miércoles, 13 de agosto de 2014

Maquiavelo, Hobbes y Marsilio de Padua: pensadores de la autoridad central y de la felicidad universal, fueron odiados y difamados. La ‘Felicidad universal’ del ser humano es el ácido muriático teórico-político contra los pensadores del liberalismo y capitalismo





Maquiavelo, Hobbes y Marsilio de Padua: pensadores de la autoridad central y de la felicidad universal, fueron odiados y difamados. La ‘Felicidad universal’ del ser humano es el ácido muriático teórico-político contra los pensadores del liberalismo y capitalismo



La Reforma Religiosa y el Renacimiento del siglo XV en adelante, traerán cambios trascendentales y profundos, de contenido y de forma para la humanidad toda, no sólo fue una explosión revolucionaria religiosa, bulliciosa y sangrienta, sino también, científica, antropológica, política y económica; potente, sostenida e irreversible: El antropocentrismo se impondrá combativamente y por la polémica penetrante, ardiente y crispada en todo nivel y espacio, y vencerá, luego de devastadoras y feroces luchas y combates en todo ámbito, campo y tribuna. Aparecerán las Naciones-Estado; aparecerán nuevas religiones y nuevos líderes religiosos, ávidos de poder y de dominio de conciencias; emergerán los grandes comerciantes, inversionistas y capitalistas, sedientos de riquezas venidas del oriente y de otras latitudes allende el ignoto mar; la ciencia y la tecnología iniciarán impetuosa carrera que ya nadie podrá parar. Y el pensamiento elaborará Teoría Política que se adecuará a las nuevas necesidades de los nuevos tiempos, agitados y hambrientos de satisfacciones terrenales, antes que celestiales.


La institución de la Iglesia Católica había monopolizado y controlado la conducción de las conciencias, y de la ciencia y tecnología, contrarios a los intereses del Vaticano; había ahorcado al pensamiento contrario a los intereses eclesiásticos institucionales; había sometido a monarcas de todo tipo y nivel, para su propio provecho institucional; había acumulado inmensas riquezas y patrimonio de todo tipo, para su goce privado y ejercicio de su poder omnímodo; había sumado ejércitos y aliados criminales, para su defensa, control y eliminación de enemigos; y en su seno ‘sacrosanto’: anidaban asesinos, delincuentes, estafadores y enfermos mentales de la peor especie, depravados monstruos, enemigos de la humanidad; todo eso causó la náusea y el vómito universal, de las mejores mentes, sentimientos y voluntades, para un mundo mejor: la Reforma Religiosa, a sangre, hierro y fuego, y por siglos y en todo el orbe europeo.


Producto de todo ello, es que con mayor nitidez y brillo, se siente el peso sólido del antropocentrismo ya en el siglo XVII; con el sorprendente e imponente desarrollo de la matemática que había revelado los secretos celestiales: mostrando la maquinaria exacta que estaba sobre nuestras cabezas humanas, pedantes, ignorantes y fatuas. René Descartes imponía un nuevo credo universal, basado en la razón humana, antes que en la fe y el dogma engaña-tontos. La geometría y la física eran las nuevas herramientas para conocer mejor el mundo terrenal, --en forma exacta y precisa y descubrir sus misterios, y aprovecharlo en provecho humano--, ya no más: la biblia, ni las bendiciones papales u obispales o cardenalicias para caminar acertado en este mundo terreno.


Revolución, revolución y más revolución: del pensamiento, de la ciencia y de la economía; el mundo cambiaría para siempre en forma absoluta e irreversible, el nuevo Dios ya no estaba en los cielos, ni lo conocerías a través de la fe y el dogma; el nuevo Dios estaba en la tierra y es el HOMBRE y se perfeccionaría a través de la razón: Renacimiento, antropocentrismo y reforma religiosa.


El comerciante, el inversionista y capitalista europeo de la época, no tenía patria, ni Estado, ni nación, porque recién se formarían las Naciones-Estados, racionales y modernas, por lo tanto: el capitalismo nace entonces, apátrida y ateo y cruel, y ese es su signo y destino hasta la fecha. El capitalista en general, --en estos tiempos de origen primevo, del tantas veces mencionado capitalismo--, se vio libre de la todopoderosa y celosa y temible Iglesia Católica, también se vio libre de monarcas y señores feudales que fueron destruyéndose y eliminándose entre sí, configurándose nuevas demarcaciones que los favorecerían. La ciencia y la tecnología estarían al servicio del capitalista para poder incrementar su poder y riquezas, y el pensamiento político amigo: les brindaría las justificaciones para que puedan hacerse de los gobiernos, estados y regímenes políticos a su servicio y dominio: el Liberalismo político.


Demás está agregar que: el Liberalismo Político (John Locke y otros) apelaría a la estafa de los ‘Derechos Naturales’ y de la ciudadanía (mencionarían la ‘felicidad’ pero en forma hipócrita y falaz y formal), para darle el marco jurídico-constitucional, o el blindaje legal y político a los nuevos amos del mundo: los capitalistas.


El capitalista necesitaba nuevos DERECHOS y nuevos FUEROS POLÍTICOS que lo empoderen, ante cualquier competidor o poder externo a su dominio y esfera de acción, es decir, el capitalista necesitaba SUS DERECHOS y SUS FUEROS POLÍTICOS, y eso se lo brindaría teóricamente la filosofía política liberal para justificar su accionar abusivo. Por lo tanto: la ‘FELICIDAD’ del ser humano era el enemigo mortal y frontal del liberalismo político, ya que para el capitalista y para el capitalismo: solo contaba con sus DERECHOS y sus FUEROS POLÍTICOS para la defensa de su persona individualmente, y su patrimonio.


Y el rechazo brutal del liberalismo contra la FELICIDAD HUMANA UNIVERSAL, se entiende toda vez que: solamente podía ser feliz el CAPITALISTA individualmente, que explotaba al ignorante, al obrero, al campesino y al ESCLAVO, y la felicidad no podía ser extendida universalmente --o erga hommes--, ni al obrero, ni al campesino, ni menos al ESCLAVO que le allegaba riquezas abundantes y gratuitas al mencionado explotador capitalista. Si el capitalista brindaba felicidad al ESCLAVO o al obrero o campesino, pues simplemente el capitalista desaparecía y/o caía en desgracia, así de simple y de sencillo; por lo tanto la guerra estaba declarada y abierta, y el engaño, la estafa y la demagogia política será la herramienta principal y cardinal para defender los intereses del capitalismo, tantas veces mencionado.


Ahora, con lo arriba explicado, es más fácil entender la hipocresía, estafa, demagogia y bulo de los ‘DERECHOS NATURALES’ inalienables e imprescriptibles del hombre y del ciudadano que desarrolla Locke y otros pensadores liberales (pro-capitalistas) y que se recoge en muchas cartas magnas y constituciones políticas republicanas subsiguientes al siglo XVII, repetimos: hipocresía, estafa, demagogia y bulo, porque si bien, se defendían teóricamente los ‘DERECHOS NATURALES’ inalienables e imprescriptibles del hombre y del ciudadano, sin embargo, se mantenía y se mantuvo, oficialmente por dichos estados republicanos: el odioso, inhumano, brutal e insoportable ESCLAVISMO; no sólo en las colonias inglesas, sino en muchas Repúblicas que asumieron constitucionalmente los ‘DERECHOS NATURALES’ inalienables e imprescriptibles del hombre y del ciudadano. En el Perú fue así desde la fundación de la primera República en 1821, por eso, es que denominamos: REPÚBLICA PLUTOCRÁTICA Y ESCLAVISTA al liberalismo político de John Locke y los liberales de esa época, porque en términos reales y concretos, el capitalismo hablaba de libertades y derechos, sin embargo, mantenía la esclavitud y con la esclavitud se enriquecía inhumanamente.


Ahora podemos entender claramente, porque Marsilio de Padua, Nicolás Maquiavelo y Thomas Hobbes fueron perseguidos, odiados y difamados en su respectiva centuria, (Iglesia Católica incluida), y los capitalistas tras bastidores. Es que Marsilio, Maquiavelo y Hobbes pregonaban en sus teoría políticas la secular y civil autoridad central fuerte (San Agustín del mismo modo) y precisamente: el capitalista odiaba toda autoridad central fuerte que lo pudiese controlar y regular y fiscalizar, por eso es que el capitalista astutamente da creación y poder al PARLAMENTO para tener otra fuerza política legal y constitucional suya, que se oponga al poder ejecutivo o poder central fuerte. Además de eso: Marsilio, Maquiavelo y Hobbes se preocupan y filosofan sobre la FELICIDAD UNIVERSAL en términos esenciales (los liberales mencionan la felicidad: pero de soslayo y formalmente, y para el plano jurídico) y eso no le convenía ni le conviene al capitalista que solamente piensa en su felicidad INDIVIDUAL y no colectiva.


