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viernes, 8 de agosto de 2014

La “República” moderna racional nace del respeto a la familia como órgano natural de autosuficiencia que produce al Estado: para la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad. El Parlamento fue creado para defender los intereses de los hacendados y capitalistas. Las eternas enseñanzas de Jean Bodin





La “República” moderna racional nace del respeto a la familia como órgano natural de autosuficiencia que produce al Estado: para la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad. El Parlamento fue creado para defender los intereses de los hacendados y capitalistas. Las eternas enseñanzas de Jean Bodin



Las duras y rudas condiciones de vida que impuso el Imperio Romano como dominio material político-militar-económico (aunque respetaba las creencias religiosas y culturales de sus colonias y provincias como parte de su política de la PAX ROMANA) sobre diferentes pueblos y naciones y Estados que otrora habían conocido la libertad, que gozaron de autosuficiencia económica y política, que habían creado la filosofía mayor y las ciudades-Estado, que habían pensado racionalmente sobre la Politeia o República y otras formas de gobierno, pues se vieron sujetos, dominados y sometidos por la fuerza, y con la amenaza de extinción vía la cruenta e inclemente aplanadora de hierro, el recio y disciplinado, poderoso ejército romano.


La aparición del cristianismo y sus enseñanzas fue la puerta de escape espiritual, sico-social y cultural, aunque sea, con la promesa del paraíso celestial y del Dios bueno y redentor; la ruda y dura vida de sometimiento a los designios político-militares de Roma en los vastos territorios bajo su férula, fue sobrellevado con la fe y la esperanza del paraíso divino como promesa para todos los hombres sin distinción alguna.   


La organización política romana estuvo empapada del helenismo, es decir del encuentro cultural y filosófico de la producción griega, alejandrina y la romana misma, creándose instituciones originales, muy propias del genio romano que hasta hoy asombran al mundo. Roma y su pueblo: de un simple valle de precarios y toscos agricultores, se convirtieron en fuente de cultura y civilización, y eje del poder político y militar vasto y temible, poderoso e invencible, durante siglos.


La República romana es todo un capítulo especial de estudio, por su originalidad, por su estructura y organización, que aún dejan enseñanzas por aprender, asumir y desarrollar, y que en otro momento y oportunidad nos encargaremos de ello.


Por ahora, nos toca decir que los pueblos dominados, sometidos y hasta excluidos por el Imperio Romano (entre ellos la Grecia de los sabios eternos Platón y Aristóteles) con el paso del tiempo y gracias a la labor persistente, poseída, dogmática y mártir de los evangelistas cristianos, lograron crear una comunidad eclesiástica conformada por muchas razas y culturas y lenguas, que a decir verdades: se convirtió en todo un persistente imperio religioso, sico-social y cultural, que obligó al mismo todopoderoso imperio romano a incluirlos en su estructura y organización política y religiosa, con su respectiva cuota de poder, y posteriormente, al dividirse el vastísimo imperio romano y luego caer en desgracia, la comunidad cristiana y eclesiástica ya institucionalizada, emerge como un nuevo poder fáctico y religioso, pero con tentáculos firmes y fuertes en lo económico, cultural y político, que perduró durante siglos, y que lo conocemos como la Edad Media.


Fue el cristianismo erigido como institución eclesiástica repetimos, la que levanta monumentos filosóficos con sus propios pensadores y filósofos católicos, y que son un muro firme y contundente contra las enseñanzas de Platón y de Aristóteles, vale decir, que los filósofos católicos en pleno auge del poder de su iglesia, tradujeron a su antojo e intereses las sabias y profundas enseñanzas de los acotados Platón y Aristóteles, sobre todo en cuanto a los capítulos de la organización política y las formas de Estado o de gobierno, ese fue el caso de San Agustín de Hipona y Santo Tomás de Aquino, por mencionar solamente dos nombres de los poderosos filósofos de la también poderosa y dominante Iglesia Católica: que ponía y sacaba reyes a su antojo, cuando estuvo en pleno auge y poder.


