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viernes, 29 de agosto de 2014

Revolución norteamericana creó ‘República Plutocrática y esclavista’ lockeana y la Revolución Francesa creó república para y por la felicidad: Triunfa el patrimonialismo y el capitalismo anglosajón. Insuficiencias del materialismo histórico o marxismo para interpretar las revoluciones modernas






Revolución norteamericana creó ‘República Plutocrática y esclavista’ lockeana y la Revolución Francesa creó república para y por la felicidad: Triunfa el patrimonialismo y el capitalismo anglosajón. Insuficiencias del materialismo histórico o marxismo para interpretar las revoluciones modernas



El Renacimiento y la Ilustración habían ganado mucho terreno en Europa, con los cambios culturales, sociales, políticos y sobre todo económicos, comerciales y financieros; en verdad de verdades, el descubrimiento de nuevos mercados vírgenes enloqueció de avaricia a los capitalistas, comerciantes y financistas, y por ello, estaban dispuestos a derrumbar, allanar y eliminar todo lo que se oponga a su enriquecimiento fácil, y por cierto: el esclavismo fue su herramienta económica vital, y las ‘Repúblicas Plutocráticas’ lockeanas: su teoría política y justificación ideológica, y que expandirían por el mundo entero donde haya riquezas que expoliar y mano de obra barata y gratuita que explotar, manteniendo a las grandes mayorías engañadas con la ilusión de que su ‘voluntad general’ era la que imperaba, cuando en realidad primaba y regía el dominio y manipulación de las élites sobre la gran masa estafada.


Los más románticos e ilusos fueron los filósofos y pensadores franceses, que nunca habían gozado de libertades alguna, ni de industrialización sistemática y a fondo, ni de tradiciones políticas relevantes, ni de políticos profesionales de alto nivel, ni de estrategas militares descollantes y geniales, etc.,  y que miraban a Inglaterra como a una nación de otro planeta, digna de imitar y de seguir; la historia inglesa, y su desarrollo político, económico y militar, era un paradigma maravilloso que obnubilaba los ojos y embotaba la mente de los pensadores progresistas franceses, puro romanticismo e ilusión teórica en hervor, en el perol de la Ilustración y del aparente “racionalismo”.


Pues todo este ardor juvenil y estas ilusiones y emociones ‘ilustradas’ y ‘racionales’ fueron las que socavaron los cimientos del Antiguo Régimen feudal, absolutista y cerrado. Toda esa tendencia se sistematizó en ‘La Enciclopedia’ publicada entre 1751 y 1780 en París, haciendo un total de 35 volúmenes, y precisamente llamada o nominada ‘Encyclopédie’ o ‘Diccionario razonado de las ciencias, de las artes y de los oficios’ y todo este esfuerzo intelectual progresista fue dirigido por el matemático Diderot, donde se consignaban los escritos y ensayos de diversos filósofos y pensadores que se reclamaban ‘racionales’ e ‘ilustrados’ del momento, y que con sus opiniones e ideologías generaron el advenimiento del Nuevo Régimen. Preconizaban los enciclopedistas: el primado de la razón para conocer en general; la fe en el progreso infinito; la reivindicación de la libertad humana en general, etc., y estos principios se difundieron por todo el orbe planetario de la civilización occidental, marcándose el inicio de la Edad Contemporánea.


Pero, aquí es necesario precisar lo siguiente: A diferencia de la filosofía política lockeana capitalista inglesa, que se centraba en la PROPIEDAD fundamental y esencialmente, pues, en Francia, los filósofos políticos y pensadores se centraban en LA FELICIDAD del ser humano; aquí hay una pequeña gran diferencia que muchos no quieren o no les conviene resaltar y relievar; y nunca olvidar, que el filósofo académico inglés THOMAS HOBBES se preocupó también por la FELICIDAD antes que por la propiedad, como a contramano, sí lo hizo el político y negociante John Locke en sus conocidos y célebres ensayos, donde defendió abiertamente los negocios y propiedades de sus colegas capitalistas. Puede leerse a Montesquieu (1689-1755), o a Voltaire (1694-1778) o Rousseau (1712-1778) quienes fueron los líderes intelectuales de la Revolución Francesa y podremos comprobar ampliamente lo que aquí afirmamos: La búsqueda de la felicidad.


