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jueves, 17 de octubre de 2013

KARL LÖWITH Y LA NATURALEZA INVARIABLE Y ESENCIAL DEL HOMBRE POLÍTICO FRENTE AL ROMANTICISMO MARXISTA DE JÜRGEN HABERMAS


KARL LÖWITH Y LA NATURALEZA INVARIABLE Y ESENCIAL DEL HOMBRE POLÍTICO FRENTE AL ROMANTICISMO MARXISTA DE JÜRGEN HABERMAS


Karl Löwith nace en Múnich-Alemania un 9 de enero de 1897, falleciendo en Heidelberg-Alemania el 26 de mayo de 1973, conocido discípulo primevo de Heidegger —y luego será su crítico punzante— y fue a través de Husserl que conoce al mencionado Heidegger en Friburgo --en los años veinte--, siendo alumno de ambos grandes personajes de la filosofía universal.

Para 1936 en pleno furor del nazismo abandonó Alemania debido a su origen judío. Estuvo en Japón, donde estudia a fondo la relación de la filosofía zen con una nada no originada en el nihilismo y enamorándose de dicha postura filosófica.

Para 1941 se fue a los EE.UU. y luego a Alemania en donde enseñó en la Universidad de Heidelberg de sus antiguas cuitas filosóficas con la fenomenología.

K. Löwith considera el desarrollo del pensamiento europeo como un proceso de secularización o de aterrizaje de la antigua visión teológico-bíblica de la historia, caracterizada a su vez por el terrible “futuro escatológico”. Para hacer la diferencia con la presentista violencia del logos occidental pues Löwith opta inteligentemente por la opción de la naturaleza no considerada como historia, destino ni creación, y en la que la muerte no es la autenticidad que busca el hombre.

La opus magna de Karl Löwith --y  la que influenció fuertemente sobre la filosofía política-- es “Historia del mundo y salvación” donde aborda el tema central en el debate contemporáneo: la secularización; donde afirma que la filosofía de la historia reposa sobre presupuestos teológicos generalmente ignorados o negados. Löwith somete a menudo examen crítico las bases comunes de la teología y de la filosofía de la historia y apela a la pregunta sobre los fundamentos metafísicos que pasan desapercibidos para la racionalidad occidental.

Karl Löwith criticó a su maestro Heidegger sobre sus vinculaciones filosóficas y a la vez su cuestionada participación política en el periodo nazi.

Es curioso como Löwith a pesar de ser un agudo crítico de su maestro Heidegger sin embargo tiene posturas antropológicas duras y firmes sobre el ser humano consideradas intemporales, esenciales y recurrentes de por sí y ante sí y para sí, dichos conceptos de antropología política son en el fondo, productos del esfuerzo filosófico de la fenomenología de sus maestros Husserl y Heidegger.

Y precisamente sobre el punto, me gustó mucho la polémica que sostiene Jürgen Habermas con Karl Löwith sobre el tema antropológico político, donde Habermas critica sin mucho futuro ni acierto a Löwith, toda vez que K. Löwith con solvencia filosófica apela a la antropología negativa y a las esencias de naturaleza humana intemporales y eternas e ínsitas del hombre a través de los tiempos y que no ha variado.

Me llama mucho la atención la postura romántica y pacifista de Habermas considerado un marxista crítico importantísimo, pero su tesis de la ‘Acción Comunicativa’ basado en la racionalidad no resiste el análisis ni la fuerza conceptual, histórica y filosófica de Löwith a la luz de los acontecimientos de índole internacional del día a día y del hoy por hoy, donde el hombre con poder y los hombres con poder y los grupos de poder (Estados, corporaciones, etc.) mantienen a la ONU como organismo débil, borroneado y de fachada para así poder satisfacer su sed de poder y de dominio y de sojuzgamiento contra otros hombres y naciones como en los viejos tiempos de Polibio, Maquiavelo o Tucídides; y, Habermas no lo quiere ver o no lo quiere reconocer y apela a posiciones moralistas muy epidérmicas en todo término y concepto.

