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domingo, 12 de octubre de 2014

Socialismo y Marxismo traicionaron al movimiento obrero desde los orígenes, el Anarquismo tuvo razón histórica y fue el verdadero enemigo letal del capitalismo: Socialismo Parlamentario siempre fue y será aliado del capitalismo o liberalismo o neoliberalismo
















SOCIALISMO Y MARXISMO TRAICIONARON AL MOVIMIENTO OBRERO DESDE LOS ORÍGENES, EL ANARQUISMO TUVO RAZÓN HISTÓRICA Y FUE EL VERDADERO ENEMIGO LETAL DEL CAPITALISMO: SOCIALISMO PARLAMENTARIO SIEMPRE FUE Y SERÁ ALIADO DEL CAPITALISMO O LIBERALISMO O NEOLIBERALISMO



En el siglo XIX y por legítima y auténtica paternidad del capitalismo industrial, hace su entrada el nuevo actor social, económico y político: El proletariado, que no es otra cosa, que el producto y criatura del capitalismo industrial, --como hemos dicho--, en su fase agresiva, impetuosa, dominante e imponente.


Recordemos lo que dijo Jean-Charles-Leonard Simonde de Sismondi (1773-1842; célebre y respetado historiador, reconocido literato y genial e innovador economista suizo) sobre el proletariado:

“El cambio fundamental que ha sobrevenido en la sociedad, en el seno de la lucha universal creada por la concurrencia y como resultado inmediato de su lucha, es la introducción, entre las condiciones humanas, del proletario, cuyo nombre, tomado de los romanos, es antiguo, pero cuya existencia es completamente nueva. Los proletarios eran, en la República romana, los hombres sin bienes que no pagaban el censo y que no estaban vinculados a la patria más que por la primogenitura (proles) que le daban; al igual que nosotros, los romanos habían observado que son quienes no poseen nada los que tienen familias más numerosas, ya que no les produce ninguna inquietud criarlas. Además, el proletariado romano no trabajaba, puesto que, en una sociedad que admite la esclavitud, el trabajo es deshonroso para los hombres libres; vivían casi por completo a costa de la sociedad, de la distribución de víveres que hacía la República. Casi podría decirse que la sociedad moderna vive a costa del proletariado, de la parte que le quita de la recompensa del trabajo. En efecto, según el orden que tiende a implantar la crematística, debe cargarse al proletario con todo el trabajo de la sociedad, permaneciendo ajeno a toda propiedad, viviendo sólo de su salario.” (Sismondi, ‘Estudios sobre Economía Política’, 1836)


El proletariado se organiza, debido a la grave, perversa e inhumana explotación de que eran víctimas, por parte de los dominantes, impíos y avaros capitalistas industriales. Los proletarios no tenían protección alguna, y si ellos mismos no se defendían, nadie lo haría por ellos, el Estado Liberal o Neoliberal tiene como objetivo principal cuidar los intereses del capitalismo y negar o suprimir u obstruir cualquier beneficio a favor de los trabajadores o de otro segmento social que no sea útil al capitalismo directamente. Con esas condiciones y situaciones históricas científicamente probadas, pues, obviamente, y como no podía ser de otra manera, la clase media, --(obstáculo contra todo poder abusivo y mediocre, siempre, y en toda sociedad civilizada occidental)--, con sus intelectuales, fueron los que observaron tamaña situación injusta, odiosa e inhumana por parte del capitalismo industrial, y la racionalizaron, sistematizaron y denunciaron, en sus diferentes aspectos, y proyecciones, en la primera mitad del siglo XIX; y toda esa producción intelectual, fue llamada: por oposición o por reacción contra el liberalismo ideológico perverso, y contra el capitalismo opresor y explotador: Socialismo.


El socialismo no era otra cosa, que la crítica intelectual, literaria y/o razonada, en contra de la insoportable situación laboral, social, política y económica, creada, promovida, mantenida y defendida por el capitalismo industrial, en contra de los, y sus trabajadores, los mismos, que les generaban riqueza, confort y poder; y, si bien es cierto, que se insufló influencias románticas y religiosas, e inclusive hasta novedosas posiciones de vida mística y laboral en esta literatura socialista, no eran menos ciertas sus posturas críticas, de denuncia y de rechazo a la situación laboral, económica, política y social impuesta, y por demás dominante, por parte del Liberalismo ideológico, imperante culturalmente, y de su Estado republicano democrático capitalista. Fueron los trabajadores organizados, quienes hicieron carne y sangre dicha literatura socialista y la mutaron en posición ideológica y política.