Montesquieu elabora una romántica tesis de la separación de poderes para la nueva República: Poder ejecutivo, legislativo y judicial, independientes y controlándose entre sí, o los check and balance; siendo que nunca existió dicha separación de poderes en ningún régimen político de la época en que escribió dicha tesis Charles de Secondat, muy al contrario: en el paradigma político inglés, no existió nunca la separación de poderes tal como lo postulaba Montesquieu, en Inglaterra, --como lo desarrollamos en otro trabajo--, existió ABSOLUTISMO PARLAMENTARIO donde que el Parlamento gobernaba sobre la monarquía, fijaba los impuestos, dictaba las leyes y además nombraba al primer ministro que sería el titular del poder ejecutivo del mismo parlamento capitalista.


Montesquieu fue inocente e iluso romántico ‘ilustrado’ y ‘racional’ obviamente, frente a la voracidad capitalista inglesa que generó su propio régimen político parlamentario, como trinchera y fortaleza de dominio y de poder, a fin de no ser controlado, ni regulado ni fiscalizado (incrementando así sus riquezas y posesiones) por ningún poder político; iluso, muy iluso fue Montesquieu.


Voltaire fue otro romántico racional francés, que pugnaba ser el intelectual típico defensor de la libertad de pensamiento y de la tolerancia religiosa, atacó los privilegios de la nobleza y del clero, pero fue defensor del comerciante y del capitalista, considerándolos clase o segmento útil a la sociedad, frente al parasitismo aristocrático.


Preciso también es aclarar y precisar: Montesquieu y Voltaire nunca fueron ‘democráticos’ en modo alguno, Montesquieu y Voltaire sólo defendían a la burguesía o al capitalismo, porque el resto era plebe ignara o populacho. Es decir, que el esclavismo y el ciudadano pobre o el pueblo a secas, o, las grandes mayorías no tenían abogados defensores, estaban indefensos absolutamente, porque ni Montesquieu ni Voltaire creían en su causa justa, ni en su defensa, ni mucho menos en su valía. Cuando ambos pensadores mencionan la palabra ‘pueblo’ se refieren obviamente a la burguesía francesa, o mejor dicho se referían a los capitalistas de todo tipo y rubro. Ése era el verdadero racionalismo capitalista.


Pero, el más romántico e iluso de todos, fue el neurótico y errabundo Rousseau, quien delira afirmando que el poder emana y reside en el pueblo, que la soberanía es popular y por lo tanto nacional, y que los gobernantes deben respetar la voluntad general. Pues esa tesis, fue usada por los astutos, sagaces y cazurros políticos, para engañar y emocionar a las mayorías ignorantes y crédulas y llevarlos a las sangrientas batallas, a fin de defender en el fondo, los intereses de los capitalistas, porque al fin y al cabo: nunca hubo soberanía popular ni voluntad general, luego de faccionadas las románticas constituciones políticas tras las revoluciones, el pueblo volvía a su pobreza y tristeza, y los capitalistas a manejar la cosa pública y sus intereses privados a la vez, enriqueciéndose mucho más y mejor; en general, siempre la soberanía nacional o del Estado era regentada y es dominio de los grupos de poderes fácticos, y sobre todo, de las grandes corporaciones, y EE.UU., es un claro ejemplo hoy.


La revolución norteamericana es el enfrentamiento entre ingleses, tanto los que manejaban el gobierno imperial en Inglaterra, como los nuevos ricos en América, ingleses contra ingleses, así de simple y de sencillo, y el tema fue económico, comercial y financiero, y nunca de libertades personales o ciudadanas, porque los esclavos negros enriquecían con su trabajo y sacrificio sangriento, a los ingleses ricos hacendados de América, y lo siguieron haciendo en todo el siglo XIX casi. Y aún sigue vivo el racismo y con hervor en los mismos EE.UU., y con su vieja y vigente constitución de más de 200 años históricos.


