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jueves, 6 de octubre de 2016

Improvisación y tecnología se unieron fértilmente con y para el Jazz. Fonógrafo y radio, fueron poderosas herramientas para posicionar el Jazz y Beiderbecke fue el más favorecido. Historia del Jazz. Parte XIX



Improvisación y tecnología se unieron fértilmente con y para el Jazz

Fonógrafo y radio, fueron poderosas herramientas para posicionar el Jazz y Beiderbecke fue el más favorecido. Historia del Jazz. Parte XIX



Por:    Jaime Del Castillo Jaramillo







 El Jazz nace en Nueva Orleans, luego se traslada a Chicago y posteriormente, se anida indefinidamente en Nueva York. Estas fueron las grandes capitales del Jazz y en diferentes momentos históricos y musicales, sin desmerecer, las distintas ciudades y Estados, donde se desarrolló muy aparentemente el Jazz.


Ya quedó escrito con letras de oro, en la historia del primer Jazz, la importancia cardinal del poderoso río Mississippi, que cual vital vena aorta, transmitía arte, creatividad y música, de un punto a otro en la red de sus orillas y puertos, regando de alegría, genio, música y belleza, las raíces de blues y siempre río arriba, a través de sus legendarios barcos (riverboats) y hasta el extremo puerto fluvial, luego en tren, hasta su segunda placenta: la poderosa ciudad de Chicago.





En verdad de verdades, el Jazz es movimiento y por lo tanto, nunca estuvo quieto, siempre estuvo moviéndose, tanto en el plano espiritual, como artístico, como técnico y también geográficamente; siempre en movimiento, esa es su esencia. Pero no podemos negar que, la diosa fortuna, le dio mucha suerte en su proceso. El inquieto y siempre disconforme genio fértil y creativo del blues y el jazz, encontró un compadre, muy oportuno, idóneo y eficaz para sus fines: El fonógrafo.



El genio y la vena creativa del jazz de Nueva Orleans, encontró la herramienta que necesitaba para posicionarse y mostrarse y consolidarse, como los maestros músicos indiscutibles del género: el fonógrafo.



El fonógrafo, causó un poderoso impacto social, cultural y musical, sin precedentes; tanto fue así, que para el año de 1909, se construyeron en la tierra de Abraham Lincoln, gran cantidad de cilindros fonográficos, por un valor que superaba en mucho a 12 millones de dólares y estamos hablando de cifras de ventas al por mayor; no solamente eso, una década después, las ventas se dispararon hasta el 400%, con respecto a las ganancias del año 1909 antes mencionadas, lográndose fácilmente acumular la sorprendente suma de 47’8 millones de dólares.




Obviamente, la difusión y adquisición masiva de los fonógrafos, a todo lo largo y ancho de la nación americana, interesó, promovió y alentó a los músicos de blues y jazz, a crear y a crear y a ser buenos, excelentes y excepcionales en su arte, a fin de poder ser convocados y fichados y contratados, por las florecientes industrias disqueras y llegar así, a grabar sus novedosos temas; las grabaciones de blues y jazz entonces, aumentaron y crecieron y se reprodujeron, como nunca antes se había visto.



Nunca olvidemos, que el gran salto que dio el venerable y pionero ragtime, se debió a la invención y difusión masiva de las pianolas y simultáneamente, a la impresión y reproducción masiva de las partituras musicales, tal como lo detallé en otro envío sobre la materia; poco tiempo después y de la misma forma, la ciencia y la técnica le dieron la mano al blues y al jazz, imprimiéndole otro poderoso salto cualitativo y cultural, efectivo y eficiente, con el popular  fonógrafo; y ahí no quedó la cosa, en lo venidero, la imparable ciencia y tecnología, volvió a darle otra ola más poderosa y más grande a la música norteamericana, sobre todo en era del swing y fue a través de las etéreas ondas hertzianas. No lo olvidemos nunca: siempre que aparece nueva tecnología aparece también gustos nuevos en la sociedad.




La Gran Depresión de los terribles años 30’ del siglo pasado, trajo cambios de todo tipo y calibre y calidad, por ejemplo, el gran público cambió su gusto por el fonógrafo y se aficionó grandemente por las transmisiones de radio. Tanto fue así que, en los años 30’, la radio era la emperadora y la dictadora de masivos gustos musicales, era la gran tirana e incubadora y hacedora y creadora de estrellas de y para las multitudes; la radio hechizó a toda una nación, que pedía y quería y exigía música en vivo y en directo y de esa forma, la gran tirana radial, dictaba y ordenaba los gustos musicales del gran público nacional.