Recordemos, por ejemplo, al parisino Claude-Henri de Rouvroy, Conde de Saint-Simon (1760 -1825), legendario filósofo y teórico social, el típico sabio ilustrado creativo, algunos lo consideran: el primer teórico de la sociedad industrial,  atribuyéndosele el título de fundador del socialismo francés; incluso, algunos también lo nominan: como el iniciador del Socialismo, es autor de una obra voluminosa sobre economía.


Saint-Simon, fue un revolucionario, más que, o nada utópico, --a pesar de ser aristócrata--, vivió el hervor social, cultural y político, de la incomparable, sangrienta y paradigmática revolución francesa; luchó a favor de la patrimonialista revolución estadounidense; y sufrió la inhumana y demoledora primera industrialización capitalista, la misma que demolió la dignidad y proyección de la persona humana no capitalista, perjudicando y trozando vivo impíamente al ciudadano trabajador o proletario de su ‘Estado Liberal’. El gran teórico social Saint Simon, también fue el mentor de Auguste Comte, luego reconocido como el ‘padre de la sociología’, --la conocida teoría de los tres estadios comtiana, surgió de aquella influencia directa--,  y mentor también del historiador Auguste Thierry; probado está que Saint-Simon fue muy influyente sobre los primeros socialistas, asimismo influyó en la sociología sistemática y paradigmática de Auguste Comte, --como se ha dicho--; se evidencia su influencia en los escritos del británico John Stuart Mill; así como sobre el galo Luis Napoleón. Evidente y ostensiblemente influenció, al mismo joven Carlos Marx, ya que las pretensiones científicas sociológicas románticas, serán compartidas tanto por el filósofo galo como por el filósofo germano bajo comentarios; también la fe en la tecnología capitalista, fue sentir conjunto de Marx y Saint Simon.


Saint Simon creía en la sociedad con desarrollo industrial musculoso, con gobernantes sabios, esclarecidos juristas, expertos banqueros y trejos empresarios o capitalistas al mando, pero respetando normas morales, y protegiendo y ayudando a las clases más débiles o desposeídas. Es decir, la tesis del ‘capitalista bueno’ saintsimoniana: Tesis que nunca se ha verificado, hasta la fecha, el capitalismo es capitalismo porque no ayuda a nadie, salvo a los negocios del capitalista. Y eso está probado y comprobado hasta la fecha. El reconocido optimismo y buena fé de Saint Simon, no cambiaría la esencia perversa y avariciosa del capitalismo. Su gran objetivo romántico, fue reorganizar la sociedad científicamente y con la industria centralmente (no veía con buenos ojos al comercio), a fin de lograr la sociedad sin clases, con doctrina de renovación ético-religiosa, eso es lo que se evidencia en su libro “El Nuevo Cristianismo”  de 1825.


En cuanto al francés Francois Maria Charles Fourier (1772-1837) tenemos al teórico de una nueva sociedad cooperativa de producción, o falansterios (Comunidades), --considerado por ello el ‘padre del cooperativismo’--. Fourier fue frontal opositor contra el capitalismo y la industrialización, tampoco creía en el matrimonio y la monogamia, creía en la economía cooperativa integral y autosuficiente, que promueva las pasiones individuales y su despliegue, que generarían a la larga: la armonía; por ello y para ello, planteaba la igualdad de género entre hombres y mujeres, y sus ideas se concretaron en las comunidades de ‘Utopía’ en Ohio, ‘La Reunión’ de Texas, y ‘La Falange Norteamericana’ establecida en New Jersey, todas en los Estados Unidos, a la mitad del siglo XIX. La cooperativa más famosa que promovió Fourier fue la Coopérative des bijoutiers (Cooperativa de los joyeros) en Doré, y está probado que Fourier románticamente, buscaba convencer a los capitalistas para que inyectasen recursos necesarios, a fin que se construyan y puedan funcionar sus Falansterios o cooperativas, y así, lograr la justicia y equidad laboral, social y económica, pero, ningún capitalista apostó por ello, por razones obvias: las tesis saintsimonianas, iban en contra de los intereses capitalistas esenciales.


