éxito. La moralidad del propósito no plantea un problema al individuo, excepto en el aspecto legal que se relaciona con la sujeción a la autoridad política. En cambio para Rousseau, la moralidad del propósito asume mayor importancia. Un hombre es libre cuando hace una buena elección, la toma por sí mismo, y tiene en su poder los medios de realizarla. Para ambos, el control de las circunstancias, el poder, es esencial, pero Hobbes analiza el poder empíricamente, mientras que, para Rousseau, aquél también tiene un contenido moral. Quien hace una mala elección, tan esclavizado está como aquel cuyas intenciones son buenas, pero se ve impedido de realizarlas por falta de medios. ‘Toda maldad proviene de la debilidad’.”
“La prédica de Rousseau en favor de un retorno a la naturaleza ha sido mal interpretada por algunos de sus críticos, desde que Voltaire la atacó por primera vez.” (pag. 291)
(…)
“Dentro de la sociedad no reformada en que Rousseau se veía obligado a vivir, lo mejor para un hombre sabio era retirarse a la vida simple del campo, para evitar las costumbres falsas, seductoras y artificiales, de la vida metropolitana. Pero el mensaje final de Rousseau no insta a la evasión. El apartamento sólo es una solución si no existe ninguna posibilidad de reforma. Pero ésta ha de emprenderse por todos, si cada uno quiere ser tan libre como lo habría sido, de manera ideal o natural, dentro de las condiciones en que se hubiera mantenido un equilibrio apropiado entre el deseo y la realización”
“En esto, Rousseau concuerda con Aristóteles. Hay dos maneras mediante las cuales puede corregirse una falta de equilibrio: aumentar los medios de satisfacer los deseos, o bien reducir o modificar el carácter de ellos o la presión que ejercen.” (pag. 292)
(…)
“Podemos decir que la concepción psicológica que tiene Rousseau de la naturaleza humana difiere de la de Hobbes en dos aspectos vitales. La voluntad del hombre es libre y bien intencionada, lo cual le lleva a crear condiciones en que puede vivir de una manera moralmente satisfactoria; en segundo lugar, el hombre tiene sentimientos de solidaridad para con sus semejantes –que Rousseau denomina pitié—que lo instan a perseguir propósitos en común con ellos, cuando las circunstancias lo permiten. En las sociedades históricas, estas facultades se hallan eclipsadas y deformadas. De este modo, en su cuadro de la vida natural, Rousseau no pinta a un individuo aislado abstraído del marco político, sino a un hombre rescatado imaginariamente de un mundo caído, un hombre sin pecado, sin desarmonía ni división dentro de su propia persona, un hombre no sometido ya a la desigualdad y a la dependencia social.”
“El hombre ha nacido inocente, pero no perfecto, y en su capacidad de mejorar ve Rousseau la posible fuente de todas las miserias humanas. Pues buscar el cambio es arriesgarse a empeorar. El cambio puede implicar necesidades superiores a las satisfechas de manera inmediata por la naturaleza, y las (pag. 293) mejoras hipotecan el presente por inciertas satisfacciones futuras. El hombre fue libre y bueno gracias a la ignorancia del vicio, el alejamiento de la pasión y a la ausencia de tentaciones. El hombre natural nada posee y no está obligado hacia nadie.”
“Este hombre libre y natural se vio fatalmente envuelto en una relación social adulterada en el momento que alguien ‘después de cercar un trozo de tierra, afirmó “esto es mío”, y encontró gente bastante simple como para que le creyera’. Esta primera intrusión de la idea de propiedad es identificada por Rousseau como el comienzo de la sociedad civil. (…) Esta distinción es muy importante, pues Rousseau nunca responsabiliza simplemente a las circunstancias (pag. 294) por los malos impulsos sociales. Esto no contradice su posterior aceptación de un sistema de propiedad bajo la ley, en el cual todo mal uso de sus privilegios por los individuos pueda ser controlado por la autoridad política, es decir, por la voluntad general. En realidad, nadie puede decir propiamente que posea algo como no sea a título de parte de un orden social reconocido.”