Recordemos que, muy previo a la revolución norteamericana, las trece colonias inglesas, eran emporios de riqueza y prosperidad económica, por lo tanto: los capitalistas norteamericanos ya estaban conscientes de su poder económico, comercial y financiero, y no iban a ceder posiciones en modo alguno, ni a Inglaterra, ni a nadie, absolutamente, eso está sumamente claro, y es perfectamente racional. Y esa prosperidad económica norteamericana se hizo, usando, explotando y humillando al esclavo negro fundamentalmente, por lo tanto, para los capitalistas norteamericanos los DERECHOS CIUDADANOS solamente iban a servir para ellos: los ingleses capitalistas, pero nunca, ni jamás de los jamases, para sus negros esclavos que los enriquecían gratis. Esto es fundamental, para poder entender la hipocresía y la estafa de la Constitución Política norteamericana, hecha solamente para los capitalistas y nunca para el pueblo o las grandes mayorías, tal como rezaba la romántica e ilusa filosofía ilustrada francesa que sirvió de ideología de fondo a la mencionada revolución de George Washington.


Lo cierto es que, Inglaterra no supo negociar hábilmente con sus paisanos de América, y solamente querían imponerles impuestos, sabiendo que eran colonias ahítas de riquezas, en 1767 aumentó los impuestos la corona inglesa, pero los colonos respondieron hábilmente: que si no tenían parlamentarios que los defiendan en Londres, no podían pagar en modo alguno, y esta respuesta histórica, fue un punto de quiebre, entre la corona que no supo negociar con los colonos para seguir recibiendo sus ricos aportes en impuestos, y los colonos, recibiendo más apoyo militar y político de Londres; los colonos capitalistas a fin de defender sus intereses y no seguir pagando más a Inglaterra generaron todo un ambiente bélico en América y usaron a escritores, y agitadores políticos, que difundían la ideología de los filósofos ilustrados franceses para generar el imaginario colectivo falso de la independencia, a fin que el pueblo ignorante y crédulo se sume a sus filas y se convierta en carne de cañón en las terribles carnicerías militares que vendrían luego y partir de 1773, y luego de la declaración de la Independencia (la paz se firmó en 1783), también vino la decepción, porque el pueblo regresó a su casa más pobre y mutilado y enfermo, y nunca fueron independientes, porque ahora el nuevo amo y señor sería el capitalista y hacendado norteamericano que impondría sus leyes, sus tribunales, su parlamento y sus fuerzas armadas en contra del pueblo levantisco o quejoso.


Y para mayores pruebas, leamos lo que dice la ‘Declaración de Independencia de los Estados Unidos de América’ faccionada por los representantes de las colonias reunidos en Filadelfia el 4 de julio de 1776:

“Cuando, en el curso de los acontecimientos humanos, se hace necesario a un pueblo disolver los lazos políticos que le han ligado a otro, y asumir, entre todos, los poderes de la tierra, la situación de independencia e igualdad a que las leyes de la naturaleza y el Dios de la naturaleza lo reclama, el mínimo respeto a las opiniones de la Humanidad exige que declare las causas que lo han impelido a la separación.
Sostenemos como evidentes estas verdades: que todos los hombres son creados en igualdad y dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables entre los que se encuentran la vida, la libertad y el derecho a la felicidad. Que, para asegurar estos derechos, los hombres crean gobiernos que derivan sus justos poderes del consentimiento de los gobernados. Que cualquier otra forma de gobierno que atente contra estos fines puede el pueblo alterarla o abolirla para instituir un nuevo gobierno, que tenga sus fundamento en tales principios y organice sus poderes de tal forma que parezca más seguro alcanzar mediante él la seguridad y la felicidad…
Nosotros, por tanto, representantes de los Estados Unidos de América reunidos en congreso general, apelando al supremo Juez del mundo de la rectitud y de nuestras intenciones, en el nombre y por autoridad del pueblo de estas Colonias, solemnemente declaramos que: unidas son, y de derecho deben ser, Estados libres e independientes…”


