martes, 12 de agosto de 2014

La “República plutocrática y esclavista” de Locke se consolidó con la ingenuidad política de Montesquieu, quien ilusamente cree que las ‘Leyes’ frenarán las indomables ambiciones del capitalista. Estados Unidos construyó su “República Plutocrática y Esclavista” con George Washington, y en Francia emerge la “República Falaz” con Napoleón Bonaparte




La “República plutocrática y esclavista” de Locke se consolidó con la ingenuidad política de Montesquieu, quien ilusamente cree que las ‘Leyes’ frenarán las indomables ambiciones del capitalista. Estados Unidos construyó su “República Plutocrática y Esclavista” con George Washington, y en Francia emerge la “República Falaz” con Napoleón Bonaparte



Inglaterra, es la gran maestra de la política mundial, en y desde Europa, y su experiencia interna en el campo: social, religioso, militar y económico-político es muy enjundioso, sangriento, pragmático y aleccionador, para cualquier estudioso y político de cualquier parte del orbe occidental; y en el siglo XVII y XVIII con mucha mayor razón: las guerras religiosas; la lucha por el poder interno entre monarquistas de diversas casas; capitalistas, comerciantes, industriales y terratenientes; ciencia y tecnología pujantes; nobles y pueblo llano siempre enfrentados; protestantes y católicos asesinándose; el establecimiento del imperio de ultramar inglés a sangre y fuego; las colonias inglesas en América enriqueciendo a la isla europea cabeza del mundo; el ascenso imparable e impetuoso del capitalismo comercial y luego industrial, etc., etc., todo eso hacía un marco muy especial para el estudio de la economía y de la política y de las ideas en la Inglaterra de Locke y sus adversarios: donde que el gran capitalista, inversionista y comerciante quería gobernar con el Rey y/o sobre el monarca, y de esa pugna potente, religiosa, económica, sangrienta, política, militar e ideológica se va a producir la paradigmática Monarquía Constitucional Inglesa: donde nunca, ni jamás de los jamases, se verificó en modo alguno la TEORÍA DE LA SEPARACIÓN DE PODERES del francés Montesquieu.


Hablemos claro, y en puridad de verdad: el Barón de Montesquieu o Charles de Secondat fue un ingenuo, políticamente hablando, con respecto a los avisados y cazurros y polemistas pensadores ingleses del siglo XVII como Locke; la tradición política y económica francesa, no tiene: ni el discurso, ni la línea de desarrollo inglesa, en modo alguno; Francia no tuvo en esa centuria, REVOLUCIONES tan potentes y trascendentales para el orbe occidental, como los verificados en la isla de Inglaterra: Francia en el siglo XVII seguía siendo un feudo monárquico absoluto, encapsulado en despotismo, con ostensible subdesarrollo científico, con multipolar y disímil economía precaria, basada en la tenencia de la tierra, con sangrientas y dogmáticas guerras religiosas, etc., etc., y para el siglo XVIII: había ebullición de ideas y agitación de posiciones políticas, más empujadas por la miseria y la grave crisis económica debido a la incapacidad y frivolidad extremas de sus monarcas engreídos y ciegos a la realidad social, económica e internacional.


Inglaterra: era el modelo político para los pensadores revolucionarios y/o contestatarios galos, pero el francés Montesquieu era un ‘bebe de pecho’, ideológica y políticamente hablando, con respecto al inglés John Locke: quien había logrado con su pensamiento, fundamentar y consolidar, al Parlamento: como la suprema autoridad constitucional que defendía los intereses de los grandes capitalistas, terratenientes y comerciantes y financistas ingleses en oposición y control y fiscalización contra la monarquía misma, o sea: EQUILIBRIO DE PODERES políticos, nunca lo hubo en Inglaterra, y lo que vio Montesquieu cuando viajó a la tierra de Oliverio Cromwell, fue espesa niebla inglesa y espejismos políticos, pero nunca la realidad de lo que acontecía como mar de fondo político inglés. Es más: Montesquieu no estaba capacitado para ver la realidad política-económica inglesa, que la tuvo frente a sus narices, porque su tradición política y económica nacional, no tenía punto de comparación con la inglesa. El capitalismo inglés avanzaba imparable y engullía no sólo tierras y negocios y posesiones ultramar, sino que también se industrializaba de la mano con los avances de la ciencia y tecnología, y se engullía a la misma monarquía, la misma que daba unidad política que tanto necesitaba el capitalista para avanzar mucho más rápidamente, tal como se ha verificado mil veces en el campo de la economía mundial.


