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jueves, 16 de octubre de 2014

La Revolución Rusa fue súbita venganza enloquecida del pueblo en contra del zarismo feudal, y Lenin con su ‘Octubre Rojo’ fue el oportunista golpista que impuso otra dictadura despótica y sangrienta







La Revolución Rusa fue súbita venganza enloquecida del pueblo en contra del zarismo feudal, y Lenin con su ‘Octubre Rojo’ fue el oportunista golpista que impuso otra dictadura despótica y sangrienta




El Zar ‘Nicolás el Sanguinario’ II, siempre fue manipulado por sus familiares de la nobleza germana, que regentaban monárquicamente a Alemania, ellos lo indujeron a ingresar a la torpe guerra contra Japón, que perdió en 1905, por falta de experiencia y buenos asesores militares y políticos. Igual pasó con la Primera Guerra Mundial, donde la Rusia zarista participa, pero desastrosamente, impactando dicho conflicto bélico mundial, directamente sobre el mísero, siervo e ignorante pueblo ruso, el mismo que no sabía cómo deshacerse del monumental problema exterminador, que los empobrecía más, los hambreaba hasta el delirio, y los mataba inmisericordemente, sin razón valedera alguna.


Si bien es cierto, que se levantaron industrias de guerra en la Rusia Zarista, para afrontar la IGM, tampoco es cierto, que el contingente de nuevos obreros, --a causa de dichas industrias de guerra zarista--, obreros que aparecieron improvisada y súbitamente, y por razones extraordinarias, y por necesidades monárquicas despóticas, eran en número relevante y gravitante, o trascendente o mayoritario, como para afirmar, que Rusia ya estaba industrializada, y que Rusia ya era burguesa: bajo ninguna circunstancia podemos afirmar ese despropósito, bulo y estafa, por parte de los marxistas irracionales y dogmáticos, que quieren torcer los hechos históricos.


Si bien, el odiado régimen político zarista, infinitamente despótico, fríamente cruel y espantosamente brutal, ya estaba sentenciado a desaparecer de la Historia y por la Historia, bajo la justiciera mano del pueblo, y por el fuego de la ira, el odio y el estallido popular, y en cualquier momento, y sin necesidad de marxismos o leninismos, o de cualquier otra teoría política; y sin necesidad de liberalismos o de burguesías, --como lo afirmamos en el anterior trabajo nuestro, o envío inmediatamente anterior--, pues, con el torpe ingreso de la Rusia Zarista a la IGM, y sus consecuencias fatales, nefastas y negativas en todo terreno, en contra del pueblo, fue que, con esas circunstancias, se acortó la hora fatal, letal y final de la familia Romanov.


Con la IGM, la mencionada dinastía gobernante Romanov, cayó en el profundo descrédito y repudio popular, la espantosa miseria y el sufrimiento atroz y sin pausa, del pueblo ruso, ya era insoportable; los intelectuales y los políticos radicales, estaban desesperados por derrumbar al odiado régimen zarista; y el desesperado y hambriento pueblo ruso, quería terminar a cómo de lugar su participación en la terrible IGM por qué no sabía realmente, para qué, y por qué, peleaba esa maldita guerra, que los aniquilaba ferozmente y prolongaba vesánicamente su desgracia crónica.


Para 1917, en Rusia existían, más o menos, cuatro movimientos políticos contrarios al zarismo despótico: el KDT o partido Constitucional Demócrata, que pertenecía a los liberales y que buscaban copiar el sistema político europeo; el partido Social Revolucionario, que era el movimiento más numeroso, y el partido Menchevique, de inspiración socialista, conformado por obreros, pero que simpatizaban con un régimen parlamentario, y finalmente, estaban los Bolcheviques que respondían a las directivas de Lenín (1870-1924) y que eran minoría, siendo sus posiciones radicales, ya que querían la revolución en forma inmediata.  


Decía Lenin en uno de sus mítines:

“Yo afirmo que no podrá existir un movimiento revolucionario sólido sin organización de dirigentes … ¡Dadnos una organización de revolucionarios y transformaremos Rusia!”


