viernes, 8 de agosto de 2014

La “República” moderna racional nace del respeto a la familia como órgano natural de autosuficiencia que produce al Estado: para la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad. El Parlamento fue creado para defender los intereses de los hacendados y capitalistas. Las eternas enseñanzas de Jean Bodin





La “República” moderna racional nace del respeto a la familia como órgano natural de autosuficiencia que produce al Estado: para la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad. El Parlamento fue creado para defender los intereses de los hacendados y capitalistas. Las eternas enseñanzas de Jean Bodin



Las duras y rudas condiciones de vida que impuso el Imperio Romano como dominio material político-militar-económico (aunque respetaba las creencias religiosas y culturales de sus colonias y provincias como parte de su política de la PAX ROMANA) sobre diferentes pueblos y naciones y Estados que otrora habían conocido la libertad, que gozaron de autosuficiencia económica y política, que habían creado la filosofía mayor y las ciudades-Estado, que habían pensado racionalmente sobre la Politeia o República y otras formas de gobierno, pues se vieron sujetos, dominados y sometidos por la fuerza, y con la amenaza de extinción vía la cruenta e inclemente aplanadora de hierro, el recio y disciplinado, poderoso ejército romano.


La aparición del cristianismo y sus enseñanzas fue la puerta de escape espiritual, sico-social y cultural, aunque sea, con la promesa del paraíso celestial y del Dios bueno y redentor; la ruda y dura vida de sometimiento a los designios político-militares de Roma en los vastos territorios bajo su férula, fue sobrellevado con la fe y la esperanza del paraíso divino como promesa para todos los hombres sin distinción alguna.   


La organización política romana estuvo empapada del helenismo, es decir del encuentro cultural y filosófico de la producción griega, alejandrina y la romana misma, creándose instituciones originales, muy propias del genio romano que hasta hoy asombran al mundo. Roma y su pueblo: de un simple valle de precarios y toscos agricultores, se convirtieron en fuente de cultura y civilización, y eje del poder político y militar vasto y temible, poderoso e invencible, durante siglos.


La República romana es todo un capítulo especial de estudio, por su originalidad, por su estructura y organización, que aún dejan enseñanzas por aprender, asumir y desarrollar, y que en otro momento y oportunidad nos encargaremos de ello.


Por ahora, nos toca decir que los pueblos dominados, sometidos y hasta excluidos por el Imperio Romano (entre ellos la Grecia de los sabios eternos Platón y Aristóteles) con el paso del tiempo y gracias a la labor persistente, poseída, dogmática y mártir de los evangelistas cristianos, lograron crear una comunidad eclesiástica conformada por muchas razas y culturas y lenguas, que a decir verdades: se convirtió en todo un persistente imperio religioso, sico-social y cultural, que obligó al mismo todopoderoso imperio romano a incluirlos en su estructura y organización política y religiosa, con su respectiva cuota de poder, y posteriormente, al dividirse el vastísimo imperio romano y luego caer en desgracia, la comunidad cristiana y eclesiástica ya institucionalizada, emerge como un nuevo poder fáctico y religioso, pero con tentáculos firmes y fuertes en lo económico, cultural y político, que perduró durante siglos, y que lo conocemos como la Edad Media.


Fue el cristianismo erigido como institución eclesiástica repetimos, la que levanta monumentos filosóficos con sus propios pensadores y filósofos católicos, y que son un muro firme y contundente contra las enseñanzas de Platón y de Aristóteles, vale decir, que los filósofos católicos en pleno auge del poder de su iglesia, tradujeron a su antojo e intereses las sabias y profundas enseñanzas de los acotados Platón y Aristóteles, sobre todo en cuanto a los capítulos de la organización política y las formas de Estado o de gobierno, ese fue el caso de San Agustín de Hipona y Santo Tomás de Aquino, por mencionar solamente dos nombres de los poderosos filósofos de la también poderosa y dominante Iglesia Católica: que ponía y sacaba reyes a su antojo, cuando estuvo en pleno auge y poder.


Esta fusión de la poderosa corriente filosófica: platónica y aristotélica, y, el pensamiento filosófico católico, perdurará durante siglos, con sus variantes y con sus propias escuelas, por cierto, y que tendrá un fuerte dominio al entrar la Edad Moderna: donde se separará el dominio de la Iglesia Católica sobre los reyes y monarcas europeos; y emergerán los pensadores y filósofos modernos que se preocuparán por los necesarios conceptos: de Estado, de Nación, de Soberanía, de Libertades y Derechos, y de las Formas de Gobierno; alejadas del dominio religioso por cierto, para dar cauce, pase y soga a los capitalistas que deseaban hacer negocios y obtener riquezas en paz, sin trabas y con protección y libertad. Fue la transición polémica, bélica y controvertida, evidente y ostensible del Teocentrismo al antropocentrismo; y la Reforma religiosa: fue el inmenso baño de sangre, con la biblia en la mano y la espada en la otra, que marcó a la historia universal, para indicarnos que la Edad Moderna ponía pie firme con su bandera encarnada de antropocentrismo.


Es así, que al salir de la obscura Edad Media: Europa se hallaba en zozobra, anarquía y guerras, con poderes micro y macro de todo tipo, clase y nivel, que reclamaban lo suyo, y que regaban de sangre los campos y ciudades en sus afanes de poder y de dominio, o de defensa de sus privilegios y prerrogativas: Reyes que eran barones de otros reyes, protestantes que asesinaban a católicos y viceversa, monedas diferentes en cada feudo, inseguridad y crímenes en las vías de comercio terrestre y marítimo, guerras constantes y súbitas por caprichos de la nobleza gobernante contra sus vecinos feudales, ambición desmedida de obtener más tierras y dominios por parte de reyes y Papas y cardenales u obispos, etc., etc., etc., en suma: inseguridad jurídica, militar, económica, comercial y política absoluta, sangrienta y angustiante; todo esto obligó a los grupos de poder económico que financiaban a los reyes y a la nobleza en sus guerras y caprichos, obligó a los emergentes comerciantes y capitalistas que vigilaban y que deseaban ardientemente que sus propios negocios gocen de seguridad, protección y prosperidad, a buscar a pensadores que razonen sobre el nuevo orden y régimen político deseable y ajustado a sus intereses, buscaban nuevos gobiernos y nuevos regímenes políticos y sobre todo nuevo Estado racional: que ponga orden y brinde seguridad a la vida europea que había cambiado de mentalidad y que deseaba libertades y derechos en el marco del antropocentrismo propio de la edad moderna, así renace el pensamiento político y se rescata la tradición filosófica platónico-aristotélica y aparecen las creaciones originales de teoría política instados por la necesidad, la angustia y su realidad miserable económica y comercialmente, ya descritas.


Ya estamos en el siglo XVI: en Europa la ebullición del pensamiento moderno antropocentrista y de las nuevas comunidades en vías de ser naciones con Estado moderno y racional, marchan a paso firme y jadeante a la conquista del mundo, buscando su seguridad, soberanía y prosperidad; la ciencia y la técnica y el pensamiento racional están tensionados al máximo, las convicciones religiosas están con los ojos rojos y los puños crispados y en alto; mientras tanto en la región que después se llamaría Perú, recién en 1532 llegaría occidente con su ciencia y su cultura y su mentalidad, a hollar el suelo de la cultura Inca y de muchas culturas a todo lo largo de la costa y de la cordillera andina, en Perú para el siglo XVI no teníamos escritura, ni ciencia ni técnica sistematizadas, ni desarrollo civilizacional parecido al europeo, no estábamos en condiciones de competir ni frenar ni oponer potentemente nada contra Europa que venía a nuestro continente a dominar y a explotar y a saquear con la espada en la mano y con cañones y técnicas de todo tipo y muy superiores a lo nuestro, el ‘Imperio Inca’ no era tal, ahora está probado que era suma de alianzas diplomáticas de culturas y etnias básicamente, aún en nuestro Perú de hoy se siguen descubriendo más y más culturas que nunca fueron dominadas por los Incas y que tuvieron tanta o más civilización y sabiduría y poder que los mismos incas quechuas sureños.


El pensamiento político vinculado a la racionalidad republicana moderna emerge en el siglo XVI con el francés Jean Bodin, un abogado que respondió al imaginario social y religioso y cultural de su tiempo, tiempo agitado y de confusiones y conflictos como ya se ha señalado líneas arriba. El pensamiento político de ese siglo XVI buscaba aferrarse a las virtudes aristotélicas, bebía de la consistente y luminosa doctrina de derecho natural del aquinatense, y apelaba a las Sagradas Escrituras para sazonar así: un pensamiento político que apuntara a consolidar, perfilar y hacer brillar el derecho natural del hombre que sea inalienable, respetable y patrón y canon para establecer en el mundo material y real y político: el derecho a la vida, el derecho a la libertad y a la felicidad, con el paso de los siglos y luchas y combates de todo tipo, este anhelo y esfuerzo del pensamiento, elevado a la categoría de Teoría Política se vio plasmado en las constituciones políticas o cartas magnas revolucionarias: primero, de Estados Unidos con George Washington a la cabeza, y, segundo, de Francia con su soldado republicano privilegiado Napoleón Bonaparte, en el siglo XVIII.


Pero, dejemos sentado que: Jean Bodin en 1576 escribe su célebre obra sobre la República en seis libros, preocupándose centralmente sobre el control y limitación del poder político, consideraba que debe haber un centro único, autodeterminante y absoluto, de donde debe emerger el poder único: La Soberanía.