Montesquieu a pesar que aparentemente apela a los estudios sociológicos y empíricos para arribar a sus conclusiones teóricas, ahora conocidas y harto difundidas y mal manipuladas por los grupos de poder, pues, lo cierto es que, Montesquieu crea su TEORÍA DE LA SEPARACIÓN DE PODERES sin tener nunca jamás un referente histórico concreto, sin tener un solo ejemplo de tal aplicación material, y en funcionamiento perfecto, probado y comprobado; es decir Montesquieu crea una quimera, crea una ilusión que rápidamente será aprovechada por el sector capitalista para engañar y estafar a las grandes mayorías y utilizarlas para sus fines, tal como se ha probado y comprobado documentadamente a través de la historia universal, y no solamente con respecto a la historia económica-política francesa y norteamericana del siglo XVIII, y de las repúblicas subsiguientes.


Recordemos que en EE.UU., en 1776 con la revolución independentista de George Washington: el soldado-granjero, lo que tenemos es un conflicto bélico disímil y asimétrico en lo militar y económico entre los capitalistas imperialistas ingleses protegidos por su gobierno y régimen político-militar ultramar, en contra de los terratenientes y granjeros e incipientes capitalistas norteamericanos, donde que el pueblo no tuvo mayor participación salvo en la entrega de su vida y sangre como soldados-granjeros y que después de la guerra continental regresaron a su misma vida de miseria y esclavitud. Los beneficiados con la República norteamericana de Washington: que atendió al pensamiento político de Locke y Montesquieu fueron los capitalistas norteamericanos, que ahora crecerían sin el dominio imperial inglés, en suma: en 1776 se instaura la República Plutocrática y Esclavista norteamericana, como está más que probado por la ciencia de la historia. Y en Francia, se erigió una República Falaz que siguió la suerte y destino de Napoleón Bonaparte --el soldado republicano privilegiado--, y luego siguió dando tumbos y caídas y reformas y más reformas.


Como lo he venido explicando en otras oportunidades y momentos, la TEORÍA DE LA SEPARACIÓN DE PODERES de Montesquieu, --que alimenta teóricamente a las actuales Repúblicas del orbe occidental, y que inclusive tienen carta de ciudadanía y santidad en el llamado ‘Derecho Constitucional’--, ha fracasado absolutamente, ya que la ingenuidad del pensador francés Charles de Secondat no podía ni pudo advertir: que los capitalistas de marca mayor se parapetaron en y/o detrás de los parlamentos, para defender sus propiedades y negocios, sin interesarles en modo alguno la suerte y el bienestar de las grandes mayorías, y probado está: el abuso inclemente e inhumano de los capitalistas europeos que explotaban hasta la indignidad, y la miseria extrema, a los obreros y campesinos, tal como ahora la ciencia de la historia lo tiene muy bien documentado, la REPÚBLICA PLUTOCRÁTICA de Locke y Montesquieu sirvió para que el capitalismo engañe y estafe a las grandes mayorías.  En el caso peruano está más que probado y comprobado, desde la fundación de la Republica en 1821 hasta la fecha, los únicos grandes beneficiados han sido y son las oligarquías y élites de poder y las transnacionales, y el pueblo sigue viviendo en ignorancia y miseria con sueldos mínimos indignos y de hambre, y nuestras riquezas mal barateadas y expoliadas, de tal forma que con la República plutocrática y esclavista peruana desde 1821 a la fecha, seguimos siendo económicamente: simples EXPORTADORES DE PIEDRAS tal como lo fuimos desde el tiempo de la Colonia en el siglo XVI hacia adelante.