Por su lado, el francés Etienne Cabet (1788-1856)  fue teórico político, y se inspiró en Tomas Moro, escribiendo en 1840 su famosa obra ‘Viaje a Icaria’, donde describe un mundo utópico, en el cual primaba la propiedad colectiva, y la fraternidad entre los hombres, es decir, describe literariamente la sociedad comunista utópica.  De ahí se deriva el movimiento icariano, integrado por emigrantes que viajaron a Estados Unidos, para fundar una nueva sociedad basada en estas ideas, para ello, Cabet había comprado tierras en Texas, pero fracasó su proyecto. Cabet era abogado, pero sus enemigos los borbones, le prohibieron ejercer su profesión, y observando que las insurrecciones no tenían resultado positivo, es que crea el proyecto de una nueva sociedad o movimiento icariano, declarándose comunista-demócrata y sosteniendo que, la verdadera y completa democracia, era el comunismo, donde no exista ni la propiedad privada ni el dinero.


El teórico político británico Robert Owen (1771-1858) era un reconocido, antiguo y exitoso empresario, considerado el padre del cooperativismo inglés, y se preocupó en mejorar las condiciones laborales y sociales del trabajador, para ello en 1825 adquirió la Comunidad de Harmony en Indiana, estableciéndola como "New Harmony"; este proyecto fracasó, y se deshizo finalmente de la infraestructura e instalaciones, en 1828.


Robert Owen defendía el cooperativismo de producción y de distribución. Quería sustituir el sistema capitalista por otro más justo, donde los obreros dirigiesen un sistema económico cooperativo, que fuese más rentable que el capitalismo industrial. Sus ideas fueron escuchadas, ya que en 1832, se verificaron aproximadamente 500 cooperativas que empleaban a 20,000 trabajadores.


El francés Louis Jean Joseph Charles Blanc (1811-1882) fue político e historiador. En su juventud, asumió las ideas saintsimonianas, y preocupado por la injusta situación de los trabajadores, se dedicó al periodismo crítico y de denuncia. Y para 1839, publicó su célebre obra ‘La organización del trabajo’, que fue muy influyente en su tiempo: Ahí proponía, las empresas estatales y las empresas obreras, atribuyendo a la presión de la competencia económica, la causa de todos los males sociales, comenzando por la pobreza de los trabajadores. Exigía la igualdad de los salarios, sentando la famosa frase: “A cada uno según sus necesidades, de cada uno según sus facultades”, frase que procedía en verdad de verdades, de Saint Simon. El célebre político Louis Blanc planteaba como alternativa de solución, en oposición al capitalismo: los ‘Talleres sociales de trabajo’ donde habría intereses cooperativos y sindicales combinados. En 1848 fue parte del gobierno provisional de la Revolución Francesa de ese año, y preside la comisión gubernamental para los trabajadores, que se estableció en el Palacio de Luxemburgo.


El alemán Carl Marx (1818-1883) fue el más importante pensador socialista, en el siglo XIX, quien con Federico Engels (1820-1895) escribieron muchas obras que se convirtieron en la ‘biblia’ del socialismo universal. El pensamiento básico marxista es que: el trabajo del hombre es el único que crea riqueza, por lo tanto, esta riqueza debe quedar en las manos del obrero que la produce.


Específicamente dijo Marx, que:

“El obrero se empobrece tanto más cuanto más riqueza produce, cuanto más aumenta su producción en extensión y en poder. El obrero se convierte en una mercancía tanto más barata cuanto más mercancía crea”. (Carlos Marx en Gouache de Schaumann. Manifiesto comunista, Praga).


Tesis marxista totalmente equivocada por cierto, ya que la riqueza que produce el obrero, sin los medios de producción, es imposible crearla o producirla a gran escala, comerciarla a gran escala y distribuirla a gran escala. La mano de obra sola y nuda, no es suficiente, evidentemente. Es más, Henry Ford y su industria de automóviles en los Estados Unidos, a comienzos del siglo XX, se encargó de desmentir esta errada y sesgada teoría marxista.