Lo cierto es, que en términos reales en EE.UU. a partir de 1776 se formó y erigió una República Plutocrática y esclavista, que solamente sirvió a los capitalistas que tenían todo un mundo por explotar y enriquecerse a sus anchas, sin obstáculos, ni competidor en modo alguno. El racismo continúa hasta el día de hoy en los EE.UU., con igual odio y represión, y el esclavismo fue la fuente de riqueza de muchos capitalistas y hacendados, inclusive vino la famosa Guerra de Secesión tan brutal, cerril y violenta entre los capitalistas yanquis y los hacendados sureños, y el tema del esclavismo y del racismo siguió vigente por mucho tiempo más: ¿Dios? … ¿Igualdad natural? … ¿Derechos ciudadanos? … ¿Rectitud? … ¿Humanidad? … ¿Libertad? … ¿Justicia? … nada de eso, en términos reales, toda la felicidad fue para los grandes capitalistas y hacendados, pero el pueblo, siguió en su pobreza y el esclavo seguía sufriendo explotación, indignidad, humillación y muerte salvaje.


El caso francés fue diferente, su discurso histórico y revolucionario tiene otros perfiles y otros parámetros y ejes, y es que aquí en Francia, el tema no era de urgencia ECONÓMICA central y cardinal, porque en el siglo XVIII Francia no era una potencia industrial y económica y financiera, como ya lo mostraba ser, la modélica rubia Albión; e inclusive EE.UU., tenía una complexión económica totalmente distinta y superior a la francesa.


En Francia, había sed de LIBERTAD, IGUALDAD y FELICIDAD, en el momento pre-revolucionario y este detalle, o puertos de embarque analítico filosófico-político, deviene en clave e importante para valorar bien, y en su justa medida, y proporción, y peso histórico a ROBESPIERRE y a NAPOLEÓN BONAPARTE; si no se tiene en cuenta estos grandes temas de la filosofía política como son: la LIBERTAD y la FELICIDAD, antes que el de la PROPIEDAD, pues, no se podrá entender bien a la revolución francesa y su posterior desarrollo, por eso, afirmamos categóricamente que el marxismo o el materialismo histórico es insuficiente, y falla garrafalmente, para y al analizar la revolución francesa.


Recordemos que, antes de la Revolución Francesa había crisis económica, social y política coyuntural y no sistémica, muy grave: la monarquía no tenía dinero, los dineros públicos lo habían malgastado, y todo; los artesanos y los pobres campesinos estaban sumidos en la más espantosa miseria a causa de los impuestos abusivos, y también por una secuencia de malas cosechas; la aristocracia indolente, perversa y fatua, sólo se preocupaba de sus diversiones y frivolidad, y además no pagaba impuestos, y dominaban al torpe rey Luis XVI; la burguesía (clase media) avariciosa pero débil e incipiente, quería hacerse del poder y haría todo lo que fuese posible para ello. 


El mediocre y frívolo rey Luis XVI, desesperado por la crisis general, decide hacer pagar impuestos a los parásitos aristócratas parte de su nobleza, y como no podía esperarse otra cosa, la nobleza protestó ardientemente, y pidieron convocatoria a Estados Generales para ventilar ese tema, --(el parlamento siempre es la tribuna para ventilar los negocios de los grandes hacendados y capitalistas, siempre)--. Los Estados Generales era el PARLAMENTO MEDIEVAL francés, y que no se convocaba hacía siglos, y la nobleza monárquica desesperada por el peligro de perder sus privilegios y prerrogativas, argumentaron que los ESTADOS GENERALES o PARLAMENTO era la única institución que podía exigir el pago de impuestos a la aristocracia francesa, obviamente que la burguesía o capitalistas franceses incipientes vieron la gran oportunidad esperada, para buscar hacerse del poder, destronando a la odiada monarquía, y eliminando a los parásitos nobles monárquicos.