Asimismo, lo expliqué muchas veces, y lo vuelvo a repetir: NO EXISTE TEORÍA DE LA SEPARACIÓN DE PODERES bien aplicada en la práctica, toda vez que la PARTIDOCRACIA se ha dado maña para copar, no sólo el poder ejecutivo, sino también el poder judicial, y el poder legislativo por antonomasia, y en esa praxis viciosa comprobada, no existe independencia de poderes, ni mucho menos, contrapesos alguno: En Perú, tenemos el caso clamoroso hace décadas, de ex presidentes de la República corruptos, que siguen libres y delinquiendo, porque los jueces están vinculados a su partido político, igual los legisladores, y la burocracia del ejecutivo de su facción, lo apoya, blinda y protege.


El reconocido investigador de ciencias sociales de la universidad de Liverpool Charles Vereker expone sistemáticamente varios temas básicos de la Teoría Política, y de donde extraemos éstas citas que abonan la tesis que hemos elaborado ut supra:


“En décadas anteriores, el exilio virtual de Bolingbroke en Francia, donde cultivó una íntima amistad con el joven Voltaire, y la visita de éste a Inglaterra, seguida por la de Montesquieu, contribuyó a popularizar la teoría de Locke y la práctica constitucional inglesa. Los reformadores de Francia recibían alborozados todo apoyo a su crítica del absolutismo monárquico. Un pensador social como Montesquieu, aunque sus investigaciones tuviesen una base muy diferente de las de Locke, se dirigía al mismo propósito de describir las condiciones políticas que sirvieran mejor a la cooperación armoniosa de los hombres racionales.”
(…)
“Sin embargo, Francia, por aquella época, no había realizado con éxito una revolución política, y quizá por esta razón los críticos del régimen eran más sensibles a las amenazas a la libertad moral y política en la nación-estado altamente organizada. Sea como fuere, los pensadores franceses como Voltaire (pag. 154) y Montesquieu usaban un criterio más histórico en su enfoque de las cuestiones políticas. (…) Pero el análisis de Montesquieu acerca del modo de alcanzar y mantener el consenso general respecto de la opinión moral es más sutil que el de Locke; y, además, destaca con mayor firmeza el modelo y la estructura de la autoridad que, en su opinión, permitirá el mejor desarrollo de esta armonía moral en circunstancias históricas particulares.”
(…)
“Pero Montesquieu no suscribe sólo el punto de vista de que el hombre en general (la expresión es de Voltaire), siente (pag. 155) una común inclinación a ser racionalmente moral. Se sentía también dispuesto a compartir el punto de vista que fue conquistando cada vez mayor aceptación a medida que transcurría el siglo, de que los hombres son impulsados la mayoría de las veces por sus sentimientos. Y esta convicción originó su interés por la búsqueda de las causas generales de la conducta social en la historia ‘porque como los hombres han tenido en todo tiempo las mismas pasiones aunque difieran las ocasiones que provocan los grandes cambios, las causas son siempre las mismas’. La principal contribución de Montesquieu a esta investigación apareció, después de muchos años de labor, en 1748. Su título, De l’esprit des lois, es sumamente difícil de traducir al inglés y no muy fácil de comprender en el original francés. Pues este ‘esprit’ de las leyes que constituyó el tema de tan extensa y multifacética investigación se refiere constantemente a dos características distintas, aunque relacionadas, de la ley social; y su influencia mutua constituyó el verdadero propósito de su estudio, si bien el autor no reconoció esto totalmente.”
(…)
“En primer término, Montesquieu quería descubrir aquello que podría llamarse el propósito moral de una ley, su intención original en función de alguna causa final. Pero también quería considerar su adecuación a las circunstancias particulares en que debía regir. Finalmente, estas dos cuestiones se relacionaban por medio de una tercera, que consistía en preguntarse, no cuál era la relación de la ley con las condiciones, sino cuál debía ser en una (pag. 156) situación determinada. Las condiciones además incluían no solamente los hábitos y el clima, la riqueza y la población, sino también el carácter de las instituciones políticas de la comunidad en estudio. (…) Teóricamente, su éxito no fue muy grande, pero contribuyó en gran medida a exponer las debilidades del enfoque racionalista de la política. Su influencia, como la de Locke, no se vio disminuida; hasta es posible que resultase incrementada por las inexactitudes y confusiones de su pensamiento.”
(…)