Marx, también se equivocó rotundamente, cuando planteó que, el capitalismo llevaba en sí mismo los gérmenes de su propia destrucción, y que la esperada revolución obrera llevaría a una sociedad justa y libre, en la que cada ciudadano aportaría en función de sus posibilidades y recibiría de acuerdo con sus necesidades. Lo cierto es que, la revolución proletaria nunca se verificó en los países desarrollados y portaestandartes del capitalismo industrial, tal como lo sostenía y planteaba la teoría marxista, por lo tanto el capitalismo NO ‘lleva en sí mismo los gérmenes de su propia destrucción’ así de sencillo y de fácil, y ahora en el siglo XXI, lo podemos comprobar en el día a día. Marx fue otro literato romántico más, tal como los socialistas utópicos que él mismo criticó, la historia y la ciencia de la economía lo comprueban amplia y palmariamente.


Recordemos lo que escribieron Marx y Engels en el célebre ‘Manifiesto Comunista’ de 1848:

“La historia de la sociedad hasta nuestros días no ha sido sino la historia de la lucha de clases.
Hombres libres y esclavos, patricios y plebeyos, nobles y siervos, maestros artesanos y jornaleros, en una palabra, opresores y oprimidos, en lucha constante.
La sociedad burguesa moderna, levantada sobre las ruinas de la sociedad feudal, no ha abolido los antagonismos de clase. El carácter distintivo de nuestra época, de la época de la burguesía, es haber multiplicado los antagonismos de clase. La sociedad se divide en dos grandes campos opuestos, en dos clases directamente enemigas: la burguesía y el proletariado.”



Lo que plantearon teórica, ideológica y erradamente Marx y Engels en una sesgada y torpe lectura de la historia, e inclusive, llamada petulantemente ‘Materialismo Histórico’, es una curiosa y original historia universal del odio, inestabilidad y  guerra permanente y fundamental, situación tal, que nunca hubiese podido permitir, o viabilizar o conseguir o lograr, el establecimiento y crecimiento de las civilizaciones, y de las grandes naciones, ni mucho menos, la erección y progreso de una nación modesta y común. Era y es, error garrafal teórico y científico-social, de interpretación de la historia universal por parte del marxismo. Max Weber se encargó de demostrar los grandes y graves errores de interpretación de la historia, por parte de Carlos Marx y Federico Engels, entre otros autores científico-sociales reputados y reconocidos hoy.


Lo cierto es, que los trabajadores o proletarios europeos, alimentados espiritual y culturalmente por las teorías de los intelectuales socialistas, o por la clase media esclarecida y progresista, se decidieron a luchar por su organización y defensa, premunidos de dichas teorías socialistas e ideas concretas a oponer contra el capitalismo explotador y expoliador e inhumano.


Las luchas fueron intensas, hasta que el capitalismo reconoció legalmente a las organizaciones obreras; y, para 1864, a propósito de la gran exposición universal industrial de Londres, los obreros franceses e ingleses, reuniéronse orgánicamente en dicha ciudad, creando la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT), o, más conocida como la Primera Internacional obrera, ahí estuvieron como fundadores y grandes rivales y líderes, el teórico socialista Carlos Marx, y al frente suyo, el ideólogo y político Miguel Bakunin, el legítimo ‘padre del anarquismo’. El objetivo de la Primera Internacional era ampliar la lucha contra el capitalismo industrial, en todo el mundo, siendo que la constitución del organismo obrero internacional, fue recibido con beneplácito por los trabajadores europeos, quienes empezaron a cotizar a favor de su gremio internacional, y así solventaron las huelgas, que provocaron el temor  y pánico de los gobiernos liberales y capitalistas de la época.


Las organizaciones obreras mundiales, en verdad de verdades, --y probado está--, fracasaron absolutamente, y sirvieron en y para la óptica económica y política opositora de los intereses capitalistas: mostrando y enseñando el oculto y eficaz camino, --y llave maestra--, para seguir dominando y sometiendo embozadamente a los trabajadores en el mundo, a través de los sindicatos y sus dirigentes y/o representantes venales, corruptos y traidores, --con meritorias excepciones, por cierto--. En verdad de verdades, fueron los marxistas, y esa izquierda dizque socialista, la que traicionó el camino revolucionario obrero, fueron los marxistas los que ilusionaron, engañaron y estafaron a los trabajadores mundialmente, ya que probado está en la historia, --hasta el hartazgo--, que los dirigentes y representantes y/o parlamentarios socialistas o marxistas, siempre negociaban con el capitalismo, y se sometieron a las reglas del juego del liberalismo y del capitalismo mundial; los marxistas o socialistas se echaron al Estado liberal “republicano parlamentario democrático capitalista”, fueron comprados, negociados, neutralizados y cooptados/captados para el sistema capitalista, tal como ahora se puede verificar con mucha mayor nitidez.