Los burgueses y capitalistas franceses precarios, fueron astutos, asegurando primero, su presencia en el parlamento, esperaron a que se reúnan los Estados Generales en 1789, y aprovechando que tenían representación oficial, y dinero para repartir, promovieron en las calles y plazas y medios de París, grandes concentraciones y manifestaciones populares, la  más potente y culminante de ellas, tomó por asalto a La Bastilla el 14 de julio de 1789, asustando con todo ello, al rey Luis XVI y obligándolo a ceder ante los reclamos del ‘Tercer Estado’ o la burguesía francesa, más el pueblo enardecido y agitado adrede. Precisamente meses antes el abate Sieyés (1748-1836) había escrito: ‘¿Qué es el Tercer Estado? Todo. ¿Qué ha sido hasta hoy en el orden político? Nada. ¿Qué pide? Ser algo’. Y efectivamente, los incipientes capitalistas franceses, la burguesía o clase media, es la que emergerá políticamente de una buena y abrupta vez, y para quedarse.


Como ya estaba planificado por los burgueses y capitalistas franceses, una vez inaugurado los Estados Generales y ante la presión revolucionaria, estridente y eufórica del pueblo en las calles, convirtieron los Estados Generales en senda y formal Asamblea Constituyente. Y como no podía ser de otra manera, los capitalistas y burguesía, tomaron el control inmediatamente de dicha nueva Asamblea Constituyente revolucionaria, y como era de esperarse: abolieron ipso factum los privilegios de la nobleza, por lo tanto, la vieja aristocracia empezaría a pagar impuestos, (los capitalistas incipientes y la burguesía o clase media se vengaron de la parasitaria aristocracia tan odiada, y de paso se aliviaban a sí mismos como segmento económico, del pago obligatorio de impuestos a la nación); asimismo eliminaron el absolutismo, y dieron paso a la monarquía constitucional (el rey Luis XVI todavía estaba con vida), afirmándose que el poder residía en el pueblo francés, proclamándose formalmente las libertades políticas. A partir de ahí entonces, se acabó la monarquía absolutista en Francia, y los capitalistas empezaron a manejar la cosa pública.


En este punto de la revolución francesa, empezaron los problemas, y se abrió un nuevo capítulo por la consolidación del nuevo régimen, y por la definición y natural competencia de las fuerzas dominantes del poder y desde el poder: Recordemos que los Girondinos representaban al partido de la alta burguesía o grandes capitalistas, y ellos afirmaban que la revolución había terminado y que se empiece a gobernar de una buena vez, con monarquía constitucional por supuesto, --(obviamente, ellos preferían el sistema inglés, y buscaban adueñarse del parlamento y desde ahí proteger sus intereses, manipulando al rey Luis XVI);  los Jacobinos representaban al partido de la clase media, y eran muy radicales, pugnaban por destituir al rey, e implantar la República desechando toda monarquía, sea constitucional o no.


Las disputas, los enfrentamientos y peleas entre los revolucionarios, se dio hasta en las mismas calles de París, la efervescencia revolucionaria fue muy fuerte y activa y ardiente. Y todo ello se explica, porque no había capitalismo fuerte y asentado y poderoso en Francia; era la clase media, enceguecida por la sujeción del poder abierto y luminoso frente a sus ojos en forma abrupta, y por la falta de liderazgo y de objetivos claros, de gobierno nacional y republicano. Aquí se confirma nuestra tesis, en el sentido del acusado romanticismo iluso de los filósofos franceses racionalistas pre-revolucionarios, que nunca pensaron ni menos se proyectaron, sobre los objetivos del gobierno republicano en la política nacional;  y por lo tanto: los revolucionarios franceses no sabían qué hacer con el nuevo régimen, y en su nueva nación, a diferencia de la burguesía inglesa y norteamericana que tenían bien claros sus objetivos y proyecciones a mano firme. Aquí el marxismo y el materialismo histórico es insuficiente para explicar este desarrollo y punto histórico fundamental y clave de los acontecimientos.


De otro lado, las fuerzas reaccionarias monárquicas europeas tomaron medidas inmediatas, enviaron tropas militares a invadir Francia, con la orden de reponer al rey Luis XVI y aniquilar violentamente todo barbecho revolucionario.