Recordemos que, entre el 23 y 27 de febrero de 1917 el pueblo ruso, espontáneamente, inició el proceso revolucionario  irreversible y terrible, repetimos, fue el pueblo ruso espontáneamente el que cambió radicalmente el curso de la Historia, aquí no entró organización política alguna en el liderazgo, no tuvo nada que ver el marxismo, ni el leninismo, ni el liberalismo, ni la burguesía, fue simplemente el pueblo ruso que en gigantescas manifestaciones y en todas las principales ciudades, expresaban su odio visceral contra el perverso y malvado imperio zarista, mostró su radical repudio a la guerra, y exigían abandonar los sangrientos campos de batalla; los soldados, --hijos del pueblo--, se rebelaron violentamente y con sus armas, en contra de sus propios oficiales, --miembros de la nobleza zarista--; el torpe gobernante, tirano y cruel, Nicolás II, quedó abandonado de todos, y no tuvo otra salida que abdicar a su arcaico imperio de los despóticos Zares, y luego fue detenido con todos sus ministros.


La victoriosa y contundente insurrección popular rusa, vale decir, la revolución nuda y pura, sin padres ni líderes, luego de haber cambiado la página de la Historia Universal, ahora se veía obligada a conformar gobierno, para llenar el vacío súbito e imprevisto del y en el poder central, en y para todo el continente. Obviamente, que afrontarían graves fracasos y torpes errores, duras caídas y dolorosos levantamientos, tontos romanticismos y espantosos realismos, pero el pueblo ruso estaba firmemente dispuesto a voltear la página zarista, y entregarse de pleno y lleno, a su destino, sea el que fuere; y fue así, que se vieron envueltos en un doble poder: en una esquina, estaba el Gobierno Provisional con los cuadros del KDT, o el partido Constitucional Demócrata, que era el filón liberal o derechista; y, en la otra esquina estaban los Soviets, que eran las asambleas integradas por obreros, soldados y campesinos, donde influían los partidos de izquierda, como el Social Revolucionario, el Menchevique y el Bolchevique, siendo que como siempre, los partidos de la ‘izquierda’ entraron en disputa por tener el control total.


Lenin, y los bolcheviques eran minoría, y no decidían nada de nada, simplemente eran oportunistas, que conspiraban y agudizaban las contradicciones internas de la ‘izquierda’ para así poder obtener mayor influencia, de la muy poca que tenían, esa es la historia y los hechos probados, el marxismo no fue la teoría que iluminó la revolución rusa, ni Lenin fue el gran conductor del pueblo ruso, a lo más: los leninistas eran un grupúsculo de izquierdistas oportunistas y conspiradores y ambiciosos de poder, como el que más.


Lenín, frenéticamente buscaba el poder, y ansiaba ubicarse en una posición expectante, estaba perdido y con su minoría bolchevique, en medio de la gigantesca revolución rusa espontánea y popular, y en uno de sus múltiples escritos de agitación y división política, decía, nerviosamente, lo siguiente:

“La victoria de la insurrección es segura ahora para los bolcheviques: 1° Nosotros podemos atacar de improviso a partir de tres puntos: Petrogrado, Moscú y la flota del Báltico. 2° Podemos decir cuanto nos asegure el apoyo de las masas. 3° Contamos con la mayoría del país. 4° El desconcierto es total en las filas mencheviques y social revolucionarias. 5° Tenemos la posibilidad técnica de tomar el poder en Moscú… 6° Disponemos en Petrogrado de millares de obreros y soldados que pueden tomar a la vez el Palacio de Invierno, el cuartel general, la central telefónica, y las grandes imprentas.” (‘La Crisis está madura’).