Bodin toma del maestro de maestros: Aristóteles, la tesis de la autosuficiencia de la familia como núcleo central de toda comunidad política, es la suma de familias la que da creación a los gobiernos, y por lo tanto la autosuficiencia lleva directamente a la autodirección o SOBERANÍA que tanto anhelaba Bodin en su pensamiento político: El Estado tiene que detentar PODER SOBERANO autodeterminante y único y absoluto, el Estado tiene que ser necesariamente independiente y debe ser obedecido por sus súbditos, y esta postura es la que pivoteará o será el eje central del concepto moderno de Estado-nación para los efectos futuros, hasta la fecha.


El objetivo inteligente del pensamiento de Bodin, no solamente era discernir y establecer el concepto de soberanía política o dominio único e independiente y autodeterminante, debidamente obedecido por los súbditos obviamente, sino que buscaba que la PROPIEDAD sea intocada e intocable y respetada por el PODER POLÍTICO SOBERANO, (la propiedad como herramienta de independencia y autosuficiencia de las familias, en teoría) y esa era la preocupación central y cardinal de los capitalistas de la época, que buscaban y anhelaban seguridad jurídica y política con la soberanía, pero sobre todo: los inversionistas, comerciantes y capitalistas buscaban el respeto intangible a sus PROPIEDADES para poder crecer económica y financieramente, y hacer poderosa la maquinaria del capitalismo, que luego conquistará el mundo.


Bodin asimismo, insistió en que el poder político central no puede imponer impuestos a sus súbditos sin su consentimiento: los capitalistas, hacendados y nobles dieron creación al parlamento para defender sus intereses, inspirados en esta teoría; EL PARLAMENTO entonces, es la institución de los hacendados, capitalistas, comerciantes e inversionistas, creado para frenar y controlar e impedir que el poder central, el rey o el soberano que fuere, les imponga impuestos que les reduzca sus ganancias y utilidades. Esto es central y clave y vital para entender a los PARLAMENTOS de hoy, y su estafa y engaño desde su inicio u origen, el PARLAMENTO no nace para defender al PUEBLO, el parlamento nace para defender los intereses, propiedades y capitales de los nobles, de los hacendados, de los ricos capitalistas y comerciantes.


La teoría política del francés Jean Bodin caló profundamente en los filósofos políticos venideros, y sobre todo en Inglaterra rindió frutos, con pensadores tan sólidos como Hooker que sienta las bases de la nación moderna racional, y del mismo John Locke que refina y potencia su pensamiento político a partir de Bodin, convirtiéndose Locke en el inspirador de las triunfantes y luminosas revoluciones americana y francesa en cuanto a la lucha de los derechos civiles o naturales, como ya se explicó líneas arriba.


El reconocido investigador de ciencias sociales de la universidad de Liverpool Charles Vereker expone sistemáticamente varios temas básicos de la Teoría Política, y de donde extraemos éstas citas que abonan la tesis que hemos elaborado ut supra:


“La búsqueda de la virtud de Aristóteles, la doctrina del derecho natural de Santo Tomás de Aquino y la renovada autoridad que adquirieron las Escrituras se combinaron para transmutar el derecho divino del alma individual a la búsqueda de salvación en un derecho natural inalienable que sus más renombrados defensores llamarían después derecho a ‘la Vida, la Libertad y la búsqueda de la Felicidad’. (pag. 131)
(…)
“La dificultad en describir y justificar la nueva unidad política del Estado, que evidentemente no era imperium ni polis, dentro del marco conceptual del pensamiento de la Edad Media, se manifiesta de manera sorprendente en la famosa obra De la République escrita por el jurista francés del siglo XVI Jean Bodin. Constreñido por su pensamiento confuso y por las conclusiones ilógicas expuestas en los seis libros de su extensa y mal escrita obra aparecida en 1576, las verdaderas contradicciones de Bodin reflejan el callejón sin salida a que había conducido la teoría tradicional. Bodin creía, del mismo modo que sus contemporáneos, que el poder político debe sujetarse a fiscalización moral y a límites racionales. (…) Bodin comprendió que, en la práctica, sólo un centro de poder lograría moldear una comunidad, de cualquier tipo que fuera.” (pag. 131)

(…)
“Para resolver este rompecabezas Bodin recurrió frecuentemente a Aristóteles, pero no tomó de éste su afirmación de que el propósito del gobierno era la felicidad de los ciudadanos. Por grande que fuera la influencia del pensamiento clásico, la idea que una comunidad política estaba capacitada para satisfacer todas las necesidades de sus ciudadanos armonizaba muy poco con las creencias sociales cristianas predominantes en este período como para que ganase rápida aceptación. Pero en su discusión de la formación del cuerpo político como algo distinto de sus fines, Bodin acepta la explicación naturalista de Aristóteles, quien lo consideraba como una transformación de unidades familiares pequeñas en una comunidad más vasta. Para Bodin no era la autosuficiencia el criterio aceptable de la realización política, sino la autodirección. El Estado era el organismo que en algún punto de su estructura mostraba el poder de dirigir sus actividades comunes con una autoridad y una finalidad no sujetas a ningún control externo, exceptuando, claro está, el de Dios. A este asiento de la autoridad humana Bodin lo llamaba poder soberano.” (pag. 132)

(…)
“Sus dos criterios indispensables son su independencia de todo otro agente humano y la obediencia de todos sus súbditos. Soberanía y sujeción son términos (pag. 132) correlativos.” (…) Bodin tampoco pretende afirmar que un Estado sea un grupo nacional, aunque en realidad fueron estos mismos grupos los que construyeron los estados más eficientes en los siglos futuros. Pero esto fue un accidente histórico. El Estado de Bodin puede comprender varios grupos, laicos o eclesiásticos, fundos diferenciados como los del medioevo, gremios económicos y corporaciones, pero todos ellos deben observar una condición de sometimiento ante el poder soberano, y ejercer sus privilegios o mantener sus derechos consuetudinarios por la gracia del soberano.” (pag. 133)

(…)
“Bodin había rechazado la franca aceptación de San Agustín en el sentido de que se blandiese la espada temporal, con el único recaudo de que fuera morigerada por la justicia; y tampoco quería acompañar a Aristóteles en todas sus concepciones. Sin (pag. 133) embargo comprendía claramente, a pesar de los argumentos a menudo confusos de su obra, que mediaba una importante diferencia entre el ejercicio del poder con fines tiránicos y lo que él mismo llamaba un Estado bien ordenado.”
(…)
“El buen orden significaba para Bodin algo más positivo que la ausencia de perturbaciones. Implicaba que las leyes debían dirigirse hacia los fines comunes de los súbditos: en primer lugar, desde luego la satisfacción de sus necesidades temporales; y, en segundo lugar, el mantenimiento de condiciones que permitieran llevar vidas virtuosas. Pero el gobernante soberano era la única fuente de la ley; ésta emanaba de su voluntad; no debía dar cuenta de sus decisiones a ninguno de sus súbditos e inclusive estaba eximido de la obligación de mantener la ley, como no fuera por su propia gracia generosa.”
(…)
“La verdad parece ser que Bodin nunca distinguió claramente entre sus observaciones empíricas acerca de lo que ocurría en realidad para mantener cualquier orden que fuese, y lo que él sabía que debía ocurrir para lograr las condiciones de la vida moral. Decía que el poder soberano estaba por encima de la ley, pero sabía que no podía estarlo, pues otros grupos y los individuos tenían derechos al igual que el soberano. Esta dificultad, que bajo otra forma desconcertó también a un pensador francés posterior, Montesquieu (pag. 134), fue resuelta satisfactoriamente en el siglo XVII por el filósofo inglés Locke.” (pag. 135)
(…)
“En el Estado de Bodin todos los grupos se hallaban bajo sujeción política, con excepción de uno, la familia, de la cual brotaba naturalmente la comunidad mayor. La familia conservó una posición privilegiada, al parecer, porque constituye la verdadera esencia de cualquier comunidad humana; y dado que la familia dependía para su mantenimiento de la propiedad, ésta también debía estar, al menos moralmente, fuera del control del poder soberano. (…) Además, reforzó este punto de vista con la afirmación de que el gobernante soberano no podía establecer impuestos a sus súbditos sin su consentimiento.”
(…)
“Tenemos, pues, aquí, el esquema de un Estado bien ordenado o políticamente justo: aquel en que el poder soberano sólo es responsable ante Dios, pero que, sin embargo, se abstiene de usar su autoridad legislativa más allá de los límites del derecho natural y, en particular, de invadir el terreno de las posesiones de la familia. Estas áreas reservadas dentro de la vida de los súbditos aún no eran consideradas manifiestamente como derechos naturales, pero, con todo, (pag. 135) representaban derechos ante el soberano, y su justificación no era política ni eclesiástica. La elaboración ulterior de una teoría secular de los derechos naturales, justificada moralmente en función del derecho natural, evitó las confusiones del análisis de Bodin y contribuyó a definir el concepto de soberanía constitucional del Estado.” (pag. 136)
(…)
“Bodin destacó, como es de comprender, la autoridad directiva del Estado, más que su principio de integración. Correspondió a un inglés de la generación posterior, defensor también del poder legislativo del Estado soberano, llamar la atención al modelo de vida comunal o nacional, arraigado en la historia y la tradición, que suministró la armazón social dentro de la cual podía operar la nueva autoridad política.” (pag. 136)

(…)
“Originada en el acuerdo convencional, la nación-estado cristiana de Hooker se convierte en una entidad integrada, ilimitada en el tiempo, con todos los elementos necesarios para satisfacer sus necesidades temporales y espirituales, y sometida por el consentimiento de sus miembros a un poder gobernante, aunque no necesariamente en forma abierta, con un derecho sancionado por Dios de hacer leyes para el bien de toda la comunidad, tanto civil como eclesiástica. Era ésta una descripción ideal, y en ella se eludían las alternativas de fundar el poder político, ya en una fuerza exterior o superior a la constitución política. El criterio por el cual podía ponerse a prueba la justicia de las leyes no era su amplitud, sino su racionalidad intrínseca.”
(…)
“Fue esta tradición la que sobrevivió en forma secularizada durante los dos siglos siguientes, cuando la comunidad anglicana de Hooker se apartó aún más de su ideal nacional.” (pag. 140), ‘Capítulo III. Los Derechos’ en ‘El Desarrollo de la Teoría Política’, editorial Universitaria de Buenos Aires EUDEBA, versión castellana por Néstor Míguez, Argentina, 1961.