El rey Luis XVI mientras tanto, en junio de 1791, huye secretamente de París, buscando salvar su vida y unirse a las tropas monárquicas que venían dispuestas a reponer su régimen político absolutista, pero antes de salir de Francia, fue detenido y llevado prisionero a París, el pueblo se llenó de indignación y consideró a su rey Luis XVI un vulgar traidor, este acto fallido monárquico, fue el súbito y eficaz combustible, que encendió nuevamente las hogueras revolucionarias, las cuales inmediatamente optaron por abolir la monarquía absoluta y constituir la nueva República.


Y precisamente, en ese bullente, peligroso y álgido momento histórico, de candente coyuntura, es que se descubrieron las famosas cartas del rey Luis XVI, en las que pedía angustiosamente a los austriacos que invadan París. El pueblo estalló de ira y asaltó el palacio real, encarcelaron y juzgaron y guillotinaron, al torpe rey Luis XVI, a pesar de la defensa que hicieron los Girondinos del monarca en desgracia. Y aquí es importante establecer que los CAPITALISTAS franceses agrupados en el partido girondino: no tenían, ni el poder, ni la fuerza, ni la capacidad, para salvar al ícono de la monarquía constitucional francesa, y que buscaban, para salvar sus intereses económico-comerciales, imitando a Inglaterra.


Leamos lo que escribió en su testimonio el abad Edgeworth, sobre la muerte de Luis XVI:

“Los escalones que conducían al cadalso eran muy empinados. El rey se vio obligado a apoyarse sobre mi brazo, y por el esfuerzo que parecía mostrar, creí por un instante que su valor comenzaba a flaquear. Pero cuál no sería mi sorpresa cuando, llegado al último escalón, le vi escaparse, por así decirlo, de mis manos, atravesar con paso firme todo el cadalso, imponer silencio, simplemente con la mirada, a quince o veinte tambores que estaban frente a él, y con una voz tan fuerte que debió oírse en el puente giratorio, pronunciar estas palabras para siempre memorables: ‘Muero inocente de todos los crímenes que se me imputan. Perdono a los autores de mi muerte y ruego a Dios que la sangre que vais a derramar no vuelva a caer jamás sobre Francia’.” Con la muerte definitiva y trágica del rey Luis XVI se dio la ruptura final y definitiva, entre la revolución francesa y la Europa monárquica.


En abril de 1792, Francia entabló guerra contra Austria, y después pelearía militarmente contra toda Europa. La revolución francesa peleaba continentalmente por sus principios ideológicos, y por defender su nuevo régimen político, y la vieja Europa absolutista monárquica, quería aplastar y desaparecer a todo costo y costa, a la rebelde Francia revolucionaria, y mantener sus privilegios y prerrogativas de monarquía absolutista dominante europea.


La ejecución del rey Luis XVI fue empujada por los Jacobinos, quienes proclamaron la República, y el gran jefe y líder de los jacobinos fue Maximilien Robespierre, personaje polémico y controvertido, quien impuso el centralismo despótico: que frenó, ahogó y arrinconó al hervor popular callejero, permitiendo que sus enemigos y los capitalistas incipientes generen la contrarrevolución burguesa a sus espaldas. Durante la dictadura republicana de Robespierre, sobre todo en los meses de junio y julio de 1794 se dieron las ‘grandes hornadas de la guillotina’ con juicios sumarísimos ante el Tribunal de Salvación Pública, enviándose a miles de ‘contrarrevolucionarios’ a la muerte: banqueros, girondinos, aristócratas, y cualquiera que fuere sospechoso de conspirar contra la nueva república revolucionaria.