Pero a decir verdad, la Primera Internacional Obrera nació bicéfala, teórica e ideológicamente, --tal como lo adelantamos ut supra--, con dos grandes y poderosas corrientes políticas, toda vez que el ANARQUISMO fue una gran tendencia, posición e ideología, que disputaba al marxismo o socialismo, la dirección y conducción de la lucha obrera mundial. El capitalismo le tenía pánico y temía realmente al anarquismo, porque era radical y directo y frontal, en sus ataques concretos contra el capitalismo industrial y sus capitanes, y en forma efectiva y espectacular y letal, hasta llegar al terrorismo. Karl Marx y Bakunin eran los grandes generales de las dos corrientes encontradas, rivales y opositoras en la Primera Internacional Obrera.


Nunca olvidemos que fue el mismo Carlos Marx quien acusó con saña, traición y cobardía, a Miguel Bakunin de ser agente ruso capitalista; y mil calumnias más, por parte de los marxistas que odiaban mortalmente a Bakunin porque les disputaba en forma efectiva, masiva y racional, la conducción de la Primera Internacional Obrera. No olvidemos que Carlos Marx muchas veces conspiró con tenacidad, contra Bakunin para lograr su expulsión de la reciente organización obrera mundial prima. El anarquismo, tuvo la razón a la luz de la historia, en cuanto a su veracidad, consecuencia y decisión en la lucha contra el capitalismo explotador e injusto; el marxismo fue la estafa universal, en perjuicio del movimiento obrero universal; el marxismo nació errado, traicionero y traicionando, las justas luchas del sector proletario, aplastado por el capitalismo mundial.


Mijaíl Aleksándrovich Bakunin o Miguel Bakunin (1814-1876) fue el más trascendente e influyente anarquista ruso, considerado el ‘padre del anarquismo’, sostenía la tesis colectivista y el ateísmo, a pesar de provenir de noble cuna y familia. Fue militar de carrera, lo que le sirvió para saber plantear las estrategias materiales de ataque contra el capitalismo; también estudió filosofía, a profundidad. Y para 1842 ya estaba en Alemania codeándose con los jóvenes socialistas combatientes. Estuvo en su momento, en París, donde conoció a Proudhon y a George Sand y a otros revolucionarios de su tiempo. Luego vivió en Suiza comprometiéndose en las luchas socialistas, motivo de ello, su gobierno en Rusia, le ordenó regresar, y ante su desobediencia, le confiscaron sus bienes, y regresó a Paris con mayor ímpetu y fuego a luchar contra el sistema; ya era 1848, y al redactar un manifiesto contra Rusia, lo expulsaron de Francia. Estuvo en la insurrección de Dresde en 1849 y fue detenido y condenado a la pena de muerte, pero fue entregado a Rusia, donde lo confinaron a un campo de trabajo en Siberia. Escapó de su prisión y estuvo en Japón, EE.UU., Inglaterra y Suiza y siempre vinculado a sus seguidores.


Es cierto y probado, que socialistas o marxistas y al lado de los anarquistas estuvieron en la primera fila de la sangrienta lucha por la Comuna de París de 1871, fueron los trabajadores explotados y en miseria, los que lucharon en las calles y plazas, a sangre y fuego, para instaurar revolucionariamente la República de trabajadores. Fue en el contexto de la derrota francesa en la guerra franco-prusiana. La Comuna de París fracasó por su falta de preparación, y por la desesperación a que fue llevada la clase obrera o proletaria por el despiadado capitalismo, ya que pasaban hambre, deudas, desempleo; además, se aprovechó la circunstancia, que la Guardia Nacional estaba impaga, insatisfecha y derrotada, y se unió a los revolucionarios. Fue el 18 de marzo de 1871 en que el estallido social, popular y obrero, hizo huir al gobierno, convocóse a elecciones, y se eligió un Consejo General de la Comuna de París con poderes legislativos y ejecutivos, conformado por obreros y radicales miembros de la clase media: Declararon la separación de la Iglesia y el Estado, la prohibición de los trabajos nocturnos, los alquileres máximos, y otras medidas inmediatas, etc., pero no pudieron avanzar más a profundidad en los cambios y reformas sociales, por su corta existencia.


