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miércoles, 13 de agosto de 2014

Maquiavelo, Hobbes y Marsilio de Padua: pensadores de la autoridad central y de la felicidad universal, fueron odiados y difamados. La ‘Felicidad universal’ del ser humano es el ácido muriático teórico-político contra los pensadores del liberalismo y capitalismo





Maquiavelo, Hobbes y Marsilio de Padua: pensadores de la autoridad central y de la felicidad universal, fueron odiados y difamados. La ‘Felicidad universal’ del ser humano es el ácido muriático teórico-político contra los pensadores del liberalismo y capitalismo



La Reforma Religiosa y el Renacimiento del siglo XV en adelante, traerán cambios trascendentales y profundos, de contenido y de forma para la humanidad toda, no sólo fue una explosión revolucionaria religiosa, bulliciosa y sangrienta, sino también, científica, antropológica, política y económica; potente, sostenida e irreversible: El antropocentrismo se impondrá combativamente y por la polémica penetrante, ardiente y crispada en todo nivel y espacio, y vencerá, luego de devastadoras y feroces luchas y combates en todo ámbito, campo y tribuna. Aparecerán las Naciones-Estado; aparecerán nuevas religiones y nuevos líderes religiosos, ávidos de poder y de dominio de conciencias; emergerán los grandes comerciantes, inversionistas y capitalistas, sedientos de riquezas venidas del oriente y de otras latitudes allende el ignoto mar; la ciencia y la tecnología iniciarán impetuosa carrera que ya nadie podrá parar. Y el pensamiento elaborará Teoría Política que se adecuará a las nuevas necesidades de los nuevos tiempos, agitados y hambrientos de satisfacciones terrenales, antes que celestiales.


La institución de la Iglesia Católica había monopolizado y controlado la conducción de las conciencias, y de la ciencia y tecnología, contrarios a los intereses del Vaticano; había ahorcado al pensamiento contrario a los intereses eclesiásticos institucionales; había sometido a monarcas de todo tipo y nivel, para su propio provecho institucional; había acumulado inmensas riquezas y patrimonio de todo tipo, para su goce privado y ejercicio de su poder omnímodo; había sumado ejércitos y aliados criminales, para su defensa, control y eliminación de enemigos; y en su seno ‘sacrosanto’: anidaban asesinos, delincuentes, estafadores y enfermos mentales de la peor especie, depravados monstruos, enemigos de la humanidad; todo eso causó la náusea y el vómito universal, de las mejores mentes, sentimientos y voluntades, para un mundo mejor: la Reforma Religiosa, a sangre, hierro y fuego, y por siglos y en todo el orbe europeo.


Producto de todo ello, es que con mayor nitidez y brillo, se siente el peso sólido del antropocentrismo ya en el siglo XVII; con el sorprendente e imponente desarrollo de la matemática que había revelado los secretos celestiales: mostrando la maquinaria exacta que estaba sobre nuestras cabezas humanas, pedantes, ignorantes y fatuas. René Descartes imponía un nuevo credo universal, basado en la razón humana, antes que en la fe y el dogma engaña-tontos. La geometría y la física eran las nuevas herramientas para conocer mejor el mundo terrenal, --en forma exacta y precisa y descubrir sus misterios, y aprovecharlo en provecho humano--, ya no más: la biblia, ni las bendiciones papales u obispales o cardenalicias para caminar acertado en este mundo terreno.


Revolución, revolución y más revolución: del pensamiento, de la ciencia y de la economía; el mundo cambiaría para siempre en forma absoluta e irreversible, el nuevo Dios ya no estaba en los cielos, ni lo conocerías a través de la fe y el dogma; el nuevo Dios estaba en la tierra y es el HOMBRE y se perfeccionaría a través de la razón: Renacimiento, antropocentrismo y reforma religiosa.


El comerciante, el inversionista y capitalista europeo de la época, no tenía patria, ni Estado, ni nación, porque recién se formarían las Naciones-Estados, racionales y modernas, por lo tanto: el capitalismo nace entonces, apátrida y ateo y cruel, y ese es su signo y destino hasta la fecha. El capitalista en general, --en estos tiempos de origen primevo, del tantas veces mencionado capitalismo--, se vio libre de la todopoderosa y celosa y temible Iglesia Católica, también se vio libre de monarcas y señores feudales que fueron destruyéndose y eliminándose entre sí, configurándose nuevas demarcaciones que los favorecerían. La ciencia y la tecnología estarían al servicio del capitalista para poder incrementar su poder y riquezas, y el pensamiento político amigo: les brindaría las justificaciones para que puedan hacerse de los gobiernos, estados y regímenes políticos a su servicio y dominio: el Liberalismo político.