“Los hombres son buenos por naturaleza, pero, no obstante, pueden ser pervertidos. En su definición más amplia, la buena voluntad se pervierte cuando sucumbe a la tentación de permitir que los medios de los cuales dispone le dicten los fines que debe perseguir. Pero Rousseau descubre específicamente en el yo una división de intereses que corresponde a la naturaleza superior e inferior de la psicología clásica. Sólo podremos comprender el concepto de buena voluntad en el aspecto político, si comprendemos primero que su carácter y sus intenciones son idénticos a los de la buena voluntad en el individuo; esta buena voluntad, aunque a veces resulte descuidada en favor de una voluntad egoísta particular, instigada por el amour-propre, no solamente caracteriza el estado natural de inocencia y de libertad, sino que constituye también una permanente disposición humana que perdura en forma latente en todo momento. La voluntad sólo puede llegar a ser general en el cuerpo político si es antes general en el individuo, con lo cual Rousseau quiere significar que debe suponerse en todos los hombres un común interés moral distinto de sus preocupaciones personales. Los hombres sólo pueden dedicarse a realizar libremente este interés moral común previa conquista de la independencia respecto de las condiciones de su medio. Rousseau no creía que, en la práctica, pudieran establecerse las condiciones (pag. 295) primitivas, excepto para personas aisladas y de espíritu extraordinariamente vigoroso. Su llamado ‘retorno a la naturaleza’, es, en realidad, un avance, una transformación redentora de un mundo caído, por medio de la acción conjunta, que sólo es posible porque la buena voluntad, eclipsada pero no destruida se halla latente en todos.”
“El hombre había perdido su inocencia, pero podía alcanzar la moralidad, podía llegar a la recreación deliberada de la vida libre, no en otro mundo, sino en éste; no en una sociedad espiritual separada, sino en una única comunidad indiferenciada con todos sus semejantes; y no en sujeción a una autoridad cualquiera, sino a su propia buena voluntad libre. La moral y la política no son nunca temas separados para Rousseau, así como tampoco reconoce una diferencia de fondo entre Iglesia y Estado, ni la distinción entre individuo y sociedad acerca de la cual sus contemporáneos a la moda gustaban discutir. La unidad de la teoría y de la estructura del Estado reformado de Rousseau es, formalmente, casi idéntica a la de Hobbes. Pero la autoridad soberana es interior y no exterior, moral y no pragmática; permite a la sociedad vivir, no funcionar: vivre, no agir. Para decirlo con las propias palabras del Emilio: ‘Hay que estudiar la sociedad por medio de los hombres, y a los hombres por medio de la sociedad: quienes pretendan tratar separadamente la materia política y la moral, nada comprenderán jamás de ninguna de las dos’.”
“Rousseau admitía la necesidad de los vínculos. En El contrato social –cuya denominación más apropiada sería la del subtítulo: Principios de derecho político—Rousseau trató de la reorganización y del control de dichos vínculos, de modo que la sociedad política se convirtiera en un medio donde todos (pag. 296) sus miembros pudiesen vivir la vida moral libre, en vez de ser la causa de su frustración. Los vínculos impuestos por déspotas extranjeros en una sociedad dividida eran necesarios esclavizadores; en cambio, los vínculos autoimpuestos por decisión común podrían tener todas las ventajas de la acción concertada. Rousseau se preguntaba en qué condiciones debían los hombres obligarse a obedecer las leyes. Y respondió a este problema de la misma forma en que lo habían hecho otros, esto es, afirmando que ello dependía de quien las hubiese concebido. Pero, en su tentativa de describir cómo debían, en su opinión, hacerse las leyes, Rousseau expuso un credo democrático revolucionario que ha influido sobre todos los estados del mundo moderno y ha alterado radicalmente la estructura de muchos de ellos. Hasta ese momento, se había sostenido que las leyes debían obedecerse cuando se veía que eran justas, o cuando habían sido promulgadas por una autoridad de sanción reconocidamente divina, o si no invadían ciertos terrenos determinados de incumbencia eclesiástica o individual que constituían el ámbito de los derechos. Hobbes, como se sabe, había sostenido que aun cuando la autoridad legisladora mantuviese su posición por la fuerza, todos los súbditos en cierto sentido, habían autorizado su dominación. Pero éste era un concepto negativo. El soberano de Hobbes rescataba a sus súbditos del caos, pero no realizaba ninguna tentativa para conducirlos hacia la libertad. Toda búsqueda positiva de la felicidad les correspondía a ellos como individuos.”