El estallido de la Comuna de París asustó a toda la Europa capitalista, y temían lo peor, pero como quiera que hubo mucha improvisación, voluntarismo y poca estrategia en la revolución popular, --tal como se ha comentado ut supra--, París quedó aislada, y sin el apoyo del resto de las ciudades francesas del interior. La reacción capitalista aprovechó esta demora, y enviaron 100,000 hombres fuertemente armados, a destrozar la Comuna de París al costo que fuere, y así lo hicieron, en siete días de masacre y matanza brutal y general: fusilaron a veinte mil revolucionarios en los primeros días, y luego ejecutaron a otros 10,000 insurrectos comuneros parisinos.


Esta luminosa, trágica y sangrienta lección de la historia, nunca la aprendieron los dogmáticos marxistas, ni menos el mismo Carlos Marx, quien testarudo, fatuo y fundamentalista, siguió pregonando sus tesis equivocadas, las mismas que ya fueron rechazadas, negadas y escupidas con sangre, fuego y muerte vesánica, por la misma Gran Historia, en el preciso contexto de la Comuna de París: toda una revolución violenta, atroz y feroz, donde fueron eliminados decenas de miles de obreros, revolucionarios y gente pobre, por parte del capitalismo agresivo, iracundo y asesino.


La Segunda Internacional Obrera, se organiza, pero con la intención premeditada, racional y estratégica, de no hacer revoluciones sangrientas y violentas, los marxistas o socialistas en verdad de verdades, se acobardaron y se acomodaron al sistema capitalista industrial soterradamente, ya sabían muy bien, que el capitalismo no andaba con juegos ni miramientos, e inmediatamente eliminaba sin piedad, sádica y vesánicamente y con su aparato legal de asesinato y represión, tal como lo demostró en la Comuna de París, por lo tanto, los marxistas o socialistas se convirtieron y/o devinieron, en convenidos y falsos revolucionarios, y solamente buscaron acomodarse al capitalismo, recibiendo su oro bajo mesa, y además las gollerías, granjerías y engreimientos legales y constitucionales que el capitalismo sabe dar, brindar, allegar y pagar a los traidores de las buenas causas populares.


En 1889 se funda la Segunda Internacional obrera, en la ciudad revolucionaria de París, y para evitar obstáculos, oposiciones y denuncias e incomodidades, los marxistas o socialistas se preocuparon muy bien, en expulsar a los ANARQUISTAS de esta segunda organización internacional obrera bajo comento, obviamente que los anarquistas, eran los únicos revolucionarios auténticos, letales y consecuentes, por la sagrada causa obrera internacional y en contra del capitalismo industrial.


No olvidemos, que fue directamente por los eficaces ataques del anarquismo, y sus sonados magnicidios y asesinatos, que en los EE.UU., nace el policía más tenaz, consecuente y profesional, en la persecución-represión de y contra los enemigos del capitalismo, tal y como fue el célebre Herbert Hoover, y posteriormente bajo sus cuidados nace: el FBI; y subsecuentemente la CIA, como aparatos eficaces y eficientes de represión y de persecución poderosa y estatal liberal, contra los que atenten contra el capitalismo norteamericano; no olvidemos los asesinatos y magnicidios en toda Europa, atribuidos al anarquismo contra los explotadores capitalistas; no olvidemos, que fueron los anarquistas los que precipitaron la Primera Guerra Mundial cuando asesinaron a un alto representante de la monarquía capitalista represiva y explotadora.


Los anarquistas, se llevaron el honor y la gloria, histórica y universal, en la real, directa, operativa y letal lucha contra el capitalismo mundial, los anarquistas vivían a salto de mata, perseguidos, odiados, escondidos y famélicos, luchando en el día a día y en las calles, por la justicia universal, mientras los marxistas y socialistas: comían pavo y faisán y caviar y bebían champagne fino en las mejores y lujosas mesas del capitalista, y a espaldas del pueblo, y de los parlamentos liberales europeos. (Rusia no cuenta, porque era un continente atrasado de campesinos ignorantes mayoritariamente, sin industrias relevantes, y con cultura inferior y monárquica) La traición marxista y socialista, se preocupó, se protegió y se blindó bien, de negociar con el capitalismo sin indeseables enemigos, o denunciantes opositores anarquistas incómodos, que les malogren el negocio de recibir el dinero y las prebendas del capitalismo dadivoso con los proditores, de y por la traición a la causa obrera.