Como era de esperarse, el Gobierno provisional tenía que fracasar, por la improvisación, la anarquía, y la falta de conducción racional única o mayoritaria, de las masas populares rusas, que estaban entregadas en plena venganza, contra el odiado régimen despótico zarista caído. Y, como es lógico entender, el Gobierno Provisional entró en batalla contra los ‘Soviets’, y florecieron así, en forma natural, las divisiones, disensiones y enfrentamientos, debido a las combinaciones irreconciliables de distintas procedencias, posiciones, aspiraciones e intereses. El pueblo ruso empezó a sentir, que no se tomaban las decisiones, y las medidas efectivas, para satisfacer sus ansiadas reivindicaciones, por las que habían luchado revolucionariamente. La sensación de frustración y fracaso, se extendía rápidamente entre las grandes masas, mientras que simultáneamente, el deterioro social iba expandiéndose peligrosa y destructivamente.


Se levantó el gobierno de Kerenski (1881-1970) como primer ministro, a principios de junio 1917, quien era dirigente del partido Social Revolucionario, pero fracasó en su intento de conciliar a la izquierda y a la derecha rusas enfrentadas abiertamente, esto animó a cierto sector militar contrarrevolucionario a intentar un golpe de Estado, que fracasó.


Los radicales seguían presionando y presionando más, al gobierno provisional, Kerenski hizo otro esfuerzo más, para lograr una coalición gubernamental de las fuerzas moderadas. También fracasó.

En las filas radicales, las pugnas agudas, cerriles y fuertes seguían, sin solución de continuidad, entre los mencheviques y los bolcheviques, no había unidad en el movimiento revolucionario obviamente, y tal como lo hemos ya adelantado. Los mencheviques querían seguir el camino del socialismo alemán parlamentario, y los bolcheviques querían ‘todo el poder para los soviets’, y pasar raudamente al socialismo puro y nudo, sin transiciones.


Los bolcheviques estaban conformados, por un pequeño círculo de intelectuales y cuadros operativos orgánicos, pero muy disciplinado, y cuando se fueron al I Congreso de los ‘Soviets’, aumentaron su prestigio y seguidores, tan es así que Trotski (1879-1940) fue elegido presidente del soviets de Petrogrado, por lo tanto, los bolcheviques comenzaban a equiparar fuerzas para expulsar a los moderados mencheviques de la dirección del sector izquierdista ruso.


El grave error capital y central del Gobierno Provisional, fue persistir en continuar, con la guerra contra Alemania, a pesar que el pueblo exigía y quería el camino opuesto a voz en cuello, el pueblo ruso deseaba la paz inmediata. Esta actitud torpe del gobierno provisional, --que estuvo primero en manos de la derecha liberal, y luego en poder de los socialistas liberales o pro-parlamento, estos socialistas eran los Mencheviques--, hizo que el pueblo retirara su apoyo al mencionado Gobierno Provisional, y mirasen con expectativa las propuestas de Lenin, quien astutamente pedía el inmediato cese de la guerra contra Alemania, y esa posición leninista fue agitada y difundida en una agónica y nerviosa gran campaña, y les dio los resultados que esperaban a los leninistas o bolcheviques. Los soldados rusos, abandonaron las terribles trincheras de guerra contra Alemania, y regresaban a sus miserables hogares.


Lenin, entendió para sus protervos fines, que había llegado el momento de tomar por asalto, traición y sorpresa, el poder total y central; el oportunismo ladino, angurriento y felón, se encarnaría en Lenín y sus seguidores bolcheviques, los mismos que ante la Historia son vulgares asaltantes ilegítimos del poder, y que luego por la fuerza y la prepotencia, impusieron a su propio pueblo eternamente sufrido y doliente, otro maldito despotismo y sangrienta tiranía, otra férrea dictadura mucho peor, mucha más sangrienta y terrible, con respecto a la del imperio zarista que el pueblo ruso odió y que tanto luchó por erradicar de sus tristes vidas y proyectos; y la traición y la ambición enloquecida de Lenín se concreta, y asesta el artero y letal golpe de muerte, en contra del Gobierno Provisional, que había sido erigido por el mismo pueblo ruso, como una gran esperanza para poner fin a su esclavitud, a su dolor y a su crónico sufrimiento en hambre y lágrimas: Octubre Rojo o la Revolución de Octubre.