“Rousseau, por el contrario, afirma que todos los miembros de un cuerpo político deben compartir una responsabilidad común por la elaboración de las leyes, pues tienen un interés común en vivir (pag. 297) juntos, un interés positivo común que no consiste solamente en escapar de la esclavitud de las condiciones históricas, sino en asegurar la prosecución futura de la vida buena. Su interés positivo es la libertad. Rousseau comienza El contrato social diciendo que su investigación considerará a los hombres tales cuales son, y a las leyes conforme deben ser; y concluye afirmando que las leyes moralmente satisfactorias son el principal medio para transformar a los hombres de lo que son en lo que también ellos deberían ser.”
(…)
“Análogamente Rousseau considera la cooperación moral en el Estado como la manera de restaurar el equilibrio perdido en el individuo, cuya buena voluntad ha quedado oscurecida por condiciones hostiles y frustrantes. Y así, en un Estado reformado, en la nueva ciudad totalmente democrática de los sueños de Rousseau, la ley actuaría en forma redentora, guiando y protegiendo a todos los ciudadanos de modo que sólo actúen impulsados por motivos socialmente armónicos.”
“Rousseau comprendía claramente que este resultado deseable sólo podía alcanzarse de una manera: haciendo de la voluntad general la autoridad soberana en el Estado. Solamente si las leyes expresaban los propósitos de la buena voluntad, y si estos propósitos eran comunes a todos los miembros de la sociedad, aquellos que las obedecían ejercerían su libertad y se hallarían limitados por sus propias decisiones.” (pag. 298)
(…)
“Hay muchos puntos difíciles en esta concepción, que surgen principalmente por el hecho de tratarse del esquema ideal de una sociedad reformada que no puede reproducirse, en la realidad, con todos sus detalles. El mismo Rousseau aclara que no considera a la autoridad final como un mero consenso de opiniones, como la voluntad de todos, pues esto podría ser erróneo y aun pernicioso. Tampoco debe deducirse de su concepción que la mayoría siempre tenga razón. Para Rousseau, la voluntad era, cuando se dirigía  a un fin general beneficioso, una voluntad racional, pero, en la práctica, podía estar lejos de ser racional, ya por ignorancia o por pecado. En la sociedad civil, la ley debía controlar las desviaciones de los pecadores, pero corregir al ignorante era fundamentalmente un problema de educación. La educación, para Rousseau, representaba el camino negativo de la redención: era el adiestramiento necesario para evitar las malas elecciones y las tentaciones egoístas; éste era también el punto (pag. 299) de vista de Mably, que ambos habían aprendido de Platón. Y esta posibilidad de una falta inicial de acuerdo entre la voluntad y la razón siempre es tomada muy en serio por Rousseau, quien sugiere inclusive que, en un principio, una sociedad reformada puede necesitar un rey-filósofo platónico, al que llama un ‘legislador’, para que guíe a la nueva ciudad por el camino que deba ir. En ese momento este conductor puede representar la voluntad general, pues cualquiera sea el sentido que Rousseau atribuya a este término, siempre sugerirá que existe una definición correcta de él en alguna parte, aun cuando haya un solo hombre que la conozca.”
(…)
“Rousseau nunca respondió de manera satisfactoria al problema de saber dónde es posible poseer la seguridad de contar con la voluntad general, pero afirma que en un grupo político debe existir un interés común. Y aun cuando el único fin común de la voluntad general sea en todos los hombres declararse y mantenerse libres, es concebible que ello pueda realizarse, de ser correcta la suposición rousseauniana de que la buena voluntad en el hombre nunca desaparece. En cambio, explica muy claramente dónde no debe hallarse la voluntad general, aunque a menudo se enmascare impropiamente dentro de ese ámbito: no debe hallarse en el gobierno ejecutivo.”