Y no les fue mal, a los traidores marxistas o socialistas europeos, --(¿Quiénes, creen Uds., que los financiaron?)--, ya que crecieron en número, los partidos dizque socialistas u obreros; tuvieron diarios de amplia circulación; cooperativas, etc., por ejemplo en Alemania para 1912 tenían 110 parlamentarios; en Francia lograron fuerte sector electoral propio; en el Reino Unido y en España tampoco les fue mal electoralmente, sometidos ya, por cierto, al Parlamento liberal capitalista. Es más, tuvieron intelectuales dizque socialistas y marxistas que justificaban su proceder proditor y allanado al capitalismo: Eduard Bernstein (1850-1932) quien fue discípulo de Carlos Marx, y trabajó intelectualmente con Federico Engels, pero frontal y taxativamente afirmaba que las revoluciones violentas no servían de nada, y que todo lo lograrían con el calor y el amor de los parlamentos capitalistas liberales; recordemos que Bernstein fue además de político alemán, --de origen judío, como Carlos Marx y Lenin--, perteneciente al SPD o partido socialista alemán,  y considerado como el ‘padre del revisionismo’ y principal fundador de la socialdemocracia.


Así mismo fue el caso del marxista checoslovaco Karl Johann Kautsky (1854-1938) quien con toda desfachatez, afirmaba que se deben respetar las libertades democráticas liberales capitalistas, y que la única salida era la vía parlamentaria. Kautsky hizo estudios de historia y filosofía en la Universidad de Viena, y para 1875 se convirtió en miembro del Partido Socialdemócrata de Austria (SPÖ), fue discípulo del mismo Friedrich Engels en Londres, por ello en 1891, fue el coautor del Programa de Erfurt del Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD), junto a los marxistas August Bebel y Eduard Bernstein. Al fallecer Engels, en 1895, Karl Kautsky se convirtió en el heredero de la teoría marxista y socialista, y cerebro de la Segunda Internacional. Por su parte el francés Jean Jaurés (1858-1914) expresaba que el socialismo era humanista y pacífico.


Queda claro entonces, a la luz de la historia, de los hechos políticos y de la documentación abundante que alimenta a las ciencias sociales, que el socialismo y el marxismo traicionaron al movimiento obrero, desde sus orígenes, convirtiéndose en un fundamentalismo, que extrañaba descaradamente a la misma realidad histórica (Comuna de París), tal como procedieron los mismos marxistas teóricos creadores: Carlos Marx y Federico Engels, éste último inclusive, a la muerte de su compañero Karl Marx, fue parte del revisionismo de las propias tesis marxistas, como lo hemos podido comprobar.


Queda claro entonces, que fue el anarquismo el verdadero enemigo letal del capitalismo mundial, y que el socialismo y el marxismo se unió desde siempre al capitalismo, para perseguir, derrotar y aniquilar al anarquismo heroico y consecuente.


Queda claro entonces, que el PARLAMENTO no solamente sirve al capitalismo mundial para defender sus intereses fundamental y centralmente, en todo tiempo y lugar, sino que el PARLAMENTO es el instrumento con y en el cual, se asocian el marxismo y el socialismo con el capitalismo, en contra de los altos intereses obreros y populares, esta verdad histórica, ayer oculta, hoy lo podemos comprobar con suma facilidad, con una simple y leve compulsa.

Lima, 12 de octubre del 2014


Jaime Del Castillo Jaramillo


Abogado egresado de la U.N.M.S.M. con más de 20 años de ejercicio profesional y cuenta con estudio jurídico abierto; politólogo con más de 20 años de ejercicio profesional; periodista, fundador y director del programa radial y televisivo ‘Yo, Sí Opino’ (censurado en TV y cerrado cinco veces en radio); Maestría en Ciencia Política con la tesis “Pensamiento Político peruano insuficiente y epidérmico causa de nuestro subdesarrollo político”; Post Grado internacional en Ciencia Política otorgado por la UCES – Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales de Buenos Aires-Argentina graduado con la tesis: “Crisis terminal de los Partidos Políticos en el Perú”; catedrático universitario de ‘Historia del Pensamiento Político”, “Filosofía Política”, “Metodología de la investigación en Ciencia Política”, “Realidad Nacional”; “Análisis Político”, “Ciencia Política”, etc.; blogger, comunicador social, articulista y conferencista.
Fundador, ideólogo y Presidente de “Foro Republicano”
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