La “República” moderna y racional entonces, nace teóricamente del respeto a la familia como órgano natural de autosuficiencia que produce al Estado: para la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad; así fue el pensamiento central y clásico de Jean Bodin al respecto; fueron los capitalistas y financistas y comerciantes y hacendados quienes usaron el concepto aristotélico de la FAMILIA y su propiedad sentado por Bodin para satisfacer sus intereses de toma de poder, y cuando ya tuvieron el poder, eliminan, obliteran o se olvidan de ese concepto aristotélico fundamental y básico de la FAMILIA que iba en contra de sus intereses, porque precisamente los capitalistas explotaban y explotan no solamente al OBRERO y/o PROLETARIO, sino también hundían y hunden en la miseria, la ignorancia y la explotación a las FAMILIAS OBRERAS.


Las teorías políticas y las ideologías nacen para justificar intereses, intereses de grupos dominante mayormente, así lo ha demostrado la historia y la ciencia política, por eso es que creemos necesario recuperar la sana doctrina republicana y librarla de los bulos y estafas y trampas que favorecen a los grupos de poder que generan PLUTOCRACIA que se esconde o se disfraza de REPÚBLICA como es el caso peruano (y de otras naciones hermanas) desde sus orígenes republicanos hasta la fecha, la primera república ha colapsado en Perú y debemos impulsar la Segunda República con real contenido teórico clásico auténtico, más el aporte nuevo nuestro, que sea dictado y enseñado por la realidad y por la experiencia que nos deja la primera república falaz y colapsada en la cual nos movemos en miseria y estafa, ya que Perú sigue siendo económicamente un simple exportador de piedras como lo fue en la Colonia, y ello gracias a la mediocre y venal partidocracia de derecha y de izquierda y su ‘teoría política’ y su Estado de derecho.

Lima, 08 de agosto del 2014

Jaime Del Castillo Jaramillo

Abogado egresado de la U.N.M.S.M. con más de 20 años de ejercicio profesional y cuenta con estudio jurídico abierto; politólogo con más de 20 años de ejercicio profesional; periodista, fundador y director del programa radial y televisivo ‘Yo, Sí Opino’ (censurado en TV y cerrado cinco veces en radio); Maestría en Ciencia Política con la tesis “Pensamiento Político peruano insuficiente y epidérmico causa de nuestro subdesarrollo político”; Post Grado internacional en Ciencia Política otorgado por la UCES – Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales de Buenos Aires-Argentina graduado con la tesis: “Crisis terminal de los Partidos Políticos en el Perú”; catedrático universitario de ‘Historia del Pensamiento Político”, “Filosofía Política”, “Metodología de la investigación en Ciencia Política”, “Realidad Nacional”; “Análisis Político”, “Ciencia Política”, etc.; blogger, comunicador social, articulista y conferencista.
Fundador, ideólogo y Presidente de “Foro Republicano”
http://fororepublicanoperuano.blogspot.com
@jaimedelcastill
yeagob2@gmail.com
https://www.facebook.com/jdelcastillojaramillo


jueves, 7 de agosto de 2014

La “República” es meritocracia que alimenta la justicia social. Con ciudadanía ignorante no hay “República”. Las republiquetas partidocráticas odian la meritocracia y la asesinan, además de fomentar la ignorancia ciudadana. Las eternas enseñanzas de Aristóteles





La “República” es meritocracia que alimenta la justicia social. Con ciudadanía ignorante no hay “República”. Las republiquetas partidocráticas odian la meritocracia y la asesinan, además de fomentar la ignorancia ciudadana. Las eternas enseñanzas de Aristóteles



La partidocracia de derecha y de izquierda sólo está reclutando pillos con dinero que puedan pagar los obscuros ‘cupos’ para ser candidatos en los primeros puestos a los cargos que fuere, el dinero del narco, del minero ilegal, del talador inescrupuloso, del proxeneta y del mafioso en general llega a los partidos políticos en Perú, a fin de delinquir y solamente delinquir en mil formas y maneras, los politicastros encaramados en los puestos públicos en primera reacción lo que buscan es recuperar ‘su inversión’ pagada a los jefes de los partidos políticos tan mafiosos como los políticos mil veces denunciados por corrupción absoluta y descarada. Acabamos de tomar conocimiento que la autoridad electoral en Perú, en las presentes elecciones municipales y regionales, ha detectado que mil cuatrocientos (1,400) candidatos de la partidocracia tienen antecedentes judiciales.


El poder judicial, el ministerio público, la policía, el Congreso de la República y todas las instituciones republicanas peruanas saben perfectamente de éste cáncer partidocrático que ha infectado a toda la institución republicana valga la redundancia, pero no hacen nada, absolutamente nada de nada, muy al contrario se ha verificado que dichas instituciones se han convertido en cómplices de las mafias y de la corrupción partidaria de toda laya. Salvo meritorias excepciones.


No hay REPÚBLICA hay republiqueta, no hay REPÚBLICA hay chacra de la mafia partidocrática con ‘Estado de derecho’ incluido, y eso es absolutamente probado y comprobado hace décadas de décadas, pero es tal el dominio partidocrático sobre la república oficial o constitucional que ellos mismos se preocupan que no se modifique nada para que sigan delinquiendo y enriqueciendo a costa de las grandes mayorías. Eso es corrupción o mejor dicho mega-corrupción a nivel de Estado-Canalla, eso no es República, eso es republiqueta partidocrática.


La MERITOCRACIA es el enemigo mortal de la partidocracia en general, la partidocracia odia, rechaza, repele y asesina a la MERITOCRACIA, así de sencillo y de fácil; es más: la partidocracia de derecha o de izquierda no quiere CIUDADANOS quiere militantes serviles y obedientes al extremo de la loa y la alabanza fácil y gratuita, y eso está probado y comprobado: En Perú cualquier mediocre convenido sobón o ‘franelero’ o tiralevitas partidocrático puede llegar a ser primer ministro o congresista o embajador, etc., etc.


Los hombres buenos, de principios éticos y de moral intachable no tienen espacio en la partidocracia de derecha o de izquierda para la alta dirigencia, los altos cargos y menos los intelectuales o los pensadores críticos, la partidocracia y su cúpula no quiere ciudadanos y hombres buenos y honestos, la partidocracia de derecha o de izquierda quiere CÓMPLICES DE LA CORRUPCIÓN que justifiquen aunque sea con su silencio los delitos cometidos por sus líderes partidarios o por su partido en general, y a esa sucia connivencia se le llama ‘militancia partidaria’ consecuente y combativa, así de sencillo y de fácil. Así, de hecho no hay REPÚBLICA sino republiqueta partidocrática.


Es más, la partidocracia de hoy sea de izquierda o de derecha se cubre con el manto de la legalidad y de la constitucionalidad para delinquir y se hace pasar como el ‘pilar de la democracia’ cuando en realidad es ‘PILAR: LA CORRUPTA PROSTITUTA’ que infecta a lo que mal denominan república. Uno de los instrumentos que usan los grupos de poder y sus serviles de la partidocracia es la IGNORANCIA del pueblo que en Sudamérica es de porcentajes altos y sorprendentes, en Perú se ha llegado a fomentar la ignorancia hasta en las conocidas universidades-basuras que por decenas de ellas venden títulos y grados que no valen absolutamente nada. Y los mass media de alcance nacional tienen programación-basura que embrutece mucho más al pueblo, como es fácil de comprobar hoy por hoy.


Aristóteles el famoso filósofo, --y maestro del conquistador Alejandro Magno en Macedonia--, afrontó con su pensamiento todos estos problemas que aquejan al orden político y recomendó la POLITEIA o República –y rechazó el concepto de DEMOCRACIA como forma corrupta de gobierno del populacho--, como la mejor organización política de masas que allegue justicia social y en esto coincide con Platón.


Aristóteles también considera conjuntamente con Platón que la naturaleza del hombre es la Política (zoon politicon) como tendencia de la humanidad muy ínsita, muy connatural, pero precisa bien el estagirita: que la política como conducta humana tiene y debe tener un fin moral, un objetivo noble, de buscar la felicidad de las mayorías, y precisamente en nuestro medio tenemos a personajes que buscan la política pero para enriquecerse y delinquir, entonces eso no es ni política ni políticos.