Hobbes, un hombre de pensamiento moderno y racional, sentó cátedra de filosofía política: al indicar sabiamente, que el hombre busca continuamente su prosperidad o felicidad terrenal y eso le daba placer, al que nunca va a renunciar, por lo tanto, los gobiernos civiles tienen que atender a esa firme y eterna propensión humana de todos los tiempos: La FELICIDAD. Aquí tenemos al espíritu vivo de Aristóteles nuevamente, en sana doctrina política.


La FELICIDAD como tema vital y clave de la filosofía política moderna, como tema de contenido cardinal y central, fijado por Hobbes, con sabiduría, con orden original y con racionalidad brillante: esto es lo que causará la preocupación y el odio del pensamiento liberal (y del capitalismo) y Locke atacará frontalmente a su paisano Hobbes tal como está debidamente documentado. El ‘Leviatán’ será y es, la obra más brillante, profunda y esencial del pensamiento político de todos los tiempos.


Trescientos años antes que el inglés Hobbes, el heterodoxo Marsilio de Padua ya se había enfrentado contra la Iglesia Católica todopoderosa y temible, ya había filosofado con sabiduría, y capacidad visionaria excepcional, al recomendar: la autoridad civil fuerte, que imponga sanciones, toda vez que la felicidad humana debe ser la preocupación de los gobiernos.


Marsilio de Padua cayó en desgracia y fue perseguido por la Iglesia Católica y su obra ‘Defensor Pacis’ proscrita y maldita; en su momento Hobbes fue difamado y atacado acerbamente por sus enemigos como ateo, y en su evo: Nicolás Maquiavelo también sufriría persecución y destierro.


Maquiavelo fue difamado por siglos, pero lo que no se dice, es que el padre de la ciencia política fue un ferviente republicano, y que pugnaba por la felicidad y el bienestar común. Las recomendaciones maquiavelianas de su tiempo, se referían a la situación de crisis y de anarquía de la Italia que él conoció y vivió: por eso mismo, con la lucidez y la profundidad y penetración de su análisis, sentó la tesis comprobable, de que los seres humanos somos a menudo DEMASIADO TONTOS para luchar y pelear por nuestro propio interés, aunque sea nuestro deber. Hobbes sistematizará en su obra inmortal, las sabias enseñanzas del célebre florentino.


Maquiavelo también aboga por la autoridad central fuerte, que ayude a los hombres buenos y activos, a lograr alcanzar lo que buscan para su felicidad; recomendaba la autoridad central fuerte para aplastar a los revoltosos y anárquicos, como para frenar las ambiciones políticas de la Iglesia Católica de su tiempo. Maquiavelo también acompaña teóricamente a Marsilio de Padua en el ataque contra  la Iglesia Católica por su ambición y desorden inducido.


El reconocido investigador de ciencias sociales de la universidad de Liverpool Charles Vereker expone sistemáticamente varios temas básicos de la Teoría Política, y de donde extraemos éstas citas que abonan la tesis que hemos elaborado ut supra:


“Nos dice Hobbes que ‘el éxito continuo en la obtención de aquellas cosas que un hombre desea de tiempo en tiempo, es decir, su continua prosperidad, es lo que los hombres llaman FELICIDAD. Me refiero a la felicidad en esta vida; en efecto, no hay cosa que dé perpetua tranquilidad a la mente mientras vivamos aquí abajo, porque la vida raras veces es otra cosa que movimiento, y no puede darse sin deseo y sin temor, como no puede existir sin sensaciones.’ Estas palabras no son una descripción del proceso de la vida; si usamos el término ‘felicidad’ para designar el segundo de los temas principales de las diversas teorías políticas que se desarrollaron después del Renacimiento, lo hacemos para destacar el hecho de que los sentimientos a que aludía Hobbes habían llegado a adquirir entonces un contenido político. Su afirmación de que el esquema del orden y las obligaciones civiles debe corresponderse con los atributos psicológicos de los seres humanos en su incansable búsqueda de la felicidad, ha tenido influencia creciente, y cada vez más difundida, en (pag. 172) el mundo moderno. (…) Pero muchas de las características de las teorías agrupadas bajo el rótulo de la felicidad hobbsiana pueden hallarse en pensadores y en tradiciones anteriores. Y su nueva ordenación constituyó su originalidad, e hizo del famoso tratado de Hobbes, el Leviatán, una de las obras maestras del pensamiento político.” (pag. 173)
(…)
“Además, un teórico medieval heterodoxo, Marsilio de Padua, destacó precisamente, tres siglos antes que Hobbes, el argumento voluntarista de que la justicia deriva de la voluntad del legislador, y que esta autoridad política es unitaria, civil y suprema en este mundo, sin suponer que sus ciudadanos sean otra cosa que buenos cristianos, y manteniendo también la creencia aristotélica de moda, según la cual la sociedad política era natural, no artificial.”
(…)
“En este mundo, según observó, las sanciones efectivas son las que impone el poder civil. La ley divina, en la cual aún creía, tenía jurisdicción tan amplia como podía dársela la esperanza en sus eventuales efectos futuros. Mientras tanto, sus pretensiones eran ideales y visionarias, y en la realidad sólo podían limitarse a fortificar el poder civil mediante el control de la conciencia de los ciudadanos, más allá del alcance de este último. En cuanto a la ley natural, en su ropaje tomista, Marsilio no tenía ubicación para ella. Mantenía la tendencia general del énfasis agustiniano en la preservación de la paz, pero fustigaba al papado del siglo XIV como principal perturbador del orden civil. No cabe sorprenderse de que su Defensor Pacis, concluido en 1324, fuese condenado por la Iglesia.” (pag. 175)
(…)
“Las ventajas que las doctrinas de la ley natural tenían para aquellos que permanecían dentro de la tradición moral del cristianismo no se ajustaban enteramente a las necesidades de los nuevos estados o de los nuevos humanistas. Quedaban sin resolver, teóricamente, cómo se comportarían los hedonistas divorciados del marco ético de una sociedad natural aristotélica. Si el resultado había de ser la armonía social o una confusión imposible, siguió siendo el tema principal de especulación durante tres siglos de meditaciones relativas a la felicidad.” (pag. 177)