“La idea de que el gobierno ejecutivo debe subordinarse es el único aspecto de la teoría de Rousseau que ha ejercido influencia casi independiente desde (pag. 300) su época, en razón de que puede desligarse del resto de su teoría del Estado. Por autoritario que sea en la práctica, todo gobierno moderno debe sostener que su autoridad ha sido delegada en él, aun con una votación predeterminada del noventa y nueve por ciento de los votos en su favor. Pero, de hecho, esa idea de Rousseau es parte integrante de su teoría general. La soberanía que reside en la voluntad general se encarna en la legislatura, que idealmente debe ser una democracia directa de todo el pueblo.”
(…)
“Rousseau reconoce que en la práctica los gobiernos son propensos a usurpar la autoridad soberana. Desarrollan –observa—una ‘voluntad general’ propia. Pero con relación al Estado, ésta sigue siendo una voluntad particular y no debe permitírsele ninguna de las libertades que pertenecen inalienablemente al pueblo soberano. La tiranía de los gobiernos constituía el eje político de las  reflexiones morales de Rousseau. Su respuesta al problema consistió en definir de nuevo el concepto de ciudadanía, de una manera que posiblemente nunca se olvide. Un ciudadano no es un gobernante ni un (pag. 301) súbdito, no está por encima de la ley ni está simplemente subordinado a ella. Ambas cosas le atañen. Aunque obedezca a un gobierno, es al mismo tiempo su señor soberano por la participación que le cabe en la voluntad general. Aunque esté sometido a la ley, también la crea. Como en el yo, también en la sociedad la obediencia se reconcilia con la libertad y es, al mismo tiempo, su condición previa y su expresión.”
’Se quiere siempre el propio bien, pero no siempre se ve cuál, es ese bien. Al pueblo no se le corrompe nunca, pero con frecuencia se le engaña’. Los hombres pueden fracasar en el logro de su bienestar moral y físico, ya porque se les haya conducido equivocadamente, ya porque son niños, ya porque viven en una sociedad corrompida. Pero uniéndose a sus semejantes en un acto de autorregulación común, el hombre puede adquirir nuevamente la fuerza, y crear las condiciones para ser libre. Rousseau consideraba que esto era posible porque creía no sólo en la libertad de la voluntad humana, sino también en su permanente bondad natural, indestructible, pura e inmutable, por descaminada que anduviese a causa de las malas elecciones, por corrompida que estuviera por la sociedad o por restringida que se viese a raíz de la ignorancia.”
(…)
“Esta transformación redentora, nunca realizada, pero cuya visión impulsó generación tras generación (pag. 302) en el propósito de dar cuenta a su mensaje, desde la época de Rousseau, es descrita en El contrato social: ‘Este tránsito del estado de naturaleza al estado civil, produce en el hombre un cambio muy importante, sustituyendo en su conducta el instinto por la justicia y dando a sus acciones el carácter moral que antes le faltaba. Sólo entonces, cuando la voz del deber sucede al impulso físico y el derecho al apetito, el hombre, que hasta ahora no había mirado más que a sí mismo, se ve obligado a obrar con arreglo a otros principios y a consultar a su razón antes de escuchar a sus inclinaciones’.”
“Los argumentos con que Rousseau abogaba por la creación de una nueva sociedad en que hubiera genuinas posibilidades de que el ciudadano hiciera sus propias leyes, no en el sentido de hacer lo que guste, sino en el sentido de anhelar o aprender a anhelar los fines moralmente buenos que mantiene en común con todos los otros ciudadanos, ha influido en todos los estados modernos afectados por la Revolución Francesa. Pero la Gran Revolución no fue al progenitora de la nueva sociedad que Rousseau había descrito. Éste mismo, en verdad, no la creía posible, a menos que se realizara en el territorio de una pequeña ciudad-estado. Además, estaba convencido de que, cualquiera que fuese la forma en que se expresara la voluntad general, nunca se prestaría para la representación. (…) Pero la tentativa de continuar las especulaciones teóricas de Rousseau sobre la (pag. 303) libertad y su realización fue proseguida más vigorosamente por pensadores germanos. Dos profesores alemanes, Kant y Hegel, sucesivamente, testimoniaron la influencia de Rousseau, aunque Hegel criticase, de manera no del todo conveniente, la doctrina de la libertad de Rousseau y, también, con supuestos semejantes las concepciones políticas de Kant.” (pag. 304), ‘Capítulo VI. La Libertad’ en ‘El Desarrollo de la Teoría Política’, editorial Universitaria de Buenos Aires EUDEBA, versión castellana por Néstor Míguez, Argentina, 349 pags., 1961.



