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martes, 14 de octubre de 2014

Rusia Zarista, sin tradición de parlamento liberal, incubó revolución de odio, no por acción del marxismo, ni de teoría política alguna, sino por imperativo de la historia misma










Rusia Zarista, sin tradición de parlamento liberal, incubó revolución de odio, no por acción del marxismo, ni de teoría política alguna, sino por imperativo de la historia misma



Mientras el Japón Meiji, --a fines del siglo XIX--, en un gran reflejo colectivo, --de arriba hacia abajo y de abajo hacia arriba--, y de gran espectro nacional y patriota, se enrumbaba hacia la revolución económica-política y militar, en forma franca, firme y segura, hasta y para, convertirse en potencia mundial; pues, en la Rusia continental zarista, las cosas públicas recién empezaban a moverse, hacia cambios espantosos, profundos y horribles: el Imperio de los Zares y el pueblo ruso en general, nunca habían conocido revolución burguesa alguna, ni mucho menos hubo, el despliegue de ideas liberales; sus condiciones económicas, sociales, políticas y culturales, no daban espacio para burguesía o liberalismo alguno, en tal virtud el PARLAMENTO liberal nunca existió con tradición, absolutamente; y en tal razón, el discurso, el argumento, y el río de la historia para hacerse los cambios efectivos e intensos y trascendentales, tenían que discurrir por otro canal y con otros argumentos y por otra praxis, --con respecto a la historia occidental, y a las teorías políticas europeas--, y así fue. El marxismo se equivocó palmariamente también, en sus análisis dizque científicos, del ‘materialismo histórico’, en cuanto a la realidad rusa.


Japón Meiji, convertido en potencia mundial, y con voracidad imperialista, --a inicios del siglo
XX--, buscaba y necesitaba materias primas que no tenía, y las requería, para engullir y procesar y para mover sus maquinarias del progreso y el desarrollo sin fin, y en esa lógica fue que entró en guerra contra la madre Rusia. Para 1905, Japón venció a la armada zarista, --cuatro pequeñas islas, vencieron al gigante y pesado oso ruso continental—, haciéndoles firmar un tratado de paz, por demás humillante. Japón industrializado, propinó providencial y sonora cachetada, que despertó de muy mala gana y peor talante, al gigante ruso, con resultados de pronóstico reservado.


El imperio zarista, era económicamente arcaico, --agrícola básicamente--, y con industria por debajo de sus posibilidades, casi de adorno; políticamente, el Imperio de los Zares: era de novela, puro lujo, frivolidad y ensoñaciones, y acartonamientos religiosos fatuos; políticamente y en lo material: era el salvajismo y la brutalidad pura y nuda, del absolutismo y del privilegio sin tasa ni medida; la impiedad hecha carne y huesos; la vesania aplicada en dosis crónicas, y todo en contra de su noble, ignorante y crédulo pueblo, el mismo que vivía, secularmente sumido en la miserable servidumbre de horca y cuchillo, por los poderosos y malvados señores feudales, dueños de todo el continente ruso, un cuadro patético, sangriento e inhumano por demás.


Era absolutamente imposible, racionalmente inadmisible y lógicamente inviable, que pueda subsistir parlamento liberal alguno, en esas condiciones, en la Rusia Zarista, tampoco existían partidos políticos, y la burguesía mercantil e industrial era ínfima, casi de juguete. Precisamente, la inexistencia del Parlamento Liberal es lo que facilitó el desencadenamiento próximo REVOLUCIONARIO; porque a decir verdad, el parlamento liberal es el arma fundamental de la defensa de los intereses del capitalismo; el parlamento liberal es el títere colorinche, gracioso y efectivo, que engaña y estafa y entretiene a los pueblos ignorantes, para que sigan trabajando y trabajando y mal pagados, mientras se enriquecen a baúles llenos los grandes titiriteros del capitalismo mundial, esa es la realidad comprobada, --y tal como lo desarrollamos en otro trabajo, el socialismo marxista hizo alianza proditora con el capitalismo vía el parlamento, para seguir engañando a la masa trabajadora europea--: y dicha realidad política rusa, es la que captarían, estudiarían y evaluarían, sus intelectuales y políticos, que promoverían la futura revolución de 1917; entonces, lo que hicieron los políticos revolucionarios con Lenín a la cabeza, fue explotar al máximo, las patéticas y terribles condiciones sico-sociales, culturales, económicas y políticas seculares del odiado y mediocre régimen zarista: los polos de vida-muerte, odio-amor, esclavitud-libertad, hambre-asesinato, eran puntos de ignición, que bastaba solo y simplemente activarlos, para que explote el barril de pólvora continental ruso. No era cuestión de ideologías, --era un pueblo profundamente ignorante--, no era cuestión de aplicar el marxismo o el leninismo, porque a ojos vistas, la REVOLUCIÓN VIOLENTA estaba a flor de piel, solamente bastaba frotar la lámpara mágica, y brincaba automáticamente la sangre, y reventaban los huesos, y la orgía sin fin de odio, venganza, locura y anarquía, se desbordaría y manaría inconteniblemente hasta el paroxismo … y eso fue lo que pasó con la revolución rusa, como lo evaluaremos en otro envío.