“Marsilio fue condenado por herético, Hobbes no escapó al calificativo de ‘padre de los ateos’, y Maquiavelo, su más conocido expositor en el Renacimiento y el más penetrante escritor de la escuela, en muchos aspectos vio convertido su nombre en sinónimo de cínico y profana iniquidad”
(…)
“Maquiavelo, que fue un eminente ciudadano de Florencia a fines del siglo XV y principios del XVI, calculó mal sus posibilidades de éxito en aquella época turbulenta y pasó los últimos quince años de su vida alejado del poder y desterrado. (pag. 178) (…) Muy a menudo se olvida que, en un principio, Maquiavelo prefería una república a un gobierno despótico, y contemplaba retrospectivamente, con melancolía, la supuesta excelencia de la República Romana. Pero creía que su época andaba desbarajustada, que eran muy pocos los ciudadanos que deseaban cooperar genuinamente por el bien común, y que las perturbadas ciudades italianas de su tiempo necesitaban gobernantes fuertes, despiadados e independientes. Esto para él no era la perfección, pero dadas las circunstancias, resultaba mal menor. Del mismo modo, Maquiavelo hace una apreciación moral de la conducta de los hombres. Éstos son a menudo demasiado tontos para trabajar exitosamente por su propio interés, aunque ello fuera lo que debiesen hacer. Para Hobbes, siglo y medio después, estas mismas apreciaciones morales relativas se hicieron absolutas, normales y moralmente neutras. Tal era, para él, la situación humana permanente, de la cual sólo proporcionaba una descripción, y no un rasgo de los tiempos.”
“Maquiavelo consideraba al hombre como un ser anhelante que trata de satisfacer, a menudo sin éxito, sus apetitos en este mundo. Para lograrlo, necesita adaptarse a las circunstancias, cualesquiera que éstas sean; necesita tener aquello que Maquiavelo llamaba virtú, o reunir las cualidades de carácter requeridas para la empresa que se tiene entre manos. También necesita poder, es decir, los medios para alcanzar el éxito, que es cosa distinta de la disposición para luchar por él. Pero, en la mayoría de los casos, los hombres se ven desengañados y frustrados: el deseo es infinito; el poder, limitado; el equilibrio, difícil de lograr y más difícil aún de mantener. Esta falta de equilibrio, que a menudo resulta del (pag. 179) orgullo o de alguna perturbación emotiva que ofusca el juicio, desempeña el papel del pecado en esta versión secular de la vida buena o lograda. Así, al igual que San Agustín, Maquiavelo comprende la necesidad de un poder político central fuerte, que permita a los ciudadanos activos y voluntariosos alcanzar el logro de sus satisfacciones en la medida que las circunstancias cambiantes se lo faculten, protegidos por un sólido sistema de orden público.”
“Al igual que Marsilio, Maquiavelo considera a la Iglesia y al papado responsables de buena parte del descontento y del desorden político reinantes en su época. Inclusive va más allá y fustiga al mismo cristianismo por predicar la docilidad y la aceptación pasiva de los males y, también, por ‘inducirnos a menospreciar el valor de los honores y las posesiones de este mundo’.”
“Maquiavelo no contempla los bienes mundanos como fines en sí mismos, sino más bien como medios para el mantenimiento de ese equilibrio o de ese ajuste entre el hombre y las circunstancias cambiantes que constituyen un complejo desconocido de causas al cual él llama fortuna. Socialmente, el establecimiento de un poder secular central fuerte, capaz de controlar tanto a los individuos revoltosos como a una Iglesia que tenía intereses políticos, era el medio más importante para lograr tal fin. Él debía permitir a los ciudadanos dominar las circunstancias de manera más segura, más rápida, y con mayores esperanzas para el futuro.” (pag. 180)
(…)
“Fue Hobbes quien produjo, a mediados del siglo XVIII, la formulación clásica de este tema. Pues Hobbes no sólo universalizó la situación que Maquiavelo había considerado como eventual necesidad de una época perturbada, sino que también expuso rigurosamente los supuestos implícitos en la psicología de Maquiavelo, eliminó todos los juicios morales incongruentes y presentó un cuadro sin ornamentos del hombre natural como un ser en perpetua búsqueda de satisfacciones fugitivas y de ese precario equilibrio entre el carácter y las condiciones que Hobbes llama felicidad.” (pag. 181), ‘Capítulo IV. La Felicidad’ en ‘El Desarrollo de la Teoría Política’, editorial Universitaria de Buenos Aires EUDEBA, versión castellana por Néstor Míguez, Argentina, 349 pags., 1961.


Deviene en fundamental, establecer el momento de quiebre de la filosofía política moderna y racional: entre los que defienden al individuo ambicioso, apátrida y perverso, versus, el pensamiento preocupado por la felicidad humana universal, y los hitos se hallan en el pensamiento político de Nicolás Maquiavelo, Thomas Hobbes y Marsilio de Padua: pensadores de la autoridad central fuerte y efectiva y de la felicidad humana universal, ya está establecido que estos poderosos pensadores políticos fueron odiados por los grupos de poder fáctico de su centuria, y Hobbes: por los capitalistas de la “República plutocrática y esclavista” de Locke de su tiempo. La ‘Felicidad universal’ del ser humano es el ácido muriático teórico-político contra los pensadores políticos y económicos del liberalismo y capitalismo.


La Segunda República en el Perú, debe girar los ejes del pensamiento político y su accionar, sobre ese tema clave de la filosofía política: La FELICIDAD GENERAL, y denunciar a todas las teorías y postulados que se opongan a ella, al costo que fuere.

Lima, 13 de agosto del 2014

Jaime Del Castillo Jaramillo

Abogado egresado de la U.N.M.S.M. con más de 20 años de ejercicio profesional y cuenta con estudio jurídico abierto; politólogo con más de 20 años de ejercicio profesional; periodista, fundador y director del programa radial y televisivo ‘Yo, Sí Opino’ (censurado en TV y cerrado cinco veces en radio); Maestría en Ciencia Política con la tesis “Pensamiento Político peruano insuficiente y epidérmico causa de nuestro subdesarrollo político”; Post Grado internacional en Ciencia Política otorgado por la UCES – Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales de Buenos Aires-Argentina graduado con la tesis: “Crisis terminal de los Partidos Políticos en el Perú”; catedrático universitario de ‘Historia del Pensamiento Político”, “Filosofía Política”, “Metodología de la investigación en Ciencia Política”, “Realidad Nacional”; “Análisis Político”, “Ciencia Política”, etc.; blogger, comunicador social, articulista y conferencista.
Fundador, ideólogo y Presidente de “Foro Republicano”
http://fororepublicanoperuano.blogspot.com
@jaimedelcastill
yeagob2@gmail.com
https://www.facebook.com/jdelcastillojaramillo



martes, 12 de agosto de 2014

La “República plutocrática y esclavista” de Locke se consolidó con la ingenuidad política de Montesquieu, quien ilusamente cree que las ‘Leyes’ frenarán las indomables ambiciones del capitalista. Estados Unidos construyó su “República Plutocrática y Esclavista” con George Washington, y en Francia emerge la “República Falaz” con Napoleón Bonaparte




La “República plutocrática y esclavista” de Locke se consolidó con la ingenuidad política de Montesquieu, quien ilusamente cree que las ‘Leyes’ frenarán las indomables ambiciones del capitalista. Estados Unidos construyó su “República Plutocrática y Esclavista” con George Washington, y en Francia emerge la “República Falaz” con Napoleón Bonaparte



Inglaterra, es la gran maestra de la política mundial, en y desde Europa, y su experiencia interna en el campo: social, religioso, militar y económico-político es muy enjundioso, sangriento, pragmático y aleccionador, para cualquier estudioso y político de cualquier parte del orbe occidental; y en el siglo XVII y XVIII con mucha mayor razón: las guerras religiosas; la lucha por el poder interno entre monarquistas de diversas casas; capitalistas, comerciantes, industriales y terratenientes; ciencia y tecnología pujantes; nobles y pueblo llano siempre enfrentados; protestantes y católicos asesinándose; el establecimiento del imperio de ultramar inglés a sangre y fuego; las colonias inglesas en América enriqueciendo a la isla europea cabeza del mundo; el ascenso imparable e impetuoso del capitalismo comercial y luego industrial, etc., etc., todo eso hacía un marco muy especial para el estudio de la economía y de la política y de las ideas en la Inglaterra de Locke y sus adversarios: donde que el gran capitalista, inversionista y comerciante quería gobernar con el Rey y/o sobre el monarca, y de esa pugna potente, religiosa, económica, sangrienta, política, militar e ideológica se va a producir la paradigmática Monarquía Constitucional Inglesa: donde nunca, ni jamás de los jamases, se verificó en modo alguno la TEORÍA DE LA SEPARACIÓN DE PODERES del francés Montesquieu.


Hablemos claro, y en puridad de verdad: el Barón de Montesquieu o Charles de Secondat fue un ingenuo, políticamente hablando, con respecto a los avisados y cazurros y polemistas pensadores ingleses del siglo XVII como Locke; la tradición política y económica francesa, no tiene: ni el discurso, ni la línea de desarrollo inglesa, en modo alguno; Francia no tuvo en esa centuria, REVOLUCIONES tan potentes y trascendentales para el orbe occidental, como los verificados en la isla de Inglaterra: Francia en el siglo XVII seguía siendo un feudo monárquico absoluto, encapsulado en despotismo, con ostensible subdesarrollo científico, con multipolar y disímil economía precaria, basada en la tenencia de la tierra, con sangrientas y dogmáticas guerras religiosas, etc., etc., y para el siglo XVIII: había ebullición de ideas y agitación de posiciones políticas, más empujadas por la miseria y la grave crisis económica debido a la incapacidad y frivolidad extremas de sus monarcas engreídos y ciegos a la realidad social, económica e internacional.