El político, para el pensamiento aristotélico, tiene que hacerse en comunidad y por largo tiempo, para que afine su juicio práctico y su razón, y pueda capacitarse para hacer el bien con fines morales y éticos, sin embargo hoy vemos a personajes que de súbito quieren ser autoridades políticas para poder pagar sus deudas personales y /o empresariales que han contraído con malas artes y con malas artes gobiernan y delinquen descaradamente.


La sabiduría de Platón y de Aristóteles dejó muy bien sentado en forma precisa y taxativa que la IGNORANCIA es la causante de la desgracia de las REPÚBLICAS y eso se prueba y se comprueba plenamente a través de la historia y de la crónica presente. En Perú es indignante que en Lima la ciudad capital exista más de cinco millones de  pobres de un total de 10 millones de habitantes, y en las provincias: la pobreza es más clamorosa; y pobreza significa IGNORANCIA por razones obvias, y esa masa de ignorantes elige como autoridades políticas a delincuentes, pillos y mafiosos a cambio de una bolsa de arroz o de azúcar o de dinero, etc., tal como se ha probado muchas veces, y eso no es REPÚBLICA en modo alguno.


La aplicación de la justicia es importante en el pensamiento de Aristóteles, porque sin ella el hombre sería peor que las bestias según el maestro de Alejandro Magno, y ello se comprueba en Perú donde los que tienen dinero hacen lo que se les viene en gana como si estuviésemos en los años de la ‘República Aristocrática’ de comienzos del siglo XX con todos sus abusos, crímenes e injusticias cometidas contra las grandes mayorías por la oligarquía peruana de horca y cuchillo. El poder judicial y el ministerio público en Perú han sido tomados por la mafia partidocrática (salvo meritorias excepciones) y lo sabemos y se ha denunciado muchas veces, pero la propia partidocracia que maneja las palancas de poder de la república hace nada para modificar ello, y eso no es REPÚBLICA en modo alguno. 


La justicia bien aplicada con rigor y sanción efectiva y precisa, genera armonía y oportunidades para vivir dentro de la ley, y en paz y progreso en las Repúblicas, pero eso no se verifica en Perú desde sus inicios, y eso no es República, y por eso también afirmamos: que la primera república en Perú ha colapsado y que debemos ir a la instauración de la Segunda República.


Aristóteles sienta en forma contundente y sólida que la SOBERANÍA en la politeia o República debe residir en LA LEY y no en los hombres, pero esa LEY debe ser la generada por el pueblo; pero resulta que la partidocracia, --(que llega al Parlamento para hacer las leyes)-- ya no representa al pueblo, si no: a los intereses de los grupos de poder y a las cúpulas mafiosas de y con los partidos políticos. Necesitamos recuperar la LEY DEL PUEBLO y no de las mafias partidocráticas o de los grupos de poder dominante del signo que sea, pero eso creemos que debe instaurarse la Segunda República que corrija todas estas deficiencias y vicios.


Necesitamos otro tipo de políticos, por eso se requiere cambiar los ejes de la reflexión teórica-política en Perú y en otras comunidades políticas afines, y eso es atender al sabio Aristóteles cuando pedía alejarnos de los extremos siempre, y buscar el punto medio o el justo medio, y eso es lo que requerimos: hombres prudentes, probos, respetables, capacitados y de calidad moral.


El reconocido investigador de ciencias sociales de la universidad de Liverpool Charles Vereker expone sistemáticamente varios temas básicos de la Teoría Política, siendo el más importante tema el de la JUSTICIA y de donde extraemos estas citas que abonan la tesis que hemos elaborado ut supra:


“El tratado de ‘Política’ de Aristóteles es una obra muy distinta de ‘La República’ de Platón (…) la ‘Política’ no tiene ninguna de las ventajas de un discurso coherente, concebido como una obra de arte, como ‘La República’.” (pag. 30)
(…)
“Aristóteles concuerda en que la política es natural, es decir, constituye una actividad ligada de manera necesaria con el carácter y el destino específicos del hombre; y está de acuerdo también en que la vida política es un medio, un medio esencial, para lograr un fin moral.” (pag. 30)
(…)
“Para Platón, el modelo de la vida buena podía conocerse teóricamente, a lo menos por una minoría (pag. 31) de personas dotadas; y si podía conocerse, entonces también podía enseñarse, comprenderse o imponerse. Tal era la esencia de la vida política. En cambio, para Aristóteles, el conocimiento científico, el conocimiento de las verdades necesarias y universales, no incluye las verdades morales y políticas; es decir, estas últimas no son aprehendidas por una facultad intelectual llamada razón, sino por un juicio práctico refinado a través de la experiencia cotidiana. Lo posible no es un modelo abstracto de vida al cual deban conformarse las condiciones reales, sino que ese modelo debe descubrirse progresivamente en la experiencia. La vida práctica, por tanto, debe considerarse separadamente de la vida teórica, y las verdades de la primera se aprenden, no por contemplación de las verdades eternas (aunque Aristóteles haya admitido que ésta es la suprema actividad humana), sino por la atención cuidadosa de los acontecimientos experimentados y por el análisis de cada situación particular, guiado y apoyado por una disciplinada disposición moral.” (pag. 32)
(…)
“En este sentido, el hombre, ser específicamente racional, sólo podía hallar su verdadero yo en comunidad, sólo podía encontrar su más alto desarrollo en la polis y, por tanto, podía definirse con propiedad como un animal político. Además, la prioridad que Aristóteles atribuye a la polis sobre sus miembros individuales debe explicarse de manera similar; se trata de una prioridad moral y natural más que constitucional, en el uso moderno del término, pues la polis es la condición previa necesaria para que sus miembros logren la plenitud moral de sus vidas.” (pag. 33)
(…)
“Podría afirmarse en general, que para Aristóteles, como para Platón, el factor que desintegra a una sociedad es la ignorancia. Al igual que Platón, también considera que algunas personas tienen mayor probabilidad de ser ignorantes que otras.” (pag. 34)
(…)
“La autosuficiencia es la característica esencial de una asociación de la que pueda decirse que está plenamente desarrollada. Completa el crecimiento natural del grupo, así como la satisfacción de necesidades más estrechas y más primitivas comienza su desarrollo natural, por ejemplo, en la familia.” (pag. 36)
(…)
“Sin justicia, el hombre sería peor aún que las bestias; sin orden ni armonía ni oportunidades para vivir bajo la ley que garantiza la ciudad, la justicia sería imposible.” (pag. 37)
(…)
“Aristóteles analiza cuidadosamente las diversas estructuras posibles de su clase de ciudadanos, pues la realización del justo equilibrio en la comunidad requiere no sólo la determinación de cualidades adecuadas para compartir los privilegios de la ciudadanía, sino también la posibilidad de asentar en un principio racional y moralmente satisfactorio las recompensas y los honores otorgados a distintos ciudadanos. Este último principio, llamado de la justicia distributiva, es la respuesta de Aristóteles a las aspiraciones del igualitarismo. La igualdad debe expresarse por un equilibrio entre la función social, por un lado, y la situación y la recompensa correspondientes por el otro, y no en la pretensión desequilibrada y, desde el punto de vista griego funciones sociales en pro de una igualdad universal, pero desproporcionada. Aristóteles habría estado de acuerdo  en que se exigiera a cada cual según su capacidad pero hubiera corregido la divisa posterior del siglo XVIII en el sentido de otorgar también a cada uno según su capacidad.” (pag. 38)
(…)
“El eterno problema de eso que en la época moderna se ha llamado soberanía, que en el contexto de la ciudad griega equivalía al problema de saber cuál era el grupo de ciudadanos que debía tomar las decisiones finales de gobierno, también es considerado con cierta extensión por Aristóteles. Para Platón, este problema se resolvía mediante el establecimiento de la clase de los guardianes. Aristóteles en cambio, considerando el problema en su planteo empírico, toma en cuenta las pretensiones de los grupos rivales que habitualmente se encuentran en las sociedades humanas: el de los bien nacidos, el de los ricos, el de los hombres descollantes, el de los tiranos y el de los ciudadanos considerados en conjunto. Pero su conclusión es que la ciudad ordenada justamente debe depender lo menos posible de las decisiones de los individuos. ‘sujetos, como todas las personas, a las pasiones que ofuscan la mente de los hombres; por tanto, es mejor que (la soberanía) repose en la ley’. ‘La soberanía suprema debe residir en las leyes rectamente concebidas, y el poder personal, ya sea ejercido por una sola persona o por un cuerpo de personas, debe ser soberano sólo en aquellas cuestiones en que la ley, por la dificultad de establecer reglas generales para todas la contingencias, no permita un pronunciamiento exacto’.” (pag. 39)
(…)
“Aristóteles veneraba este sistema en la medida que representaba la estable, prudente y equilibrada norma de la razón, pero, al mismo tiempo, veía que no había ninguna garantía de que un cuerpo de leyes fuera bueno y justo, simplemente, por prescripción. Comprendía que las mismas leyes podían contener un tratamiento favorable para un grupo de la sociedad y desfavorable para los otros, situación ésta que para Marx ocurre normalmente.” (pag. 39)
(…)
“Tanto en la vida privada como en la vida pública, Aristóteles se oponía a los extremos. La búsqueda de la perfección sigue el camino del justo medio. Debía confiarse en el hombre prudente y no en el excéntrico, en el hombre de hábitos regulares y disciplinados. Por eso también Aristóteles prefería el grupo medio de los ciudadanos, el de los que no eran ni demasiados ricos ni demasiados pobres. Además, era la calidad de vida privada de los ciudadanos la que sustentaba, y al mismo tiempo era sustentada, por la constitución política.”
“Al igual que Platón, consideraba de primordialísima importancia el papel de la educación en la edificación de la ciudad justa. Los ciudadanos deben ser educados en aquellos hábitos de vida que se adecuen al tipo de ciudad en que viven, lo cual permite que se mantenga la constitución de esa ciudad.” (pag. 41)

(…)
“… educación estatal no era, simplemente, una conveniencia económica y administrativa; era una exigencia del propósito moral último que animaba la estructura política de la ciudad griega. Por esta razón, la educación sugerida por Aristóteles para una ciudad ideal debía tratar de desarrollar las dotes naturales, moldeando el carácter para que adquiriese buenos hábitos, y ejercitando las facultades racionales, de manera que los individuos fuesen capaces de mantener el dominio de sí mismo.” (pag. 42), ‘Capítulo I. La Justicia’ en ‘El Desarrollo de la Teoría Política’, editorial Universitaria de Buenos Aires EUDEBA, versión castellana por Néstor Míguez, Argentina, 1961.