El Régimen del Terror se impuso, expulsándose a los Girondinos de la Asamblea, y los Jacobinos fueron los únicos gobernantes de la nueva República. En este punto, es bueno precisar que, Robespierre fue otro burgués de clase media, que no tenía consignas económico-comerciales y financieras, no era un capitalista ni respondía a esos intereses. Robespierre buscaba teórica y filosóficamente en lo político: la FELICIDAD de y en la República; y para ello, quería y realizó prácticamente: la ‘LIMPIEZA POLÍTICA REVOLUCIONARIA’, desechando a la escoria contrarrevolucionaria en su política concreta y de Estado; su consigna y su norte teórico fue: la FELICIDAD REPUBLICANA y usó todas las armas a su alcance para proteger y SALVAR PÚBLICAMENTE a su nuevo régimen político. El marxismo no puede interpretar, ni analizar a Robespierre y su trascendente obra política, y hasta el día de hoy hay polémicas serias al respecto.


Lo que buscaba Robespierre desde el poder, era eliminar la contrarrevolución, y la colaboración con los enemigos extranjeros de la nueva República francesa, y tuvo éxito, porque la invasión extranjera fue rechazada, y en el interior de la Francia revolucionaria, se eliminó todo brote o esperanza de restauración monárquica.


Pero, se dividieron los Jacobinos, y el 27 de julio de 1794 se dio el golpe de Estado, y Robespierre terminó en la guillotina. Los capitalistas incipientes y otra facción burguesa de clase media nuevamente tomaron el poder y el control político, imponiendo al célebre Directorio, que mantuvo como régimen político a la República, y garantizó las libertades públicas, pero obviamente, este régimen era para proteger a la alta burguesía o grandes capitalistas que buscaban orden y seguridad para los negocios.


Las fuerzas reaccionarias monárquicas europeas, no creyeron, ni menos confiaron en el Directorio, y buscaban aplastar y desaparecer a la Francia revolucionaria; y obviamente, los capitalistas franceses vieron peligrar su dominio de poder y estabilidad. Es en esa circunstancia histórica clave, que hace su aparición en el escenario universal, el ambicioso y genial joven oficial artillero Napoleón Bonaparte (1769-1821), justo en el momento en que los destinos de la Francia revolucionaria y republicana: solamente se decidiría en los campos de batalla. A partir de 1796 Francia arremetió con todo y ocupó varios Estados monárquicos opositores, imponiendo Repúblicas parecidas a la francesa.


Napoleón Bonaparte no era capitalista, ni pertenecía en modo alguno a esos círculos, era el típico hombre burgués, de clase media pobre, y además provinciano y extranjero, y militar de carrera; y por cierto, encarna el principio filosófico-político de la FELICIDAD, más no el de la propiedad de la predominante y liberal filosofía política inglesa del siglo XVII. En este punto, es bueno precisar que, Robespierre fue otro burgués de clase media, que no tenía consignas económico-comerciales y financieras, no era un capitalista ni respondía a esos intereses.


Bonaparte buscaba teórica y filosóficamente en lo político, al igual que Robespierre (y aquí tenemos una constante en el desarrollo práctico de la teoría política): la FELICIDAD de y en la República; y para ello, quería y realizó prácticamente: la defensa militar del nuevo régimen y la imposición política republicana en Europa continental; llenando de gloria y poder a Francia y abriendo una nueva agenda mundial republicana, como su política de Estado.

Bonaparte se convirtió en el salvador de Francia revolucionaria, Bonaparte se convirtió en el líder político y militar que Francia republicana esperaba: por su sagacidad militar, y sus estrategias descollantes y eficaces, que ofrendaban gloria republicana, Bonaparte se convirtió en el hijo predilecto de la República francesa.


Para noviembre de 1799, aprovechando una amenaza jacobina de retomar el poder, Napoleón Bonaparte con sus leales tropas en París, derrumba al ‘Directorio’, y ejerce personalmente el poder en forma dictatorial: el pueblo lo amaba y respetaba, los capitalistas lo consideraban necesario para brindar orden y seguridad a sus negocios, y el ejército francés lo idolatraba. En este preciso hecho histórico bajo comento, se comprueba lo que habíamos afirmado ut supra, en el sentido que Francia, tenía sed de LIBERTAD, IGUALDAD y FELICIDAD, y Napoleón Bonaparte encarnaba esos ideales franceses republicanos, evidentemente. El discurso y las proyecciones de la revolución inglesa, norteamericana y francesa fueron y son diferentes.