“Montesquieu iba más allá, y llegaba a afirmar que las leyes de estos dos ámbitos podían armonizarse. Con el conocimiento de esta armonía, podía construirse una sociedad política racional tan libre de despotismo arbitrario, como el orden natural parecía hallarse a cubierto de los caprichos de la fortuna o de las instrucciones irregulares de la providencia. Tal sociedad se uniría en la práctica de la virtud, no una virtud difícil y costosa, sino la virtud  resultante de lo que casi parecería una conducta instintiva.” (pag. 157)
(…)
“Su gran obra tenía la intención de investigar este sistema de causas generales, pero ocurría con más frecuencia que elegía sus ejemplos para ilustrar teorías cuya base era apriorística; su supuesto fundamental reposaba en que los fenómenos sociales debía explicarse en términos de sus complejas interconexiones con las condiciones físicas. (…) El mismo Aristóteles ya insistía en la importancia de definir una constitución en función de su propósito moral y de las circunstancias sociales, al mismo tiempo. El efecto del clima y de otras condiciones naturales habían sido considerados por Bodin en la República, y con alguna extensión también en su ensayo menos conocido sobre la historia. (…) Aristóteles tenía más fundamentos al trazar analogías orgánicas tomadas de la naturaleza, que Montesquieu al tratar de esbozar paralelos con la Mecánica.” (pag. 158)
(…)
“Montesquieu heredó de la Edad Media la triple distinción entre los reinos de Dios, del hombre y de la naturaleza, y aunque comience en su De l’esprit des lois diciendo que ‘las leyes, en su sentido más amplio, son las relaciones necesarias que se derivan (pag. 158) de la naturaleza de las cosas’, lo cierto es que se halla más interesado en sus diferencias particulares, según que los acontecimientos se hallen en el nivel  divino, humano o natural. La ley moral es captada por la razón, como sostenía Locke, pero Montesquieu agrega que también es un deber de la razón el distinguir entre sí los diversos órdenes de leyes y usar este conocimiento para la comprensión de los hechos y la adopción de decisiones prácticas.” (pag. 159)
(…)
“La dificultad residía en decidir si, en un esquema determinado de acontecimientos históricos, las causas más importantes eran las morales o las físicas y cuáles eran, en realidad, las relaciones entre ellas. Montesquieu sabía que, de acuerdo con la teoría anterior, la justicia y la equidad de los decretos de la ley natural se percibían directa e intuitivamente, mientras que la acción de las causas físicas debía descubrirse mediante la observación. Las relaciones entre estos dos conjuntos de leyes eran también un problema  de observación. Montesquieu parece haber creído que había logrado demostrar cómo podía efectuarse la reconciliación entre ambas.” (pag. 159)
(…)
“El elemento significativo en la contribución de Montesquieu a la realización de esta armonía social, en que las aspiraciones de justicia, no se vean defraudadas por no tomarse en consideración las circunstancias sociales, económicas y naturales, consiste en que casi siempre apela a una analogía con la mecánica o la cosmología de Newton para describir la constitución política que más se acerque a su ideal. Además, hoy día se le recuerda principalmente en la medida que esta concepción contribuyó, entre otras, a moldear la constitución de los Estados Unidos. Con excepción de su pasaje en que usa una metáfora inspirada en la armonía musical, la expresión usual que da a sus afirmaciones es ésta: ‘Puede existir la unión en un Estado en que no parece haber sino tumultos: es decir, puede haber una armonía de la que resulte la felicidad, que es la única paz verdadera. Ocurre lo mismo que en las partes del universo, que están eternamente unidas (pag. 160) por la acción de unas y la reacción de otras’”.
(…)
“Una república indiferente al bien común podría inclusive ser peor que una tiranía. (…) Montesquieu sabía muy bien que era más fácil denunciar el despotismo que evitarlo. ‘Para formar un gobierno moderado es menester combinar las potestades, arreglarlas, atemperarlas, imprimir movimiento; dar, por decirlo así, lastre a la una para ponerla en estado de resistir a la otra; trátase de una obra maestra de legislación que la casualidad rara vez produce y que rara vez se permite hacer a la prudencia’.” (pag. 161)
(…)