La meritocracia debemos impulsarla en un nuevo tipo de organización social y política que en la Segunda República responda a las asambleas de las fuerzas vivas que generan riqueza, economía, comercio y cultura en nuestro país, de esas asambleas de las fuerzas vivas del Perú deben salir las verdaderas y auténticas leyes del pueblo, y también tienen que emerger los valiosos cuadros (meritocracia) que necesitamos para obtener el progreso y el desarrollo, que la partidocracia de derecha y de izquierda nos ha negado y nos negará siempre, no olvidemos que el Perú sigue siendo simple exportador de piedras como en la colonia, cuando tenemos tantas riquezas que podrían gatillar el despegue infinito de nuestro país hasta lograr ser una potencia económica-comercial-militar de Sudamérica.


La educación pública de calidad y de acceso a las grandes mayorías tiene que impulsarse en la Segunda República desde la educación inicial hasta los institutos superiores con una regulación que busque generar ciudadanos capacitados técnica y profesionalmente pero también con valores y conducta moral apta para hacer el bien público.


Necesitamos asimismo, y en forma urgente. un nuevo sistema judicial y un nuevo sistema de fiscalización contra la corrupción y la delincuencia, en la Segunda República tenemos que dar espacio al SISTEMA DE JURADOS en un nuevo sistema judicial y también la presencia y actividad de las VEEDURÍAS CIUDADANAS donde el pueblo elija a sus magistrados y también los sancione y fiscalice.

Lima, 07 de agosto del 2014

Jaime Del Castillo Jaramillo

Abogado egresado de la U.N.M.S.M. con más de 20 años de ejercicio profesional y cuenta con estudio jurídico abierto; politólogo con más de 20 años de ejercicio profesional; periodista, fundador y director del programa radial y televisivo ‘Yo, Sí Opino’ (censurado en TV y cerrado cinco veces en radio); Maestría en Ciencia Política con la tesis “Pensamiento Político peruano insuficiente y epidérmico causa de nuestro subdesarrollo político”; Post Grado internacional en Ciencia Política otorgado por la UCES – Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales de Buenos Aires-Argentina graduado con la tesis: “Crisis terminal de los Partidos Políticos en el Perú”; catedrático universitario de ‘Historia del Pensamiento Político”, “Filosofía Política”, “Metodología de la investigación en Ciencia Política”, “Realidad Nacional”; “Análisis Político”, “Ciencia Política”, etc.; blogger, comunicador social, articulista y conferencista.
Fundador, ideólogo y Presidente de “Foro Republicano”
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miércoles, 6 de agosto de 2014

La “República” es la medicina para restablecer la salud política-económica e imponer la justicia social. Las eternas enseñanzas de Platón en ‘La República’





La “República” es la medicina para restablecer la salud política-económica e imponer la justicia social. Las eternas enseñanzas de Platón en ‘La República’



Hemos venido denunciando reiteradamente que la teoría política que alimenta a la ‘Republica’  (en Perú y por extensión a muchos países de Sudamérica) ya está desfasada, corrupta y pervertida por los partidos políticos de derecha y de izquierda, y es que la desinformación y embrutecimiento inoculado vía los medios masivos de comunicación social, ciegan y desvían mucho más a los ciudadanos, del camino correcto para mejorar, corregir y modernizar sus Repúblicas, el caso peruano es patético por el cinismo, mediocridad y el descaro de la clase política partidocrática de izquierda y de derecha que con toda osadía y prepotencia llevan oficialmente como candidatos en todas las elecciones a vulgares pillos, delincuentes, narcos y toda laya de mafiosos, estafadores y demagogos, los mismos candidatos que previamente han pagado el consabido y negro ‘cupo’ a los jefes de los partidos políticos signados por la corrupción, y denunciados mil veces por corruptos –estos políticos paridos por dicha partidocracia maleva-- por la ciudadanía que sufre a estos delincuentes y malhechores de la política nacional, salvo meritorias excepciones.


Y es que muchos desconocen que la política es buscar la felicidad de las mayorías y no el beneficio de grupos de poder minoritarios coadyuvados por los denunciados partidos, la justicia social es una preocupación central de la teoría política desde la época de los griegos hasta la fecha, y la JUSTICIA es un tópico cardinal teórico-político que debe alimentar el ejercicio público y que por lo menos teóricamente se supone que impregna todas las normas positivas jurídico-constitucionales en cualquier comunidad civilizada.


La preocupación por la justicia decíamos, es tan antigua como la humanidad misma, en cuanto se preocupó el hombre por reunirse en comunidades que excluyan la guerra, la inseguridad y la desarmonía, y precisamente sobre eso filosofa el monumental pensador griego Platón, sentando teoría política que fue y es la fuente primera de todo filósofo político que se precie de tal, sus enseñanzas iluminan aún el estudio de la ciencia política y la política en general. Y es que Platón fue un político metido a filósofo, tuvo mucha experiencia en materia de conducta social y ordenamiento vinculado al poder y afrontó los múltiples y críticos problemas de su evo, y pensando en las soluciones a las variantes y encrucijadas de su época es que sentó las bases de la gran teoría política sólida que aún sigue vigente. Fue el autor de la señera y eterna obra ‘La República’ que supera en orden, método y esencia a la misma ‘Política’ del sabio estagirita Aristóteles.


Y es que para Platón los hombres estamos destinados por naturaleza inflexible y central a vivir dichosamente juntos, esa es nuestra flexión primera en materia social y política, en tal virtud es una falsedad y artificio el ‘CONTRATO SOCIAL’ entre los hombres, toda vez que nuestra esencia es la de vivir juntos y servirnos unos a otros en paz y armonía; y ningún papel o contrato o acuerdo va a originar o crear o iniciar lo que es una tendencia social ínsita y natural cuando los hombres se reúnen en comunidades. Y con esta postura platónica queda bien fundamentado el por qué los hombres reclaman, protestan y luchan --hasta inclusive entregar sus vidas-- en búsqueda de la JUSTICIA SOCIAL tal como está demostrado en toda la historia universal y hasta la fecha.


El INDIVIDUALISMO es una falacia, toda vez que el HOMBRE NO SE PUEDE SERVIR A SÍ MISMO necesita obligatoriamente: el concurso y apoyo y colaboración de otros hombres. El liberalismo y el neoliberalismo son estafas ideológicas y políticas y económicas de grupos de poder que solamente buscan explotar a otros hombres de mil formas y maneras generando injusticia social.


Y en esa línea platónica en desarrollo afirmamos que la teoría del CONTRATO SOCIAL debe y tiene que ser revisada porque es un artificio y es falaz y tenemos que hacer girar los ejes de la reflexión y de la praxis política en la búsqueda de la justicia social.


Y es que para el discurso platónico: la JUSTICIA tiene mucho que ver con el respeto a la división del trabajo, a la satisfacción de necesidades y a la vigilancia de la paz y la seguridad ciudadanas, y para lograr ello se apela a la virtud de los ciudadanos, y a la capacidad y competencia del grupo gobernante, es decir: la clase política decidida a gobernar tiene que tener solidez moral y ética y preparación y competencia en el acto de gobierno y administración públicas, atendiendo por cierto y prioritariamente, a la maquinaria social de la división del trabajo como orden natural que nos conduce siempre a la paz y a la armonía social. En este patrón y canon, vemos muy en claro que nuestra República no es tal, y que la clase política que tenemos dista mucho de ser capaz y competente para allegarnos justicia social.


Es central, primevo y concepto clave entonces: el HOMBRE BUENO, aquél que sea diestro, perito y experto en técnicas especiales al servicio de la comunidad, para el pensamiento platónico el hombre bueno es vital para lograr el funcionamiento de la República con paz y justicia social; es decir: que el hombre bueno debe tener la capacidad técnica, especializada y solvente de una habilidad que coadyuve a la felicidad general vía el orden político o POLITEIA en griego, y en el lenguaje romano: República.


Ser hombre bueno implica un concepto integral para Platón: no solamente ser hábil y capaz técnicamente en el plano laboral y profesional, sino también ser moralmente intachable y respetable políticamente. Y por ello fue realista, muy realista el sabio Platón cuando concibe que es una minoría la que podría alcanzar esos requisitos, perfiles y stándares para la salud de la politeia o república.