Napoleón Bonaparte hizo un gobierno descollante, poderoso y próspero, sometiendo a muchas naciones monárquicas y estableciendo repúblicas satélites de Francia napoleónica. Fue elegido Cónsul en 1800 y luego Cónsul Vitalicio en 1802, y en la cúspide de su popularidad en 1804, se hizo proclamar Emperador, y con Napoleón Bonaparte se consolidaron los principios republicanos: se publicó el Código Civil napoleónico en 1804, de trascendencia universal, y modelo de código civil republicano; se estableció la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley, como principio republicano y luego se convirtió en dogma constitucional; se defendió y garantizó la propiedad privada; se protegió a la institución familiar jurídicamente; y se establecieron todos los principios que la burguesía y el capitalismo requería y reclamaba. Además de eso, Bonaparte se preocupó por la educación reformando todo el sistema, hasta el universitario, sirviendo de modelo al mundo entero.


El capitalismo francés convivió con Napoleón Bonaparte y prosperó con él. Pero las fuerzas reaccionarias monárquicas europeas, no descansaban en su obsesión de traerse abajo a Napoleón Bonaparte y a la República francesa, y precisamente para ello forman el Congreso de Viena (1814-1815) de donde emerge la reaccionaria Santa Alianza, formado por Rusia, Austria y Prusia (luego se unirían Francia y España), y después se formaría la Cuádruple Alianza entre Rusia, Inglaterra, Austria y Prusia.


El imperio napoleónico duró alrededor de diez años, y no duró más, porque no pudo someter a Inglaterra, ni a Rusia monárquicas. Inglaterra no iba a permitir que Francia le arrebate su liderazgo económico e imperialista.


Para 1814 cae el imperio napoleónico, pero Europa se había dividido en dos grandes bandos, por un lado los monárquicos y del otro lado, los liberales. Siendo que los liberales, estaban dispuestos siempre a defender sus ideas con las armas en la mano, y se centraban en la idea de la ‘Constitución’: leyes fundamentales que obliguen a gobernantes y gobernados, que se protegiese los derechos del individuo, y se limitase el poder del rey. La represión monárquica europea fue muy dura y brutal y sangrienta, pero el liberalismo daría batalla por muchos quinquenios.


En el orden filosófico-político: el capitalismo de corte anglosajón, triunfó con su patrimonialismo lockeano, frente al concepto de la felicidad humana republicana francesa.


Pero lo cierto es, que en el siglo XIX otra es la historia (la burguesía logró lo que quería), estamos en el proceso franco e indetenible del industrialismo, es decir el capitalista se hizo mucho más fuerte y poderoso, y podía controlar no sólo Repúblicas Plutocráticas y esclavista lockeanas, sino también a monarquías constitucionales, al clero y a las monarquías modernas.

Lima, 29 de agosto del 2014

Jaime Del Castillo Jaramillo

Abogado egresado de la U.N.M.S.M. con más de 20 años de ejercicio profesional y cuenta con estudio jurídico abierto; politólogo con más de 20 años de ejercicio profesional; periodista, fundador y director del programa radial y televisivo ‘Yo, Sí Opino’ (censurado en TV y cerrado cinco veces en radio); Maestría en Ciencia Política con la tesis “Pensamiento Político peruano insuficiente y epidérmico causa de nuestro subdesarrollo político”; Post Grado internacional en Ciencia Política otorgado por la UCES – Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales de Buenos Aires-Argentina graduado con la tesis: “Crisis terminal de los Partidos Políticos en el Perú”; catedrático universitario de ‘Historia del Pensamiento Político”, “Filosofía Política”, “Metodología de la investigación en Ciencia Política”, “Realidad Nacional”; “Análisis Político”, “Ciencia Política”, etc.; blogger, comunicador social, articulista y conferencista.
Fundador, ideólogo y Presidente de “Foro Republicano”
http://fororepublicanoperuano.blogspot.com
@jaimedelcastill
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https://www.facebook.com/jdelcastillojaramillo