“Locke en términos generales había (pag. 162) preconizado la supremacía a la legislatura y había esbozado la teoría que yacía detrás del procedimiento parlamentario de su tiempo. Montesquieu fue más allá, en parte por su conocimiento superficial y erróneo de los desastres políticos de Inglaterra, y arguyó que las autoridades legislativas, ejecutivas y judiciales del Estado eran en sí mismas los factores constitutivos primarios de la maquinaria política. Su separación teórica debía acompañarse con un equilibrio práctico de sus funciones y de su autoridad, de modo que  ninguno de ellos pudiese anular  a los restantes o ejercer sus funciones propias sin el consentimiento de los otros. La naturaleza de las cosas, dice Montesquieu, exige este equilibrio de poderes en el Estado. La libertad moral de los ciudadanos depende de esta armonía concebida según un esquema mecánico.”
(…)
“La práctica política de Inglaterra nunca se adecuó a este modelo, ni siquiera en los días de Locke, y cuando Montesquieu visitó Inglaterra ya se habían constituido los estrechos vínculos entre las ramas ejecutiva y legislativa del gobierno.” (pag. 163
(…)
“Para Paine, el llamado equilibrio de poderes en Gran Bretaña carecía de sentido, era un mero recurso para evitar que los comunes, que representaban el (pag. 165) elemento democrático, ejercieran su autoridad libremente. Ya hacia fines del siglo se advierte una creciente desconfianza respecto de la eficacia del aparato constitucional, excepto como barrera negativa, e inclusive respecto de la simple e indiscutible claridad de las mismas leyes fundamentales. Richard Price, en un panfleto escrito como contribución a la discusión sobre la secesión de las colonias, observa visionariamente que no es suficiente definir la libertad como ‘un gobierno por las leyes y no por los hombres’, pues eso depende mucho de quienes sean los hombres que hagan las leyes. En cierta medida, debe responsabilizarse al mismo Locke de este resultado, por la preeminencia que su teoría de los derechos concede al concepto de propiedad, como extensión prepolítica de la persona. La salvaguardia de los intereses de las clases poseedoras desempeñó un papel importante en la estructuración de las constitución americana, y Godwin observaría más tarde en su Political Justice que ‘el hombre pobre se ve inducido a considerar el estado de la sociedad como un estado de guerra, como una combinación injusta, destinado a no proteger a cada uno en sus derechos y a asegurarle los medios de subsistencia, sino a aumentar las ventajas de unos pocos favorecidos…’. Pero, para la mayoría de los observadores, estas importantes consecuencias económicas, que en el siglo XIX, y en el nuestro, aparecieron en primer plano, permanecieron ocultas detrás del fundamento ajeno a la historia de la teoría abstracta de los derechos.” (pag. 166)
(…)
“Todas las famosas declaraciones americanas derivan su contenido teórico de Locke, y la Declaración de la Independencia contiene lo que quizá constituya la enunciación más conocida de las concepciones de Locke relacionadas con el individuo moralmente libre. ‘Consideramos como verdades evidentes por sí mismas que todos los hombres hayan sido creados iguales, y que el Creador les ha otorgado ciertos derechos inalienables, entre éstos la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad’. La sustitución del ‘patrimonio’, de Locke, por la ‘búsqueda de la felicidad’, no entraña una diferencia esencial en cuanto se refiere a la intención de tal afirmación. El propio Locke usa ese término para describir el logro de las satisfacciones en este mundo, y la Declaración de Derechos de Massachusetts, de 1780, agrega específicamente, a la vida y la libertad, el derecho de ‘adquirir, poseer y proteger la propiedad’. La Declaración de Derechos de Virginia, de 1776, incluye una claúsula similar, en la cual la felicidad se agrega a la propiedad, aunque no se relacione con ella. (…) Al presentar los Rights of Man a Washington, Paine los describía ‘como un pequeño tratado en defensa de los (pag. 167) principios de libertad que vuestra virtud ejemplar ha contribuido tan poderosamente a establecer’.”
(…)
“Paine concluye: ‘La sociedad no le otorga nada. Todo hombre es propietario en la sociedad, y deriva beneficios del capital con todo derecho’. En este último aspecto la teoría de los derechos necesitó enmiendas y complementos, particularmente en el siglo posterior. Su formulación, de predominio abstracto y no histórico, impidió que sus expositores comprendiesen que no es lo mismo derivar toda la autoridad política de los ciudadanos, (pag. 168) que atribuir todas las ventajas y beneficios sociales a los individuos que componen la sociedad. El uso metafórico que hizo Paine del término ‘capital’ fue desdichado.” (pag. 169), ‘Capítulo III. Los Derechos’ en ‘El Desarrollo de la Teoría Política’, editorial Universitaria de Buenos Aires EUDEBA, versión castellana por Néstor Míguez, Argentina, 1961.