Platón nunca se equivocó cuando su preocupación se centra en respetar la división del trabajo, es decir, reconocer que todos los hombres se sirven unos a otros en justicia, en naturaleza y en sus justas necesidades aportando sus conocimientos, artes, habilidades y esfuerzos interactivamente: el carpintero, el agricultor, el comerciante, el soldado, el médico, el cantante, etc., y que precisamente, en el respeto y supervigilancia y resguardo de ese orden natural de la división del trabajo está la clave para preservar la justicia social y la salud de la politeia o república.


En ese marco es que es y deviene imprescindible: tener HOMBRES DE JUICIOS JUSTOS porque son los que enriquecerán y consolidarán la justicia social, la paz y la seguridad de la politeia o república ya indicadas.


Entonces la REPÚBLICA fue creada para allegar salud política a la comunidad enferma e INFLAMADA POR LAS INJUSTICIAS, la inflamación como enfermedad social y política: con la suma de los lujos y artificios y caprichos y discriminaciones que alteran el sano discurso de la división del trabajo y procrean la injusticia social general. Los políticos de la República tienen como deber RECONSTITUIR LA SOCIEDAD ECONÓMICA e imprimirle salud y estabilidad.


El reconocido investigador de ciencias sociales de la universidad de Liverpool Charles Vereker expone sistemáticamente varios temas básicos de la Teoría Política, siendo el más importante tema el de la JUSTICIA y de donde extraemos estas citas que abonan la tesis que hemos elaborado ut supra:


“Las respuestas particulares de Platón a los problemas que planteó tienen menor importancia para los estudiosos posteriores de la política, que su insistencia en que los hombres están destinados, por su propia naturaleza, a vivir dichosamente juntos (pag. 12) en armonía y paz; en que, si no lo consiguen, debe imputarse la causa a la falta de conocimiento adecuado para alcanzar dicho fin; y en que es posible descubrir, mediante la reflexión sistemática, el camino que se debe seguir para lograrlo, aunque ello no asegure necesariamente que todos lo sigan. Esta actitud crítica y reflexiva frente a los problemas sociales ha distinguido al pensamiento político posterior. Los pensadores de las épocas siguientes como San Agustín, Hobbes, Rousseau y Marx, han permanecido, a este respecto, dentro de la tradición platónica. Difieren acerca de las causas de la desarmonía, ofrecen sugerencias diversas para reorganizar las relaciones sociales de acuerdo con esquemas más satisfactorios y sus propuestas específicas divergen en cuanto al ordenamiento institucional apropiado para lograr el fin que se anhela, pero todos ellos siguen el ejemplo de Platón –- si bien impulsados por otras imperfecciones distintas de las que motivaron el pensamiento de éste-- al reflexionar críticamente sobre la condición del hombre y el plan más eficaz para su redención.” (pag. 13 )
(…)

“Se presenta otra dificultad al tratar de comprender cuanto dice Platón acerca del carácter y del propósito de la asociación política: y es que en su (pag. 14) descripción de las clases de hombres y de grupos sociales que considera más satisfactorios se remite constantemente a una analogía con la habilidad técnica –argumento favorito de su maestro Sócrates—más inteligible para sus contemporáneos del mundo griego que para nosotros.” (pag. 15)
(…)

“Es difícil captar en la palabra virtud la idea, originalmente más neutra, de ser bueno en algo, idea que es propia del término griego correspondiente, areté o del latino virtus. (…) Así, el hombre bueno, para Platón, era algo análogo al buen marinero o al buen carpintero, es decir, algo análogo a quien posea un conocimiento especial de una técnica especial, sólo que  ese conocimiento, en el primer caso, se relacionaba con la vida desde el punto de vista moral o, más simplemente, con la cuestión de cómo ser bueno en tanto se es hombre.”

“Esta concepción teleológica o intencional de la vida humana es común a Platón y Aristóteles, y su tradición llegó a varios pensadores de épocas sucesivas.” (pag. 15)
(…)
“Sin duda, podría argumentarse que Platón pensaba en Sócrates como modelo, y que tenía en la mente el carácter excepcional y las dotes de su amigo y maestro cuando describió al hombre virtuoso, es decir, al hombre que, como tal era el mejor. Pero, en su opinión, sólo ciertos tipos de personas podían, por inclinación congénita y capacidad intelectiva, alcanzar esa jerarquía moral. Para la mayoría de la gente, la condición esencial de una vida buena y moralmente satisfactoria residía en el carácter y la constitución de la comunidad o ciudad en que vivían. Platón tenía clara conciencia de que las ciudades que conocía condenaban a la mayoría de sus contemporáneos a una vida desdichada, imperfecta y frustrada. Concebía la ciencia de la política como una investigación sobre el correcto ordenamiento de las relaciones entre los ciudadanos, de modo que pudieran ayudarse unos a otros a ser hombres buenos. Esta reordenación del esquema de las relaciones sociales, la reestructuración de la constitución o de la república, término latino que corresponde al griego politeia, u orden político, constituye el tema del más importante estudio de Platón en la materia, La República, obra dialogada cuyo subtítulo es De la Justicia. Significaría una gran ventaja, en verdad, que pudiéramos volver a usar el término politeia para describir el cuerpo político, pues su significado no aparece oscurecido por acepciones secundarias.” (pag. 16)
(…)
“Esta sociedad armoniosa, por lo tanto, es algo cuya realización depende de que existan en su seno hombres capaces de emitir juicios justos, pues el sentido más cercano al término griego traducido como justicia es el de decidir sabiamente, más que el de pronunciamiento de acuerdo con la ley.” (pag. 17)
(…)
“La justicia era patrimonio de unos pocos, quienes la conferían a los más, y cada grupo necesitaba del otro para poder vivir en armonía. Pero la misma conducta requerida para establecer la armonía social era la que expresaba y desarrollaba, al propio tiempo, el carácter moral de los ciudadanos individuales. De este modo, Platón consideraba la relación política como requisito indispensable para la realización moral.” (pag. 18)
(…)
“Contra esta primitiva versión de la teoría del contrato social, Platón sostiene que los lazos de la sociedad son naturales y, por implicación, universales, pues surgen del carácter y de las necesidades de los hombres, ninguno de los cuales puede bastarse a sí mismo.” (pag. 19)

(…)
“En La República Sócrates describe la comunidad económica simple como la ‘única verdadera, la que goza de buena salud’, y su complicación por la adición de lujos como la ‘inflamación’. El establecimiento de una comunidad política se compara de este modo con la recuperación de la salud después de la enfermedad, y el gobierno se considera como el régimen que administran los médicos con conocimientos especiales para reconstituir la sociedad económica y mantenerla con buena salud. En el primer estado de la sociedad, el más simple, su condición moral, su expresión de justicia o de armonía reside en el principio de la división del trabajo. Este principio continúa manifestándose en la sociedad que se recupera de sus males, pero, a fin de evitar una recaída, deberá incluir un nuevo grupo especializado, que Platón llama de los ‘Guardianes’, los médicos del alma social y, previa diferenciación, defensores del cuerpo social.” (pag. 20)

(…)
“Los atributos morales específicos de los grupos o clases cuya función es volver a crear y defender el sistema armonioso de la ciudad, son la sabiduría y el valor, y las artes que están capacitados para ejercer, son el arte de gobernar y el arte militar de la defensa y del mantenimiento del orden.” (pag. 22)

(…)

“La visión de la justicia de Platón consiste en una nueva división, por clases, de un tipo distinto de trabajo: el establecimiento de la armonía, la seguridad y la felicidad, no para una clase, sino para todos los miembros de la nueva comunidad política.” (pag. 23)
(…)

“Es incumbencia de la política la dirección general, el control y la ordenación armoniosa de los variados intercambios de bienes y servicios entre los miembros de un grupo dado. Al propio tiempo, es también uno de estos servicios, el más importante de ellos. (…) Allí donde las leyes sean sabias; los soldados, valerosos; y todo el mundo obediente, la sociedad será feliz, armoniosa y, en el especial significado griego de la palabra, justa. Finalmente, sólo en una sociedad semejante la mayoría de los hombres –pues podrían excluirse los casos (pag. 27) raros de los filósofos—podrá encontrar esa misma justicia en sus propios espíritus.” (pag. 28), ‘Capítulo I. La Justicia’ en ‘El Desarrollo de la Teoría Política’, editorial Universitaria de Buenos Aires EUDEBA, versión castellana por Néstor Míguez, Argentina, 1961.


Queda entonces muy en claro, --a la luz de la exposición que hemos faccionado líneas arriba--, que la teoría política que alimenta --y hasta jurídica y constitucionalmente-- a la ‘república’ peruana (y similarmente en otras naciones), pues, está pervertida y en su concepción, estructura, organización y proyección, para nada le interesa el valor: JUSTICIA SOCIAL; el interés primero de la corrupta clase política de hoy es el lucro mercantil elitista en la forma o manera que sea, o, en otras palabras, sólo les interesa el ‘MERCADO’ individualista –pero del INDIVIDUO que tiene dinero absolutamente, así sea un delincuente o un narcotraficante--, por eso nosotros hemos afirmado y afirmamos que la primera república peruana ya colapsó. La Segunda República con nuevo contenido y continente es imprescindible para el Perú.