Esta fusión de la poderosa corriente filosófica: platónica y aristotélica, y, el pensamiento filosófico católico, perdurará durante siglos, con sus variantes y con sus propias escuelas, por cierto, y que tendrá un fuerte dominio al entrar la Edad Moderna: donde se separará el dominio de la Iglesia Católica sobre los reyes y monarcas europeos; y emergerán los pensadores y filósofos modernos que se preocuparán por los necesarios conceptos: de Estado, de Nación, de Soberanía, de Libertades y Derechos, y de las Formas de Gobierno; alejadas del dominio religioso por cierto, para dar cauce, pase y soga a los capitalistas que deseaban hacer negocios y obtener riquezas en paz, sin trabas y con protección y libertad. Fue la transición polémica, bélica y controvertida, evidente y ostensible del Teocentrismo al antropocentrismo; y la Reforma religiosa: fue el inmenso baño de sangre, con la biblia en la mano y la espada en la otra, que marcó a la historia universal, para indicarnos que la Edad Moderna ponía pie firme con su bandera encarnada de antropocentrismo.


Es así, que al salir de la obscura Edad Media: Europa se hallaba en zozobra, anarquía y guerras, con poderes micro y macro de todo tipo, clase y nivel, que reclamaban lo suyo, y que regaban de sangre los campos y ciudades en sus afanes de poder y de dominio, o de defensa de sus privilegios y prerrogativas: Reyes que eran barones de otros reyes, protestantes que asesinaban a católicos y viceversa, monedas diferentes en cada feudo, inseguridad y crímenes en las vías de comercio terrestre y marítimo, guerras constantes y súbitas por caprichos de la nobleza gobernante contra sus vecinos feudales, ambición desmedida de obtener más tierras y dominios por parte de reyes y Papas y cardenales u obispos, etc., etc., etc., en suma: inseguridad jurídica, militar, económica, comercial y política absoluta, sangrienta y angustiante; todo esto obligó a los grupos de poder económico que financiaban a los reyes y a la nobleza en sus guerras y caprichos, obligó a los emergentes comerciantes y capitalistas que vigilaban y que deseaban ardientemente que sus propios negocios gocen de seguridad, protección y prosperidad, a buscar a pensadores que razonen sobre el nuevo orden y régimen político deseable y ajustado a sus intereses, buscaban nuevos gobiernos y nuevos regímenes políticos y sobre todo nuevo Estado racional: que ponga orden y brinde seguridad a la vida europea que había cambiado de mentalidad y que deseaba libertades y derechos en el marco del antropocentrismo propio de la edad moderna, así renace el pensamiento político y se rescata la tradición filosófica platónico-aristotélica y aparecen las creaciones originales de teoría política instados por la necesidad, la angustia y su realidad miserable económica y comercialmente, ya descritas.


Ya estamos en el siglo XVI: en Europa la ebullición del pensamiento moderno antropocentrista y de las nuevas comunidades en vías de ser naciones con Estado moderno y racional, marchan a paso firme y jadeante a la conquista del mundo, buscando su seguridad, soberanía y prosperidad; la ciencia y la técnica y el pensamiento racional están tensionados al máximo, las convicciones religiosas están con los ojos rojos y los puños crispados y en alto; mientras tanto en la región que después se llamaría Perú, recién en 1532 llegaría occidente con su ciencia y su cultura y su mentalidad, a hollar el suelo de la cultura Inca y de muchas culturas a todo lo largo de la costa y de la cordillera andina, en Perú para el siglo XVI no teníamos escritura, ni ciencia ni técnica sistematizadas, ni desarrollo civilizacional parecido al europeo, no estábamos en condiciones de competir ni frenar ni oponer potentemente nada contra Europa que venía a nuestro continente a dominar y a explotar y a saquear con la espada en la mano y con cañones y técnicas de todo tipo y muy superiores a lo nuestro, el ‘Imperio Inca’ no era tal, ahora está probado que era suma de alianzas diplomáticas de culturas y etnias básicamente, aún en nuestro Perú de hoy se siguen descubriendo más y más culturas que nunca fueron dominadas por los Incas y que tuvieron tanta o más civilización y sabiduría y poder que los mismos incas quechuas sureños.