Para que quede muy claro, leamos lo que escribió el primer ministro Sergio Witte, del Zar Nicolás II o «Nicolás el Sanguinario», en la obra ‘De las memorias de Witte’, cuando dice lo siguiente, del semidiós jefe zarista:

“Su majestad no soporta cerca de sí a ningún individuo que considere más inteligente o que tenga opiniones distintas a las de su camarilla imperial. El Zar no siente miedo más que cuando la tormenta cae sobre él. Pero, una vez que el peligro inmediato ha pasado, su temor se desvanece. Es incapaz de jugar limpio. Cuando yo hablaba de la opinión pública, el Zar me interrumpía con frecuencia encolerizado: ‘¿Por qué tengo que preocuparme por la opinión pública?’. El Zar se imaginaba que todo el pueblo, excepto los intelectuales, le era fiel.”


Recordemos que,  la cercanía de la Rusia zarista a la Europa liberal y capitalista industrial, adelantó los cambios trágicos, violentos y sangrientos; de no ser así, otro sería el discurso histórico del gran continente de León Tolstoi. Por sus fronteras europeas ingresaban las ideas revolucionarias a la madre Rusia, lográndose formar dos frentes políticos, por un lado los liberales que aglutinaban a los pocos burgueses y a los nobles de ideas progresistas, los mismos que querían instaurar un régimen parlamentario liberal, en calco y copia de la Europa capitalista vecina. Y, por otro lado, estaban los que querían liberar, a las grandes masas campesinas, de la miserable e insoportable servidumbre, éstos políticos eran los revolucionarios.


Recordemos también, el fatídico ‘Domingo Rojo’, o la Tragedia de Jodynka, el Domingo Sangriento, cuando un 22 de enero de 1905, los sufridos, crédulos e ignorantes pobladores de San Petersburgo, concentrados en una gran masa, decidieron ir hasta el palacio de invierno, de su Zar Nicolás II (1868-1918), simplemente para rogarle, que terminen sus miserias y sufrimientos, y marcharon pacíficamente, hombres, mujeres, ancianos y niños, entonando cánticos religiosos, portando velas y pañuelos, y muchas ilusiones y buenos sentimientos. Y llevaban el mensaje siguiente:

“¡ Zar !, nosotros, obreros de la ciudad de San Petersburgo, hemos venido a ti con nuestras mujeres, nuestros hijos y nuestros ancianos padres, a buscar justicia y protección. Rompe el muro que te separa de tu pueblo. Rusia es demasiado grande  para que los funcionarios puedan gobernarla solos. Es preciso que el pueblo les ayude: solo él conoce sus verdaderas necesidades. Por todo esto, ordena que las elecciones para la Asamblea Constituyente se lleven a cabo mediante sufragio universal, secreto e igual. Ordena y jura cumplir nuestras peticiones. Si no respondes a nuestras súplicas, moriremos en esta plaza, delante de tu palacio.”


El Zar Nicolás II, --mal aconsejado por sus asesores--, encolerizado e iracundo, dispuso que la guardia real, ataque y ametralle, salvaje y brutalmente, y sin contemplaciones a sus súbditos, y quedaron regados sobre la fatal alfombra nívea, más de mil cuerpos exánimes y masacrados, coloreando de sangre, la blanca nieve real. Esta cobarde, innecesaria y feroz matanza, impactó sobre toda Rusia, y prendió la insurrección por las principales ciudades, y, en legendario puerto de Odessa, los marineros, --hijos del pueblo--, se sublevaron, y pasaron a cuchillo a todos los altos oficiales, --todos miembros de la nobleza rusa zarista--, fue la gesta sangrienta del acorazado ‘Potemkin’.