Löwith siguiendo la corriente fenomenológica del riguroso y exigente Husserl y de la fría lógica de ‘Ser y Tiempo’ de Heidegger se embarca y se alinea contra el romanticismo filosófico alemán, es un crítico profundo, original y pletórico, y, da la casualidad que Habermas también es otro crítico del aludido romanticismo filosófico alemán por la vía marxista. Mientras que Löwith va por la vía fenomenológica, más radical, más realista, más cruda y hasta casi comprobable, pues Habermas va por la vía de la crítica marxista pero al parecer (como todo marxismo siempre equivocado y romántico al revés) regresa por la puerta falsa del romanticismo alemán en una nueva espiral histórica y moderna, ya regresaré sobre ese punto, en otro envío.

Pero vayamos a la cita pertinente que siempre nos interesó y quisimos comentar, dice Habermas sobre Löwith lo siguiente:

“Políticamente esto significa la vuelta a la doctrina del derecho natural clásico, aunque no deja de ser curioso que Löwith no recurra en ninguna parte a ella; se queda en referencias ocasionales a la antropología política de los historiadores antiguos, que podían narrar sus historias sin sentirse todavía perturbados por el pathos de la historicidad. Se menciona la convicción de Tucídides de que las azarosas luchas por el poder político tienen sus raíces en la inalterable naturaleza del hombre y de que, por consiguiente, siempre se repetirán de manera uniforme. Se trae a colación la doctrina de Polibio de que, por la misma razón, el carácter cíclico del cambio de la constitución de las constituciones, la transformación de la victoria en derrota y del sometimiento en poder, está sometido a una ley natural. Löwith reproduce estas opiniones afirmativamente como si se tratara de conocimientos inamovibles, hurtándose así a la presión de los problemas contemporáneos. Pero la verdad es que mientras tanto no sólo se ha transformado la estructura de las formas de dominación, no sólo ha cambiado la sustancia misma de la dominación en comparación con la época de Polibio e incluso con la de Maquiavelo, sino que también la eliminación de la guerra se ha convertido en objeto de negociaciones diplomáticas en curso y la abolición de la pena de muerte ha sido elevada en norma constitucional en muchos países. Esto último es un ejemplo de una mutación que alcanza hasta las capas antropológicas más profundas en la organización del dominio y del ejercicio del poder, y, lo primero, un ejemplo de la necesidad práctica de cambiar en el futuro estados de cosas que hasta hoy habían sido considerados como constantes antropológicas. Cuando no se hace mucho se invitó a Löwith a intervenir en una serie radiofónica sobre la pena de muerte, reaccionó de forma característica: tituló su charla “Homicidio, asesinato y suicidio” y explicó en pocas palabras la diferencia existente entre el homicidio en estado de guerra y el asesinato bajo las leyes de la convivencia civil; sin hacer ninguna alusión a la pena de muerte, y sin hacer tampoco alusión alguna a las pruebas que tienen en suspenso el aliento de este mundo angustiado, a las pruebas que parecen intentos de poner fin al estado de naturaleza entre los Estados recurriendo a los hongos nucleares y, por consiguiente, de suprimir la diferencia que establecía Löwith entre homicidio y asesinato, se limitó después exclusivamente a tratar del topos estoico del suicidio como signo de una vida dominada por la filosofía. Y ante (pág. 185) esto hay que preguntarse si se puede seguir llamando sabiduría a algo que hay que afirmar a costa de tal limitación de la mirada.”
“Lo mismo que no hay una naturaleza moderna, pero sí una ciencia moderna de la naturaleza, afirma Löwith, tampoco hay una naturaleza moderna del hombre, aunque sí antropologías anticuadas y antropologías a la altura de la época.” (pág. 186, ‘9. Karl Löwith’  en ‘Perfiles filosófico-políticos’ de Jürgen Habermas, editorial Taurus, versión castellana de Manuel Jiménez Redondo, traducido de la tercera edición alemana, aumentada, España 2000)

Como se puede notar Habermas exagera cuando le atribuye a Löwith volver a la doctrina de Derecho Natural Clásico, porque el concepto fenomenológico en su línea y dirección va muy lejos de todo tipo de derecho, existencialismo y derecho prácticamente van en divorcio y separación de cuerpos cuasi-radical.