‘Bix’ Beiderbecke o Leon Bismark Beiderbecke, (10/3/1903, Davenport, Iowa – 6/8/1931, Sunnyside, Nueva York), fue el músico de jazz, que más  provecho sacó de la tecnología aplicada a la música; fue el famoso gramófono Columbia, el que ingresó al hogar de los Beiderbecke para 1918, cuando residían en la ciudad rodeada de inmensos campos de maíz, Davenport, puerto obligado para los barcos fluviales y que se encontraba a 1,600 klms., de la capital del Jazz: Nueva Orleans.




Los Beiderbecke de Davenport, eran reconocida familia musical, ya que a finales del siglo XIX, el abuelo de Bix, fue director de la sociedad coral Deutsch-Amerikanische. No había antecedentes de música blues, ni nada que tenga que ver con el Jazz, en el entorno de vida del pequeño Bix en su Davenport, hasta que su hermano mayor Charles, regresó a la casa familiar luego de servir a EE.UU., en la IGM y con él, llegó el fonógrafo con discos del momento, incluyendo las populares placas de la Original Dixieland Jazz Band.




Nick LaRocca (11/4/1889, Nueva Orleans, Luisiana – 22/2/1961, Nueva Orleans), quien fuera destacado compositor y trompetista, crearía su primera banda, en su ciudad natal Nueva Orleans para 1910, luego tocaría con el juvenil trombonista George Brunis (6/2/1902 – 19/11/1974) y después con la banda de Papa Jack Laine o George Vital, quien fuera  baterista y contrabajista, también de Nueva Orleans, (21/9/1873 – Jackson, Luisiana, 1/6/1966); Nick LaRocca fue el valioso trompetista de la Original Dixieland Jazz Band, quien ejerció una fuerte y profunda influencia musical sobre el infante Bix.




Cuando el niño Bix anunció a  sus padres, su pretensión de querer convertirse en trompetista de jazz, sus progenitores no lo podían creer y no podían salir de su asombro, ya que Bix venía estudiando piano en calidad de niño precoz, porque para 1910 el diario Davenport Chronicle publicó sendo artículo acerca del niño músico Beiderbecke, donde se informaba que con escasos siete años de edad “es capaz de tocar de oído al piano cualquier pieza que oiga”.



Como es fácil colegir, Bix era un fenómeno de precocidad musical, por lo tanto, la trompeta la dominó con suma facilidad, aprovechando el oído absoluto musical que poseía, pero al igual que el mismo Nick LaRocca  y otros muchos músicos, Bix usó su oído absoluto para no hacer los estudios formales de trompeta, es más, el gran Beiderbecke nunca leyó música con fluidez.




Beiderbecke en verdad de verdades, fue indisciplinado y caprichoso, por eso fue que con otros músicos libertinos, formó su primera agrupación musical denominada los Wolverines, todos amateurs y desconocidos por cierto, quienes tenían como modelo a los New Orleans Rhythm Kings; sus primeras presentaciones fueron en locales pueblerinos donde cogieron cierta fama, fama que por cierto, nunca lograrían en las consagradas capitales del Jazz del momento.



Como no podía ser de otro modo, Bix era el que más destacaba en su grupo musical, sus notas musicales plenas, redondas, brillantes y bellas, le granjearon muchos admiradores, como por ejemplo, el mismo Louis Armstrong, quien lo escuchó en cierta presentación de Bix en Chicago, en la mitad los dorados años veinte y Pops se expresó así: “Tal como lo digo: esas notas tan bonitas me llegaban adentro”.





Culminando el año de 1924, Bix abandona a los Wolverines, --quienes ya habían tocado en Nueva York--, y se dedicó a tocar como solista y para cualquier agrupación, --y hasta el terrible año de 1929--. Precisamente es en ese período, que emerge el conocido “jazz de Chicago” y en general, la moda jazzística se flexionaba hacia la improvisación como tendencia muy común  y por lo tanto, el alabado estilo de Beiderbecke encajó perfectamente en la nueva corriente jazzística antes descrita y que para muchos sería y es, el jazz propiamente dicho.

(Fin de la décimonovena parte)


Lima, 06  de octubre del 2016

Jaime Del Castillo Jaramillo

Abogado egresado de la U.N.M.S.M. con más de 25 años de ejercicio profesional y cuenta con estudio jurídico abierto; politólogo con más de 20 años de ejercicio profesional; periodista, fundador y director del programa radial y televisivo ‘Yo, Sí Opino’ (censurado en TV y cerrado cinco veces en radio); Maestría en Ciencia Política con la tesis “Pensamiento Político peruano insuficiente y epidérmico causa de nuestro subdesarrollo político”; Post Grado internacional en Ciencia Política otorgado por la UCES – Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales de Buenos Aires-Argentina graduado con la tesis: “Crisis terminal de los Partidos Políticos en el Perú”; catedrático universitario de ‘Historia del Pensamiento Político”, “Filosofía Política”, “Metodología de la investigación en Ciencia Política”, “Realidad Nacional”; “Análisis Político”, “Ciencia Política”, etc.; blogger, comunicador social, articulista y conferencista.
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