Inglaterra: era el modelo político para los pensadores revolucionarios y/o contestatarios galos, pero el francés Montesquieu era un ‘bebe de pecho’, ideológica y políticamente hablando, con respecto al inglés John Locke: quien había logrado con su pensamiento, fundamentar y consolidar, al Parlamento: como la suprema autoridad constitucional que defendía los intereses de los grandes capitalistas, terratenientes y comerciantes y financistas ingleses en oposición y control y fiscalización contra la monarquía misma, o sea: EQUILIBRIO DE PODERES políticos, nunca lo hubo en Inglaterra, y lo que vio Montesquieu cuando viajó a la tierra de Oliverio Cromwell, fue espesa niebla inglesa y espejismos políticos, pero nunca la realidad de lo que acontecía como mar de fondo político inglés. Es más: Montesquieu no estaba capacitado para ver la realidad política-económica inglesa, que la tuvo frente a sus narices, porque su tradición política y económica nacional, no tenía punto de comparación con la inglesa. El capitalismo inglés avanzaba imparable y engullía no sólo tierras y negocios y posesiones ultramar, sino que también se industrializaba de la mano con los avances de la ciencia y tecnología, y se engullía a la misma monarquía, la misma que daba unidad política que tanto necesitaba el capitalista para avanzar mucho más rápidamente, tal como se ha verificado mil veces en el campo de la economía mundial.


Montesquieu a pesar que aparentemente apela a los estudios sociológicos y empíricos para arribar a sus conclusiones teóricas, ahora conocidas y harto difundidas y mal manipuladas por los grupos de poder, pues, lo cierto es que, Montesquieu crea su TEORÍA DE LA SEPARACIÓN DE PODERES sin tener nunca jamás un referente histórico concreto, sin tener un solo ejemplo de tal aplicación material, y en funcionamiento perfecto, probado y comprobado; es decir Montesquieu crea una quimera, crea una ilusión que rápidamente será aprovechada por el sector capitalista para engañar y estafar a las grandes mayorías y utilizarlas para sus fines, tal como se ha probado y comprobado documentadamente a través de la historia universal, y no solamente con respecto a la historia económica-política francesa y norteamericana del siglo XVIII, y de las repúblicas subsiguientes.


Recordemos que en EE.UU., en 1776 con la revolución independentista de George Washington: el soldado-granjero, lo que tenemos es un conflicto bélico disímil y asimétrico en lo militar y económico entre los capitalistas imperialistas ingleses protegidos por su gobierno y régimen político-militar ultramar, en contra de los terratenientes y granjeros e incipientes capitalistas norteamericanos, donde que el pueblo no tuvo mayor participación salvo en la entrega de su vida y sangre como soldados-granjeros y que después de la guerra continental regresaron a su misma vida de miseria y esclavitud. Los beneficiados con la República norteamericana de Washington: que atendió al pensamiento político de Locke y Montesquieu fueron los capitalistas norteamericanos, que ahora crecerían sin el dominio imperial inglés, en suma: en 1776 se instaura la República Plutocrática y Esclavista norteamericana, como está más que probado por la ciencia de la historia. Y en Francia, se erigió una República Falaz que siguió la suerte y destino de Napoleón Bonaparte --el soldado republicano privilegiado--, y luego siguió dando tumbos y caídas y reformas y más reformas.


Como lo he venido explicando en otras oportunidades y momentos, la TEORÍA DE LA SEPARACIÓN DE PODERES de Montesquieu, --que alimenta teóricamente a las actuales Repúblicas del orbe occidental, y que inclusive tienen carta de ciudadanía y santidad en el llamado ‘Derecho Constitucional’--, ha fracasado absolutamente, ya que la ingenuidad del pensador francés Charles de Secondat no podía ni pudo advertir: que los capitalistas de marca mayor se parapetaron en y/o detrás de los parlamentos, para defender sus propiedades y negocios, sin interesarles en modo alguno la suerte y el bienestar de las grandes mayorías, y probado está: el abuso inclemente e inhumano de los capitalistas europeos que explotaban hasta la indignidad, y la miseria extrema, a los obreros y campesinos, tal como ahora la ciencia de la historia lo tiene muy bien documentado, la REPÚBLICA PLUTOCRÁTICA de Locke y Montesquieu sirvió para que el capitalismo engañe y estafe a las grandes mayorías.  En el caso peruano está más que probado y comprobado, desde la fundación de la Republica en 1821 hasta la fecha, los únicos grandes beneficiados han sido y son las oligarquías y élites de poder y las transnacionales, y el pueblo sigue viviendo en ignorancia y miseria con sueldos mínimos indignos y de hambre, y nuestras riquezas mal barateadas y expoliadas, de tal forma que con la República plutocrática y esclavista peruana desde 1821 a la fecha, seguimos siendo económicamente: simples EXPORTADORES DE PIEDRAS tal como lo fuimos desde el tiempo de la Colonia en el siglo XVI hacia adelante.


Asimismo, lo expliqué muchas veces, y lo vuelvo a repetir: NO EXISTE TEORÍA DE LA SEPARACIÓN DE PODERES bien aplicada en la práctica, toda vez que la PARTIDOCRACIA se ha dado maña para copar, no sólo el poder ejecutivo, sino también el poder judicial, y el poder legislativo por antonomasia, y en esa praxis viciosa comprobada, no existe independencia de poderes, ni mucho menos, contrapesos alguno: En Perú, tenemos el caso clamoroso hace décadas, de ex presidentes de la República corruptos, que siguen libres y delinquiendo, porque los jueces están vinculados a su partido político, igual los legisladores, y la burocracia del ejecutivo de su facción, lo apoya, blinda y protege.


El reconocido investigador de ciencias sociales de la universidad de Liverpool Charles Vereker expone sistemáticamente varios temas básicos de la Teoría Política, y de donde extraemos éstas citas que abonan la tesis que hemos elaborado ut supra:


“En décadas anteriores, el exilio virtual de Bolingbroke en Francia, donde cultivó una íntima amistad con el joven Voltaire, y la visita de éste a Inglaterra, seguida por la de Montesquieu, contribuyó a popularizar la teoría de Locke y la práctica constitucional inglesa. Los reformadores de Francia recibían alborozados todo apoyo a su crítica del absolutismo monárquico. Un pensador social como Montesquieu, aunque sus investigaciones tuviesen una base muy diferente de las de Locke, se dirigía al mismo propósito de describir las condiciones políticas que sirvieran mejor a la cooperación armoniosa de los hombres racionales.”
(…)
“Sin embargo, Francia, por aquella época, no había realizado con éxito una revolución política, y quizá por esta razón los críticos del régimen eran más sensibles a las amenazas a la libertad moral y política en la nación-estado altamente organizada. Sea como fuere, los pensadores franceses como Voltaire (pag. 154) y Montesquieu usaban un criterio más histórico en su enfoque de las cuestiones políticas. (…) Pero el análisis de Montesquieu acerca del modo de alcanzar y mantener el consenso general respecto de la opinión moral es más sutil que el de Locke; y, además, destaca con mayor firmeza el modelo y la estructura de la autoridad que, en su opinión, permitirá el mejor desarrollo de esta armonía moral en circunstancias históricas particulares.”
(…)
“Pero Montesquieu no suscribe sólo el punto de vista de que el hombre en general (la expresión es de Voltaire), siente (pag. 155) una común inclinación a ser racionalmente moral. Se sentía también dispuesto a compartir el punto de vista que fue conquistando cada vez mayor aceptación a medida que transcurría el siglo, de que los hombres son impulsados la mayoría de las veces por sus sentimientos. Y esta convicción originó su interés por la búsqueda de las causas generales de la conducta social en la historia ‘porque como los hombres han tenido en todo tiempo las mismas pasiones aunque difieran las ocasiones que provocan los grandes cambios, las causas son siempre las mismas’. La principal contribución de Montesquieu a esta investigación apareció, después de muchos años de labor, en 1748. Su título, De l’esprit des lois, es sumamente difícil de traducir al inglés y no muy fácil de comprender en el original francés. Pues este ‘esprit’ de las leyes que constituyó el tema de tan extensa y multifacética investigación se refiere constantemente a dos características distintas, aunque relacionadas, de la ley social; y su influencia mutua constituyó el verdadero propósito de su estudio, si bien el autor no reconoció esto totalmente.”
(…)
“En primer término, Montesquieu quería descubrir aquello que podría llamarse el propósito moral de una ley, su intención original en función de alguna causa final. Pero también quería considerar su adecuación a las circunstancias particulares en que debía regir. Finalmente, estas dos cuestiones se relacionaban por medio de una tercera, que consistía en preguntarse, no cuál era la relación de la ley con las condiciones, sino cuál debía ser en una (pag. 156) situación determinada. Las condiciones además incluían no solamente los hábitos y el clima, la riqueza y la población, sino también el carácter de las instituciones políticas de la comunidad en estudio. (…) Teóricamente, su éxito no fue muy grande, pero contribuyó en gran medida a exponer las debilidades del enfoque racionalista de la política. Su influencia, como la de Locke, no se vio disminuida; hasta es posible que resultase incrementada por las inexactitudes y confusiones de su pensamiento.”
(…)
“Montesquieu iba más allá, y llegaba a afirmar que las leyes de estos dos ámbitos podían armonizarse. Con el conocimiento de esta armonía, podía construirse una sociedad política racional tan libre de despotismo arbitrario, como el orden natural parecía hallarse a cubierto de los caprichos de la fortuna o de las instrucciones irregulares de la providencia. Tal sociedad se uniría en la práctica de la virtud, no una virtud difícil y costosa, sino la virtud  resultante de lo que casi parecería una conducta instintiva.” (pag. 157)
(…)
“Su gran obra tenía la intención de investigar este sistema de causas generales, pero ocurría con más frecuencia que elegía sus ejemplos para ilustrar teorías cuya base era apriorística; su supuesto fundamental reposaba en que los fenómenos sociales debía explicarse en términos de sus complejas interconexiones con las condiciones físicas. (…) El mismo Aristóteles ya insistía en la importancia de definir una constitución en función de su propósito moral y de las circunstancias sociales, al mismo tiempo. El efecto del clima y de otras condiciones naturales habían sido considerados por Bodin en la República, y con alguna extensión también en su ensayo menos conocido sobre la historia. (…) Aristóteles tenía más fundamentos al trazar analogías orgánicas tomadas de la naturaleza, que Montesquieu al tratar de esbozar paralelos con la Mecánica.” (pag. 158)
(…)
“Montesquieu heredó de la Edad Media la triple distinción entre los reinos de Dios, del hombre y de la naturaleza, y aunque comience en su De l’esprit des lois diciendo que ‘las leyes, en su sentido más amplio, son las relaciones necesarias que se derivan (pag. 158) de la naturaleza de las cosas’, lo cierto es que se halla más interesado en sus diferencias particulares, según que los acontecimientos se hallen en el nivel  divino, humano o natural. La ley moral es captada por la razón, como sostenía Locke, pero Montesquieu agrega que también es un deber de la razón el distinguir entre sí los diversos órdenes de leyes y usar este conocimiento para la comprensión de los hechos y la adopción de decisiones prácticas.” (pag. 159)
(…)
“La dificultad residía en decidir si, en un esquema determinado de acontecimientos históricos, las causas más importantes eran las morales o las físicas y cuáles eran, en realidad, las relaciones entre ellas. Montesquieu sabía que, de acuerdo con la teoría anterior, la justicia y la equidad de los decretos de la ley natural se percibían directa e intuitivamente, mientras que la acción de las causas físicas debía descubrirse mediante la observación. Las relaciones entre estos dos conjuntos de leyes eran también un problema  de observación. Montesquieu parece haber creído que había logrado demostrar cómo podía efectuarse la reconciliación entre ambas.” (pag. 159)
(…)
“El elemento significativo en la contribución de Montesquieu a la realización de esta armonía social, en que las aspiraciones de justicia, no se vean defraudadas por no tomarse en consideración las circunstancias sociales, económicas y naturales, consiste en que casi siempre apela a una analogía con la mecánica o la cosmología de Newton para describir la constitución política que más se acerque a su ideal. Además, hoy día se le recuerda principalmente en la medida que esta concepción contribuyó, entre otras, a moldear la constitución de los Estados Unidos. Con excepción de su pasaje en que usa una metáfora inspirada en la armonía musical, la expresión usual que da a sus afirmaciones es ésta: ‘Puede existir la unión en un Estado en que no parece haber sino tumultos: es decir, puede haber una armonía de la que resulte la felicidad, que es la única paz verdadera. Ocurre lo mismo que en las partes del universo, que están eternamente unidas (pag. 160) por la acción de unas y la reacción de otras’”.
(…)
“Una república indiferente al bien común podría inclusive ser peor que una tiranía. (…) Montesquieu sabía muy bien que era más fácil denunciar el despotismo que evitarlo. ‘Para formar un gobierno moderado es menester combinar las potestades, arreglarlas, atemperarlas, imprimir movimiento; dar, por decirlo así, lastre a la una para ponerla en estado de resistir a la otra; trátase de una obra maestra de legislación que la casualidad rara vez produce y que rara vez se permite hacer a la prudencia’.” (pag. 161)
(…)
“Locke en términos generales había (pag. 162) preconizado la supremacía a la legislatura y había esbozado la teoría que yacía detrás del procedimiento parlamentario de su tiempo. Montesquieu fue más allá, en parte por su conocimiento superficial y erróneo de los desastres políticos de Inglaterra, y arguyó que las autoridades legislativas, ejecutivas y judiciales del Estado eran en sí mismas los factores constitutivos primarios de la maquinaria política. Su separación teórica debía acompañarse con un equilibrio práctico de sus funciones y de su autoridad, de modo que  ninguno de ellos pudiese anular  a los restantes o ejercer sus funciones propias sin el consentimiento de los otros. La naturaleza de las cosas, dice Montesquieu, exige este equilibrio de poderes en el Estado. La libertad moral de los ciudadanos depende de esta armonía concebida según un esquema mecánico.”
(…)
“La práctica política de Inglaterra nunca se adecuó a este modelo, ni siquiera en los días de Locke, y cuando Montesquieu visitó Inglaterra ya se habían constituido los estrechos vínculos entre las ramas ejecutiva y legislativa del gobierno.” (pag. 163
(…)
“Para Paine, el llamado equilibrio de poderes en Gran Bretaña carecía de sentido, era un mero recurso para evitar que los comunes, que representaban el (pag. 165) elemento democrático, ejercieran su autoridad libremente. Ya hacia fines del siglo se advierte una creciente desconfianza respecto de la eficacia del aparato constitucional, excepto como barrera negativa, e inclusive respecto de la simple e indiscutible claridad de las mismas leyes fundamentales. Richard Price, en un panfleto escrito como contribución a la discusión sobre la secesión de las colonias, observa visionariamente que no es suficiente definir la libertad como ‘un gobierno por las leyes y no por los hombres’, pues eso depende mucho de quienes sean los hombres que hagan las leyes. En cierta medida, debe responsabilizarse al mismo Locke de este resultado, por la preeminencia que su teoría de los derechos concede al concepto de propiedad, como extensión prepolítica de la persona. La salvaguardia de los intereses de las clases poseedoras desempeñó un papel importante en la estructuración de las constitución americana, y Godwin observaría más tarde en su Political Justice que ‘el hombre pobre se ve inducido a considerar el estado de la sociedad como un estado de guerra, como una combinación injusta, destinado a no proteger a cada uno en sus derechos y a asegurarle los medios de subsistencia, sino a aumentar las ventajas de unos pocos favorecidos…’. Pero, para la mayoría de los observadores, estas importantes consecuencias económicas, que en el siglo XIX, y en el nuestro, aparecieron en primer plano, permanecieron ocultas detrás del fundamento ajeno a la historia de la teoría abstracta de los derechos.” (pag. 166)
(…)
“Todas las famosas declaraciones americanas derivan su contenido teórico de Locke, y la Declaración de la Independencia contiene lo que quizá constituya la enunciación más conocida de las concepciones de Locke relacionadas con el individuo moralmente libre. ‘Consideramos como verdades evidentes por sí mismas que todos los hombres hayan sido creados iguales, y que el Creador les ha otorgado ciertos derechos inalienables, entre éstos la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad’. La sustitución del ‘patrimonio’, de Locke, por la ‘búsqueda de la felicidad’, no entraña una diferencia esencial en cuanto se refiere a la intención de tal afirmación. El propio Locke usa ese término para describir el logro de las satisfacciones en este mundo, y la Declaración de Derechos de Massachusetts, de 1780, agrega específicamente, a la vida y la libertad, el derecho de ‘adquirir, poseer y proteger la propiedad’. La Declaración de Derechos de Virginia, de 1776, incluye una claúsula similar, en la cual la felicidad se agrega a la propiedad, aunque no se relacione con ella. (…) Al presentar los Rights of Man a Washington, Paine los describía ‘como un pequeño tratado en defensa de los (pag. 167) principios de libertad que vuestra virtud ejemplar ha contribuido tan poderosamente a establecer’.”
(…)
“Paine concluye: ‘La sociedad no le otorga nada. Todo hombre es propietario en la sociedad, y deriva beneficios del capital con todo derecho’. En este último aspecto la teoría de los derechos necesitó enmiendas y complementos, particularmente en el siglo posterior. Su formulación, de predominio abstracto y no histórico, impidió que sus expositores comprendiesen que no es lo mismo derivar toda la autoridad política de los ciudadanos, (pag. 168) que atribuir todas las ventajas y beneficios sociales a los individuos que componen la sociedad. El uso metafórico que hizo Paine del término ‘capital’ fue desdichado.” (pag. 169), ‘Capítulo III. Los Derechos’ en ‘El Desarrollo de la Teoría Política’, editorial Universitaria de Buenos Aires EUDEBA, versión castellana por Néstor Míguez, Argentina, 1961.