Lima, 06 de agosto del 2014

Jaime Del Castillo Jaramillo
Abogado egresado de la U.N.M.S.M. con más de 20 años de ejercicio profesional y cuenta con estudio jurídico abierto; politólogo con más de 20 años de ejercicio profesional; periodista, fundador y director del programa radial y televisivo ‘Yo, Sí Opino’ (censurado en TV y cerrado cinco veces en radio); Maestría en Ciencia Política con la tesis “Pensamiento Político peruano insuficiente y epidérmico causa de nuestro subdesarrollo político”; Post Grado internacional en Ciencia Política otorgado por la UCES – Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales de Buenos Aires-Argentina graduado con la tesis: “Crisis terminal de los Partidos Políticos en el Perú”; catedrático universitario de ‘Historia del Pensamiento Político”, “Filosofía Política”, “Metodología de la investigación en Ciencia Política”, “Realidad Nacional”; “Análisis Político”, “Ciencia Política”, etc.; blogger, comunicador social, articulista y conferencista.
Fundador, ideólogo y Presidente de “Foro Republicano”
http://fororepublicanoperuano.blogspot.com
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lunes, 4 de agosto de 2014

Foucault y Chomsky no creen en la democracia económica de hoy y consideran que la resistencia y lucha permanente contra las plutocracias y grupos de poder debe ser constante y persistente: La República del siglo XXI debe tener otro continente y contenido




Foucault y Chomsky no creen en la democracia económica de hoy y consideran que la resistencia y lucha permanente contra las plutocracias y grupos de poder debe ser constante y persistente: La República del siglo XXI debe tener otro continente y contenido




De la famosa polémica en Holanda (convertida en libro) sostenida entre las dos celebridades de la intelectualidad universal como son el sicólogo y filósofo francés Michel Foucault y el norteamericano lingüista Noam Chomsky se pueden sacar importantes lecciones y anotaciones para la ciencia política y para las proyecciones de la necesidad práctica en la lucha republicana con toda seguridad.

  
                                                                                 I


Foucault tiene un concepto muy realista y racional y espléndido sobre la naturaleza humana, la ciencia y el saber, que nos obliga a profundizar en la racionalidad moderna con mucho realismo desde el mismo concepto de vida que nunca fue el mismo en la evolución humana, la valoración de la vida y del mismo cuerpo humano pasó por diferentes conceptos y tratativas y que se escabulle inclusive a la grilla científica misma.

La naturaleza humana entonces sigue siendo como la vida: todo un enigma y todo un desafío y todo un problema desde el inicio de la civilización hasta nuestros días, es más el concepto de vida y de naturaleza humana siempre fue la herramienta clave para las ideologías políticas y para las praxis de poder de los grupos dominantes de todo tipo, clase y nivel social, económico, político y cultural en general, tal como se puede evidenciar de la simple compulsa de la historia universal y sus recodos críticos.

En ese discurso y sentido concordamos con Foucault en cuanto a que el desarrollo de la ciencia se acomoda a transformaciones o intereses de grupos de poder en cada momento histórico o dominio civilizatorio tal como se desprende del estudio de la historia de la cultura y de la política mundiales, y no es como afirman algunos románticamente en el sentido que la ciencia progresa beneméritamente cual virgen protectora o benefactora de la humanidad toda.


                                                                                     II

La ciencia política entonces responde a los intereses de su momento y eso lo dejó muy en claro el mismo padre de la ciencia política como es el florentino Nicolás Maquiavelo por eso se apresuró en dictaminar que debe existir una separación entre moral y política, y las razones son mucho más que obvias si nos atenemos al realismo técnico maquiaveliano y que gracias a sus eficaces y sustentadas enseñanzas triunfó dicho método en el estudio científico de la política tal como se enseña en las universidades e institutos especializados hasta hoy.

Concordamos con Foucault cuando afirma que la POLÍTICA es el ‘tema más crucial de nuestra existencia’ y eso se puede comprobar hoy con mucha facilidad, por eso es que debemos centrarnos en darle un nuevo continente y contenido a nuestras REPÚBLICAS sobre todo en Sudamérica, donde sufrimos hace décadas de sequía de teoría política acertada, eficaz y realista, y vivimos en la estafa permanente de conceptos europeizados desfasados y estafadores aunado a un secuestro legal y constitucional de nuestras iniciativas y derechos de gobernar y administrar nuestro destino y felicidad por parte de partidocracia corrupta y de gobiernos signados por el entreguismo, la mediocridad y la corrupción.

Obviamente que Chomsky coincide con nuestra posición en el sentido que el Congreso de la República es un organismo inútil, dispendioso y mafioso que obstruye el desarrollo nacional y el progreso de nuestras naciones, en el caso peruano: económicamente seguimos siendo simples exportadores de piedras; por eso creemos con Chomsky en el poder para las asambleas de las fuerzas vivas de nuestra nación para que decidan sobre su destino y bienestar.

Y por cierto que coincidimos con Foucault/Chomsky en el sentido de negar la existencia de democracias en nuestras naciones toda vez que nunca hubo ni hay ‘ejercicio efectivo del poder por parte del pueblo’.

Y es sumamente esclarecedor que el mismo Foucault afirme que estamos dominados por “poder de clase que se impone a través de la violencia, incluso cuando los instrumentos de esta violencia son institucionales y constitucionales” y esto lo he venido afirmando muchas veces en diferentes momentos de mis programas radiales y en mis artículos como se puede corroborar. Y ello es comprobable en Perú con mucha facilidad con una partidocracia de derecha y de izquierda preocupada en mantener una constitución política espuria y corrupta neoliberal faccionada e impuesta por los delincuentes (ambos purgando prisión por asesinos y corruptos) Vladimiro Montesinos y Alberto Fujimori con mil artimañas en el año 1993 y sin embargo hasta la fecha los partidos y los grupos de poder y las transnacionales se preocupan con garra e ímpetu en que dicha constitución política y su correlato: el ‘Estado de Derecho’ se mantenga para proteger sus intereses y no los intereses de las grandes mayorías, aquí la posición teórica de Foucault se comprueba exactamente en el caso peruano.


                                                                                      III


Es racional y acertado que tanto Foucault/Chomsky coincidan en que la tarea del momento presente es denunciar, demostrar y comprobar todas las relaciones de poder político que tuercen y corrompen la sana vida republicana en general, la tarea crítica de denuncia y de señalamiento puntual de las perversiones de poder político en nuestras Repúblicas debe ser permanente, decidida y valiente.


………………………………………………………….


Pasemos a leer ahora las glosas sobre las afirmaciones tan importantes de estos dos grandes personajes de la intelectualidad mundial: Foucault/Chomsky, y que alimentan y abonan en pro de nuestras tesis argüidas modestamente ut supra:


“Foucault: Afirmaría que el concepto de vida no es un concepto científico; ha sido un indicador epistemológico del efecto que las funciones de clasificación, delimitación y otras tuvieron sobre las discusiones científicas, y no sobre su contenido.”

“En mi opinión, el concepto de naturaleza humana es similar. No fue mediante el estudio de la naturaleza humana que los lingüistas descubrieron las leyes de la mutación consonántica, ni Freud los principios de interpretación de los sueños, ni los antropólogos culturales la estructura de los mitos. Creo que en la historia del conocimiento el concepto de naturaleza humana cumplió, ante todo, el rol de un indicador epistemológico para designar ciertos tipos de discursos vinculados o contrapuestos a la teología, la biología o la historia. Me resultaría difícil ver allí un concepto científico.” (pag. 11)

(…)
“Durante mucho tiempo, se creyó que las ciencias seguían una cierta línea de "progreso'; que obedecían al principio de "desarrollo" y de convergencia de los diversos tipos de saber. Sin embargo, cuando observamos el desarrollo de la comprensión europea, que en un sentido histórico y geográfico resultó ser una comprensión mundial y universal, ¿es posible afirmar que hubo desarrollo? Yo, por mi parte, diría más bien que se trata de una transformación.” (pag. 31)
(…)
“Quizás, el punto en el que el señor Chomsky y yo diferimos sea el siguiente: cuando alude a la ciencia, tal vez piense en la organización formal del saber, mientras yo me refiero al saber mismo, es decir, pienso en el contenido de los distintos saberes dispersos en una sociedad particular, que permean la sociedad y se imponen como fundamento de la educación, de las teorías, de las prácticas, etcétera.” (pag. 33)

(…)

“En realidad, la filosofía nunca me importó, pero ése no es un problema. Su pregunta es: ¿por qué me interesa tanto la política? Si pudiera responder de una forma muy sencilla, diría lo siguiente: ¿por qué no debería interesarme? Es decir, qué ceguera, qué sordera, qué densidad de ideología debería cargar para evitar el interés por lo que probablemente sea el tema más crucial de nuestra existencia, esto es, la sociedad en la que vivimos, las relaciones económicas dentro de las que funciona y el sistema de poder que define las maneras, lo permitido y lo prohibido de nuestra conducta. Después de todo, la esencia de nuestra vida consiste en el funcionamiento político de la sociedad en la que nos encontramos.” (pag. 41)

(…)

Chomsky:
“Se trata de vestigios que deben ser derrocados, eliminados en favor de la participación directa mediante asambleas de trabajadores u otras asociaciones libres que los individuos constituirán por su cuenta sobre la base de su existencia social y de su trabajo productivo.
Cuando hablo de anarcosindicalismo, me refiero a un sistema federado y descentralizado de asociaciones libres que incorpore instituciones económicas, así como otras instituciones sociales; y me parece que ésta es la forma apropiada de organización social para una sociedad tecnológica avanzada, donde no hay que forzar a los seres humanos a ocupar el lugar de un instrumento, de una rueda dentada en la máquina. Ya no hay ninguna necesidad social de que los seres humanos sean tratados como componentes mecánicos del proceso productivo; esto puede superarse (pag. 43) y debemos hacerlo a través de una sociedad de libertad y de asociación libre, en la que el impulso creativo que considero intrínseco a la naturaleza humana sea capaz de realizarse en los hechos.” (pag. 44)