Con las citas glosada ut supra, queda más que claro, que el francés Montesquieu fue ingenuo y poco realista cuando apela al estudio de ‘LAS LEYES’ y no al estudio de los hombres detrás de las leyes, no estudió, ni profundizó sobre los grupos de poder económico que buscaban apoderarse y/o dominar las instituciones políticas que puedan fiscalizarlos y controlarlos y regularlos, en sus actividades injustas, abusivas y explotadoras y elitistas como fue el caso del capitalismo mundial.


También queda en evidencia, que los pensadores y políticos norteamericanos más honrados y honestos, se dieron cuenta que la nueva República Plutocrática y Esclavista norteamericana solamente favorecía a los hacendados y terratenientes y capitalistas, pero nunca al pueblo llano ni menos al ‘ciudadano’ pobre y sin patrimonio, la República Plutocrática y Esclavista fue la maldición para el pueblo mayoritario: de quien decían defender sus derechos, los teóricos y políticos, tal como sucede también, en la hora presente.


En Perú, nace la República Plutocrática y Esclavista al igual que en otras naciones hermanas de nuestro continente, para favorecer a grupos de poder dominante, racista, patrimonialista y elitista, como está hoy más que probado científicamente, y lo peor, es que la secuela y la saga negativa contra las grandes mayorías continúa.


Tenemos que ir a una Segunda República con nuevo continente y contenido.

Lima, 12 de agosto del 2014

Jaime Del Castillo Jaramillo

Abogado egresado de la U.N.M.S.M. con más de 20 años de ejercicio profesional y cuenta con estudio jurídico abierto; politólogo con más de 20 años de ejercicio profesional; periodista, fundador y director del programa radial y televisivo ‘Yo, Sí Opino’ (censurado en TV y cerrado cinco veces en radio); Maestría en Ciencia Política con la tesis “Pensamiento Político peruano insuficiente y epidérmico causa de nuestro subdesarrollo político”; Post Grado internacional en Ciencia Política otorgado por la UCES – Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales de Buenos Aires-Argentina graduado con la tesis: “Crisis terminal de los Partidos Políticos en el Perú”; catedrático universitario de ‘Historia del Pensamiento Político”, “Filosofía Política”, “Metodología de la investigación en Ciencia Política”, “Realidad Nacional”; “Análisis Político”, “Ciencia Política”, etc.; blogger, comunicador social, articulista y conferencista.
Fundador, ideólogo y Presidente de “Foro Republicano”
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@jaimedelcastill
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