Demás está agregar que: el Liberalismo Político (John Locke y otros) apelaría a la estafa de los ‘Derechos Naturales’ y de la ciudadanía (mencionarían la ‘felicidad’ pero en forma hipócrita y falaz y formal), para darle el marco jurídico-constitucional, o el blindaje legal y político a los nuevos amos del mundo: los capitalistas.


El capitalista necesitaba nuevos DERECHOS y nuevos FUEROS POLÍTICOS que lo empoderen, ante cualquier competidor o poder externo a su dominio y esfera de acción, es decir, el capitalista necesitaba SUS DERECHOS y SUS FUEROS POLÍTICOS, y eso se lo brindaría teóricamente la filosofía política liberal para justificar su accionar abusivo. Por lo tanto: la ‘FELICIDAD’ del ser humano era el enemigo mortal y frontal del liberalismo político, ya que para el capitalista y para el capitalismo: solo contaba con sus DERECHOS y sus FUEROS POLÍTICOS para la defensa de su persona individualmente, y su patrimonio.


Y el rechazo brutal del liberalismo contra la FELICIDAD HUMANA UNIVERSAL, se entiende toda vez que: solamente podía ser feliz el CAPITALISTA individualmente, que explotaba al ignorante, al obrero, al campesino y al ESCLAVO, y la felicidad no podía ser extendida universalmente --o erga hommes--, ni al obrero, ni al campesino, ni menos al ESCLAVO que le allegaba riquezas abundantes y gratuitas al mencionado explotador capitalista. Si el capitalista brindaba felicidad al ESCLAVO o al obrero o campesino, pues simplemente el capitalista desaparecía y/o caía en desgracia, así de simple y de sencillo; por lo tanto la guerra estaba declarada y abierta, y el engaño, la estafa y la demagogia política será la herramienta principal y cardinal para defender los intereses del capitalismo, tantas veces mencionado.


Ahora, con lo arriba explicado, es más fácil entender la hipocresía, estafa, demagogia y bulo de los ‘DERECHOS NATURALES’ inalienables e imprescriptibles del hombre y del ciudadano que desarrolla Locke y otros pensadores liberales (pro-capitalistas) y que se recoge en muchas cartas magnas y constituciones políticas republicanas subsiguientes al siglo XVII, repetimos: hipocresía, estafa, demagogia y bulo, porque si bien, se defendían teóricamente los ‘DERECHOS NATURALES’ inalienables e imprescriptibles del hombre y del ciudadano, sin embargo, se mantenía y se mantuvo, oficialmente por dichos estados republicanos: el odioso, inhumano, brutal e insoportable ESCLAVISMO; no sólo en las colonias inglesas, sino en muchas Repúblicas que asumieron constitucionalmente los ‘DERECHOS NATURALES’ inalienables e imprescriptibles del hombre y del ciudadano. En el Perú fue así desde la fundación de la primera República en 1821, por eso, es que denominamos: REPÚBLICA PLUTOCRÁTICA Y ESCLAVISTA al liberalismo político de John Locke y los liberales de esa época, porque en términos reales y concretos, el capitalismo hablaba de libertades y derechos, sin embargo, mantenía la esclavitud y con la esclavitud se enriquecía inhumanamente.


Ahora podemos entender claramente, porque Marsilio de Padua, Nicolás Maquiavelo y Thomas Hobbes fueron perseguidos, odiados y difamados en su respectiva centuria, (Iglesia Católica incluida), y los capitalistas tras bastidores. Es que Marsilio, Maquiavelo y Hobbes pregonaban en sus teoría políticas la secular y civil autoridad central fuerte (San Agustín del mismo modo) y precisamente: el capitalista odiaba toda autoridad central fuerte que lo pudiese controlar y regular y fiscalizar, por eso es que el capitalista astutamente da creación y poder al PARLAMENTO para tener otra fuerza política legal y constitucional suya, que se oponga al poder ejecutivo o poder central fuerte. Además de eso: Marsilio, Maquiavelo y Hobbes se preocupan y filosofan sobre la FELICIDAD UNIVERSAL en términos esenciales (los liberales mencionan la felicidad: pero de soslayo y formalmente, y para el plano jurídico) y eso no le convenía ni le conviene al capitalista que solamente piensa en su felicidad INDIVIDUAL y no colectiva.