La Revolución de Octubre, es el contexto de la toma del poder por parte de los bolcheviques, pero lo cierto es que: Lenín tenía la mesa servida … el inocente y sufrido pueblo ruso, sin saber, le hizo el trabajo duro y pesado, para que se cumplan las neuróticas y negras ambiciones de poder leninistas … Lenín fue un perfecto oportunista, no fue el conductor de todo el pueblo ruso combatiente y revolucionario, Lenín sólo lideraba a ‘cuatro’ intelectuales, que se hacían llamar ‘bolcheviques’, Lenín asaltó el poder traicioneramente, Lenín nunca fue el mandatario revolucionario de todo el pueblo ruso, eso está probado en la historia, Lenín fue un vulgar asaltante oportunista y felón del poder central.


Repetimos: Lenín tenía la mesa servida para tomar todo el poder, sin merecerlo; ya que aprovechó, que el pueblo estaba exánime luego de la revolución triunfante contra el imperio zarista; aprovechó que el pueblo estaba desarmado y sin capacidad de respuesta, porque los soldados abandonaron heridos y mutilados y decepcionados, las trincheras contra Alemania y se fueron a sus casas; aprovechó que la oficialidad castrense estaba desmoralizada, y sin liderazgo y sin soldados, y sin pertrechos; aprovechó que la derecha estaba abandonada, confundida y sin rumbo; aprovechó que los socialistas mencheviques parlamentarios, cometieron graves errores de conducción y liderazgo, que les hicieron caer en el descrédito y que no supieron sortear con habilidad.


La toma del poder, por parte de Lenín, no fue con el pueblo en las calles; Lenín no tomó el poder con las masas en las plazas y en las avenidas y en las amplias alamedas. Lenín tomó el poder en la obscuridad y por traición y por sorpresa. Lenín tomó el poder con sus seguidores bolcheviques, cual ladrones en la noche.


Recordemos al poeta revolucionario ruso, V. Mayakovski cuando cantó románticamente a la Revolución de 1917, así:

“Hoy, hacia nosotros, convergen las miradas y están los oídos alerta, para captar lo más mínimo, para poder ver esto, para poder oir estas palabras. Esto es la voluntad de la revolución llevada hasta su extremo…
Estos son manos, patas, garras, palancas, hasta llegar donde el aire enrarece, unido en un juramento unánime.”


 Y también recordemos al legendario John Reed en su famoso libro: ‘Diez días que estremecieron al mundo’ como graficó el asalto al Palacio de Invierno en obscuridad y en el sigilo:

“La tropa, que se componía de varios centenares de hombres, descansó, apretujada detrás de la columna, recuperó la calma y después, al no recibir nuevas órdenes, volvió a avanzar espontáneamente. La oleada impaciente de la tropa nos empujó por la entrada de la derecha, que conducía a una vasta sala abovedada de muros desnudos: la bodega del ala este … Guardias rojos y soldados se lanzaron inmediatamente sobre grandes cajas de embalaje que se encontraban allí, haciendo saltar las tapas a culatazos y sacando tapices, cortinas, ropa, vajilla de porcelana, cristalería. El pillaje no había hecho más que empezar cuando se escuchó una voz: ‘¡Camaradas, no toquéis nada; todo es propiedad del pueblo!’ … los objetos, bien que mal, fueron colocados otra vez en sus cajas. Esta reacción fue espontánea. En los corredores y las escaleras, debilitados por la distancia, se escuchaban los ecos de las palabras: ‘¡Disciplina revolucionaria! ¡Propiedad del pueblo!’”.



Recordemos que, en tan sólo dos días las tropas bolcheviques bien disciplinadas, tomaron por sorpresa los puntos estratégicos no sólo de Moscú, sino de las principales ciudades, todo estaba prácticamente abandonado, y el precario Gobierno Provisional huyó; Lenín tomó lo que ya estaba en abandono, en medio de la confusión y el caos, Lenín firmó la paz con Alemania como su primer acto de gobierno golpista.