¿Es que acaso no es cierto lo que afirmó el viejo Tucídides sobre la inalterable naturaleza del hombre que se repite en toda época y era histórica? Ni se sonroja Habermas al pretender negar una verdad de a puños: ¿O es que las muertes, guerras, asesinatos, terrorismo, torturas, etc., en el medio oriente del hoy por hoy es poesía de Hölderlin? … ¿O es que la ‘Guerra de las Galaxias’ de Bush o el asesinato brutal de Sadam Hussein, Kadafi, Bin Laden y otros recientemente es juego de niños? …

Habermas en forma ligera niega el acierto de Polibio sobre el carácter cíclico de los cambios de poder que se puede verificar solamente en nuestra crónica del día a día.

Habermas derrama romanticismo marxista cuando apela a supuestas ‘transformaciones de la estructura de dominación’ que no son otra cosa que espejismos y ropaje del momento en crónica, y se ampara entonces en las siempre falaces y negociables pro-grupos de poder, las tratativas diplomáticas, como se puede comprobar a través de la historia política ¿O es que desconoce la obra ‘Diplomacia’ de Henry Kissinger o no conoce el accionar de Nixon y otros gobernantes terribles del siglo XX? …

Sobre la abolición de la pena de muerte, parece que Habermas no repara en que EE.UU. mantiene la pena de muerte en muchos de sus Estados y que muy a pesar de los esfuerzos abolicionistas en el mundo, pues el asesinato y las guerras e invasiones y ‘limpiezas étnicas’ y eliminaciones y desapariciones, etc., se siguen verificando, y lo que se ha logrado es la sofisticación de los métodos de dominio político pero con la misma esencia y naturaleza antropológica de siempre, es fácil constatarlo hoy.

Y es que Löwith nunca se equivoca cuando afirma sobre el “homicidio en estado de guerra y el asesinato bajo las leyes de la convivencia civil” porque eso es parte de nuestra cultura solo que con diferente ‘jerga técnica’, ello es comprobable de momento en momento histórico.

Tampoco yerra Löwith nunca, cuando afirma lo que es cierto y comprobable: No existe “naturaleza moderna del hombre” solamente antropologías anticuadas. Michel Foucault lo dijo muy claro: ‘Los Derechos Humanos son una ideología reciente, es una moda que pronto desaparecerá’ … parece que vamos en camino de ello, y que Löwith vence a Habermas y al romanticismo marxista al revés.

Lima, 17 de octubre del 2013

Jaime Del Castillo Jaramillo

Abogado egresado de la U.N.M.S.M. con más de 20 años de ejercicio profesional y cuenta con estudio jurídico abierto; politólogo con más de 20 años de ejercicio profesional; periodista, fundador y director del programa radial y televisivo ‘Yo, Sí Opino’ (censurado en TV y cerrado cinco veces en radio); Maestría en Ciencia Política con la tesis “Pensamiento Político peruano insuficiente y epidérmico causa de nuestro subdesarrollo político”; Post Grado internacional en Ciencia Política otorgado por la UCES - Universidad Ciencias Empresariales y Sociales de Buenos Aires-Argentina graduado con la tesis: “Crisis terminal de los Partidos Políticos en el Perú”; catedrático universitario de ‘Historia del Pensamiento Político”, “Filosofía Política”, “Metodología de la investigación en Ciencia Política”, “Realidad Nacional”; “Análisis Político”, “Ciencia Política”, etc.; blogger, comunicador social, articulista y conferencista.
Fundador, ideólogo y Presidente de “Foro Republicano”
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