(…)

ELDERS: Señor Foucault, ¿cree usted, después de haber escuchado esto, que podemos describir a nuestras sociedades como democráticas?
FOUCAULT: No, en realidad, nunca se me ocurriría llamar democrática a nuestra sociedad. Si por democracia entendemos el ejercicio efectivo del poder por parte de un pueblo que no está dividido ni ordenado jerárquicamente en clases, es claro que estamos muy lejos de una democracia. Me parece evidente que estamos viviendo bajo un régimen de dictadura de clase, de un poder de clase que se impone a través de la violencia, incluso cuando los instrumentos de esta violencia son institucionales y constitucionales; y a ese nivel, hablar de democracia carece de sentido por completo.” (pag. 45)

(…)

“Por otro lado, una de las tareas que considero urgentes y apremiantes, por encima y más allá de todo lo demás, es la siguiente: deberíamos indicar y mostrar, incluso cuando están ocultas, todas las relaciones del poder político que actualmente controlan el cuerpo social, lo oprimen y lo reprimen.
Lo que quiero decir es esto: es una costumbre considerar, al menos en la sociedad europea, que el poder está en manos del gobierno y que se ejerce a través de ciertas instituciones determinadas, como la administración, la policía, el ejército y los aparatos de Estado. Sabemos que la función de estas instituciones es idear y transmitir ciertas decisiones para su aplicación en nombre de la nación o del Estado, y para castigar a quienes no obedecen. Pero creo que el poder político también se ejerce a través de la mediación de ciertas instituciones que parecerían no tener nada en común con el poder político, que se presentan como independientes a éste, cuando en realidad no lo son.
Sabemos esto en relación con la familia; y sabemos que la universidad, y, de un modo general, todos los sistemas de enseñanza, que al parecer sólo diseminan conocimiento, se utilizan para mantener a cierta clase social en el poder y para excluir a otra de los instrumentos del poder. Las instituciones del saber, de la previsión y el cuidado, como la medicina, también ayudan a apuntalar el poder político. Esto también es evidente, incluso a un nivel escandaloso, en ciertos casos vinculados con la psiquiatría.
Me parece que la verdadera tarea política en una sociedad como la nuestra es realizar una crítica del funcionamiento de las instituciones que parecen neutrales e independientes; hacer una crítica y atacarlas de modo tal de desenmascarar la violencia política que se ha ejercido a través de éstas de manera oculta, (pag. 45) para que podamos combatirlas.
En mi opinión, esta crítica y esta lucha son esenciales por distintos motivos: en primer lugar, porque el poder político va mucho más allá de lo que uno sospecha; hay centros y puntos de apoyo invisibles y poco conocidos; su verdadera resistencia, su verdadera solidez quizá se encuentra donde uno menos espera. Probablemente, sea insuficiente afirmar que detrás de los gobiernos, detrás de los aparatos de Estado, está la clase dominante; debemos localizar el punto de actividad, los lugares y las formas en las que se ejerce la dominación. Y porque esta dominación no es sólo la expresión, en términos políticos, de la explotación económica, sino su instrumento y, en gran medida, su condición de posibilidad, para suprimir a una es necesario discernir la otra de forma exhaustiva. Si no logramos reconocer estos puntos de apoyo del poder de clase, corremos el riesgo de permitir la continuidad de su existencia y de ver a este poder de clase reconstituirse a sí mismo, incluso luego de un aparente proceso revolucionario.”

“CHOMSKY: Sin duda estoy de acuerdo, no sólo en teoría sino también en la acción. Creo que hay dos tareas intelectuales: una, a la que me referí, es intentar crear la visión de una sociedad futura donde impere la justicia; esto significa crear una teoría social humanista basada, si es posible, en una concepción humanista y firme de la esencia humana, o de la naturaleza humana. Ésa es una de las tareas.
La otra consiste en comprender cabalmente la naturaleza del poder, la opresión, el terror y la destrucción en nuestra propia sociedad. Y sin duda esto incluye las instituciones que mencionó, así como las instituciones clave de toda sociedad industrial, a saber, las instituciones económicas, comerciales y finan(pag. 46)cieras y, en particular, en el período que se avecina, las grandes corporaciones multinacionales …”.
“Éstas son las instituciones básicas de opresión, coerción y gobierno autocrático que parecen neutrales a pesar de todo lo que afirman. Estamos sujetos a la democracia del mercado, y esto debe entenderse precisamente en términos del poder autocrático, incluida su forma particular de control que procede del dominio de las fuerzas de mercado en una sociedad no igualitaria.
No cabe duda de que debemos comprender estos hechos, y no sólo comprenderlos sino combatirlos. Creo que la propia participación política, a la que dedicamos la mayor parte de nuestra energía y esfuerzo, debe concentrarse en esa área.” (pag. 47)

(…)

“CHOMSKY: Creo que en la esfera intelectual de la acción política, donde se intenta construir una visión de una sociedad justa y libre sobre la base de alguna noción de la naturaleza humana, enfrentamos exactamente el mismo problema que encontramos en la acción política inmediata, a saber, el de estar obligados a actuar, porque los problemas son muy graves, y sin por eso desconocer que cualquier cosa que hagamos se basa en una comprensión muy parcial de las realidades sociales y, en este caso, de las realidades humanas.” (pag. 49)

(…)

“Nuestro concepto de naturaleza humana es sin duda limitado, está condicionado parcialmente por la sociedad, coartado por nuestras propias deficiencias de carácter y por las limitaciones de la cultura intelectual en la que vivimos. Pero, al mismo tiempo, es de una importancia crucial saber qué objetivos imposibles queremos alcanzar si nuestra intención es alcanzar algunos de los objetivos posibles. Y esto significa que debemos ser lo suficientemente audaces como para especular y crear teorías sociales basadas en un conocimiento parcial, muy atentos a la posibilidad, y de hecho a la alta probabilidad, de que al menos en algunos aspectos estemos muy lejos de dar en el blanco.” (pag. 50)

(…)

Foucault: Pero si en una lucha la justicia está en juego, lo está como instrumento de poder, no con la esperanza de que finalmente un día, en esta sociedad o en otra, las personas sean recompensadas por sus méritos o castigadas por sus faltas. Más que pensar en la lucha social en términos de "justicia", hay que hacer hincapié en la justicia desde la perspectiva de la lucha social.” (pag. 55)

(…)

FOUCAULT: Si le parece bien, voy a ser un poco nietzscheano al respecto; en otras palabras, me parece que la idea de justicia (pag. 59) en sí es una idea que ha sido inventada y puesta a funcionar en diferentes tipos de sociedades como instrumento de cierto poder político y económico, o como un arma contra ese poder. Pero creo que, en todo caso, el concepto mismo de justicia funciona dentro de una sociedad de clases como una demanda de la clase oprimida y como justificación de la misma.” (pag. 60)

(…)

“Y contra lo que usted cree, no puede evitar que yo piense que estos conceptos de naturaleza humana, de justicia, de realización de la esencia de los seres humanos, son todos conceptos formados dentro de nuestra civilización, de nuestro tipo de conocimiento y de nuestra forma de la filosofía, y que por lo tanto forman parte de nuestro sistema de clases; y no podemos, por lamentable que sea, servirnos de estos conceptos para describir o justificar una lucha que debería -y que por principio debe- echar abajo los fundamentos mismos de nuestra sociedad. Esta es una extrapolación para la que no puedo hallar la justificación histórica. Esa es la cuestión...” (pag. 62). Noam Chomsky/Michel Foucault, Fons Elders. “La naturaleza humana:justicia versus poder. Un debate”. Traducido por Leonel Livchits. 73 páginas. Este libro se terminó de imprimir en primera edición en octubre de 2006 en Latingráfica S.R.L., Rocamora 4161 CP C1184 ABC, Buenos Aires.


Queda entonces sumamente claro que tanto Michel Foucault como Noam Chomsky connotados y esclarecidos académicos e intelectuales de talla universal no creen en la democracia económica de hoy y consideran que la resistencia y lucha permanente contra las plutocracias y grupos de poder debe ser constante y persistente: La República del siglo XXI debe tener otro continente y contenido

Lima, 04 de agosto del 2014
Jaime Del Castillo Jaramillo
Abogado egresado de la U.N.M.S.M. con más de 20 años de ejercicio profesional y cuenta con estudio jurídico abierto; politólogo con más de 20 años de ejercicio profesional; periodista, fundador y director del programa radial y televisivo ‘Yo, Sí Opino’ (censurado en TV y cerrado cinco veces en radio); Maestría en Ciencia Política con la tesis “Pensamiento Político peruano insuficiente y epidérmico causa de nuestro subdesarrollo político”; Post Grado internacional en Ciencia Política otorgado por la UCES – Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales de Buenos Aires-Argentina graduado con la tesis: “Crisis terminal de los Partidos Políticos en el Perú”; catedrático universitario de ‘Historia del Pensamiento Político”, “Filosofía Política”, “Metodología de la investigación en Ciencia Política”, “Realidad Nacional”; “Análisis Político”, “Ciencia Política”, etc.; blogger, comunicador social, articulista y conferencista.
Fundador, ideólogo y Presidente de “Foro Republicano”
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