Con las citas glosada ut supra, queda más que claro, que el francés Montesquieu fue ingenuo y poco realista cuando apela al estudio de ‘LAS LEYES’ y no al estudio de los hombres detrás de las leyes, no estudió, ni profundizó sobre los grupos de poder económico que buscaban apoderarse y/o dominar las instituciones políticas que puedan fiscalizarlos y controlarlos y regularlos, en sus actividades injustas, abusivas y explotadoras y elitistas como fue el caso del capitalismo mundial.


También queda en evidencia, que los pensadores y políticos norteamericanos más honrados y honestos, se dieron cuenta que la nueva República Plutocrática y Esclavista norteamericana solamente favorecía a los hacendados y terratenientes y capitalistas, pero nunca al pueblo llano ni menos al ‘ciudadano’ pobre y sin patrimonio, la República Plutocrática y Esclavista fue la maldición para el pueblo mayoritario: de quien decían defender sus derechos, los teóricos y políticos, tal como sucede también, en la hora presente.


En Perú, nace la República Plutocrática y Esclavista al igual que en otras naciones hermanas de nuestro continente, para favorecer a grupos de poder dominante, racista, patrimonialista y elitista, como está hoy más que probado científicamente, y lo peor, es que la secuela y la saga negativa contra las grandes mayorías continúa.


Tenemos que ir a una Segunda República con nuevo continente y contenido.

Lima, 12 de agosto del 2014

Jaime Del Castillo Jaramillo

Abogado egresado de la U.N.M.S.M. con más de 20 años de ejercicio profesional y cuenta con estudio jurídico abierto; politólogo con más de 20 años de ejercicio profesional; periodista, fundador y director del programa radial y televisivo ‘Yo, Sí Opino’ (censurado en TV y cerrado cinco veces en radio); Maestría en Ciencia Política con la tesis “Pensamiento Político peruano insuficiente y epidérmico causa de nuestro subdesarrollo político”; Post Grado internacional en Ciencia Política otorgado por la UCES – Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales de Buenos Aires-Argentina graduado con la tesis: “Crisis terminal de los Partidos Políticos en el Perú”; catedrático universitario de ‘Historia del Pensamiento Político”, “Filosofía Política”, “Metodología de la investigación en Ciencia Política”, “Realidad Nacional”; “Análisis Político”, “Ciencia Política”, etc.; blogger, comunicador social, articulista y conferencista.
Fundador, ideólogo y Presidente de “Foro Republicano”
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sábado, 9 de agosto de 2014

La “República plutocrática” de John Locke, quien tuerce teoría republicana de Aristóteles y crea‘Liberalismo’ decapitalistas y no de ciudadanos. El Parlamento como idóneo defensor del capitalismo. Separación de poderes para proteger los intereses del capitalismo y no del pueblo




La “República plutocrática” de John Locke, quien tuerce teoría republicana de Aristóteles y crea‘Liberalismo’ decapitalistas y no de ciudadanos. El Parlamento como idóneo defensor del capitalismo. Separación de poderes para proteger los intereses del capitalismo y no del pueblo



Ya en el siglo XVI habíamos detectado con el antropocentrismo: la preocupación, el anhelo e ímpetu incontenible y desenfrenado de los capitalistas e inversionistas europeos por verse libres de vaivenes e inestabilidades e inseguridades, a fin de hacer riquezas con toda amplitud, facilidad y protección, estos mismos capitalistas, financistas y grandes comerciantes, sabían por experiencia propia, que los gobiernos de todo tipo, laya y signo, se podían comprar, financiar y manipular, y hacerlos parte de sus utilidades comerciales:estos capitalistas ya habían financiado a reyes, a rebeldes, a la nobleza medieval y a la Iglesia Católica misma, y por lo tanto, con toda esa amplia, secreta y refinada experiencia ganada, en pleno fragor de las batallas y guerras y traiciones y conquistas, --donde el pueblo ignorante, que no sabía leer ni escribir, y que comía menos cada vez, pero entregaba abundantemente su sangre y vida, sin saber siquiera los reales motivos de las guerras a los que los llevaban sus amos y patrones o señores feudales--, pues, ahora los financistas de gobiernos ajenos y/o tiránicos y/o perversos y/o tramposos, querían gobiernos para sí, los capitalistas querían sus propios gobiernos y regímenes políticos, que les allegasen, faciliten y permitiesen, hacer más y más riquezas y obtener más propiedades, con el apoyo, respaldo y colaboración de sus propios ejércitos, leyes y jueces.


Y precisamente Jean Bodin empieza a sentar pensamiento político sobre la autonomía, autosuficiencia e independencia de la soberanía política que goce de obediencia de los súbditos, y ese fue el primer paso para crear la ‘REPÚBLICA PLUTOCRÁTICA’ que es la que desarrollará intensamente el capitalismo mundial; y para eso utilizarán a pensadores, filósofos, políticos,  juristas, comunicadores, etc., etc., y ese es el producto político universal que hoy tenemos frente a nuestros ojos manipulándonos de día en día, haciéndonos creer que somos libres e independientes y felices: ‘Liberalismo’ o ‘Neoliberalismo’ que le llaman hoy.


John Locke fue, y es, el filósofo político inglés del siglo XVII, del avaricioso y ambicioso capitalista apátrida, amoral y anético; John Locke fue,y es, el pensador político que expresa fielmente, y a pie juntillas, y en forma precisa: lo que necesitaba el capitalista deseoso de hacer negocios, inversiones y riquezas, sin trabas, sin obstáculos y sin control de ningún tipo: John Locke fue, y es, el filósofo político de la ‘REPÚBLICA PLUTOCRÁTICA’ que se asentó firmemente en todo el mundo occidental europeo, y que su influencia llega a los EE.UU. con su revolución independentista del siglo XVIII y luego se difunde en nuestra Sudamérica.


John Locke fue un pensador político astuto, sagaz y hábil para esconder elegantemente las verdaderas y negras intenciones de dominio y de poder político de los terratenientes y capitalistas, comerciantes y financistas de su evo, que vieron con toda claridad y palmaria oportunidad, la gran hora de hacerse del poder político pero para el servicio directo y frontal del capitalismo apátrida y explotador, que sobrevendría con todas sus injusticias inclementes e inhumanas y que la historia universal no se cansa de contar y narrar detallada y documentadamente.


John Locke nunca pensó ni filosofó para el pueblo o para el ciudadano, ya que el pueblo o el ciudadanocomún y corriente: era ignorante, no sabía leer ni escribir, no tenía PROPIEDADES, vivía de suyo en condición de miseria y de hambre crónicos en el siglo XVII, y además estaba engañado y estafado con un paraíso celestial después de la muerte, mientras sufría explotación y expoliación e indignidad y miseria social espantosa bajo el poder y la férula de sus patrones o señores hacendados de horca y cuchillo, como está probado y comprobado documentadamente;John Locke piensa y filosofa exclusivamente para el terrateniente o hacendado, para el ricachón, para el comerciante y para el capitalista y financista que sabía leer y escribir, que tenía propiedades mil, y poder.


John Locke utiliza interesadamente, las creencias religiosas y morales, el conocimiento y la filosofía de su evo para disfrazar sus verdaderas intenciones, por eso sus intérpretes lo acusan de confuso en muchas oportunidades, y es que utiliza para su conveniencia: la moral, para esconder sus verdaderas tesis de favorecimiento a una REPÚBLICA PLUTOCRÁTICA donde gobernaría no el pueblo ignorante y hambriento y desorganizado del siglo XVII, sino el capitalista, el hacendado, el terrateniente, el noble, etc., y todos a una: contra la plebe cerril o el populacho ignaro o el pueblo famélico, tal como la historia lo ha probado mil veces. Es el capitalismo que avanzó a pie firme y sin contemplaciones de ningún tipo, ejerciendo su dominio mundial, con el respaldo de los cañones, espadas y fusiles de los ejércitos de sus Estados y sus gobiernos, tal como está probado también miles de veces.