Solamente el pánico, temor y angustia, del sanguinario Zar Nicolás II, provocó que con mano temblorosa, firme el comunicado, donde autorizaba la convocatoria de la Duma (asamblea representativa). Lo que se verificó en mayo de 1906, donde fueron electos por mayoría, parlamentarios liberales, pero, obviamente, que dicho parlamento tenía que fracasar irremisiblemente, porque ni el imperio zarista, ni mucho menos, los despóticos y enriquecidos señores feudales y nobles terratenientes, iban a permitir en modo alguno, cualquier poder sobre sus cabezas y brazos con látigos; la democratización no la dejarían enraizarse bajo ninguna circunstancia, en cualesquiera forma, en términos radicales.


Tanto fue así, que en la primera oportunidad, en que el parlamento o Duma, presentó una serie de proyectos, de tinte progresista al Zar Nicolás II, pues, de un firme plumazo, el emperador furioso, ordenó su disolución inmediata. Se permitieron dos Dumas más, pero fracasaron, el primer ministro Witte, cedió el puesto a Stolypin, quien dio cierto respiro, por algún tiempo, a la dinastía Romanov, pero iguales fueron los resultados, asesinaron a Stolypin los esbirros del temible Rasputín delante del mismo Zar Nicolás II, y la suerte estaba echada, la HISTORIA le tocó la campanada final al Imperio Zarista; y Lenín, venía mordiendo los talones del viejo sistema político despótico.


Queda claro entonces, que no había más camino, no había otra ruta, no había otra solución, que la violencia extrema en grado de locura o neurosis patológica colectiva; el embudo político zarista y feudal estaba ahí, firme, brillante y concreto, y la salida o solución al nudo gordiano, no era otro que la revolución violenta, y eso fue lo que se  verificó, solamente bastaba un político tenaz, estratega y elocuente, para llevar de la mano a Rusia a la revolución enloquecida de venganza, odio y destrucción sin fin. El mérito entonces, no es del marxismo, ni de teoría política alguna; o, era Lenín o era otro líder, pero la Rusia Zarista tenía que incendiarse y caer en la anarquía revolucionaria sangrienta, tarde o temprano, más fue temprano que tarde, como lo veremos.


Con la llegada de la Primera Guerra Mundial, y la participación de las fuerzas armadas zaristas, y su posterior derrota y desastre, se cierra el círculo final, y llegó su hora fatal y letal, para la destrucción brutal, sangrienta y feroz de la administración zarista, el imperativo categórico histórico, estaba más que escrito, y simplemente se cumplió. La burguesía no tuvo nada que ver, el marxismo no tuvo nada que ver, el liberalismo tampoco tuvo nada que ver, la teoría política no tuvo nada que ver; la HISTORIA ya había sentenciado al imperio zarista a desaparecer, y de la peor forma y manera; y simplemente, la omnisciente HISTORIA, sepultó al sistema político arcaico y esclerótico y estúpido de los Romanov; y el tifón de la  historia se lo llevó todo, y llegó otro sistema también cerrado y no menos despótico, pero así tenía que ser, porque no había condiciones económicas, sociales y culturales para otra cosa.

Lima, 14 de octubre del 2014

Jaime Del Castillo Jaramillo

Abogado egresado de la U.N.M.S.M. con más de 20 años de ejercicio profesional y cuenta con estudio jurídico abierto; politólogo con más de 20 años de ejercicio profesional; periodista, fundador y director del programa radial y televisivo ‘Yo, Sí Opino’ (censurado en TV y cerrado cinco veces en radio); Maestría en Ciencia Política con la tesis “Pensamiento Político peruano insuficiente y epidérmico causa de nuestro subdesarrollo político”; Post Grado internacional en Ciencia Política otorgado por la UCES – Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales de Buenos Aires-Argentina graduado con la tesis: “Crisis terminal de los Partidos Políticos en el Perú”; catedrático universitario de ‘Historia del Pensamiento Político”, “Filosofía Política”, “Metodología de la investigación en Ciencia Política”, “Realidad Nacional”; “Análisis Político”, “Ciencia Política”, etc.; blogger, comunicador social, articulista y conferencista.
Fundador, ideólogo y Presidente de “Foro Republicano”
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