El pensamiento político vinculado a la racionalidad republicana moderna emerge en el siglo XVI con el francés Jean Bodin, un abogado que respondió al imaginario social y religioso y cultural de su tiempo, tiempo agitado y de confusiones y conflictos como ya se ha señalado líneas arriba. El pensamiento político de ese siglo XVI buscaba aferrarse a las virtudes aristotélicas, bebía de la consistente y luminosa doctrina de derecho natural del aquinatense, y apelaba a las Sagradas Escrituras para sazonar así: un pensamiento político que apuntara a consolidar, perfilar y hacer brillar el derecho natural del hombre que sea inalienable, respetable y patrón y canon para establecer en el mundo material y real y político: el derecho a la vida, el derecho a la libertad y a la felicidad, con el paso de los siglos y luchas y combates de todo tipo, este anhelo y esfuerzo del pensamiento, elevado a la categoría de Teoría Política se vio plasmado en las constituciones políticas o cartas magnas revolucionarias: primero, de Estados Unidos con George Washington a la cabeza, y, segundo, de Francia con su soldado republicano privilegiado Napoleón Bonaparte, en el siglo XVIII.


Pero, dejemos sentado que: Jean Bodin en 1576 escribe su célebre obra sobre la República en seis libros, preocupándose centralmente sobre el control y limitación del poder político, consideraba que debe haber un centro único, autodeterminante y absoluto, de donde debe emerger el poder único: La Soberanía.


Bodin toma del maestro de maestros: Aristóteles, la tesis de la autosuficiencia de la familia como núcleo central de toda comunidad política, es la suma de familias la que da creación a los gobiernos, y por lo tanto la autosuficiencia lleva directamente a la autodirección o SOBERANÍA que tanto anhelaba Bodin en su pensamiento político: El Estado tiene que detentar PODER SOBERANO autodeterminante y único y absoluto, el Estado tiene que ser necesariamente independiente y debe ser obedecido por sus súbditos, y esta postura es la que pivoteará o será el eje central del concepto moderno de Estado-nación para los efectos futuros, hasta la fecha.


El objetivo inteligente del pensamiento de Bodin, no solamente era discernir y establecer el concepto de soberanía política o dominio único e independiente y autodeterminante, debidamente obedecido por los súbditos obviamente, sino que buscaba que la PROPIEDAD sea intocada e intocable y respetada por el PODER POLÍTICO SOBERANO, (la propiedad como herramienta de independencia y autosuficiencia de las familias, en teoría) y esa era la preocupación central y cardinal de los capitalistas de la época, que buscaban y anhelaban seguridad jurídica y política con la soberanía, pero sobre todo: los inversionistas, comerciantes y capitalistas buscaban el respeto intangible a sus PROPIEDADES para poder crecer económica y financieramente, y hacer poderosa la maquinaria del capitalismo, que luego conquistará el mundo.


Bodin asimismo, insistió en que el poder político central no puede imponer impuestos a sus súbditos sin su consentimiento: los capitalistas, hacendados y nobles dieron creación al parlamento para defender sus intereses, inspirados en esta teoría; EL PARLAMENTO entonces, es la institución de los hacendados, capitalistas, comerciantes e inversionistas, creado para frenar y controlar e impedir que el poder central, el rey o el soberano que fuere, les imponga impuestos que les reduzca sus ganancias y utilidades. Esto es central y clave y vital para entender a los PARLAMENTOS de hoy, y su estafa y engaño desde su inicio u origen, el PARLAMENTO no nace para defender al PUEBLO, el parlamento nace para defender los intereses, propiedades y capitales de los nobles, de los hacendados, de los ricos capitalistas y comerciantes.