Hobbes, un hombre de pensamiento moderno y racional, sentó cátedra de filosofía política: al indicar sabiamente, que el hombre busca continuamente su prosperidad o felicidad terrenal y eso le daba placer, al que nunca va a renunciar, por lo tanto, los gobiernos civiles tienen que atender a esa firme y eterna propensión humana de todos los tiempos: La FELICIDAD. Aquí tenemos al espíritu vivo de Aristóteles nuevamente, en sana doctrina política.


La FELICIDAD como tema vital y clave de la filosofía política moderna, como tema de contenido cardinal y central, fijado por Hobbes, con sabiduría, con orden original y con racionalidad brillante: esto es lo que causará la preocupación y el odio del pensamiento liberal (y del capitalismo) y Locke atacará frontalmente a su paisano Hobbes tal como está debidamente documentado. El ‘Leviatán’ será y es, la obra más brillante, profunda y esencial del pensamiento político de todos los tiempos.


Trescientos años antes que el inglés Hobbes, el heterodoxo Marsilio de Padua ya se había enfrentado contra la Iglesia Católica todopoderosa y temible, ya había filosofado con sabiduría, y capacidad visionaria excepcional, al recomendar: la autoridad civil fuerte, que imponga sanciones, toda vez que la felicidad humana debe ser la preocupación de los gobiernos.


Marsilio de Padua cayó en desgracia y fue perseguido por la Iglesia Católica y su obra ‘Defensor Pacis’ proscrita y maldita; en su momento Hobbes fue difamado y atacado acerbamente por sus enemigos como ateo, y en su evo: Nicolás Maquiavelo también sufriría persecución y destierro.


Maquiavelo fue difamado por siglos, pero lo que no se dice, es que el padre de la ciencia política fue un ferviente republicano, y que pugnaba por la felicidad y el bienestar común. Las recomendaciones maquiavelianas de su tiempo, se referían a la situación de crisis y de anarquía de la Italia que él conoció y vivió: por eso mismo, con la lucidez y la profundidad y penetración de su análisis, sentó la tesis comprobable, de que los seres humanos somos a menudo DEMASIADO TONTOS para luchar y pelear por nuestro propio interés, aunque sea nuestro deber. Hobbes sistematizará en su obra inmortal, las sabias enseñanzas del célebre florentino.


Maquiavelo también aboga por la autoridad central fuerte, que ayude a los hombres buenos y activos, a lograr alcanzar lo que buscan para su felicidad; recomendaba la autoridad central fuerte para aplastar a los revoltosos y anárquicos, como para frenar las ambiciones políticas de la Iglesia Católica de su tiempo. Maquiavelo también acompaña teóricamente a Marsilio de Padua en el ataque contra  la Iglesia Católica por su ambición y desorden inducido.


El reconocido investigador de ciencias sociales de la universidad de Liverpool Charles Vereker expone sistemáticamente varios temas básicos de la Teoría Política, y de donde extraemos éstas citas que abonan la tesis que hemos elaborado ut supra:


“Nos dice Hobbes que ‘el éxito continuo en la obtención de aquellas cosas que un hombre desea de tiempo en tiempo, es decir, su continua prosperidad, es lo que los hombres llaman FELICIDAD. Me refiero a la felicidad en esta vida; en efecto, no hay cosa que dé perpetua tranquilidad a la mente mientras vivamos aquí abajo, porque la vida raras veces es otra cosa que movimiento, y no puede darse sin deseo y sin temor, como no puede existir sin sensaciones.’ Estas palabras no son una descripción del proceso de la vida; si usamos el término ‘felicidad’ para designar el segundo de los temas principales de las diversas teorías políticas que se desarrollaron después del Renacimiento, lo hacemos para destacar el hecho de que los sentimientos a que aludía Hobbes habían llegado a adquirir entonces un contenido político. Su afirmación de que el esquema del orden y las obligaciones civiles debe corresponderse con los atributos psicológicos de los seres humanos en su incansable búsqueda de la felicidad, ha tenido influencia creciente, y cada vez más difundida, en (pag. 172) el mundo moderno. (…) Pero muchas de las características de las teorías agrupadas bajo el rótulo de la felicidad hobbsiana pueden hallarse en pensadores y en tradiciones anteriores. Y su nueva ordenación constituyó su originalidad, e hizo del famoso tratado de Hobbes, el Leviatán, una de las obras maestras del pensamiento político.” (pag. 173)
(…)
“Además, un teórico medieval heterodoxo, Marsilio de Padua, destacó precisamente, tres siglos antes que Hobbes, el argumento voluntarista de que la justicia deriva de la voluntad del legislador, y que esta autoridad política es unitaria, civil y suprema en este mundo, sin suponer que sus ciudadanos sean otra cosa que buenos cristianos, y manteniendo también la creencia aristotélica de moda, según la cual la sociedad política era natural, no artificial.”
(…)
“En este mundo, según observó, las sanciones efectivas son las que impone el poder civil. La ley divina, en la cual aún creía, tenía jurisdicción tan amplia como podía dársela la esperanza en sus eventuales efectos futuros. Mientras tanto, sus pretensiones eran ideales y visionarias, y en la realidad sólo podían limitarse a fortificar el poder civil mediante el control de la conciencia de los ciudadanos, más allá del alcance de este último. En cuanto a la ley natural, en su ropaje tomista, Marsilio no tenía ubicación para ella. Mantenía la tendencia general del énfasis agustiniano en la preservación de la paz, pero fustigaba al papado del siglo XIV como principal perturbador del orden civil. No cabe sorprenderse de que su Defensor Pacis, concluido en 1324, fuese condenado por la Iglesia.” (pag. 175)
(…)
“Las ventajas que las doctrinas de la ley natural tenían para aquellos que permanecían dentro de la tradición moral del cristianismo no se ajustaban enteramente a las necesidades de los nuevos estados o de los nuevos humanistas. Quedaban sin resolver, teóricamente, cómo se comportarían los hedonistas divorciados del marco ético de una sociedad natural aristotélica. Si el resultado había de ser la armonía social o una confusión imposible, siguió siendo el tema principal de especulación durante tres siglos de meditaciones relativas a la felicidad.” (pag. 177)

“Marsilio fue condenado por herético, Hobbes no escapó al calificativo de ‘padre de los ateos’, y Maquiavelo, su más conocido expositor en el Renacimiento y el más penetrante escritor de la escuela, en muchos aspectos vio convertido su nombre en sinónimo de cínico y profana iniquidad”
(…)
“Maquiavelo, que fue un eminente ciudadano de Florencia a fines del siglo XV y principios del XVI, calculó mal sus posibilidades de éxito en aquella época turbulenta y pasó los últimos quince años de su vida alejado del poder y desterrado. (pag. 178) (…) Muy a menudo se olvida que, en un principio, Maquiavelo prefería una república a un gobierno despótico, y contemplaba retrospectivamente, con melancolía, la supuesta excelencia de la República Romana. Pero creía que su época andaba desbarajustada, que eran muy pocos los ciudadanos que deseaban cooperar genuinamente por el bien común, y que las perturbadas ciudades italianas de su tiempo necesitaban gobernantes fuertes, despiadados e independientes. Esto para él no era la perfección, pero dadas las circunstancias, resultaba mal menor. Del mismo modo, Maquiavelo hace una apreciación moral de la conducta de los hombres. Éstos son a menudo demasiado tontos para trabajar exitosamente por su propio interés, aunque ello fuera lo que debiesen hacer. Para Hobbes, siglo y medio después, estas mismas apreciaciones morales relativas se hicieron absolutas, normales y moralmente neutras. Tal era, para él, la situación humana permanente, de la cual sólo proporcionaba una descripción, y no un rasgo de los tiempos.”
“Maquiavelo consideraba al hombre como un ser anhelante que trata de satisfacer, a menudo sin éxito, sus apetitos en este mundo. Para lograrlo, necesita adaptarse a las circunstancias, cualesquiera que éstas sean; necesita tener aquello que Maquiavelo llamaba virtú, o reunir las cualidades de carácter requeridas para la empresa que se tiene entre manos. También necesita poder, es decir, los medios para alcanzar el éxito, que es cosa distinta de la disposición para luchar por él. Pero, en la mayoría de los casos, los hombres se ven desengañados y frustrados: el deseo es infinito; el poder, limitado; el equilibrio, difícil de lograr y más difícil aún de mantener. Esta falta de equilibrio, que a menudo resulta del (pag. 179) orgullo o de alguna perturbación emotiva que ofusca el juicio, desempeña el papel del pecado en esta versión secular de la vida buena o lograda. Así, al igual que San Agustín, Maquiavelo comprende la necesidad de un poder político central fuerte, que permita a los ciudadanos activos y voluntariosos alcanzar el logro de sus satisfacciones en la medida que las circunstancias cambiantes se lo faculten, protegidos por un sólido sistema de orden público.”
“Al igual que Marsilio, Maquiavelo considera a la Iglesia y al papado responsables de buena parte del descontento y del desorden político reinantes en su época. Inclusive va más allá y fustiga al mismo cristianismo por predicar la docilidad y la aceptación pasiva de los males y, también, por ‘inducirnos a menospreciar el valor de los honores y las posesiones de este mundo’.”
“Maquiavelo no contempla los bienes mundanos como fines en sí mismos, sino más bien como medios para el mantenimiento de ese equilibrio o de ese ajuste entre el hombre y las circunstancias cambiantes que constituyen un complejo desconocido de causas al cual él llama fortuna. Socialmente, el establecimiento de un poder secular central fuerte, capaz de controlar tanto a los individuos revoltosos como a una Iglesia que tenía intereses políticos, era el medio más importante para lograr tal fin. Él debía permitir a los ciudadanos dominar las circunstancias de manera más segura, más rápida, y con mayores esperanzas para el futuro.” (pag. 180)
(…)
“Fue Hobbes quien produjo, a mediados del siglo XVIII, la formulación clásica de este tema. Pues Hobbes no sólo universalizó la situación que Maquiavelo había considerado como eventual necesidad de una época perturbada, sino que también expuso rigurosamente los supuestos implícitos en la psicología de Maquiavelo, eliminó todos los juicios morales incongruentes y presentó un cuadro sin ornamentos del hombre natural como un ser en perpetua búsqueda de satisfacciones fugitivas y de ese precario equilibrio entre el carácter y las condiciones que Hobbes llama felicidad.” (pag. 181), ‘Capítulo IV. La Felicidad’ en ‘El Desarrollo de la Teoría Política’, editorial Universitaria de Buenos Aires EUDEBA, versión castellana por Néstor Míguez, Argentina, 349 pags., 1961.