Locke, puso su mejor esfuerzo intelectivo en separar muy nítidamente al ‘ciudadano’ o mejor dicho al capitalista, del poder político materialo del Estado, y también de cualquier Iglesia;  es decir que tuvo la sagacidad de generar falazmente un ente corpóreo teórico llamado ‘ciudadano’ (que no es otra cosa que el terrateniente o capitalista como ya explicamos)que se enfrenta y al mismo nivel que el Estado o poder político: Esa fue su mejor y gran obra y conquista filosófica y de pensamiento político lockeano. Y para lograr ello, apela al ‘Derecho Natural’ que ya lo había delineado mejor Santo Tomás, astuto y sagaz el buenLocke apela hasta al mismo Dios para hacer creíble su esfuerzo teórico-político.Y aquí es donde levanta la fortaleza del capitalista o adinerado que se enfrenta al castillo del Estado o poder político, y claro: el dinero y el capitalista ‘ciudadano’ sabía bien cómo y con qué someter al gobierno y al poder político. La República Plutocrática había nacido y John Locke es su padre.


Pero es aquí, en este mismo punto, en que Locke hace el contrabando de la sana doctrina republicana aristotélica, al separar malevamente al hombre de la política o el Estado.El hombre en sociedad hace política con fines morales, hace el bien y busca la felicidad de sus congéneres, así lo habían prescrito tanto Platón como Aristóteles; pero sin embargo Locke sutilmente se aparta de esta sana doctrina republicana platónica-aristotélica, y desprecia los FINES MORALES del hombre en sociedad que hace política, está más que claro que a Locke le interesa un comino el hombre que busca la felicidad de los otros miembros de la sociedad, está más que claro que a Lockele importa principal y cardinalmente: el capitalista o el inversionista o el terrateniente que protege sus propiedades, y, que el resto de la sociedad que no tiene capitales o dinero: que se muera de hambre, en el desamparo o la miseria y la perdición. Aquí es donde se bifurca el camino hacia la REPÚBLICA PLUTOCRÁTICA de John Locke, la república del ricachón y capitalista versus el ciudadano que solamente tiene su conciencia, su moral y su fuerza de trabajo.


El otro gran esfuerzo teórico-político de John Locke fue, el de alejar o salvar al ‘ciudadano’ o mejor dicho al capitalista, del dominio del gobernante, o de la soberanía estatal que necesita controlar, fiscalizar y regular la actividad económica de los poderosos capitalistas por siempre abusivos, --(que alteran la sana división del trabajo: que tanto interés tuvo para el estagirita)--, y para el bien general de la República. Locke buscaba cazurramente neutralizar de raíz al gobernante que pueda controlar o regular o fiscalizar al ‘ciudadano’ o mejor dicho al capitalista, en sus actividades económico-patrimoniales: para John Locke el ‘ciudadano’ o mejor dicho el capitalista, era un hombre bueno, piadoso, racional y de moral intachable, y que por prescripción del ‘Derecho Natural’era hombre respetable, en su unidad e individualismo, y que se bastaba a sí mismo, porque sabía sus deberes y obligaciones, y que por lo tanto ningún gobierno debía regular o controlar su conducta o patrimonio, en suma: Locke pugnaba porque no se controle, ni se regule, ni se fiscalice, lasacciones, transacciones y ambiciones desmedidas del capitalista, terrateniente, comerciante e inversionista, etc. La ‘República Plutocrática’ sienta e impone sus condiciones capitalistas, con piel de cordero.


Y no es ocioso, ni fútil, ni superficial que Locke guste mucho de usar el término ‘CONTRATO’ en su teoría política disque moral y bendecida por Dios, cuando bien sabemos que ‘CONTRATO’ es una palabra absolutamente mercantil y de tráfico económico, el término religioso y divino y moral que debió usar Locke era el de ‘Alianza’ que sí lo usaba Thomas Hobbes tomando dicho concepto del mismo Antiguo Testamento.


Para que quede muy en claro, las verdaderas intenciones de Locke y sus verdaderos propósitos, recordemos: que consideró al gobierno como generado por la conveniencia, y no como un ente que busca la felicidad y el bienestar de todos los ciudadanos, como sentaron Platón y Aristóteles; para Locke el gobierno no debería existir, más sí, el ‘ciudadano’ o mejor dicho el capitalista y su patrimonio. La justificación más a gusto de Locke para que pueda existir el gobierno: es para controlar, perseguir y castigar a las ‘minorías irracionales’ que perturban la paz y la seguridad del ‘ciudadano’ o mejor dicho del capitalista y su patrimonio, Locke aplaudía el castigo a los transgresores y antisociales que atenten contra el patrimonio, se entiende del capitalista y no del ‘ciudadano’ de su tiempo, --que era normalmente el hombre medio, pobre y hambriento e ignorante--. Fue muy explícito y taxativo en ese sentido Locke, cuando consideraba que los derechos naturales a defender son: La Vida, la Libertad y Patrimonio.


Para Locke, el organismo idóneo y consecuente, que real y celosamente defendería los ‘derechos naturales’ del ‘ciudadano’ o mejor dicho del capitalista y su patrimonio, era y es: El Parlamento. Ahora está sumamente claro, que el Parlamento fue pensado desde siempre, en su origen y proyección, para defender los intereses de los terratenientes y capitalistas, comerciantes e inversionistas, antes que para defender los intereses del pueblo o de las grandes mayorías, tal como han engañado y engañan hasta la fecha los liberales o neoliberales.Inclusive algunos ignorantes o lacayos del capitalismo, se han atrevido a decir falazmente que EL PARLAMENTO ES EL PRIMER PODER DEL ESTADO, cuando en verdad: el PARLAMENTO ES EL PRIMER DEFENSOR DEL CAPITALISMO DEPREDADOR Y EXPLOTADORen contra de las grandes mayorías, de cualquier república.


Y fue muy celoso John Locke, en precisar específicamente que: el poder legislativo debe estar separado del poder ejecutivo, para que los intereses de los capitalistas, terratenientes e inversionistas, no se vea amenazado por las disposiciones del ejecutivo que necesita controlar, regular y fiscalizar, la actividad abusiva y expoliadora del capitalista. En suma: La Teoría de la Separación de Poderes fue creada para proteger y salvaguardar el patrimonio de los capitalistas, terratenientes, comerciantes e inversionistas, antes que para defender al pueblo.


El reconocido investigador de ciencias sociales de la universidad de Liverpool Charles Vereker expone sistemáticamente varios temas básicos de la Teoría Política, y de donde extraemos éstas citas que abonan la tesis que hemos elaborado ut supra:

“… Los hombres podían no estar de acuerdo en la interpretación de las Escrituras, y podían negar que la Iglesia tradicional de Inglaterra representara a la nación, pero no podían coincidir acerca de una humanidad común y de (pag. 140) una racionalidad común basada en la naturaleza que procede de Dios.”
(…)
“El primer exponente de una teoría de los derechos naturales, dentro de los límites de una ley natural secular, fue John Locke. Hombre del siglo XVII, contemplaba retrospectivamente a Santo Tomás a través de Hooker, y se hallaba entre la sociedad dual de la Edad Media y las naciones-estados democráticas unidas, creadas por las revoluciones americana y francesa. Algunas de las doctrinas y la mayoría de las justificaciones de estos dos convulsivos acontecimientos históricos, pueden atribuirse directamente a la difusión e influencia de sus ideas en el siglo XVIII. Pero el motivo que llevó a Locke a preocuparse por la dilucidación de los principios de la obediencia política fue el constante peligro de que bajo Jacobo II surgiera en Inglaterra un gobierno absolutista.” (pag. 141)
(…)
“La significación de la crítica de Locke al poder político arbitrario reside en que lo enjuicia desde un punto de vista que, teóricamente, queda fuera de la arena política, pero no dentro de la armazón institucional de la Iglesia, conforme lo habían hecho los pensadores anteriores a él. Los hombres, considerados como huérfanos de unidad política, no son bestiales, ni belicosos, ni réprobos; son una colección (pag. 142) de individuos morales y racionales preocupados por el goce pacífico de aquellos derechos que la naturaleza prescribe por el bien común. (…) Hobbes empleó el concepto para demostrar que jamás pudo tener más que una realidad histórica momentánea, mientras que, para Rousseau, se refería más bien a una condición ideal, míticamente perdida, pero que podía reconquistarse mediante instituciones políticas reformadas. Solamente Locke usa esta hipótesis confusa para indicar una comunidad de intereses que, la llamemos prepolítica o no política, es genuinamente natural, en el sentido de que es el sustrato necesario de todas las relaciones humanas; y es también social, pues une a todos los individuos racionales en el reconocimiento de un único código moral. (…) Los hombres racionales, no políticos, de Locke, tenían en común su humanidad, (pag. 144) su razón, la ley moral que expresa la voluntad del Dios único, y su comunidad de intereses en lo relacionado con la supervivencia en este mundo y su salvación en el otro. Pero, desde el punto de vista de la teoría, no tenían ni Iglesia ni Estado.”
(…)
“El lenguaje metafórico usado por los pensadores políticos que suponen una condición social precivil es designado usualmente como contractual, pero no siempre es precisamente un contrato a lo que más se asemejan los diversos acuerdos supuestos. Hobbes, que analiza en qué sentido los individuos teóricamente aislados constituyen una sociedad, usa el término alianza, tomado del Antiguo Testamento. Rosseau discute los pasos que los miembros de una sociedad existente pueden dar para reformar sus relaciones políticas y sociales por el acuerdo unánime de perseguir un fin moral común. Locke trata específicamente del método por el cual se designa y se fiscaliza un régimen político o un gobierno; la misma expresión que usa, trust, deja traslucir claramente el tipo de relación que considera.” (pag. 144)
(…)
“… y en el segundo tratado demuestra que la idea de Hobbes acerca de un estado de naturaleza anárquica es una premisa inadecuada para deducir de ella la necesidad de un poder central soberano que esté por encima de la ley. Locke dice que algunos hombres han confundido el estado de naturaleza con el estado de guerra, y aunque no llegue a identificar la condición natural con la paz y la buena voluntad, cree que se halla más próximo de esta situación que de la enemistad y la violencia. Esta famosa afirmación no está expuesta explícitamente, sino en la forma de un símil. La definición positiva de Locke dice así: ‘El estado de naturaleza consiste, propiamente, en hombres que vivan juntos de acuerdo con la razón, sin un superior común sobre la tierra con autoridad para juzgarlos.’. Lo que desea destacar Locke es, por tanto, la ausencia de un juez y la consiguiente igualdad de los miembros de esta sociedad natural en cuanto a la autoridad se refiere. Pero no por ello se desligan de sus vínculos morales: ‘Pues la verdad y la lealtad pertenecen a los hombres como hombres, no como miembros de la sociedad.’ Están sujetos normalmente a la regla de la ‘razón de la equidad común, que es la medida que ha establecido Dios a la acción de los hombres para su seguridad mutua’.” (pag. 145)
(…)
“Esta descripción del hombre no político, inconcebible para Aristóteles, hubiera sorprendido también a San Agustín. Si la armazón política agrega tan poco, al parecer, a la sociedad natural, debemos preguntarnos inevitablemente sobre qué base justificará Locke cualquier gobierno. En realidad, la autoridad limitada que concede al poder civil, y su insistencia en que su deber primario es la defensa de un ámbito de derechos individuales intrínsecamente ajenos a lo político, surgen ambas de su convicción relativa a la conducta racional. En pocas palabras: el gobierno es una cuestión de conveniencia, quizá hasta de una conveniencia necesaria, ya que no todos los hombres obedecen constantemente las normas de la ley natural. Las minorías irracionales perturban la paz. El supremo derecho natural a la libertad es, en sí mismo, incierto y se halla constantemente expuesto a violaciones. La propiedad es inestable e insegura. Los hombres, afirma, se hallan ‘constantemente dispuestos a abandonar una condición que, aunque libre, está llena de temores y de permanentes peligros’. (…) “… la preocupación de orden práctico por lograr de manera eficaz el justo castigo de los transgresores, cosa que no siempre sería posible en una sociedad no organizada, persuadió a Locke de que las leyes promulgadas en forma centralizada, los jueces públicos e imparciales y un poder para perseguir y castigar a las personas antisociales son instituciones deseables.” (pag. 146)
(…)
“Los derechos naturales que Locke quería defender contra las violaciones de las personas mal dispuestas se resumen en esta formulación compuesta: vida, libertad y patrimonio. En un pasaje habla del ‘gran objetivo perseguido por los hombres al entrar en sociedad’ como caracterizado por ‘el goce de sus propiedades en la paz y la seguridad’. Los términos vida y libertad se refieren al evidente derecho de los hombres para asegurar su supervivencia, si ello es posible, y al presunto derecho de los hombres racionales para disponer de sus propios asuntos sin interferencias arbitrarias de parte de otros.” (pag. 147)
(…)
“Locke evita los inconvenientes del problema de la soberanía considerando a la legislatura como si ejerciera un mandato. Este fructífero y útil concepto ha gozado de amplia y merecida influencia. Como depositaria de la ley para el pueblo, la legislatura puede reclamar la supremacía política. Como beneficiaria de este mandato, la comunidad misma goza de una soberanía reversible. Pero es la ley, que refleja el derecho natural y representa a Dios, la que constituye el objeto último de la fidelidad de los ciudadanos, y en su nombre éstos pueden destituir a los gobernantes con todo derecho. El poder debe estar limitado por ley, y debe usarse de acuerdo con ésta; y la recomendación de Locke en el sentido de separar al poder ejecutivo del legislativo se basa, al mismo tiempo, en el deseo de mantener subordinado al primero y en el temor de ‘la debilidad humana, que tiende a adueñarse del poder’…”
(…)
“Pero, ante una causa grave, los ciudadanos conservan el derecho final de apelar al cielo. Pueden rebelarse y establecer una nueva estructura política.” (pag. 151), ‘Capítulo III. Los Derechos’ en ‘El Desarrollo de la Teoría Política’, editorial Universitaria de Buenos Aires EUDEBA, versión castellana por Néstor Míguez, Argentina, 1961.



Existe mucha hipocresía y conveniencia por parte de muchos académicos del mundo, en encubrir la mano leprosa y asesina del liberalismo y del capitalismo monstruoso, que usa elegantemente el perfume de la teoría política y/o la filosofía política, para maquillar y esconder sus reales intenciones de dominio, explotación y monopolio de la actividad económica y política capitalista para sus fines elitistas, y en contra, por cierto, de las grandes mayorías.


Denunciamos pues: la teoría de la“República plutocrática” de John Locke, quien torció cazurramentela sana, axiológica y elevada teoría republicana de Aristótelesdel bien común y del zoon politicon, creando el agresivo‘Liberalismo’ teórico de y para capitalistas y el capitalismo, que tanta explotación, destrucción y contaminación ha generado. El Parlamentoentonces, fue ideado y concebido desde su origen: como idóneo defensor del capitalismo, el PARLAMENTO ES EL PRIMER DEFENSOR DEL CAPITALISMO DEPREDADOR Y EXPLOTADORen términos reales: probado y comprobado en la historia y en los hechos presentes y actuantes.


Con John Locke entonces: La Teoría de la Separación de Poderesse concibe y se crea y se defiende, para proteger exclusivamente los intereses del capitalismo y no del pueblo. En el caso peruano, ello está más que probado, ya que económicamente seguimos siendo: simple exportador de piedras, y eso que ya llegamos al bicentenario de la primera república fallida y colapsada. En Perú: el Congreso de la República y la Teoría de la Separación de Poderes, solamente nos ha traído subdesarrollo, pobreza y explotación, con partidocracia de derecha y de izquierda corrupta y venal. Tenemos que ir a la Segunda República pero con nuevo contenido y continente teórico republicano.

Lima, 09 de agosto del 2014

Jaime Del Castillo Jaramillo

Abogado egresado de la U.N.M.S.M. con más de 20 años de ejercicio profesional y cuenta con estudio jurídico abierto; politólogo con más de 20 años de ejercicio profesional; periodista, fundador y director del programa radial y televisivo ‘Yo, Sí Opino’ (censurado en TV y cerrado cinco veces en radio); Maestría en Ciencia Política con la tesis “Pensamiento Político peruano insuficiente y epidérmico causa de nuestro subdesarrollo político”; Post Grado internacional en Ciencia Política otorgado por la UCES – Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales de Buenos Aires-Argentina graduado con la tesis: “Crisis terminal de los Partidos Políticos en el Perú”; catedrático universitario de ‘Historia del Pensamiento Político”, “Filosofía Política”, “Metodología de la investigación en Ciencia Política”, “Realidad Nacional”; “Análisis Político”, “Ciencia Política”, etc.; blogger, comunicador social, articulista y conferencista.
Fundador, ideólogo y Presidente de “Foro Republicano”
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