La teoría política del francés Jean Bodin caló profundamente en los filósofos políticos venideros, y sobre todo en Inglaterra rindió frutos, con pensadores tan sólidos como Hooker que sienta las bases de la nación moderna racional, y del mismo John Locke que refina y potencia su pensamiento político a partir de Bodin, convirtiéndose Locke en el inspirador de las triunfantes y luminosas revoluciones americana y francesa en cuanto a la lucha de los derechos civiles o naturales, como ya se explicó líneas arriba.


El reconocido investigador de ciencias sociales de la universidad de Liverpool Charles Vereker expone sistemáticamente varios temas básicos de la Teoría Política, y de donde extraemos éstas citas que abonan la tesis que hemos elaborado ut supra:


“La búsqueda de la virtud de Aristóteles, la doctrina del derecho natural de Santo Tomás de Aquino y la renovada autoridad que adquirieron las Escrituras se combinaron para transmutar el derecho divino del alma individual a la búsqueda de salvación en un derecho natural inalienable que sus más renombrados defensores llamarían después derecho a ‘la Vida, la Libertad y la búsqueda de la Felicidad’. (pag. 131)
(…)
“La dificultad en describir y justificar la nueva unidad política del Estado, que evidentemente no era imperium ni polis, dentro del marco conceptual del pensamiento de la Edad Media, se manifiesta de manera sorprendente en la famosa obra De la République escrita por el jurista francés del siglo XVI Jean Bodin. Constreñido por su pensamiento confuso y por las conclusiones ilógicas expuestas en los seis libros de su extensa y mal escrita obra aparecida en 1576, las verdaderas contradicciones de Bodin reflejan el callejón sin salida a que había conducido la teoría tradicional. Bodin creía, del mismo modo que sus contemporáneos, que el poder político debe sujetarse a fiscalización moral y a límites racionales. (…) Bodin comprendió que, en la práctica, sólo un centro de poder lograría moldear una comunidad, de cualquier tipo que fuera.” (pag. 131)

(…)
“Para resolver este rompecabezas Bodin recurrió frecuentemente a Aristóteles, pero no tomó de éste su afirmación de que el propósito del gobierno era la felicidad de los ciudadanos. Por grande que fuera la influencia del pensamiento clásico, la idea que una comunidad política estaba capacitada para satisfacer todas las necesidades de sus ciudadanos armonizaba muy poco con las creencias sociales cristianas predominantes en este período como para que ganase rápida aceptación. Pero en su discusión de la formación del cuerpo político como algo distinto de sus fines, Bodin acepta la explicación naturalista de Aristóteles, quien lo consideraba como una transformación de unidades familiares pequeñas en una comunidad más vasta. Para Bodin no era la autosuficiencia el criterio aceptable de la realización política, sino la autodirección. El Estado era el organismo que en algún punto de su estructura mostraba el poder de dirigir sus actividades comunes con una autoridad y una finalidad no sujetas a ningún control externo, exceptuando, claro está, el de Dios. A este asiento de la autoridad humana Bodin lo llamaba poder soberano.” (pag. 132)

(…)
“Sus dos criterios indispensables son su independencia de todo otro agente humano y la obediencia de todos sus súbditos. Soberanía y sujeción son términos (pag. 132) correlativos.” (…) Bodin tampoco pretende afirmar que un Estado sea un grupo nacional, aunque en realidad fueron estos mismos grupos los que construyeron los estados más eficientes en los siglos futuros. Pero esto fue un accidente histórico. El Estado de Bodin puede comprender varios grupos, laicos o eclesiásticos, fundos diferenciados como los del medioevo, gremios económicos y corporaciones, pero todos ellos deben observar una condición de sometimiento ante el poder soberano, y ejercer sus privilegios o mantener sus derechos consuetudinarios por la gracia del soberano.” (pag. 133)