Lenín provocó la guerra civil con su asalto por sorpresa, porque como era una simple minoría, --los bolcheviques--, no tenían la legitimidad para dirigir los asuntos públicos de la madre Rusia, en tal virtud, los partidos de izquierda se le opusieron, y los generales rusos zaristas le presentaron guerra en varias importantes regiones del interior. La guerra civil, contra los bolcheviques en el poder por asalto, fue financiada por el extranjero, pero no fue suficiente.


Para que quede muy en claro, y en esencia de objetividad, lo que estamos afirmando sobre Lenín, recordemos que los bolcheviques en el poder, se vieron obligados a convocar a una gran y soberana y popular Asamblea Constituyente para fijar las estructuras jurídico-constitucionales del nuevo régimen, pero, el pueblo no respaldó a los bolcheviques en la ánforas, el pueblo no quería a Lenín como su líder máximo; que quede muy en claro: no ganó las elecciones Lenín, sino que las ganaron ampliamente los socialrevolucionarios y los mencheviques, es decir, ganó la izquierda moderada, el pueblo ya no quería más extremos violentos y sangrientos y brutales, el pueblo ruso no quería a los bolcheviques en el poder central, así de simple y de sencillo. Si Lenín hubiese sido un líder honesto, íntegro y en verdad revolucionario, lo que debió haber hecho es renunciar inmediatamente, y entregar el poder a la soberana Asamblea Constituyente, porque el pueblo no lo eligió, y no lo ratificó, para conducir los destinos de Rusia, ni de la soberana y aludida Asamblea Constituyente, pero no hizo eso Lenín, lo que hizo, fue el acto cobarde, dictatorial y proditor, de disolver la Asamblea Constituyente, y politiqueramente le entregó el poder a los ‘Soviets’, aliado con otras fuerzas oportunistas, arribistas, ambiciosas y negativas, para el pueblo ruso.


No solamente eso, Lenín demostró su bajeza moral y su perfil anético y enfermizo patológico, al declarar ilegales a todos los partidos que no fuesen el suyo, --el partido comunista--: La dictadura pura y dura. No solamente quedó ahí todo, suprimió las libertades de reunión y expresión, y empezó a ejecutar su espantosa, brutal y vesánica venganza: tomó las tierras, las fábricas, la banca y el comercio, etc.; y Trotski, se convirtió en el feroz carnicero, que al mando de las temibles y salvajes tropas comunistas, recorrió Rusia por tres años, asesinando, incendiando, desgraciando y sometiendo, al pueblo ruso que no simpatizaba con la sangrienta dictadura de Lenín.


Lenín gobernó muchos años, con el método del terror, del asesinato y de la represión brutal, y para ello se rodeó de bestias humanas, de sangrientos carniceros, de malditos verdugos, de enfermos mentales peligrosos, y asesinos dementes, el más prominente de ellos, llegará al poder a su muerte: José Stalin. El resto, ya es historia conocida.

Lima, 16 de octubre del 2014

Jaime Del Castillo Jaramillo

Abogado egresado de la U.N.M.S.M. con más de 20 años de ejercicio profesional y cuenta con estudio jurídico abierto; politólogo con más de 20 años de ejercicio profesional; periodista, fundador y director del programa radial y televisivo ‘Yo, Sí Opino’ (censurado en TV y cerrado cinco veces en radio); Maestría en Ciencia Política con la tesis “Pensamiento Político peruano insuficiente y epidérmico causa de nuestro subdesarrollo político”; Post Grado internacional en Ciencia Política otorgado por la UCES – Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales de Buenos Aires-Argentina graduado con la tesis: “Crisis terminal de los Partidos Políticos en el Perú”; catedrático universitario de ‘Historia del Pensamiento Político”, “Filosofía Política”, “Metodología de la investigación en Ciencia Política”, “Realidad Nacional”; “Análisis Político”, “Ciencia Política”, etc.; blogger, comunicador social, articulista y conferencista.
Fundador, ideólogo y Presidente de “Foro Republicano”
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