Deviene en fundamental, establecer el momento de quiebre de la filosofía política moderna y racional: entre los que defienden al individuo ambicioso, apátrida y perverso, versus, el pensamiento preocupado por la felicidad humana universal, y los hitos se hallan en el pensamiento político de Nicolás Maquiavelo, Thomas Hobbes y Marsilio de Padua: pensadores de la autoridad central fuerte y efectiva y de la felicidad humana universal, ya está establecido que estos poderosos pensadores políticos fueron odiados por los grupos de poder fáctico de su centuria, y Hobbes: por los capitalistas de la “República plutocrática y esclavista” de Locke de su tiempo. La ‘Felicidad universal’ del ser humano es el ácido muriático teórico-político contra los pensadores políticos y económicos del liberalismo y capitalismo.


La Segunda República en el Perú, debe girar los ejes del pensamiento político y su accionar, sobre ese tema clave de la filosofía política: La FELICIDAD GENERAL, y denunciar a todas las teorías y postulados que se opongan a ella, al costo que fuere.

Lima, 13 de agosto del 2014

Jaime Del Castillo Jaramillo

Abogado egresado de la U.N.M.S.M. con más de 20 años de ejercicio profesional y cuenta con estudio jurídico abierto; politólogo con más de 20 años de ejercicio profesional; periodista, fundador y director del programa radial y televisivo ‘Yo, Sí Opino’ (censurado en TV y cerrado cinco veces en radio); Maestría en Ciencia Política con la tesis “Pensamiento Político peruano insuficiente y epidérmico causa de nuestro subdesarrollo político”; Post Grado internacional en Ciencia Política otorgado por la UCES – Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales de Buenos Aires-Argentina graduado con la tesis: “Crisis terminal de los Partidos Políticos en el Perú”; catedrático universitario de ‘Historia del Pensamiento Político”, “Filosofía Política”, “Metodología de la investigación en Ciencia Política”, “Realidad Nacional”; “Análisis Político”, “Ciencia Política”, etc.; blogger, comunicador social, articulista y conferencista.
Fundador, ideólogo y Presidente de “Foro Republicano”
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