(…)
“Bodin había rechazado la franca aceptación de San Agustín en el sentido de que se blandiese la espada temporal, con el único recaudo de que fuera morigerada por la justicia; y tampoco quería acompañar a Aristóteles en todas sus concepciones. Sin (pag. 133) embargo comprendía claramente, a pesar de los argumentos a menudo confusos de su obra, que mediaba una importante diferencia entre el ejercicio del poder con fines tiránicos y lo que él mismo llamaba un Estado bien ordenado.”
(…)
“El buen orden significaba para Bodin algo más positivo que la ausencia de perturbaciones. Implicaba que las leyes debían dirigirse hacia los fines comunes de los súbditos: en primer lugar, desde luego la satisfacción de sus necesidades temporales; y, en segundo lugar, el mantenimiento de condiciones que permitieran llevar vidas virtuosas. Pero el gobernante soberano era la única fuente de la ley; ésta emanaba de su voluntad; no debía dar cuenta de sus decisiones a ninguno de sus súbditos e inclusive estaba eximido de la obligación de mantener la ley, como no fuera por su propia gracia generosa.”
(…)
“La verdad parece ser que Bodin nunca distinguió claramente entre sus observaciones empíricas acerca de lo que ocurría en realidad para mantener cualquier orden que fuese, y lo que él sabía que debía ocurrir para lograr las condiciones de la vida moral. Decía que el poder soberano estaba por encima de la ley, pero sabía que no podía estarlo, pues otros grupos y los individuos tenían derechos al igual que el soberano. Esta dificultad, que bajo otra forma desconcertó también a un pensador francés posterior, Montesquieu (pag. 134), fue resuelta satisfactoriamente en el siglo XVII por el filósofo inglés Locke.” (pag. 135)
(…)
“En el Estado de Bodin todos los grupos se hallaban bajo sujeción política, con excepción de uno, la familia, de la cual brotaba naturalmente la comunidad mayor. La familia conservó una posición privilegiada, al parecer, porque constituye la verdadera esencia de cualquier comunidad humana; y dado que la familia dependía para su mantenimiento de la propiedad, ésta también debía estar, al menos moralmente, fuera del control del poder soberano. (…) Además, reforzó este punto de vista con la afirmación de que el gobernante soberano no podía establecer impuestos a sus súbditos sin su consentimiento.”
(…)
“Tenemos, pues, aquí, el esquema de un Estado bien ordenado o políticamente justo: aquel en que el poder soberano sólo es responsable ante Dios, pero que, sin embargo, se abstiene de usar su autoridad legislativa más allá de los límites del derecho natural y, en particular, de invadir el terreno de las posesiones de la familia. Estas áreas reservadas dentro de la vida de los súbditos aún no eran consideradas manifiestamente como derechos naturales, pero, con todo, (pag. 135) representaban derechos ante el soberano, y su justificación no era política ni eclesiástica. La elaboración ulterior de una teoría secular de los derechos naturales, justificada moralmente en función del derecho natural, evitó las confusiones del análisis de Bodin y contribuyó a definir el concepto de soberanía constitucional del Estado.” (pag. 136)
(…)
“Bodin destacó, como es de comprender, la autoridad directiva del Estado, más que su principio de integración. Correspondió a un inglés de la generación posterior, defensor también del poder legislativo del Estado soberano, llamar la atención al modelo de vida comunal o nacional, arraigado en la historia y la tradición, que suministró la armazón social dentro de la cual podía operar la nueva autoridad política.” (pag. 136)