Nos hemos permitido consignar abundantes citas y glosas sobre Rousseau, a fin que nuestro amable lector pueda apreciar a la crítica especializada y profesional, en abono de las tesis que nosotros venimos desarrollando.


Hubo y hay mucha demagogia política hecha pasar por filosofía o teoría política en torno a lo ideado ficcionalmente por Rousseau, los políticos demagogos echaron y echan mano a los conceptos caprichosos y esencialmente subjetivos y literarios del célebre ginebrino bajo comentario.


Y lo más sorprendente es, que inmensos monumentos de la filosofía universal como los alemanes Kant y Hegel atendieron a la literatura de Rousseau como si fuese filosofía profunda y paradigmática: ‘Cosas veredes Sancho’ dijo don Quijote de la Mancha, en la pluma célebre de don Miguel Cervantes de Saavedra.


La ciencia política ha demostrado que no existe la ‘Voluntad General’ rousseauniana, --supuestamente del pueblo--, y que dicha ‘voluntad general’ es simplemente un recurso o un artificio de la demagogia política del momento, es pura falsedad: las elecciones políticas se manipulan las más de las veces (los mass-media ahora son el instrumento clave para ello), y aun así, su resultado no es ‘voluntad general’; a lo más: es expresión mayoritaria inducida de un momento o situación política de demagogia y juego de intereses en y por la lucha por el poder, y en modo alguno es expresión soberana;  y se constata que es humor, emoción o sentir, o pasión, y estación política pasajera, pero nunca ‘voluntad general’ rousseauniana.


En términos reales y concretos, la soberanía nunca ha sido popular, la soberanía o poder de decisión fundante, jurídica-constitucional y autodeterminante e independiente o la Soberanía jurídica-política-económica constante y central, --en las naciones-estados modernas--, es de los grupos de poder fáctico en toda sociedad, y ello está debidamente probado por las ciencias sociales. La soberanía popular no existe en términos reales y concretos y materiales, la verdadera soberanía jurídica-política-económica la imponen los grupos de poder fáctico en toda nación-estado.


En Perú, está mucho más que demostrado y documentado en ese sentido, no existe en términos reales y concretos: soberanía popular ni ‘voluntad general’. En Perú, la primera república fundada formalmente en 1821 ha colapsado hace mucho tiempo, donde nunca hubo soberanía popular, sino soberanía de las oligarquías y grupos de poder y transnacionales; y, con república partidocrática hoy –y con senda constitución política y Estado de Derecho--: seguimos siendo económicamente, --casi al cumplir doscientos años de república primera--, simple exportador de piedras tal como lo fuimos durante el virreinato; y además: existe una conjura de la clase política partidocrática, --con su propia constitución política y aparatos de poder--, de evitar que el Perú se industrialice y salga de su casi bicentenario SUBDESARROLLO SOCIAL Y ECONÓMICO.


La ‘voluntad general’ rousseauniana, en el Perú: es una mala broma, una muy mala broma; sin embargo, los perversos demagogos de la corrupta partidocracia ambiente de derecha y de izquierda, siguen engañando y estafando al pueblo, –cinco millones de pobres en la ciudad capital, de 10 millones de habitantes en Lima, y 13 millones en el interior, de 30 millones de habitantes del Perú--, con esos conceptos subjetivos y artificiosos aquí desarrollados. La soberanía popular nunca  existió en el Perú subdesarrollado de hoy, fueron las oligarquías y los grupos de poder fáctico interno, y las transnacionales, los verdaderos detentadores de la soberanía estatal, con constituciones políticas incluidas.


Estamos en el deber de impulsar la instauración de la Segunda República con nuevo continente y contenido, para sacar al Perú del subdesarrollo y atraso en que está sumido gracias a la partidocracia, con todo su aparataje político, en su colapsada primera república.

Lima, 16 de agosto del 2014

Jaime Del Castillo Jaramillo

Abogado egresado de la U.N.M.S.M. con más de 20 años de ejercicio profesional y cuenta con estudio jurídico abierto; politólogo con más de 20 años de ejercicio profesional; periodista, fundador y director del programa radial y televisivo ‘Yo, Sí Opino’ (censurado en TV y cerrado cinco veces en radio); Maestría en Ciencia Política con la tesis “Pensamiento Político peruano insuficiente y epidérmico causa de nuestro subdesarrollo político”; Post Grado internacional en Ciencia Política otorgado por la UCES – Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales de Buenos Aires-Argentina graduado con la tesis: “Crisis terminal de los Partidos Políticos en el Perú”; catedrático universitario de ‘Historia del Pensamiento Político”, “Filosofía Política”, “Metodología de la investigación en Ciencia Política”, “Realidad Nacional”; “Análisis Político”, “Ciencia Política”, etc.; blogger, comunicador social, articulista y conferencista.
Fundador, ideólogo y Presidente de “Foro Republicano”
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