(…)
“Originada en el acuerdo convencional, la nación-estado cristiana de Hooker se convierte en una entidad integrada, ilimitada en el tiempo, con todos los elementos necesarios para satisfacer sus necesidades temporales y espirituales, y sometida por el consentimiento de sus miembros a un poder gobernante, aunque no necesariamente en forma abierta, con un derecho sancionado por Dios de hacer leyes para el bien de toda la comunidad, tanto civil como eclesiástica. Era ésta una descripción ideal, y en ella se eludían las alternativas de fundar el poder político, ya en una fuerza exterior o superior a la constitución política. El criterio por el cual podía ponerse a prueba la justicia de las leyes no era su amplitud, sino su racionalidad intrínseca.”
(…)
“Fue esta tradición la que sobrevivió en forma secularizada durante los dos siglos siguientes, cuando la comunidad anglicana de Hooker se apartó aún más de su ideal nacional.” (pag. 140), ‘Capítulo III. Los Derechos’ en ‘El Desarrollo de la Teoría Política’, editorial Universitaria de Buenos Aires EUDEBA, versión castellana por Néstor Míguez, Argentina, 1961.



La “República” moderna y racional entonces, nace teóricamente del respeto a la familia como órgano natural de autosuficiencia que produce al Estado: para la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad; así fue el pensamiento central y clásico de Jean Bodin al respecto; fueron los capitalistas y financistas y comerciantes y hacendados quienes usaron el concepto aristotélico de la FAMILIA y su propiedad sentado por Bodin para satisfacer sus intereses de toma de poder, y cuando ya tuvieron el poder, eliminan, obliteran o se olvidan de ese concepto aristotélico fundamental y básico de la FAMILIA que iba en contra de sus intereses, porque precisamente los capitalistas explotaban y explotan no solamente al OBRERO y/o PROLETARIO, sino también hundían y hunden en la miseria, la ignorancia y la explotación a las FAMILIAS OBRERAS.


Las teorías políticas y las ideologías nacen para justificar intereses, intereses de grupos dominante mayormente, así lo ha demostrado la historia y la ciencia política, por eso es que creemos necesario recuperar la sana doctrina republicana y librarla de los bulos y estafas y trampas que favorecen a los grupos de poder que generan PLUTOCRACIA que se esconde o se disfraza de REPÚBLICA como es el caso peruano (y de otras naciones hermanas) desde sus orígenes republicanos hasta la fecha, la primera república ha colapsado en Perú y debemos impulsar la Segunda República con real contenido teórico clásico auténtico, más el aporte nuevo nuestro, que sea dictado y enseñado por la realidad y por la experiencia que nos deja la primera república falaz y colapsada en la cual nos movemos en miseria y estafa, ya que Perú sigue siendo económicamente un simple exportador de piedras como lo fue en la Colonia, y ello gracias a la mediocre y venal partidocracia de derecha y de izquierda y su ‘teoría política’ y su Estado de derecho.

Lima, 08 de agosto del 2014

Jaime Del Castillo Jaramillo

Abogado egresado de la U.N.M.S.M. con más de 20 años de ejercicio profesional y cuenta con estudio jurídico abierto; politólogo con más de 20 años de ejercicio profesional; periodista, fundador y director del programa radial y televisivo ‘Yo, Sí Opino’ (censurado en TV y cerrado cinco veces en radio); Maestría en Ciencia Política con la tesis “Pensamiento Político peruano insuficiente y epidérmico causa de nuestro subdesarrollo político”; Post Grado internacional en Ciencia Política otorgado por la UCES – Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales de Buenos Aires-Argentina graduado con la tesis: “Crisis terminal de los Partidos Políticos en el Perú”; catedrático universitario de ‘Historia del Pensamiento Político”, “Filosofía Política”, “Metodología de la investigación en Ciencia Política”, “Realidad Nacional”; “Análisis Político”, “Ciencia Política”, etc.; blogger, comunicador social, articulista y conferencista.
Fundador, ideólogo y Presidente de “Foro Republicano”
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@jaimedelcastill
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